SL30: EL HOMBRE DE NEGRO

"Si sabes quién eres y no te preocupa de dónde vienes, sabrás a dónde debes ir".

SL30: Hombre de Negro es una inmersión en una trama que desafía la percepción del tiempo y la propia identidad, revelando el verdadero propósito de un ser que dejó de existir para legar la conciencia.

Una novela de ciencia ficción oscura y filosófica sobre el tiempo, la identidad y un legado que trasciende el ahora eterno.




El hombre de negro

 

 

Una de las primeras cosas que Silver comprendió fue que el pasado y el futuro no existen. Lo supo cuando viajó por primera vez entre ambos mundos y descubrió que, en realidad, el universo permanecía estático en un eterno ahora, que el tiempo no corría y que incluso sus propios movimientos podrían ser solo una ilusión.

Poco a poco dejó de preocuparse por los horarios y comenzó a interesarse más en analizar su propia existencia. La primera pregunta que se hizo fue: "¿De dónde vengo?" Y entonces se dio cuenta de que la respuesta se había perdido en ese largo espacio que suele medirse con relojes, y la única pista que pudo encontrar fue una antiquísima fotografía instantánea de sí mismo en brazos de su padre. De modo que el inicio de su historia se resumía en una imagen borrosa suya como recién nacido: un niño de cabellos negros y ojos de un frío azul grisáceo, protegido por la mano de su padre; larga, blanca y distinguida, pero de uñas oscuras y crueles. Su segunda pregunta fue: "¿Quién soy yo?" Luego de mucho pensarlo, concluyó que era solo un conjunto de ideas y recuerdos contenidos en un cuerpo físico. No le fue difícil comprenderlo, y rápidamente se formuló otra pregunta que lo llevó a comenzar una misión que, desde diferentes puntos de vista, pudo durar mil años o solo algunos segundos: "¿A dónde voy?"

Fue así como en la mente de Silver se desataron tempestades y aparecieron gigantes monstruosos que demandaban acciones titánicas en un mundo frío, en blanco y negro como el piso de mármol de la mansión donde trabajaba como sirviente favorito de la señora de la casa. Un mundo de altos contrastes, irónico como el propio Silver, que permanecía estoico en su impecable traje negro de oficinista mientras en su interior reinaba el caos.

Como el sirviente que era, Silver no poseía ningún derecho; figuraba en el inventario de la mansión como un costoso lujo más. Sin embargo, se podría decir que tenía razones para su inalterable serenidad. La primera, que sus sentimientos eran apenas sombras de los que tendría cualquier ser humano; la segunda, que en realidad no tenía de qué preocuparse siendo una de las propiedades favoritas de su ama. Podía considerarse muy afortunado: de toda su generación, él era uno de los pocos sirvientes que seguía en funciones. El solo emplearlo para uso doméstico infringía la ley, debido a la "conducta errática" que él y sus compañeros habían mostrado antes, lo que bastó para prohibir que fueran puestos al alcance del público. Silver tuvo la suerte de caer en manos de una mujer poderosa que gustaba de coleccionar artefactos extraños y objetos prohibidos. Su ama no lo pensó dos veces antes de llevar a casa a uno de los míticos Treinta, los sirvientes malditos de la casa Silverlight.

Los deberes de Silver eran simples y oscuros, al igual que el mundo en que se desenvolvía. Su trabajo como viajero —la clase de sirviente que era— consistía en transportarse a otras épocas y traer a su señora aquellos placeres que en su mundo decrépito ya se habían extinguido. Un buen trozo de carne de res, una flor, el calor de un joven campesino, animales de granja para destripar; deseos tontos que decepcionaban a Silver y le hicieron convencerse de que, pese a estar en la cumbre del desarrollo tecnológico, la humanidad se había vuelto completamente estúpida; corrompida de tal forma que la única manera de salvarla era eliminándola por completo.

Pero Silver sabía que la solución no era tan sencilla como parecía. Que aun si destruyera a cada hombre y mujer en el mundo, estos seguirían existiendo en algún rincón y momento del universo eterno, aparentemente inalterable, que habitamos. Absorto en estos pensamientos que lo obsesionaban, un día de febrero de 1992 observaba a una niña en un columpio cuando reparó en cómo, desde cierto ángulo, ella se veía más alta que desde otro. Entonces pensó: "La solución no es eliminarlos, sino cambiarlos de perspectiva, cambiar la historia." Y desde entonces comenzó a echar a andar un complejo plan y a fijarse más en esa niña. 


 

Una muñeca antigua

 

 

La niña en el columpio tenía los ojos azules como el cielo, y resaltaban escandalosamente gracias a su piel broncínea y su larguísima cabellera negra recogida con dos listones. Y esto era lo único bueno y destacable que se podría decir de Bloo. Por lo demás era una muchachita flacucha y subdesarrollada, mala estudiante, mala en las artes, mala en la cocina, mala deportista y más inmadura que las otras chicas de su edad; ya que mientras las otras niñas comenzaban a ser coquetas y a fijarse en los muchachos, Bloo todavía estaba más interesada en las caricaturas y en encontrar a un travieso duende que, según su madre, se escondía en lo más espeso del bosque que rodeaba su pueblo y cuidaba la entrada a un estanque encantado en el cráter de un antiquísimo volcán extinto.

Bloo vivía en una vieja casa junto a una plantación de café, pudriéndose de soledad casi en la cumbre de una montaña. La acompañaba su anciana madre, un clásico personaje controvertido de esos ambientes rurales, siempre vestida de forma estrafalaria con un gran sombrero puntiagudo que le daba aspecto de bruja de cuento. La gente del pueblo rumoraba que estaba volviéndose loca y que su otra hija, que vivía en la ciudad y no la visitaba nunca aunque le enviaba dinero mensualmente, era en realidad la madre de Bloo. La vieja, conocida por todos como Nana, tenía alrededor de setenta años el 29 de febrero de 1978 cuando anunció de repente que había tenido otra hija y que se llamaría "Bronce"; nombre que por feo y raro fue transformándose hasta convertirse en "Bloo".

Bloo solo tenía dos amigos en la escuela. La más cercana era Mari, la hermosa hija del abogado del pueblo, quien por alguna razón siempre participaba en las fiestas escolares actuando en alguna obra de teatro o cantando; aunque en la vida diaria apenas hablaba con los demás, y cuando lo hacía decía cosas tan maduras que repelían a cualquiera — cosa que le tenía sin cuidado. Su otro amigo era Laude, niño mimado y con gafas, amigo suyo a la fuerza, pues era el hijo adoptado de una tía lejana: vieja solterona y conflictiva pero respetada por todos, tras haber sido la única que acompañó al marido de Nana cuando sufrió el ataque al corazón que le quitó la vida; justo el mismo día en que la tía cumplía quince años, hecho que amargó su juventud para siempre. Huelga decir que los tres eran los chicos marginados de la clase. Del trío, la única sin dificultades con las calificaciones era Mari; Laude siempre aprobaba porque ninguna maestra quería verlo más de un año, y Bloo reprobaba con regularidad y era promovida casi milagrosamente. Cada fin de mes, Bloo sufría sabiendo que su tía averiguaría sus bajas calificaciones gracias a los comentarios inoportunos de Laude, y le haría la vida imposible durante varios días hasta que otro chisme la distrajera; y así Bloo volvía a su vida normal buscando duendes en la montaña y descuidando sus estudios.

A tres días del 29 de febrero de ese 1992, Bloo rebosaba de felicidad pues ese año era bisiesto y por fin tendría un cumpleaños. Cada año, los adultos hacían la broma de que como su fecha de nacimiento no aparecía en el calendario no se lo celebrarían. Pero eran tan buenos bromistas, decían ellos mismos, que llegaba el 28 de febrero y el primero de marzo y ninguno se acordaba de obsequiarle nada. Esa tarde, Bloo bajaba corriendo la montaña — su madre la había mandado a comprar algo al pueblo — cuando a mitad de la ladera, creyendo que nadie la veía, comenzó a correr a brinquitos. Poco después se sintió más ágil y probó hacerlo de lado, y finalmente de espaldas, imaginando ser un elegante caballo entrenado. De repente escuchó una risita y la sorpresa la congeló en el acto como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Reconoció la voz de Laude:

—¡Eres tan graciosa!

Bloo le tenía cierto cariño a Laude, el cariño de la costumbre, pero había momentos en que deseaba molerlo a palos. Era un chico remilgado y sabihondo, tan delicado físicamente que su cabello rizado, originalmente negro, se le decoloraba hasta el rubio en las partes donde más lo tocaba el sol. Las señoras lo adoraban, pues era uno de esos niños eternos que solo entablan amistad con mujeres mayores, ya que sus coetáneos suelen aborrecerlos. Tenía la tez blanca y los ojos azules; según la tía de Bloo, porque era hijo de unos aristócratas conocidos suyos de apellido Samana, que se lo habían encomendado para que el niño disfrutara del buen clima del pueblo, ya que su país natal era frío y oscuro. Aunque todos sabían que en su familia de vez en cuando nacía alguien de ojos azules, y corría el rumor de que en realidad el niño era fruto de una relación ilícita de la tía. Laude tenía también la mala costumbre de buscar cómo acaparar la atención de Bloo, aunque tuviera que meterla en problemas quejándose de sus travesuras ante los adultos. De alguna forma su necesidad de ser notado inspiraba lástima en su prima, pero su mojigataría y velado engreimiento terminaban por repugnar a cualquiera. Bloo trató de disimular el enojo y respondió:

—Es raro verte aquí. ¿Vienes a buscar al duende? No te aconsejo que vayas más allá del lado opuesto de la montaña. Hay gente que ha pasado hasta tres días perdida ahí, y algunos nunca fueron encontrados.

Laude se sentó debajo de un pino y dijo bajando la voz para dar un toque dramático:

—No vengo por el duende, busco algo más serio. Vine a ver si encontraba a los OVNIS, Bloo... ¿No has oído la noticia? Ayer vieron unas luces extrañas volando cerca de la montaña. Estamos siendo visitados por seres extraterrestres.

—Si es otro de tus cuentos le diré a todos que te hiciste pis en el sofá de mi casa.

—Eso sucedió cuando tenía cinco años... ¡Y te hablo en serio! Los extraterrestres están aquí. Pregúntame lo que quieras.

Respondió Laude sonrojado, calándose las gafas. Bloo se sentó en el piso y preguntó:

—¿Y para qué han venido?

—Un científico de la televisión dijo que vienen a hacer experimentos con nosotros, aunque también es posible que vengan a robar nuestros recursos o a invadirnos. Deben ser seres malvados; dicen que han vivido escondidos entre nosotros desde hace mucho tiempo. ¿Por qué otro motivo se esconderían?

La chica se estiró sobre la hierba y dijo:

—Todo el mundo tiene sus razones. Antes de declararles la guerra, los científicos deberían intentar dialogar con ellos. Quizás sean bondadosos.

—Ya lo han intentado sin éxito, Bloo. Ellos no son como nosotros y si nosotros somos los buenos, ¿qué más pueden ser ellos?

—¿Somos los buenos? Quizás nos tienen miedo y por eso no nos hablan.

Bloo continuó diciendo mientras se levantaba y se sacudía la tierra de la ropa:

—Si ves a un extraterrestre invítalo a cenar en mi casa, o no te creeré. Ahora no quiero perder tiempo con tus cuentos. ¡Laude Samamanána!

Y partió corriendo ante la sonrisa enigmática de su primo.

Una vez en el pueblo, Bloo compró los víveres encargados por su madre y luego se encontró con Mari en la plaza. Por esa época se reunían cada tarde para ir juntas al bosque a tratar de encontrar al famoso duende. Ambas creían fielmente en su existencia: Nana aseguraba haberlo visto jugando con las luciérnagas al caer el ocaso, hacía muchas décadas, cuando siendo muy niña se perdió en el bosque; y aunque Nana posiblemente estaba loca, era adulta, y para ellas eso bastaba. Cada tarde se aventuraban al bosque armadas con una brújula y una vieja red de mariposas, Bloo convencida de que debían resolver el misterio y Mari más motivada por la diversión. Sin embargo, ese día, cuando ya estaban por dejar el pueblo, Mari detuvo a Bloo y le dijo al oído:

—Es mejor que hoy no subamos a la montaña. Un hombre que no es del pueblo nos está siguiendo desde hace rato.

Bloo levantó la vista y como por instinto se encontró con la mirada de un extraño que las observaba. Era un hombre joven en traje negro, mirándolas desde la ventanilla de un antiguo pero perfectamente conservado Cadillac del mismo color. Bien parecido, de piel algo bronceada y porte atlético, pero con rasgos finos. El extraño se apartó un mechón de cabello negro reluciente en un gesto levemente amenazante y se quitó los lentes de sol sin dejar de mirarlas, con unos ojos de un azul tan claro que era casi plateado. Bloo reaccionó de inmediato haciéndole gestos, mientras Mari se sentaba a la orilla de la calle empedrada y decía:

—No hagas eso, pensará que somos tontas. Es muy guapo.

—¡Pero si es un viejo! Además, no lo conocemos. ¿Qué importa lo que piense?

—Importa. La buena impresión lo es todo, especialmente para una dama. ¿Nunca has pensado en el futuro?

Bloo se quedó un momento como aturdida y luego dijo:

—Supongo que creceré, me casaré y tendré hijos.

Mari murmuró como diciéndole un secreto:

—Yo pienso mucho en mi futuro y en cómo lograrlo. A veces me miro al espejo y pienso... Dime algo con sinceridad: soy linda, ¿verdad?

—Qué pregunta más rara. Creo que no eres fea.

Con una sonrisa misteriosa Mari peinó sus lacios cabellos castaños — que Bloo secretamente envidiaba — y dijo:

—Me he dado cuenta de que soy hermosa. Hay cosas que odio de mí, como el tono amarillento de mis ojos, pero creo que tengo lo suficiente.

—¿Quieres ser modelo o estrella de cine?

—No, tonta. No lo entenderás, eres tan niña. Creo que algunas personas maduran solo con razonar y descifrar los misterios de la vida; otras necesitan vivir la experiencia. Yo he descubierto muchas cosas solo observando, pero quiero vivir. ¡Vivir! Sé que ahora no comprendes nada. Pero estoy segura de que cambiarás luego de tu primer amor. ¿Nunca has pensado en por qué Laude anda siempre cerca de ti? Del amor al odio solo hay un paso.

Bloo la miró espantada y la interrumpió:

—¿Por qué siempre dices cosas así? Todo llega a su debido tiempo. Si sigues preocupándote tanto por el mañana terminarás por matar el ahora.

—El ahora ya está condenado a muerte, Bloo. El ahora es como ese momento bochornoso en las obras de teatro de la escuela, mientras corres tras bambalinas limpiando el decorado de una escena y preparando el de otra. Toda la vida consiste en retocar recuerdos y preparar bellas escenas. No te aferres a este "ahora" porque no es nada.

—Pasas demasiado tiempo sola mirándote al espejo.

Exclamó Bloo, y se alejó corriendo bajo la fría mirada del hombre de negro. Desde ese momento presintió que su mundo estaba a punto de caer a pedazos, y un temor inexplicable se apoderó de ella.

Y sin embargo la extraña angustia que le embargó en el pueblo desapareció al irse adentrando en la montaña y volver a su ambiente hogareño. Al atardecer se divirtió viendo caricaturas, cenó con su madre y luego se entretuvo sola en su habitación con un videojuego de segunda mano que su hermana mayor le había enviado desde la ciudad, hasta que la helada noche la invitó a meterse bajo las mantas. Horas después, dormía plácidamente cuando le pareció ver, a través de sus párpados, que la habitación se iluminaba levemente y alguien estaba ahí dentro con ella. Sobresaltada, abrió los ojos y vio con horror una silueta al pie de su cama. Intentó gritar, levantarse, cubrirse bajo las mantas — pero su cuerpo entero estaba paralizado. Solo podía ver y esperar con impotencia.

Poco a poco el extraño visitante fue acercándose y pudo distinguir mejor su apariencia: era un ente de estatura mediana, cuerpo magro de elegancia felina, con una musculatura bien definida que se adivinaba bajo una extraña vestimenta negra, hecha de un material similar al cuero que cubría todo el cuerpo menos la cabeza y las manos, ajustada como una segunda piel salvo por unas largas tiras que colgaban de la cadera hasta los tobillos. Lo que más aterrorizó a Bloo fue el rostro que asomaba entre mechones de cabellos lacios casi blancos: inhumano, con ojos negros como si la noche se hubiera abierto paso desde el interior de una piel pálida; sin cejas, con los párpados ennegrecidos y negra la parte que debería ser blanca, salvo por las pupilas que refulgían como metal al rojo vivo. Bajo una nariz anormalmente pequeña, una boca de labios finos y negruzcos sonreía revelando dientes básicamente humanos pero afilados como los de un animal. El visitante se sentó a su lado, le acarició el rostro con una larga mano blanca de uñas oscuras y le murmuró al oído con voz algo andrógina:

—Estás soñando, Bloo.

Entonces la chica se levantó de la cama de un salto, con el canto de un gallo y el sol ya bañando la montaña. Suspiró aliviada comprendiendo que todo había sido una pesadilla — hasta que al hacer la cama encontró algunas manchas de sangre. La horripilante visita había sido algo más que un mal sueño.

Salió corriendo de su habitación directo a la plantación de café, donde sabía que su madre ya estaría recogiendo los primeros frutos rojos de la cosecha. Al encontrarla gritó:

—¡Nanita, Nanita! ¡Un extraterrestre se metió a mi habitación!

La vieja ni siquiera levantó la mirada y preguntó con indiferencia:

—¿En serio?

Bloo comenzó a explicar, histérica:

—¡En serio! Era flaco y pálido, con pelo largo y dientes de vampiro. Vestía todo de negro, pero tenía cara de malo, y se me acercó, me tocó la mejilla y me dijo... me dijo... estás soñando, Bloo...

La chica guardó silencio ante el total desinterés de su madre, que siguió recogiendo frutos hasta que dijo:

—Vaya que tienes una imaginación muy grande.

Tal respuesta hizo sonrojar a Bloo, quien regresó a la casa jurándose no volver a contarle algo semejante a su madre. Pero seguía segura de que algo raro había sucedido, así que se vistió y bajó al pueblo en busca de Laude, en ese momento el experto en extraterrestres. Lo encontró desayunando en el patio mientras su tía barría alrededor y prestaba morbosa atención a cada palabra. Laude escuchó toda la historia, limpió sus gafas pensando, y finalmente dijo:

—Nunca había oído algo así. ¿Estás segura de que no fue una pesadilla?

—¡Muy segura! Sentí su olor, la tibieza de su mano, su aliento en mi oreja. Era un extraterrestre, de esos de los que tú hablabas ayer. Tú dijiste que estaban cerca.

—¿Yo? ¡Yo nunca hablo de esas cosas, mi mami dice que son asuntos del diablo! ¡No inventes mentiras!

—¡¡Pero tú mismo me dijiste que habían visto luces en la montaña!!

En ese momento intervino la tía, que se paró detrás de Laude adoptando una pose teatral y dijo con voz engolada:

—¿Ah sí, Bronce? Pues qué raro, ya que mi hijo no miente. Mejor vete a estudiar, que buena falta te hace. Ya estoy preparando unas manzanas para obsequiarle a tu maestra; quizás así se apiade de ti y vuelva a promoverte por lástima.

Bloo emprendió la retirada despidiéndose con respeto, y fue a casa de Mari dispuesta a quemar su último cartucho. Mari escuchó la historia sentada junto a ella en una de las callejuelas empedradas del pueblo y guardó silencio hasta que Bloo concluyó contando el incidente con Laude y su tía. Pese a ser de la misma edad que Bloo, Mari ya miraba el mundo con ojos de adulto. Se frotó el mentón y luego dijo tomándola del hombro:

—Bloo, si cuentas así las cosas — que un hombre se metió a tu cuarto y te tocó y no recuerdas qué pasó después — la gente pensará mal de ti. Es mejor que dejes de contar esa historia. ¿Entiendes?

El discurso de Mari fue interrumpido por una bofetada de Bloo, que sin mediar más palabras emprendió el regreso a la montaña. Pensaba furiosa en cuánto le gustaría que todos la escucharan y trataran de comprender, en que no quería volver a poner un pie en el pueblo pero tampoco en su casa, donde bien podría aparecer de nuevo el terrorífico visitante. Comenzó a vagabundear entre pinares y huertos, distrayéndose en buscar al duende. El ocaso la encontró caminando de manos por la solitaria calle que llevaba al pueblo, mientras el viento perfumado del bosque silbaba entre los árboles y algunas luciérnagas aparecían volando entre la bruma. De pronto vio acercarse un automóvil con las luces ya encendidas. Se apartó del camino y se sentó en la hierba a esperar que pasara — entonces reconoció al Cadillac del hombre de negro. El desconocido condujo hasta detenerse frente a ella, se asomó por la ventanilla para verla bien, aparcó, salió del auto revelando medir casi dos metros de altura, y le dijo sin ninguna emoción en la voz:

—Usted ha roto su rutina diaria esta tarde. ¿Tiene alguna razón en especial?

Bloo titubeó, desconfiando del extraño, quien al no recibir respuesta agregó:

—Está bien, no tiene importancia. Siempre estamos a tiempo.

Entonces sacó de un bolsillo lo que parecía ser un bolígrafo, hizo algunos movimientos de prestidigitación con las manos, y lo que era un bolígrafo se convirtió en una pistola Glock 17. Bloo se levantó de un salto, asustada. El hombre notó su temor y dijo hablando como si recitara un discurso ensayado:

—Guarde la calma. Solo le quitaré algunos minutos. Quiero que ponga mucha atención a lo que le diré y no se lo cuente a nadie: en adelante debe confiar ciegamente en mí y obedecer todo lo que yo le ordene, pues su vida estará en mis manos desde este momento. Comprenda que este será un largo y delicado proceso que requerirá de extrema discreción, y que mi meta final es únicamente procurar el bien para usted y los suyos.

Con el corazón latiendo sin control, Bloo observó cómo el hombre sacó una bala plateada con la que cargó el arma, añadió un silenciador, quitó el seguro, y luego la miró fijamente a los ojos:

—Guarde la calma.

Entonces disparó al cielo y volvió a guardar la pistola, cruzándose de brazos. Bloo esperó unos segundos, miró a sus costados y finalmente al hombre de negro, que seguía cruzado de brazos dándole la espalda. Balbuceó:

—¿Quién es usted?

Él se volteó con una sonrisa amistosa y dijo hablando de forma encantadora:

—¡Soy Silver Light 30! Un trabajador viajero que le ofrece no solo la eficiencia y elegancia que la casa Silverlight siempre ha brindado, sino también un toque innovador de personalidad sumado a nuestro impecable sistema informático.

Bloo alzó una ceja comenzando a sospechar que el señor Silver Light 30 estaba loco, cuando le pareció ver algo moviéndose en el cielo. Alzó la mirada y vio varias luces extrañas agrupándose hasta fundirse en un solo disco que comenzó a descender hacia ellos, iluminándolos con un poderoso rayo de luz cálida que la hizo sentir mareada y luego perder el conocimiento en medio de un intenso resplandor.

Cuando Bloo despertó, se encontró tendida en una mesa metálica dentro de una habitación oscura, salvo por una luz difusa que iluminaba el punto donde ella estaba. A su alrededor había unos extraños hombrecillos cuya apariencia correspondía a la clásica descripción de un extraterrestre. Uno de ellos hizo una señal y del techo emergieron varios cables y aparatos. Luego otro se le acercó, le colocó algo sobre la frente, y Bloo cayó en un sueño profundo.

Tiempo después — no sabía si minutos u horas — despertó mientras Silver Light 30 le tocaba la frente con su bolígrafo y le decía en voz baja:

—Guarde la calma. Los trabajadores E5 están preparándola para el resto de nuestro viaje. No le harán ningún daño, son sirvientes como yo. Solo intervine para revertir algunas pequeñas modificaciones que le hicieron. La necesito plenamente despierta y libre. No informe a nadie de lo que he hecho.

Bloo asintió temblando. Solo entonces comprendió, con un horror frío y silencioso, lo que había sucedido mientras dormía: sus extremidades habían sido reemplazadas, su cuerpo reconstruido con una precisión que no era humana. No sintió dolor — la anestesia se encargó de eso — pero sí una desorientación absoluta, la sensación de habitar un cuerpo que ya no era del todo suyo. Sus gritos llamaron la atención de dos figuras distintas a los hombrecillos: seres parecidos al visitante de la noche anterior, con una luna menguante negra tatuada en la frente. Uno tenía la nariz mutilada; el otro, agujas clavadas sobre los ojos a manera de cejas. Ambos observaban con una curiosidad que no tenía nada de compasión, mientras Silver Light 30 permanecía completamente impasible a su lado.

Entonces apareció un tercer hombre de piel pálida y ojos negros, completamente calvo de la frente hasta la mitad del cráneo, desde donde brotaba una cabellera negra tejida en trenzas, algunas teñidas de rojo y azul. Tenía la misma luna menguante en la frente y parecía ser mayor que los otros dos. Miró a Bloo, meneó la cabeza y dijo:

—Debieron hacerla dormir antes. El miedo sin dolor es un desperdicio de todos modos. Hace mucho que nadie encargaba una muñeca homo sapiens; cada vez son más caras.

Uno de los seres comentó:

—Señor U., las riquezas de la dama que encargó esta muñeca son impresionantes. El viajero es un Silver Light, y además uno de los míticos Treinta.

El señor U. miró a Silver Light 30 y exclamó:

—¡Qué lujo! Hay que inspeccionarlo. No han revisado al viajero, y hay que hacerlo cada vez que importan material del pasado.

Señaló a Silver, tocándose el tatuaje de la frente:

—Todos sus permisos correctos. Sin embargo, hay algo raro. Los Treinta tienen prohibido ir al sector 273-51 por un acuerdo entre la casa Silverlight y Prometheus, pero viene de ahí. Además, rompió una normativa específicamente creada para su modelo: viajar a la época comprendida entre los 1990 y los 2080. Su dueña no se lo ordenó. SL30, ha actuado en contra de las directrices de la casa Silverlight. ¿Razón?

—Mi propietaria me ordenó que la sorprendiera al escoger una muñeca para su futuro hijo. Actué dentro del amplio rango de variables que su orden me ofrecía. Esta decisión es la que probablemente cumple mejor sus deseos, debido a que es muy inesperada en mí. La prioridad de satisfacer las expectativas de mi propietaria me permitió considerarla y llevarla a cabo.

—Ya veo. ¿Ha quebrantado alguna regla general de Prometheus?

—No, señor.

—¿Puede explicarme cómo funciona nuestro sistema de viajes?

—El viajero parte del presente al pasado, hace su misión y regresa exactamente al mismo punto de partida. Para eso se vale de las señales de guía que se emiten desde las instalaciones de Prometheus, ubicadas en este universo paralelo del que surgen todos los túneles espaciotemporales.

—Mencione las reglas de Prometheus.

—Las reglas para utilizar los servicios de Prometheus son ocho. Uno: nadie puede viajar al futuro desconocido, por respeto al derecho a la libre elección. Dos: los viajes entre puntos de la historia con una distancia cronológica inferior a cien años no están autorizados, al igual que los viajes a fechas más recientes que el año 2900, salvo excepciones específicas debidamente aprobadas por los supervisores de Prometheus, según el derecho a la libertad del presente, que actualmente es el año 3013. Tres: está terminantemente prohibido viajar en el tiempo y reencontrarse a sí mismo, ya que esto produce una deformación grave del universo, causando la destrucción del individuo que advierte su propia presencia duplicada. Cuatro: solo pueden viajar en el tiempo los sirvientes robóticos, supervisores capacitados y los sirvientes ciborg bajo la estricta vigilancia de un supervisor o sirviente robótico; un ser humano normal es incapaz de atravesar los túneles espaciotemporales sin sufrir lesiones graves. Cinco: cada deformación notable de la historia debe ser registrada e investigada. Seis: todo objeto o persona que viaje por primera vez debe ser registrado en las aduanas de Prometheus y acondicionado en el mismo recinto para futuros viajes. Siete: todo viajero que parta del siglo XXX al pasado debe recordar que al volver irá al mismo lugar y momento en que partió, a menos que su estadía en el pasado exceda una semana, en tal caso deberá volver exactamente a la fecha que corresponda al mismo período de tiempo transcurrido en su punto de partida. Ocho: el límite de viajes para cada individuo es tres por mes. El abuso de los servicios de Prometheus es ilegal.

—Perfecto. Sobre la materia prima para la muñeca: ¿está catalogada como material libre para manipulación? El sector 273-51 es muy delicado, es la cuna de nuestra civilización actual.

Silver Light respondió con frialdad:

—Tiene usted toda la razón. Pero este material no compromete en ninguna forma a nuestro presente. Es una joven que nunca fue ni será importante para su comunidad. Prueba de ello es que los observadores de la historia que laboran en Prometheus no han detectado ningún cambio serio debido a su retiro del año 1992.

—Pues... a decir verdad tiene razón. Bien, SL30, su reingreso al futuro está aprobado. Veo que la muñeca está tomando forma. Instalen ya un generador de energía para las partes artificiales. Para el flujo de capacidad psicoquinésica de una homo sapiens de su edad bastará un generador de nivel bajo.

Uno de los hombrecillos tomó una pequeña lámina dorada en forma de luna creciente y la colocó en medio del pecho de Bloo. Al contacto con la carne brotaron de la lámina cientos de hilos luminosos blancos que se distribuyeron por lo que quedaba de su cuerpo y por sus nuevos miembros. Luego el ser presionó la lámina y esta se iluminó, lanzando algunas chispas antes de apagarse. El señor U., que ya se retiraba, escuchó el sonido del generador fundiéndose y se volteó:

—¡Quién lo diría! La pequeña sobrecargó el generador. Mediré su capacidad psicoquinésica; quizás alcanza un nivel medio.

Tomó un aparato y lo aplicó a la frente de Bloo, diciendo luego con evidente sorpresa:

—¡Capacidad superior! Alcanzas el nivel de un homo cosmos. Sin embargo, tu muerte no parece alterar en nada la historia. Una tristeza, pequeña. Naciste para ser otro talento destinado a morir en el anonimato. Realmente eres un digno regalo para...

Bloo no pudo escuchar más. Comenzó a ver todo negro y perdió el conocimiento.

 


 

La criatura espantosa

 

 

Bloo volvió a despertar, sobresaltada, en una especie de amplio jardín interior hecho de cristal. Se palpó comprobando con alivio que tenía piel y todos sus miembros completos; de hecho, se sentía mejor que de costumbre. Lentamente se puso de pie, notando que le costaba un poco moverse — el cabello le flotaba a su alrededor como si estuviera bajo el agua, aunque respiraba perfectamente e incluso percibía en el ambiente un vago olor a pólvora. Avanzó entre setos y flores transparentes hasta hallar la superficie pulida de una columna, donde pudo verse reflejada. Era ella misma, pero más hermosa y algo más desarrollada. Su piel y su cabello nunca se habían visto más tersos, y su cuerpo había adquirido formas que antes no tenía. Había algo más que le pareció extraño: alguien la había vestido con un uniforme de sirvienta victoriana y recogido el cabello con dos listones. El atuendo tenía algo deliberadamente perturbador en su combinación de detalles infantiles y falda corta, una incomodidad que Bloo prefirió no terminar de nombrar. Pensó que esa debía ser la vestimenta de una "muñeca ciborg" y tuvo un mal presentimiento. Comenzó a buscar una salida, encontrando únicamente una enorme puerta dorada sin cerradura en un muro de espejo. Se quedó mirando el grabado en la puerta: una luna menguante descansando sobre el símbolo de la eternidad, el mismo que estaba bordado en su uniforme. Entonces escuchó esa voz carente de emociones que ya le resultaba familiar:

—Ese es el emblema del Reino Lunar de los Homo cosmos.

Bloo se volteó y miró a Silver Light 30, que continuó:

—¿Se siente mejor? Han pasado diez años desde la última vez que hablamos. Su cuerpo, de ahora en adelante, será el de una joven mujer. Siento que se haya perdido momentos importantes de su desarrollo. Pero al menos ahora tiene asegurado vivir más de un siglo, con capacidades físicas sobrehumanas y una juventud casi permanente. Siempre y cuando se mantenga lejos del sadismo de los Homo cosmos.

—¿Qué es un Homo cosmos? ¿Por qué me hicieron esto? ¿Dónde estoy?

Preguntó la chica con voz trémula, y Silver Light 30 respondió:

—El Homo cosmos es la última etapa evolutiva del género Homo. Reemplazó al extinto Homo sapiens sapiens en la segunda mitad del tercer milenio. Para facilitarle la comprensión le diré que usted ya vio a uno: cuando la desperté para modificar su proceso de transformación en ciborg, usted vio al señor U., un Homo cosmos de noventa y ocho años. Usted fue modificada porque fue usada como materia prima para confeccionar una muñeca ciborg. En este momento se encuentra en la Luna, hogar de la humanidad desde que el planeta Tierra se volvió incompatible con la vida. Específicamente está en un jardín interior lunar, rodeada de plantas artificiales que convierten el dióxido de carbono en oxígeno e imitan la naturaleza de la Tierra.

—Esto debe ser otra pesadilla. ¿Y qué es exactamente una muñeca ciborg? ¿Quién es ese hombre monstruoso, el señor U.?

—Una muñeca ciborg es una variedad de sirvienta nodriza. Las sirvientas nodrizas son usadas por esta sociedad para criar a los infantes. Cuando el joven ciudadano llega a la mayoría de edad — a los nueve años — le es colocado un implante con la figura de una luna menguante negra sobre su lóbulo frontal. Estos implantes se llaman "conectores sociales" y permiten a los Homo cosmos unirse psíquicamente al resto de su sociedad, eliminando los secretos, asegurando la paz comunitaria y otorgando madurez mental instantánea al joven. Ese mismo día se separa de su muñeca como prueba de su adultez. El señor U., Umbra, es un supervisor. Trabaja en el corazón del circuito de túneles espacio-temporales "Prometheus", velando por la continuidad de la historia conocida y por el correcto funcionamiento de las maquinarias que mantienen los túneles activos.

—Entonces... el platillo volador que vimos, ¿era un túnel?

—Era la puerta a un túnel. Su cuerpo fue gravemente dañado por la velocidad superior a la luz que se alcanza dentro de los túneles de Prometheus. En viajes cortos el daño es leve, pero en viajes largos las lesiones son mucho más peligrosas. Usted perdió el 60% de su tejido corporal durante el trayecto, pero no volverá a correr ese riesgo gracias a su nuevo cuerpo ciborg. Tampoco necesitará ser inspeccionada por los supervisores de Prometheus; ahora posee un permiso para circular por los túneles espacio-temporales siempre que lo haga acompañada por un sirviente viajero como yo, o por un Homo cosmos capacitado para viajar.

La joven se sentó en cuclillas y soltó una risa nerviosa:

—Soy un ciborg... y esos horrendos Homo cosmos...

Luego tragó saliva y preguntó, perdiéndose la sonrisa:

—¿Su mayoría de edad es a los nueve años? ¿Y a qué se refería exactamente Umbra con lo del sufrimiento?

—El Homo cosmos tiene un ciclo de vida diferente al suyo. Su niñez y adolescencia duran la mitad que las del Homo sapiens, aunque su esperanza de vida es mucho más larga. Umbra se refería al rito que suele celebrarse el día en que el joven ciudadano se conecta con el resto de la sociedad adulta. Ese día la muñeca es destruida. El buen gusto del nuevo adulto se mide, entre otras cosas, por la forma en que lo hace. Como puede ver, es una forma de vida perversa.

Bloo se levantó de un salto:

—Y me trajiste aquí sabiendo esto. ¿Qué te he hecho yo?

—Usted no ha hecho nada en mi contra. Yo necesito su ayuda, pues ahora posee un generador de energía accionado por actividad psicoquinética que yo no puedo tener. Usted tiene la capacidad de volver al pasado y permanecer ahí, ya que su fuente de energía es usted misma. Yo debo volver periódicamente al futuro para recargarme con una fuente externa. Si volvemos juntos al pasado y usted me brinda su energía periódicamente, podré permanecer ahí el tiempo suficiente para intentar evitar este futuro siniestro. Comprenda que usted era la persona correcta, en el lugar correcto y en el momento correcto. Su sector es el lugar donde la semilla de este presente comenzó a germinar, y usted era adecuada para ser usada como materia prima para cumplir los deseos de mi dueña — que precisamente ahora necesita una muñeca ciborg nodriza para su primogénito, que está por nacer. Excusa perfecta para que yo hiciera contacto con usted. He eliminado de ambos todo localizador que permitiera a los miembros de esta sociedad rastrearnos o controlarnos. Solo necesito que escapemos juntos y nos ocultemos en el pasado hasta que yo haya modificado la historia lo suficiente.

—Pero nos buscarán en casa de mi madre. Saben quién soy.

El hombre replicó con su serena inexpresividad:

—No es así. Borré los registros sobre su identidad y domicilio. Planeo reportarnos como robados antes de volver, me creerán ya que es teóricamente imposible que un sirviente viajero mienta, aun si es un rebelde SL30.

—Pero si viajan en el tiempo... ¿No podrían viajar hasta momentos antes de que nos "robaran" para evitarlo?

—No. La segunda regulación de Prometheus dicta que los viajes a tiempos posteriores al año 2900 y anteriores a la fecha actual — el año 3013 — están prohibidos según el derecho a la libertad del presente. Los crímenes comunes como el robo de sirvientes no son motivo de modificación de la historia, al igual que las muertes naturales o los suicidios.

Tras escuchar esto, Bloo caminó en torno a Silver Light 30 y finalmente se apoyó en su espalda, murmurando:

—Veo que has planeado todo cuidadosamente. ¿Tú también fuiste raptado, Silver Light 30?

—No. Yo pertenezco a esta época. Soy un sirviente viajero, una entidad mecánica dotada de inteligencia artificial, cuya finalidad es viajar al pasado para cumplir los deseos de mis dueños. Quizás lo comprenda mejor si digo simplemente que soy un robot.

—Un robot...

Murmuró Bloo acariciando la espalda desprovista de tibieza en la que se reclinaba, sintiéndose desamparada en compañía de una máquina. Pero luego recapacitó:

—¿Qué hace un robot tratando de redimir a la humanidad?

—Fui creado con un soporte lógico de personalidad basada en la de un ser humano, además de mi sistema informático. Soy una edición especial de sirviente viajero lanzada con motivo de uno de los aniversarios luctuosos del creador de la inteligencia artificial selenita y fundador de la casa Silverlight: Alloy Silverlight, el hombre que revolucionó la robótica tal como la conocemos ahora, y en quien se basan mi personalidad y apariencia. Tengo prohibido viajar al sector 273-51 en el periodo comprendido entre los años 1990 y los 2080 porque Silverlight vivió ahí en esa época. El "verme a mí mismo" — aunque no soy el mismo individuo sino una copia suya — podría alterar gravemente la historia. Una vez que volvamos al pasado tendré cuidado con eso, aunque es difícil predecir dónde estará el verdadero Silverlight. Vivió ocultándose del público y nunca difundió detalles personales de su vida.

Esta revelación sorprendió a Bloo, que volvió a pararse frente a Silver:

—¿Dices que un científico de apellido Silverlight nacerá en mi pueblo? No hay ninguna familia con ese apellido, ni conozco a nadie interesado en la robótica.

—Lo sé. Es un misterio. La historia de los orígenes de este presente es oscura y confusa, y Silverlight es un ejemplo de eso. Nadie sabe quién fue su familia ni dónde nació exactamente. Solo apareció en el sector 273-51, y las únicas pistas de su vida personal son una fotografía de su infancia y varios videos que usó para conformar una copia virtual de su propia personalidad, la cual luego sirvió para crear un modelo experimental de inteligencia artificial que terminó convirtiéndose en lo que ahora es mi mente. Yo poseo su apariencia e imito su forma de ser, pero no tengo la información que me explique por qué decidió ocultarse así del mundo. Decidí no preocuparme por eso y volcar mi interés en la mejora del futuro. Hacer lo correcto es algo que, para el Silverlight original y por tanto para mí, es fundamental.

Confundida, la chica se frotó las sienes y tomó la palabra:

—Silver. Te llamaré Silver, y quiero que me llames Bloo y dejes de hablarme de "usted". Explícame cómo la humanidad llegó a esto.

—Lo haré, pero no ahora. Hemos perdido mucho tiempo y es preciso escapar cuanto antes. La señora de la casa ofrece una fiesta en honor a su hijo, que nacerá este día. Te traje desde una bodega a este jardín y te reactivé según sus órdenes; estás lista para recibir a tu nuevo propietario. Debemos aprovechar la confusión para escapar a un lugar solitario y abrir un túnel de Prometheus hacia el pasado. Es el momento justo — nadie sospecha de mí, ni de ti. Solo somos dos sirvientes esperando nuevas órdenes.

Bloo asintió con una mirada de determinación. Inmediatamente Silver la guio fuera del jardín chasqueando los dedos y atravesando la puerta dorada como si fuera un espejismo. Bajaron por unas escaleras de cristal y mármol en torno a una torre. Estaban en el exterior de lo que parecía ser un palacio, y Bloo vio por primera vez el paisaje lunar. Era una ciudad bajo la luz fantasmal de la Tierra — un enorme disco azulgrisáceo que ya era solo una tumba colosal. Toda la urbe estaba cubierta por un halo de brillo azulado que funcionaba como una pequeña atmósfera artificial. La ciudad que habitaban los últimos remanentes de la humanidad se veía oscura y decadente, de arquitectura minimalista con tintes góticos. Silver señaló el cielo estrellado y dijo:

—Solo fuera de las residencias de la Luna verás un poco de luz. Todo este tiempo hemos estado, y estaremos, en la oscuridad casi total. Tus ojos han sido modificados para que puedas ver tanto en la luz como en esta penumbra, ya que en la Luna se vive en una noche eterna. La humanidad perdió la libertad de vivir bajo el sol durante las terribles catástrofes que hicieron sucumbir al planeta Tierra y obligaron a los supervivientes primero a ocultarse en refugios subterráneos y luego a huir a la Luna. En la actualidad los Homo cosmos nacen casi sin pigmentación, como las criaturas que habitaban antiguas cavernas donde nunca entraba la luz. Sus ojos son completamente blancos salvo por unas pupilas rojizas y débiles, por eso los recubren con una lámina negra que les permite adaptarse a cualquier condición de luz. De hecho, todos son ciborgs al llegar a la edad adulta; viven conectados a ordenadores y llevan implantados diferentes aparatos para sobrevivir en las condiciones inhóspitas de la Luna o para infligir dolor en sus sirvientes ciborg. Son verdaderos monstruos de las tinieblas.

Finalmente llegaron a un gran salón atestado de Homo cosmos, como Bloo pudo observar con espanto. Era la fiesta en honor al nacimiento del primogénito de la señora de la casa, y los miembros más distinguidos de aquella sociedad sórdida se habían reunido para celebrar. Docenas de seres sombríos de rostros pálidos y miradas infernales consumían sustancias extrañas contenidas en cristales huecos y charlaban entre sí, mientras todo parecía flotar suavemente dando la impresión de una escena subacuática. Algunos advirtieron la presencia de los caros sirvientes y comenzaron a alabar el buen gusto de la dueña de la casa. Bloo preguntó:

—¿Por qué todos hablan el mismo idioma que yo?

—No lo hablan. Tú los entiendes. Han desarrollado un idioma que puede ser comprendido por cualquier ser pensante, y a la vez son capaces de comunicarse en cualquier tipo de lenguaje humano. Es una sociedad muy avanzada; han hecho realidad todo aquello que sus antepasados solo pudieron soñar. Pero esta nueva humanidad ha pagado un precio muy alto por su grandeza. Por ejemplo...

Silver señaló a una joven invitada que se encontraba de pie sobre una mesa, ajena a las miradas de los demás:

—...al no tener secretos entre sí, los Homo cosmos viven enfermos de tedio. Su búsqueda de nuevos placeres los ha llevado a extremos mórbidos. La única forma de hacer atractivo lo ordinario es distorsionarlo hasta volverlo irreconocible.

Bloo apartó la vista y Silver continuó con su fría forma de hablar:

—No debes sentir pena. Pese a su aspecto frágil, un Homo cosmos es tres veces más fuerte, más resistente y más veloz que un Homo sapiens. Es comprensible que una sociedad condenada por su propia ambición a vivir en las tinieblas, privada de la belleza natural de la Tierra, llegue a sentir niveles de frustración tan altos como para desear destruirse a sí misma. Es incluso admirable cómo con el tiempo lograron encontrar cierta belleza en ese dolor ancestral. Podríamos llegar a aceptar su cultura, sí; de no ser porque ninguno de ellos se conforma con lo que se infligen entre pares. Necesitan dañar a alguien más para satisfacerse plenamente. Y la ley aquí permite que descarguen esos deseos con nosotros, los sirvientes.

—Pero si disfrutan el sufrimiento... ¿Por qué no se las arreglan solos?

—Porque su deseo es voraz e incontrolable una vez encendido, y la gran mayoría se inclina por el papel de torturador. Es más sencillo dar rienda suelta a las fantasías con una víctima desechable. En la Luna la vida tiene valor. Pero no la vida de todos.

Entre la confusión y el miedo, Bloo se acercó a un grupo de invitados que observaban embelesados a una niña latigueando a un joven Homo sapiens vestido de mayordomo que suplicaba a gritos que lo dejaran irse. Con dolor, Bloo notó que la víctima era un hombre de su tiempo, apenas un muchacho. La tortura terminó pronto y sus ojos se encontraron con los del joven, que al reconocer en ella a otra muñeca ciborg se le acercó y le dijo algo en portugués antes de romper en sollozos. Bloo no supo qué contestar, y Silver apareció de inmediato para traducir:

—Dice que no te preocupes. Ha escuchado que cuando sus propietarios cumplen nueve años los dejan descansar en paz. Espera impaciente ese día para volver con sus padres. Dice que seguramente están muy angustiados buscándolo.

Los ojos de Bloo se llenaron de lágrimas. Movió la cabeza negativamente, sabiendo cuál era el verdadero destino del joven. Silver la hizo alejarse tomándola de una mano, atravesando el salón hasta otra puerta. Luego se impulsó para saltar y literalmente volaron juntos a través de interminables galerías, aprovechando la baja gravedad lunar. Bloo lo seguía en silencio, dejándose llevar; ya no pensaba, se limitaba a llorar y rogar mentalmente porque todo fuera una pesadilla. En un momento se tropezó con una mesilla y Silver la levantó en un movimiento rápido y preciso, cargándola en brazos sin interrumpir el paso. Bloo murmuró:

—Tú eres un sirviente viajero, puedes regresar a los muñecos ciborg a su hogar si los llevas contigo. ¿Por qué no salvas a ese chico? Eres cruel como ellos.

—Hacer eso generaría demasiado riesgo y no es un objetivo práctico para alcanzar mi meta. Confía en mí. Si mis planes resultan, no solo ese joven sino muchos otros serán salvados de este horrendo destino.

Ya algo molesta, Bloo preguntó:

—¿Cómo confiar? ¿Cómo saber que no me estás engañando para divertir a tus propietarios?

—Por favor guarda la calma y confía. Estoy haciendo lo correcto.

—Lo correcto para tus amos sería dañarme, traicionar a los extintos hombres de la Tierra. ¿Qué es lo correcto para ti?

—Proteger lo que es amado es lo correcto.

La joven miró extrañada a su interlocutor:

—¿Lo que es amado? ¿La personalidad que recibiste... recuerda el amor?

—Recuerda el valor del amor.

—¿Qué es lo que debe ser amado? ¿Qué valdría ser amado, según tú?

—Una persona que no ha sido corrompida por el egoísmo y la vanidad que llevó a la humanidad a su propia destrucción debe ser amada. Debe ser protegida como la última flor en un campo estéril.

Tal respuesta sorprendió a Bloo. En ese momento llegaron a un pasillo donde escucharon pasos y se escondieron detrás de una columna. Silver murmuró:

—Por aquí saldremos de este palacio, pero parece que entra un equipo médico para atender a la señora de la casa. Es casi la hora del nacimiento. Los Homo cosmos eliminaron el sufrimiento del parto sustituyéndolo por una sofisticada operación cesárea. La reproducción en la Luna es un proceso meticulosamente planeado, y en el caso de mi propietaria se ha tenido un cuidado aún más especial. El embrión fue mejorado durante años. El niño que está por nacer es, según ellos, el ser humano más cercano a la perfección que la ciencia ha podido crear: óptimo en capacidades físicas e intelectuales, el selenita perfecto.

—¿Será menos feo que los demás?

—El concepto de belleza humana ha cambiado mucho en este último milenio. Tú y yo podemos ser considerados hermosos por ellos, pero en el mismo sentido en que tú y tu gente verían hermoso a un simpático primate. Ellos verán nacer al selenita más bello que puedan imaginar; nosotros veríamos solamente a otro monstruo.

Volvió el silencio a su alrededor y aprovecharon para salir del palacio por una puerta de servicio hasta otro jardín exterior también hecho de cristal. Buscaron un claro y Silver comenzó a cargar su revólver mientras Bloo preguntaba:

—¿Tu disparo funcionará a través de ese domo azul en el cielo?

—Sí. El manto que cubre la ciudad se encuentra en estado gaseoso y las puertas de Prometheus se usan cotidianamente. Nadie se sorprenderá.

—¿Qué le dirás al señor U. si te ve regresar conmigo?

—No nos detendremos en la estación de Prometheus esta vez porque no llevamos ningún objeto o persona que deba ser registrado. Viajaremos directamente al pasado a través del túnel sin dejar rastro. La única forma en que podrían detectarnos es si violáramos alguna de las ocho reglas de Prometheus; entonces sus ordenadores automáticamente detectarían una anomalía espacio-temporal.

Entonces escucharon un quejido y corrieron a ocultarse en una glorieta. Trémula y bañada en sudor frío, Bloo vio con el rabillo del ojo a una mujer alta y elegante, con el cabello rubio y lacio flotando como un manto desde la frente hasta más abajo de la espalda. Su rostro, aunque tenía las formas escalofriantes de los selenitas, poseía cierto aire angélico y majestuoso. Era la primera Homo cosmos que Bloo había visto sin ropas negras ajustadas; en su lugar llevaba un delicado vestido de corte imperio, largo hasta arrastrarse en el piso, y se le notaba un volumen pronunciado en el vientre. Bloo adivinó de inmediato que era la señora de la mansión. Silver le susurró al oído:

—Es mi propietaria. Guarda silencio. La luna en su frente la conecta psíquicamente con su sociedad; si descubre nuestros planes, terminaremos siendo destruidos aquí. Todos los demás selenitas lo sabrían en el mismo instante en que ella lo supiera.

Bloo imaginó con horror su muerte a manos de los habitantes del futuro y dijo con resignación:

—Tendremos que posponer nuestra huida. Salgamos y saludemos.

Ambos salieron de la glorieta y se acercaron a la dama, que sonrió al ver a Bloo. Silver pareció sufrir algún desperfecto — el rostro se le congeló un par de veces y emitió algunos sonidos extraños — hasta que finalmente dijo:

—He activado a la muñeca, señora. Está lista para recibir a su heredero. Como le prometí, es la joven más pura que pude encontrar. Pasé años eligiéndola... y ahora se la entrego para que destruya todos mis ideales corrompiéndolos.

Aunque no había ninguna emoción reconocible en su voz, el rencor en las palabras del robot era palpable. Bloo volvió a sentirse sorprendida por el razonamiento de esa misteriosa inteligencia artificial. Silver era el único que había visto más allá de sus defectos hasta apreciar su inocencia. La dama se acercó a Bloo y le tocó el rostro, murmurando suavemente, sin prestar atención a lo que su sirviente decía:

—Mi hijo te desea. Acaba de estremecerse en mi vientre. Tu mirada es exquisita. Llena de vida, no como la de estos sirvientes robóticos. Los ciborgs son tan hermosos, tan tiernos.

Luego la señora acorraló a Bloo contra un árbol y le habló al oído con una familiaridad que no admitía réplica, dejando en claro cuál sería su lugar en esa casa y qué se esperaba de ella antes incluso de que su hijo naciera. Las palabras fueron pocas pero suficientes para que Bloo apartara el rostro con repulsión.

—Desvístete, niña. Aún faltan varias horas para mi operación y estoy aburrida.

Bloo meneó la cabeza, negándose. La señora de la casa se quitó una sortija, la hizo fundirse en una especie de luz líquida entre sus manos y la estiró hasta solidificarla convertida en un látigo. Las piernas de Bloo cedieron; cayó al piso en cuclillas y ahogó un grito cubriéndose la cabeza, mientras la mujer alzaba el brazo para el primer golpe. En ese momento algo estalló desde dentro de Bloo — no un grito, no un movimiento, sino una descarga de energía que no supo cómo contener. Golpeó a Silver haciéndolo convulsionarse en el suelo, y golpeó también a la dama provocándole un paro cardíaco fulminante.

Bloo guardó silencio un rato, viendo cómo todo a su alrededor chisporroteaba. Sin entender nada, esperó hasta que Silver se quedó rígido de golpe, luego se puso de pie, adoptó una pose y finalmente dijo con una apacible sonrisa, reiniciando su sistema operativo:

—Soy Silver Light 30, un trabajador viajero que le ofrece no solo la eficiencia y elegancia que la casa Silverlight siempre ha brindado, sino también un toque innovador de personalidad sumado a nuestro impecable sistema informático.

Bloo suspiró aliviada y miró a la mujer tendida en el piso. Silver también la observó, le tomó el pulso y examinó sus signos vitales para luego decir:

—Está muerta. Guarda la calma — este acontecimiento es favorable para nosotros. Nadie conocía tu desperfecto al regular energía, y ella murió sin advertir nada. Su muerte será clasificada como natural, debido a su delicado estado de salud, y nuestra desaparición puede atribuirse a algún Homo cosmos antisocial sin conector; algún ladrón selenita que aprovechó el momento para robarnos. Ahora huyamos.

Silver disparó al aire comenzando a abrir el túnel espacio-temporal. Luego habló tocándose una sien — que al parecer activaba un intercomunicador — y dijo:

—Sistema de seguridad de la casa Silverlight: habla SL30, número de identificación 100-905. Comunico tres alertas. Alerta uno: mi propietaria necesita atención médica inmediata. Alerta dos: un grupo de individuos sospechosos sin conectores sociales me han hurtado a mí y a un ciborg proveniente del sector 273-51, año 1992. Alerta tres: desconozco mi ubicación actual y creo advertir que he sufrido alteraciones graves en mi sistema, por lo que es posible que pierda comunicación con la casa matriz en breve.

Luego se quedó mirando al cielo. Bloo le preguntó:

—Espero que hayas sido el único de tu tipo que haya hecho este tipo de escapadas y se haya modificado a sí mismo. Mentir debe ser un conflicto serio para ti, ¿verdad?

—No considero esto una mentira, sino parte de un proceso necesario para cumplir con mis objetivos inmediatos.

Bloo sonrió y luego miró con temor el cuerpo de la dama, tirado como una flor marchita en el piso de ese jardín de cristal. Los segundos de espera para que se abriera el túnel le resultaban eternos. Solo podía pensar en volver a su época cuando vio con horror que el vientre de la mujer se movía con violencia. El feto había advertido la muerte de su madre y pugnaba desesperadamente por escapar. Bloo tiró de la manga de la chaqueta de Silver, y cuando él se volteó, el cuerpo de la mujer se sacudió como una bolsa con algo atrapado en su interior.

Finalmente la puerta del túnel comenzó a abrirse, pero en lo que parecieron segundos interminables el vientre de la fallecida se hinchó grotescamente hasta explotar. Bloo se cubrió el rostro. Cuando volvió a atreverse a mirar, la mujer yacía con el abdomen destrozado y el rostro apuntando hacia ellos, los ojos y la boca entreabiertos, con la misma expresión vacía de su muerte. Ya no se movía. Inspiraba el asco y la lástima que genera ver un animal arrollado en la carretera, no el miedo. Pero antes de que Bloo pudiera comenzar a sentirse aliviada, un chillido escalofriante se escuchó y del desastre comenzó a emerger una criatura espantosa. El feto reptaba fuera del cuerpo de su madre, gritando a todo pulmón, cubierto de sangre, mirando directamente a Bloo con unos ojos blancos como los de un espectro de pesadilla. La puerta parecía no terminar de abrirse nunca, la criatura seguía acercándose, y Silver simplemente dijo:

—No temas. Es imposible que quiera vengarse ahora; probablemente no tiene la más remota idea de lo que está pasando.

Bloo se aferró a un brazo de Silver, no muy segura de sus palabras, mientras el espeluznante neonato seguía arrastrándose hacia ellos dejando un rastro a su paso. Siguió hasta alcanzar un tobillo de Bloo, y entonces ella sintió que la cabeza le daba vueltas y todo se envolvía en luz blanca mientras perdía el sentido.

Cuando despertó, percibió el aroma de la tierra húmeda y el de los pinos y cipreses de su montaña natal agitados por el viento. Se sentó en mitad de la carretera sintiéndose mareada, mientras las luciérnagas bailaban en la bruma dorada por el ocaso. Había vuelto exactamente al mismo momento y lugar en que todo había comenzado, pero ella ya no era la misma. Seguía vestida como una muñeca ciborg y ante ella estaba Silver apuntándole con su pistola. Trató de ponerse de pie, sin éxito, y el SL30 exclamó:

—Guarda la calma. Mi objetivo está detrás de ti.

Se apartó revolcándose en el piso y entonces vio al selenita recién nacido arrastrándose tras ella. Silver disparó y erró cuando Bloo se abrazó a sus piernas, mientras la criatura volvía a llorar a gritos. El hombre artificial se preparó para un segundo tiro cuando Bloo lo detuvo:

—No puedes matarlo así. Es un ser humano.

—Eso no es correcto. Nunca llegó a tener un nacimiento formal. La ley no considera seres humanos a los fetos o embriones. Puedo eliminarlo y debo hacerlo, ya que no tendría que estar aquí. Complicará todos mis planes.

—No sé qué diga la ley, pero está llorando y me parece que sufre. Pide algo y necesita ayuda.

—Es normal que llore. De alguna forma que no logro comprender, acaba de hacer un viaje que lastimaría seriamente a un adulto; su cuerpo debe estar completamente lesionado. Siente dolor, frío y hambre. Tú emites un aroma que él intuye como el de su fuente de protección y alimento. No olvides que fuiste reconstruida para ser su nodriza, su juguete y su sirvienta. Por eso te persigue.

Bloo se apiadó del recién nacido. Notó que tenía el pecho húmedo, lo que atraía a la criatura, que finalmente alcanzó una rodilla de Bloo y comenzó a chupársela con un débil suspiro de alivio. La joven tomó en brazos al pequeño ser y comenzó a limpiarle suavemente la cara mientras se ponía de espaldas a Silver para darle su primer alimento al bebé selenita, diciendo:

—Esperemos a que caiga la noche y luego vamos en silencio a mi casa, sin que mi madre nos vea. Mañana hablaremos. Ahora todos necesitamos descansar.


 

Luna de miel

 

 

Casi media hora después, Bloo entró por una ventana a su habitación con el niño en brazos y Silver tras ella. Anunció a su madre que había vuelto gritando "ya vine", se encerró bajo llave, se quitó la ropa ensangrentada como con terror de seguir llevándola puesta e inmediatamente corrió al cuarto de baño con el selenita neonato. Abrió la ducha sobre su vieja tina regulando la temperatura hasta hacerla agradable y se acurrucó ahí con el bebé, tratando de lavar la sangre y de disimular con el ruido del agua el tenso silencio que reinaba mientras lo sostenía en brazos y Silver observaba todo, inmóvil como un elegante maniquí. Finalmente, la sangre y la tierra adheridas a la piel lesionada del recién nacido se diluyeron y Bloo pudo ver que por suerte no había sufrido más que algunas quemaduras y rasguños. Le besó la frente pálida y se dedicó a observarlo detenidamente. Era una pequeña criatura delgada y blanca como porcelana; aún tenía buena parte del cordón umbilical pegada al estómago. Le contó cinco deditos largos en cada mano y cada pie. Le revisó las orejas y la nariz diminutas, apenas insinuadas, y los ojos enormes y blancos salvo por la pupila rosácea, enmarcados por párpados negros, un poco más oscuros que los labios. Al parecer el pequeño monstruo estaba satisfecho con la compañía de Bloo, pues al terminar de alimentarse se estiró en sus brazos, bostezó, reclinó la cabeza en el pecho de la chica y se quedó dormido con una amplia sonrisa. Esa sonrisa entusiasmó a Bloo, que de inmediato lo sacó del agua, lo envolvió en una toalla y sin vestirse siquiera corrió a buscar pomada antiséptica y las prendas más suaves que tenía para vendarle la barriga al niño de la luna e improvisar un pañal. Al final lo arropó con un abrigo y lo acunó en sus brazos esperando una reacción. El pequeño sonrió otra vez y ella le besó la frente emocionada. Había nacido una madre. Entonces recordó que Silver seguía ahí, observando todo, y aunque sabía que era solo una máquina sintió vergüenza. Dejó al bebé entre un montón de almohadas y comenzó a vestirse mientras decía al hombre artificial:

—Hay ropa mía y de mi madre en ese armario. Seguro hay una camisa grande y unos pantalones deportivos de ella que te queden. Te has salpicado de sangre y será mejor que te cambies también.

Silver no respondió. Simplemente su traje se iluminó mientras se transformaba en otro de diferente estilo pero del mismo color. Luego dijo:

—Mi ropa está hecha con un material creado con nanotecnología capaz de pasar del estado sólido al plasma frío o al gaseoso las veces que sea necesario. De esa forma puedo desinfectarla y reconfigurarla cuando quiera. Los materiales transformables eliminaron la necesidad de reciclar, crear objetos desechables o mantener armarios de ropa.

Este descubrimiento entusiasmó a Bloo:

—¡Genial! ¿Mi ropa también era transformable?

—Así es. Está conectada con tus ondas cerebrales. Pudiste haberle ordenado que se evaporara temporalmente en el ambiente para desnudarte, en lugar de quitártela. Solo necesitas concentrarte un poco para que la orden se ejecute. Viene programada con un número limitado de configuraciones, por lo que en tu caso no es práctica para tu vida diaria en la Tierra; los demás reaccionarían negativamente ante la ropa de sirvienta. Sin embargo, te aconsejo conservarla plegada en forma de algún accesorio, pues podría serte útil alguna vez. Este material es resistente a casi todo y permite una óptima movilidad.

—Lo tomaré en cuenta. Necesitaré ropa nueva de todas maneras; estoy más ancha de algunas partes.

Terminó de ponerse un pijama y se acostó al lado del pequeño selenita:

—Se ha quedado dormido, pobrecito. Realmente no sé si es niño o niña, sus cositas son raras.

Silver se asomó a ver a la criatura y dijo:

—Tiene la forma de una vulva.

Luego abrió la boca del bebé, mojó un dedo en su saliva y después se lo llevó a su propia boca seriamente mientras Bloo lo veía asqueada y él lo "degustaba". Finalmente Silver concluyó:

—Cariotipo 26 XY, pero deficiencia de 5-alfa reductasa inducida en el laboratorio genético. Es un macho. Sus padres debieron ordenarlo así; está muy de moda en la Luna tener hijos con rarezas genéticas.

—Entonces... ¿es un pilín o una cosita?

—Actualmente su morfología externa es la de una vulva, pero...

La chica lo interrumpió:

—Me confundes con tantas explicaciones complicadas. ¡Solo necesitaba que me dijeras que es niña! Debo empezar a buscarle un nombre.

Entonces Silver dijo:

—Sigo manteniéndome informado de los acontecimientos sucedidos en el tiempo del que escapamos y parece ser que la situación es tensa. El cuerpo de la dama muerta fue encontrado por su familia causando gran escándalo, pero su deceso fue clasificado como una muerte natural debida a su peculiar embarazo. Afortunadamente para nosotros. Sin embargo, todavía no estamos a salvo. El feto mejorado genéticamente no fue encontrado, y aunque han descartado la idea de que haya viajado en un túnel de Prometheus, puesto que se supone que es imposible, siguen preguntándose qué pudo haber sucedido con él.

—Es verdad. ¿Cómo es posible que el bebé haya viajado con nosotros? Mi cuerpo fue casi destruido la primera vez que atravesé un túnel, y él apenas tiene unos rasguños.

—Los selenitas constantemente manipulan su naturaleza. Quién sabe qué aberración han creado esta vez. Les gusta jugar a ser dioses. Creo que ni ellos mismos tienen idea de lo que han hecho; esta criatura no es normal.

En ese momento Bloo abrazó al niño lunar y dijo agudizando la voz:

—¡Claro que no! "Lini" es muy especial.

—¿Quién es Lini?

—Se—Le—Ni—Ta: Lini.

Silver se sentó a la orilla de la cama y trató de hablar de forma paternal:

—Comprendo que tus instintos te impulsen a conservar al infante. Sin embargo, es una decisión poco acertada. No solo porque estorbaría a mis planes, sino también porque el niño no está preparado para vivir en esta época. Es un Homo cosmos y necesita ser cuidado por los suyos; no tiene la cubierta protectora para sus ojos, ni los aditamentos tecnológicos que suelen hacer la vida de los Homo cosmos más sencilla. Es como sacar a un niño de 1992 y obligarlo a vivir en la época del Imperio Romano.

—Se acostumbrará. No tendrá tecnología de punta a su disposición, pero tendrá amor. Nunca le revelaré que no soy su madre y dedicaré mi vida a hacerla feliz.

—Él sabrá que no eres su madre. Conforme vaya madurando, desarrollará una nueva parte del córtex cerebral que no existe en los Homo sapiens. En ella se encuentra el conocimiento adquirido genéticamente de sus antepasados, de modo que para los Homo cosmos es innecesario asistir a escuelas. El saber es innato, y entre esa información heredada descubrirá su verdadero origen.

—Ella comprenderá que su familia obró mal y que la hemos rescatado por su bien.

Tras computar un momento, Silver siguió objetando:

—Hay otro problema: tu comunidad sospechará al saber que tienes un niño en casa. Preguntarán de dónde salió, te harán entregarlo a las autoridades y en todo ese proceso atraerás tanta atención que terminarás por delatarnos sin querer.

Bloo por fin pareció prestarle atención y replicó:

—Eso es verdad. Y aún no sé cómo explicaré el hecho de que me veo físicamente más madura. Pero se me ocurre algo: viajemos nueve meses al futuro y digamos que es nuestro hijo. Nadie se extrañará; todos auguraban lo peor de mí. Si me escapo con un desconocido y tengo un hijo bastardo, no será ninguna novedad.

—Nuevamente corremos un riesgo: quebrantaríamos la segunda ley de Prometheus. No se puede viajar a una fecha inferior a cien años en el futuro o el pasado.

Casi al mismo tiempo, el pequeño selenita suspiró de gusto arrellanándose entre las almohadas y Bloo sonrió maternalmente. Le besó la frente y preguntó:

—¿No existe ninguna forma de romper la segunda regla?

El SL30 respondió:

—Hacerlo y reportar de inmediato el hecho como un fallo de mi sistema. Prometheus automáticamente disculpará el supuesto accidente técnico, pero a la segunda vez que suceda me prohibirán volver a viajar en el tiempo.

Entonces Bloo exclamó alegremente:

—¡Lo haremos! ¡Lini se quedará conmigo para siempre! Pobre bebé, ahora cuidaré de ti. Duerme todo lo que quieras, amor.

Esa noche Bloo durmió como una roca con el bebé selenita arropado entre las almohadas, mientras Silver los observaba sentado en la orilla de la cama. Al salir los primeros rayos del sol despertó a Bloo y juntos subieron a la cumbre de la montaña. Según las instrucciones de Silver, Bloo se vistió nuevamente con la ropa del futuro y envolvió con parte de la misma al bebé. Cuando estuvieron listos, Silver abrió un túnel y por primera vez Bloo pudo viajar por el tiempo de forma consciente. Una luz cegadora los envolvió y de pronto empezaron a flotar en medio de un torbellino de destellos multicolores. Al principio iba preocupada por lo que podría pasarle al bebé en el viaje, pero "Lini" parecía soportarlo bien, aferrada a ella con los ojos fuertemente cerrados. Entonces la chica pudo observar fascinada ese espacio misterioso entre diferentes mundos. Era como si transitaran por el interior de una arteria del universo cuya sangre estuviera constituida por toda la luz y el color que llenan de vida el día a día. Silver parecía impasible como siempre, trazando una ruta con el dedo índice de su mano derecha sobre un mapa plasmado en una pantalla holográfica que flotaba sobre la palma de su mano izquierda. Luego llamó a Prometheus tocándose una sien, reportando un presunto fallo en su sistema, y a un chasquido de sus dedos el mapa desapareció. Bloo exclamó:

—¡Es increíble! Nunca hubiera podido imaginar tanta belleza.

—Los humanos, ya sean sirvientes ciborg o supervisores, raramente pasan por aquí. Los sirvientes ciborg en realidad no viajan en el tiempo salvo en casos muy extraños; sus cuerpos son modificados para soportar el maltrato de sus dueños, no para transitar estos túneles. Los supervisores lo hacen solo por asuntos de trabajo, pero pertenecen a una era en que la humanidad ya ha perdido el amor por la belleza tal como fue comprendida por sus antepasados. Los sirvientes viajeros, en cambio, recorremos esta vía muy a menudo. Lamentablemente no apreciamos la belleza de la que tú hablas; no porque la despreciemos como los supervisores, sino porque somos incapaces de hacerlo. Lo he intentado muchas veces, estudiando el arte y tratando de valorar este paisaje por la combinación de luces y colores que ofrece. Pero no consigo experimentar placer al observarlo.

—Los gustos no se aprenden.

Explicó Bloo, y prosiguió:

—Supongo que se van desarrollando con el tiempo, por cosas sencillas como decidir si te gusta el rojo o el azul. Creo que todos elegimos lo que nos gusta a partir de experiencias personales — elegimos lo que nos trae recuerdos felices y nos hace sentir mejor. Mi color favorito es el verde, porque me recuerda a la montaña donde crecí. ¿Tú puedes hacer una asociación así?

El SL30 se le quedó mirando un momento y finalmente respondió:

—Sí. Mi color favorito es el azul.

Bloo sonrió ante el progreso de Silver y preguntó luego:

—Dime, ¿qué sucedió? ¿Cómo es que la humanidad terminó en la Luna y cambió tanto en mil años?

A un chasquido de los dedos del hombre artificial, una serie de imágenes de documentos y fotografías comenzaron a flotar sobre la palma de su mano, mientras él relataba:

—Todo comenzó décadas después de nuestro encuentro en 1992, cuando tu pueblo se volvió mundialmente famoso por ser la tierra natal de varios personajes que con el tiempo se convirtieron en héroes de la humanidad. Uno de ellos fue Alloy Silverlight, como ya te he mencionado, el padre de la inteligencia artificial tal como es conocida en el cuarto milenio. Otros fueron los miembros de una misteriosa sociedad conocida como "Alma Colectiva", formada por científicos y artistas originarios de esta zona. Fue un poderoso grupo lleno de secretos que se aseguró de mantener oculta su historia a través de los siglos, a tal grado que está prohibido difundir información acerca del lapso de tiempo comprendido entre el origen de Alma Colectiva y la muerte del último de sus miembros fundadores. Lo único que se sabe de ellos es que fueron diecisiete jóvenes talentosos en diferentes disciplinas del arte y la ciencia, todos nacidos en este pueblo. Todos eran víctimas de tragedias que marcaron sus vidas y los motivaron a unirse en beneficio de la humanidad, primero promoviendo el arte y luego financiando la investigación científica del bosque lluvioso aledaño a tu pueblo. Esto último los llevó súbitamente a la fama mundial luego de hacer descubrimientos revolucionarios. En un lapso de veinte años encontraron vacunas para el cáncer y el Alzheimer, entre muchos otros males. Produjeron medicamentos efectivos y accesibles para todo el público, lo que desató una guerra entre compañías farmacéuticas por intereses económicos — guerra que terminó siendo ganada por Alma Colectiva, que contó con el apoyo del mundo gracias a una campaña masiva contra las empresas que daban más importancia a sus ingresos que a la salud de la gente. Su éxito hizo que las naciones se unieran y juntos siguieron luchando por otras causas nobles, hasta erradicar el hambre y las guerras del mundo gracias a esa fiebre de amor por la humanidad. Pasaron los siglos y la ciencia avanzó a pasos agigantados. El inicio de la colonización de la Luna y los viajes en el tiempo comenzaron a ser una realidad, mientras los herederos de Alma Colectiva ganaban cada vez más poder y notoriedad, pues gracias a ellos los pueblos de todo el planeta podían desarrollarse libres de las preocupaciones que antes los ataban. Entonces, los descendientes de Alma Colectiva se volcaron de lleno a la medicina. Al haber erradicado todas las enfermedades mortales comenzaron a orientar sus estudios hacia la genética, buscando mejorar la calidad de vida del ser humano haciéndolo más longevo, más fuerte, más bello, más ágil y más inteligente. Fue ahí cuando sus nobles causas comenzaron a desmoronarse revelando intenciones siniestras: desde hacía siglos estaban haciendo mutar a la población administrando químicos ocultos en sus vacunas y fármacos que alteraban el ADN humano según sus ingenieros genéticos. Lentamente un proyecto llamado "Evolución" salió a la luz, causando polémica en un inicio y luego elogios. Al ser aceptado por todos, los desarrolladores del proyecto empezaron a trabajar en conjunto con los gobiernos del mundo para operar en todas las clínicas de maternidad, manipulando el control de natalidad por medio de estrictas leyes reproductivas y modificando ciertos grupos de embriones escogidos para traer al mundo genios y atletas natos. Con el tiempo el proyecto se volvió más sombrío y comenzaron a practicar abortos masivos en mujeres cuyo producto no cumplía con sus normas de calidad. También comenzaron a modificar el ADN de los embriones mezclándolo con el de reptiles y felinos para obtener características como regeneración acelerada de tejidos, visión nocturna, longevidad o cuerpos más ágiles. Así nacieron los primeros Homo cosmos, y el mundo los recibió como niños bendecidos de una nueva era de prosperidad. En poco tiempo muchas parejas se ofrecieron para ser padres de uno de estos superhombres, apoyando al proyecto Evolución, y en un par de siglos el Homo sapiens sapiens se había convertido en una minoría. Pero esos primitivos Homo cosmos eran demasiado salvajes e insensibles. Se sentían superiores, discriminaban violentamente a los antiguos humanos. La delincuencia subió a niveles nunca antes vistos y la violencia devastaba las ciudades en todo el mundo. Poco a poco el proyecto Evolución comenzó a mostrar un rostro aún más siniestro: una invasión de hombres con capacidades físicas e intelectuales sorprendentes, pero de apariencia no humana e instintos de supervivencia animales. Durante décadas, los ejemplares más perfectos de este nuevo tipo de hombres fueron recolectados por Alma Colectiva a lo largo del planeta y adoctrinados para crear un nuevo mundo y castigar al viejo. Todos fueron transportados a una nueva colonia en la Luna mientras la Tierra era "limpiada" de humanos imperfectos con bombas que eliminarían la vida por mil años, hasta que la Tierra volviera a ser habitable y el Homo cosmos regresara a poblarla. Así la humanidad inició una nueva era en camino al cuarto milenio: la era de los selenitas, quienes florecieron fuera de la Tierra con grandes avances científicos como la creación de Prometheus y el renacer de la robótica. Pero también inició una era de tedio y perversión. Un claro ejemplo es el hecho de que los selenitas idearon usar los viajes en el tiempo para divertirse cruelmente con sus ancestros, secuestrando Homo sapiens del pasado para esclavizarlos y torturarlos. Como puedes ver, la humanidad ha tomado un camino totalmente errado, y la razón de mi existencia solo puede justificarse tratando de corregir el pasado. Tengo que investigar quiénes fueron los miembros de Alma Colectiva y evitar que tal sociedad llegue a existir.

Bloo lo miró desconcertada y opinó:

—Pero eso podría provocar que tú mismo no existas al evitar que la ciencia se desarrolle. Además, muchas vidas se perderán si esas curas médicas no llegan a manos de la población. Deberías esperar al menos a que hagan sus descubrimientos y luego detenerlos.

—Existiré. Una vez que has existido serás parte de la realidad siempre. Sobre esperar a que mejoren la calidad de vida en la Tierra: ya lo he intentado así y actué demasiado tarde; en esa ocasión casi fui descubierto. La medicina probablemente se atrasará sin la ayuda de Alma Colectiva, pero para los Sapiens la muerte por enfermedad es menos tormentosa que la muerte a manos de los Cosmos. Debo destruir el mal desde la raíz, aquí en sus inicios.

Replicó Silver, y Bloo siguió preguntando:

—Y cuando evites el futuro siniestro, ¿qué sucederá con todos los que nacieron en ese tiempo? ¿Este bebé, por ejemplo?

—Como dije, una vez que has existido es imposible borrarte; siempre existirás, aunque no siendo exactamente la misma persona. Si deseas que la criatura permanezca contigo, deberás retenerla en esta época cuando el futuro del que proviene sea borrado. Aun si regresa a su tiempo y mi empresa tiene éxito, la criatura igualmente existirá allá.

Entonces Bloo besó al bebé y susurró:

—En todo caso, la única forma de asegurarme de que será feliz y estará a salvo es manteniéndola a mi lado. Mi Lini se quedará conmigo pase lo que pase.

Silver hizo desaparecer las imágenes volviendo a chasquear los dedos y luego señaló una gran luz al final del túnel:

—Ahí está la hora de nuestro regreso.

Nuevamente fueron envueltos por un potente resplandor blanco y Bloo pudo sentir cómo lentamente descendía hasta tocar el suelo, mientras el brillo se disipaba y podía ver la cumbre de la montaña siendo barrida por los vientos secos que caracterizaban las últimas semanas del año en su pueblo. Había viajado nueve meses al futuro en cuestión de minutos. Antes de bajar y presentarse a la vieja Nana como una nueva familia, Bloo y Silver trataron de ponerse de acuerdo sobre qué le iban a decir exactamente, mientras ella revisaba al pequeño selenita y hacía lo posible porque su traje de muñeca ciborg pareciera decente. Silver la observaba con su frialdad de estatua viviente mientras ella parloteaba nerviosa:

—Silver, ¿qué le dirás a mi madre si nos pregunta cómo nos conocimos?

—Le diré que te vi en el pueblo y decidí establecerme aquí.

—Mejor déjame hablar a mí. Además, prepárate para oír un sermón, ya que llegamos con las manos vacías. Yo soy una madre adolescente sin estudios ni trabajo y tú eres... bueno, tú. No somos los mejores generadores de ingresos económicos.

—Como sirviente viajero de la casa Silverlight dispongo de una cuenta bancaria en esta época para cualquier tipo de gasto que pudiera surgir en mis viajes.

—¿Cuánto dinero es eso?

Inquirió Bloo desconfiada, y Silver contestó siempre con indiferencia:

—Actualmente solo unos miles de dólares americanos. He gastado mucho, pero es lo suficiente para establecer una familia. Se lo diré a tu madre.

—Será difícil que te lo crea a menos que la lleves a un cajero y le muestres "unos miles de dólares".

—Yo soy mi propio cajero automático.

Respondió Silver, haciendo unos pases de magia con sus manos y mostrando luego un fajo de billetes. Bloo lo hizo guardarlos y exclamó:

—¡Creo que esto será suficiente! Bajemos de una vez.

Cuando llegaron a la solitaria casa de la montaña, encontraron solo sus cimientos y el suelo cubierto de hollín. Bloo corrió al lugar, inspeccionó el espacio vacío y chamuscado mientras el bebé selenita comenzaba a llorar, y finalmente masculló:

—Debemos ir a casa de mi tía, rápido.

El hombre artificial señaló una parte del terreno llano frente a la casa y chasqueó los dedos, haciendo que una materia luminosa comenzara a condensarse en el aire hasta formar un antiguo modelo de Cadillac negro. El viaje al pueblo fue rápido, y en pocos minutos llegaron a la residencia de la tía de Bloo. Ella entró angustiada con el bebé selenita en brazos y Silver tras ella. En la sala encontró a su hermana mayor — mujer muy parecida a ella, pero de ojos negros surcados de arrugas prematuras. Su hermana bordaba en una mecedora y al verla su rostro adquirió una expresión de hondo pesar. Se levantó, la miró de pies a cabeza, luego vio al bebé y murmuró:

—Para colmo pariste un hijo enfermo. Yo al menos te traje al mundo sana.

Luego le golpeó el rostro con el dorso de la mano. Bloo preguntó desconcertada:

—¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Nana?

—Se fue hace meses. Una madrugada te vio huir con ese hombre. Luego la casa se quemó y ella decidió mudarse. Bajó al pueblo donde intentó tener una tienda de comestibles, pero igualmente no pudo sola. La fatiga y el desánimo la hicieron enfermar y finalmente murió. A ti te dejó la tienda para cuando volvieras. Sabía que volverías. A mí me dejó el encargo de esperarte y decirte que en adelante no pierdas más el tiempo. La vida no espera.

Bloo sintió que le faltaba el aire por el impacto de la noticia. Entonces apareció su tía vociferando cosas que no escuchó; huyó corriendo tras apartar de un manotazo a Laude, que se había acercado a ella con curiosidad. Luego se fue con el bebé a la iglesia del pueblo. Se acurrucó en un rincón oscuro, entre la media luz y el humo de las velas del antiguo templo, y lloró largo rato todo el miedo de su viaje al futuro y el dolor por la pérdida de su madre. Horas después, el clérigo la encontró y la hizo ir a recostarse a un sofá de su oficina. Ahí se reencontró con Silver, quien la observó un momento sin decir nada hasta que ella dijo, mirando a la pequeña selenita:

—Lleva dos días y nunca ha ensuciado el pañal, tampoco come mucho. ¿Estará enferma? Es lo último que me falta.

—Los selenitas no defecan. Sus apetitos los llevaron a alterar su aparato digestivo para mayor comodidad en ciertas prácticas. Por esa razón no comen mucho y prefieren los alimentos blandos o líquidos que les aporten más nutrientes, especialmente los ricos en azúcar. De modo que el infante nunca expulsará heces, pero sí orinará. Deberás revisar de vez en cuando si tiene el pañal seco.

Respondió Silver, y luego agregó:

—¿Puedo hacer algo para mejorar tu estado de ánimo?

Bloo se enjugó las lágrimas:

—Volvamos en el tiempo. Hay que evitar la muerte de Nana. O al menos quisiera poder despedirme de ella.

El hombre artificial contestó fríamente:

—Como te dije, la segunda regla para el uso de Prometheus prohíbe viajar entre un punto de la historia a otro que esté a una distancia cronológicamente inferior a cien años. Pero considero que tu sufrimiento ya ha sido excesivo. Te propongo entregarme a la criatura para que la devuelva a su época, y regresarte a ti al punto en que hiciste creer a tu madre que huiste de casa. Así la reencontrarás viva y tendrás tiempo para hacer lo que tengas que hacer con ella. Perderé mi permiso para viajar a través de Prometheus, pero es lo menos que puedo hacer por ti.

—Espera. No.

Sollozó la joven, y luego agregó:

—Siempre temí el día en que Nana muriera. Ahora sé más o menos cuál será la fecha, y vivir esperándola sería horrible. Lo peor ya ha pasado; no quiero que ocurra dos veces. Además, si la bebé regresa la corromperán, vivirá sin amor en un mundo horrible. He perdido a Nana, pero he recibido a Lini. Voy a velar por su felicidad. Mejor vayamos al establecimiento que heredé. ¿Estamos a salvo ahora o hay supervisores selenitas cerca?

—No he detectado a ninguno en la zona.

Replicó Silver, y Bloo dijo tratando de controlarse:

—Bien. Descansemos unos días. Luego saldré por algo de ropa para mí... y creo que para ti también. Es sospechoso que vistas siempre de negro.

—No te preocupes por mí; hay muchos como yo en la Tierra y pasamos desapercibidos. Contigo es mejor que te mantengas en casa y procures que nadie vea al selenita. Si un supervisor vuelve mientras no estemos juntos, tú no podrás detectarlo ni diferenciarlo de cualquier otro Homo sapiens, ya que pueden disfrazarse adoptando una apariencia acorde a esta época. Y él probablemente no te reconocerá a ti, pero notará inmediatamente que la criatura proviene de la Luna.

—Bien. Por ahora solo vayamos a casa. ¿Cuál será el próximo paso?

Silver respondió con una media sonrisa — cosa que extrañó a Bloo:

—Eso es algo de lo que me ocuparé yo. Solo necesito observar a los jóvenes del pueblo e identificar entre ellos a aquellos que sufrieron, están sufriendo o sufrirán alguna tragedia y se convertirán en los miembros de Alma Colectiva. Sé que suena complicado, pero confía en mí.

—¿Cuánto tiempo tardarás?

—Es un trabajo de observación más que nada. Podría tardar de seis meses a un año.

—Por mi está bien. Quizás en un año o dos haya recuperado las fuerzas.

Dijo Bloo, y el hombre artificial la miró a los ojos y preguntó con seriedad:

—¿Estás segura de que quieres seguir ayudándome? Nuestro trabajo siempre será un secreto para los demás. Al final no seremos héroes, no habrá fama, no habrá fortuna. No escucharemos aplausos; ni siquiera habrá quien nos diga "gracias". Solo tendremos la esperanza de un futuro dulce y pacífico para las próximas generaciones.

La muchacha se encogió de hombros y respondió:

—No solo eso. Seremos libres. Volveremos a ser capaces de elegir nuestro propio destino. Cruzarnos de brazos cuando tenemos la oportunidad de mejorar las cosas no tiene sentido. Sigamos adelante con esto.

 


 

Deber, sentimiento e instinto

 

 

Desde que su vida había cambiado violentamente aquel día de febrero de 1992, Bloo solía tener extraños sueños recurrentes donde se sentía flotando en agua tibia que de a poco se iba espesando y convirtiendo en un mar de miel cada vez más caliente, en el cual ya no podía flotar sino que comenzaba a hundirse ahogándose en una ardiente dulzura, hasta morir y renacer exhausta en brazos de alguien que conocía pero no lograba recordar, y que le decía cosas sin sentido que sin embargo entendía perfectamente y luego olvidaba. Trataba de abrazarse a su acompañante en el sueño y entonces él se revelaba como el espantoso visitante de aquella lejana noche de su infancia, que sin previo aviso le atravesaba el pecho con una mano y le arrancaba el corazón entre carcajadas. Entonces despertaba sobresaltada, veía de nuevo al bebé alienígena durmiendo a su lado y recordaba que la realidad la esperaba con una lista de deberes diarios por cumplir.

Para 1994, Bloo seguía viéndose exactamente igual a cuando se mudó al pueblo a vivir con su "marido detective del gobierno" y una criatura que no mostraba en público. El pintoresco café que había abierto en lo que antes fue la tienda de abarrotes de la vieja Nana solo era frecuentado por algunos chismosos que buscaban la oportunidad de ver, aunque fuera de lejos, a "la hija de ese joven matrimonio"; a quien Bloo cuidaba con el entusiasmo de una verdadera madre, o más bien de una niña jugando a serlo con una muñeca muy extraña. Era feliz con esa vida. Las únicas cosas que la inquietaban eran las fallas eléctricas que provocaba de vez en cuando su generador psicoquinésico y aquel extraño sueño que le devolvía a la memoria las horribles experiencias de su viaje por el tiempo y el espacio. El sueño era prácticamente igual hasta que una vez logró recordar parte de lo que el visitante nocturno le decía al oído:

"Me iré tras de ti, a buscarte en la muerte."

En esa ocasión logró despertarse antes de que el sueño terminara de transformarse en pesadilla y se quedó mirando el rostro de "su bebé": una rubia criatura pálida como el papel y delgada como un gatito. Por su desarrollo físico y mental parecía tener cuatro años, aunque solo tenía dos. Su rostro era escalofriante, pero su actitud —traviesa y siempre hambrienta de cariño— terminaba inspirando ternura. "Lini" tenía una belleza siniestra que se observaba principalmente en sus manos: largas y de piel pálida como porcelana, con uñas oscuras de ébano. Bloo solía besarle los deditos a menudo y consideraba que las manos eran lo más hermoso que tenía, además de un misterioso aroma frutal que exhalaba naturalmente. Desde su nacimiento, solo una enfermera la había revisado a fondo, en una ocasión en que bebió desinfectante por accidente. La salubrista quedó impactada por el aspecto del bebé y por el hecho de que no era niño, pero aparentemente tampoco niña del todo. Al examinarla encontró una anatomía que no encajaba con ninguna clasificación convencional, lo que dejó a Bloo discutiendo con Silver sobre el sexo de "la niña" desde entonces. Al comenzar a hablar y caminar, Lini adoptó un rol femenino usando el pelo largo y ropa de chica, pero exigía que se la compraran en color celeste y se negaba a usar faldas. Hacía poco, al enterarse de que Bloo nunca había tenido un padre, decidió que ella actuaría como uno y comenzó a referirse a sí misma como hombre. El lazo entre las dos se había vuelto muy fuerte en esos dos años. Siempre dormían juntas, ya que la pequeña solía tener extraños sueños con personajes aterradores de los que solo se sentía a salvo en la cama de Bloo. Silver mostraba cierto interés en las experiencias oníricas de la niña selenita —a quien él trataba como niño— pero insistía en hacerla dormir en la habitación destinada para ella. De hecho, el hombre artificial estaba empecinado en contradecirla en casi todo; la relación entre los dos era muy mala. Bloo aguzó el oído y le pareció oír los pasos de Silver, quien nunca dormía y ocupaba las noches leyendo incontables documentos históricos. Aquella vieja casa de madera de un solo piso, construida en torno a un patio interior atestado de plantas, era silenciosa como una tumba a esa hora. Bloo arropó a la niña y se quedó un momento perdida en sus pensamientos, observando las viejas paredes de madera pintada de verde sobre las que colgaban antiguos retratos de familia, ramos de hierbas aromáticas del patio, el viejo sombrero de Nana y algunos dibujos hechos por Lini. Del techo pendía una antigua lámpara de cristal, y a través de la cortina de encaje que cubría la ventana podía ver las cornisas y algunas tejas de otras casas, húmedas por la pesada niebla que bajaba de la montaña con aroma a hierba. Se entretuvo así hasta que la chiquilla tosió y ella volvió a mirarla. Lini abrió sus grandes ojos de iris blancos, pupilas rojizas y párpados oscuros, mientras Bloo la peinaba con los dedos. El bebé selenita volvió a cerrar los ojos y trató de dormir, pero Bloo la sacudió suavemente:

—Hora de desayunar. Vamos a la cocina o Silver te regañará.

—Odio al robot.

Murmuró la pequeña, y en ese mismo instante Silver entró a la habitación sin avisar y dijo fríamente:

—Y yo odio al pequeño monstruo selenita. Hay una mujer preguntando por ti, Bloo. Vístete. Parece ser algo personal.

Bloo se duchó rápidamente mientras escuchaba el pleito matutino de todos los días: Silver reprendiendo a Lini y ordenándole hacer todo por sí misma, y la extraña niña pateándolo y mordiéndolo para tratar de callarlo. Enseñarle a ir al baño sola había sido una guerra épica entre los dos, en la que Silver tuvo que volver a pegarse una oreja luego de que Lini se la arrancara, y la chiquilla acabó muchas veces con la boca sellada con cinta adhesiva y las manos atadas a la espalda, hasta que Bloo llegaba a rescatarla. Ambos eran algo peligrosos cuando Bloo los dejaba solos, por lo que procuraba mantener a Lini en su regazo o jugando con insectos en el patio, y a Silver enfocado en sus investigaciones sobre la gente de la zona.

Bloo terminó de vestirse sin inmutarse por la presencia de sus compañeros en la habitación, ya que ellos tampoco reparaban mucho en ella. Llevó a Lini en brazos hasta la cocina, le dio un biberón y la dejó jugando en el patio bajo la severa mirada de Silver. Luego se apresuró hacia la zona de la casa que funcionaba como cafetería y se encontró con Mari, a quien no veía desde hacía más de dos años. Lucía bastante cambiada: se había vuelto muy alta, tenía los costados de la cabeza rapados y lo que le quedaba de cabello estaba erizado y teñido de un rojo escandaloso, cayendo como una crin hasta la mitad de su espalda. Vestía lo que en el pueblo llamaban "ropa de ciudad", mostrando buena parte de su cuerpo ya completamente desarrollado. Llevaba una mochila al hombro, tacones de diez centímetros, maquillaje extravagante y un cigarrillo encendido entre sus labios sonrientes, lo que dejó a Bloo aturdida. Al verla entrar, Mari se le acercó alegremente y le dio un magnífico bofetón que la hizo rebotar en el mostrador. Luego la saludó:

—Discúlpame, Bloo, ¡pero me lo debías!

—¿Has venido solo a esto?

Preguntó Bloo indignada mientras iba al otro lado del mostrador. Mari tomó asiento en una de las mesas y respondió con una sonrisa melancólica:

—En realidad no. He venido porque necesitaba una amiga. Pero no hablemos de eso ahora. Cuéntame, ¿cómo estás? Dicen que te casaste luego de dejar la escuela. En realidad dicen muchas cosas de ti, pero la mitad de lo que la gente rumorea siempre es mentira.

—Es verdad que tengo una familia.

Respondió la morena sonriendo:

—No es como lo que tú y yo hubiéramos soñado jamás, pero está bien así.

—Tienes un bebé, ¿verdad? Discúlpame, apagaré el cigarrillo. Anda, tráelo. Dile que soy su tía, que tú y yo cazábamos duendes juntas y eso. Le traje algunos caramelos.

Bloo se rio un momento nerviosamente sin saber qué hacer, mientras Mari esperaba con ese aire de madurez y determinación que la caracterizaba. Finalmente, Bloo se dio cuenta de que no tenía escapatoria y llamó a Lini alzando la voz. La criatura apareció reptando de forma sigilosa y felina, mirando a la visita con desconfianza, seguida por Silver, que no parecía complacido con la amistad entre Bloo y Mari. La criatura siguió avanzando hasta el regazo de Bloo, donde se acurrucó escondiendo el rostro entre las solapas del abrigo de su protectora. Mari se inclinó hacia ella y le besó la cabeza:

—¡Pero qué grande eres! ¿Y qué bien hueles! ¿Estás hecha de flores?

—No. Estoy hecho de queso, como la Luna. ¡Vengo de la Luna! Y del futuro.

Silver y Bloo intercambiaron una mirada tensa ante la respuesta de "su hija". Mari comenzó a buscar algo en su mochila mientras comentaba:

—¿Eres niño o niña? Tienes pelo largo, supongo que serás chica.

—¡Soy el papá de Bloo, soy hombre!

Silver señaló de inmediato:

—Es un macho genético.

—No tiene pilín, es niña.

Objetó Bloo, mientras Mari se quedaba un momento confundida hasta que Lini repuso:

—Soy hombre, pero mujer.

Mari se echó a reír y dijo, sacando un regalo de su mochila:

—Pues espero que a los niños hermafroditas extraterrestres del futuro les gusten los caramelos, ¡porque no te traje otra cosa!

Antes de que pudiera terminar de hablar, Lini ya se había subido a sus piernas y arrebatado los caramelos, diciendo con una sonrisa casi literalmente de oreja a oreja:

—¡Los amo! ¡También te amo! ¿Tienes hambre, amiga? Luego vamos a almorzar. Silver cocinará y solo nos comeremos las cosas sabrosas, te lo prometo.

—¿Así que Silver cocina? ¿Y qué hay de Bloo, no es buena ama de casa?

—¡¡No, pero amo a Bloo!!

—¿Por qué no llamas a tus padres "papá y mamá"?

Rápidamente Silver cargó a Lini levantándola del pijama que aún llevaba puesto y le llenó la boca de caramelos para callarla, murmurando:

—Selenita, la dama seguramente tiene un horario. No la hagas sentir comprometida.

—De hecho, no hay tal horario.

Dijo Mari bajando la mirada, y agregó:

—Realmente quería pedirles algo de comida y un sitio donde pasar la noche. Al menos hasta mañana. Tengo serios problemas.

Bloo pidió a Silver que se llevara a la pequeña y las dejara a solas. Después llevó a Mari a la habitación que se suponía sería de Lini pero que nunca usaba, para que se instalara ahí. Luego de desempacar juntas y hablar un poco de la casa y la ropa que venía en la mochila, Mari contó su historia:

—Tuve un encuentro cruel con la realidad. Es una forma sencilla de explicarlo todo. Cuando dejaste la escuela y te fuiste con tu novio, comencé a pensar que yo también quería vivir mi propia vida. Contesté a un anuncio del periódico donde solicitaban jóvenes para una audición. Decían que pagarían bien el mismo día de la entrevista. Junté mis ahorros y hui a la ciudad, con la cara maquillada por primera vez y los tacones de mi madre. ¡Qué estúpida fui! Lo que yo creía que era una audición resultó ser otra cosa completamente. Me tomó tiempo entender lo que estaba pasando, y para cuando lo entendí ya era tarde para salir fácilmente. Dejando el asco y la vergüenza de lado, hice mi trabajo lo mejor que pude y tomé el dinero; casi inmediatamente me ofrecieron otro "trabajo". En poco tiempo me convertí en una figura conocida en ese extraño mundo, pero mi aspecto me delató: las autoridades averiguaron que era menor de edad. Los hombres con los que trabajaba fueron apresados y yo acabé en un reformatorio mientras se llevaba a cabo un largo y vergonzoso juicio. Cuando por fin me dejaron volver a casa, mis padres me echaron; no querían una mujer "sucia" en la familia. No tardé en encontrar a uno de mis "admiradores" en el pueblo y me fui a vivir con él hasta que me golpeó. Me fui con otro, luego con otro. Finalmente supe que tú atendías sola este negocio y pensé en venir a pedirte trabajo y posada. Puedo hacer lo que quieras: cuidar del bebé, ayudarte en la cafetería, lo que sea, con tal de comer y recuperar una vida tranquila. Pero si tú también quieres que tu casa no se manche con mi presencia, lo entenderé. Ahora eres madre y querrás mantener a tu hija lejos de los riesgos que nosotras no supimos evadir.

Bloo abrazó a su amiga con ternura y luego simplemente salió y avisó a los demás que la recién llegada viviría con ellos desde ese día. Mari sintió un nudo en la garganta y trató de salir a decir algunas palabras de agradecimiento, pero inmediatamente Silver haló a Bloo de un brazo y la metió en otra habitación cerrando tras ellos, mientras Mari alcanzaba a escuchar al hombre de negro decir: "tus instintos te traicionan. Primero el niño, ahora esa mujer..." Avergonzada y herida, Mari quiso recoger su equipaje y marcharse, pero al voltearse se encontró con la extraña "hija" de Bloo, que la veía con una sonrisa escalofriante en su rostro de ojos selenitas —cuya mirada siempre tenía algo demencial e hipnótico. Mari le devolvió la sonrisa tratando de no mostrarse alterada. Entonces las llamaron a comer y Bloo reapareció muy tranquila. Mientras Silver servía la comida, Bloo lo miró de cierta manera y luego, cuando él salió del comedor dejándolas solas, simplemente dijo a Mari:

—Existen nada más dos reglas en esta casa: nunca cuentes a nadie lo que aquí sucede, y no te escandalices por lo que puedas ver.

Mari respondió:

—Sabes que cumplo mi palabra. Te prometo que guardaré la intimidad de tu familia, y recuerda que a mí ya nada puede escandalizarme.

Desde ese momento Lini se pegó a Mari en un enamoramiento infantil. Se pasó toda la tarde sentada sobre su espalda, parloteando, mientras Mari la soportaba pacientemente leyendo y escuchando música en su reproductor de cintas casete. En determinado momento llegó la hora de la siesta y la pequeña se recostó somnolienta sobre ella mientras comenzaba a interrogarla:

—¿Me comprarás más caramelos luego?

—Si te portas bien te compraré hasta una muñeca.

—No me gustan las muñecas. Solo tengo una.

—¿Y cómo se llama?

—Se llama Bloo. Es mi muñeca.

—¿No te han enseñado a respetar a tu mamá? Es tu madre, no un juguete.

—¿Quién está cantando?

—El grupo Nirvana. Es mi banda favorita.

—¿Por qué cantan?

—Porque es su trabajo. ¿Te gusta oírlos?

—Me gusta porque te gusta a ti. ¿Tienes novio?

—¿Tú sabes lo que es un novio?

—Sí, todo el mundo busca un novio para casarse y tener bebés. Si eres mi novia y te casas conmigo podremos estar juntos siempre. Bloo necesita una mamá.

—Pero eres niña, como yo. Las niñas no suelen casarse entre sí.

—Soy niño.

—¿Y dónde está tu pito?

—Por ahí.

—Pues bien, tendré que pedirle tu mano a Bloo, y seguramente se opondrá por la diferencia de edades. Lo siento, Lini, pero creo que lo nuestro no tiene futuro.

La pequeña no respondió más y en poco Mari dedujo que estaba profundamente dormida. Se reclinó también sobre sus brazos cruzados y cerró los ojos para descansar la vista y pensar. Con rencor comenzó a recordar su pasado y su maternidad frustrada. El acto de concebir un hijo había perdido para ella cualquier aspecto puro que pudiera tener. La ilusión de ser madre que había tenido de niña se reemplazó por el asco de pensar en la posibilidad de haberle dado descendencia a cualquiera de todos los que "trabajaron" con ella. Estaba absorta en sus amargos pensamientos cuando la pequeña se despertó bruscamente y preguntó:

—¿Te hacían daño, o no te importaba?

Mari la cargó en brazos para llevarla con Bloo mientras respondía, sin saber muy bien cómo:

—¿De quiénes hablas?

—De los hombres que estaban contigo cuando eras grande.

La joven no supo qué decir y sintió que el rostro le ardía. Bloo llegó en ese momento, tomó a Lini y le pareció que Mari tenía fiebre, por lo que la mandó a recostarse y le dio un té relajante que la hizo dormir hasta más o menos las tres de la mañana, cuando sintió que alguien le respiraba en el cuello. De un manotazo encendió la lámpara de noche y descubrió a Lini acurrucada a su lado, pidiéndole un abrazo con las mejillas mojadas en lágrimas. Mari intentó reponerse del susto lo más rápido posible y abrazó a la pequeña:

—Tranquila. No pasó nada malo.

La extraña niña contestó entre sollozos:

—Algo malo pasó. El señor que te gusta oír cantar se ha muerto y ya no lo oiremos.

—No, pequeña. Mañana veremos el canal musical y verás que todo está bien. Solo fue un mal sueño.

Lini siguió llorando. Esa tarde Mari pasó largas horas con ella viendo el canal de música para mostrarle que su sueño era falso. A su primer aviso agregó que también habían muerto dos reyes porque alguien les había lanzado un cohete. Mari se esforzó por ser paciente y hacer comprender a la niña que su fantasía era lo que la asustaba, y la hizo ver las noticias para demostrárselo. Para su sorpresa, ese día dos presidentes habían sido asesinados al ser derribado su avión por un misil. Mari pensó que era una gran coincidencia que, lamentablemente, solo hizo sentir a la pequeña más triste. Lini siguió llorosa y esa noche volvió al lecho de Mari, contándole que un hombre malo se había robado un avión. En esta ocasión Bloo se dio cuenta de que la pequeña despertó a su amiga y se disculpó, explicando que en las últimas noches se había olvidado de darle leche a Lini antes de dormir, y por eso tenía insomnios. Horas después, los noticieros matutinos anunciaban que un hombre armado con un arpón y martillos había secuestrado un avión; y a la mañana siguiente el canal musical guardaba luto por la muerte del vocalista de Nirvana, muerto tres días antes, justo cuando Lini había comenzado a llorarlo. Asombrada, Mari corrió a buscar a la niña y la encontró jugando con orugas en el jardín. Se puso en cuclillas a su lado y preguntó:

—Lini querida, ¿tú ves sucesos que van a pasar? Cuéntame.

—No veo cosas que pasarán. Tengo pesadillas sobre recuerdos feos. Por eso Bloo me da lechita antes de dormir y así sueño cosas lindas.

—Pero, por ejemplo, el sueño de los reyes y el cohete. Eso no había pasado todavía.

—Sí había pasado. Son recuerdos malos que me asustan.

—¿Qué cosas feas has recordado?

—Muchas guerras, edificios que se caen, pueblos comidos por el mar, hombres malos matando. Siempre me pasa si no duermo tranquilo. También recuerdo gente rara que me da miedo. La sueño muchas veces, la misma gente rara una y otra vez; algunos de ellos realmente me asustan y otros solo me entristecen.

—¿Cómo es esa gente rara?

—No lo sé. Algunos no tienen forma, solo son "algo". Otros son personas como salidas de un cuento. Una de ellas es una madre que llora sin parar; tiene una mariposa en su panza y está sentada sobre espejos rotos. Me da tanta pena que le conté a Silver y a Bloo. La pobrecita se ve tan triste.

La muchacha miró al piso un momento, pensativa, y luego preguntó con temor:

—¿Qué es lo que más te da pesadillas? Lo más feo.

Lini la miró asustada, se abrazó a ella y le dijo al oído:

—Cuando los hombres malos quemaron todo y nada quedó vivo. Se quemó toda la gente, todos los animales y todas las plantas. Solo ellos se salvaron.

—¿Cuándo quemaron todo?

—Algún tiempo antes de que yo viniera.

Mari comenzó a sentirse preocupada. Cuando tuvo la oportunidad se sentó con Bloo a la orilla de la calle, como cuando eran más pequeñas, y le dijo:

—¿No has notado que Lini es extraña?

—¡Obviamente lo he notado, Mari! Pero la amo así. ¿Lo dices porque a veces está bizca o mirando en direcciones opuestas? Una enfermera la examinó y dijo que solo es estrabismo; le pasa cuando está muy contenta o distraída. Nada grave.

—Me refiero a que actúa raro, no solo por el hecho de ser la marimacho más joven del mundo. ¡Adivina el futuro! A veces creo que lee el pensamiento.

Entonces Bloo respondió algo nerviosa:

—Silver dice que es normal. Cosa de familia. Que con el tiempo "recuerdan cosas".

—¿Recuerdos del futuro? Bloo, ¿de dónde sacaste a Lini? No me digas que es tu hija. Tú y el detective ese son morenos y ella es rubia y blanca como papel. Además ese rostro... ¿Qué es eso? ¡Parece un ser de otro mundo!

—Lini es mi bebé. La he cuidado desde que nació, la amamanté, le enseñé a hablar y todo lo necesario. Ni siquiera está enferma, solo es diferente.

No satisfecha con las respuestas de Bloo, Mari se armó de valor y entró al estudio de Silver, que leía incontables listas de datos ante un ordenador. Al notarla, simplemente se levantó de su escritorio y la miró como esperando a que hablara. Mari saludó incómoda:

—Hola, señor Light. Disculpe la interrupción. Últimamente he estado un poco preocupada por su hija. Lini parece perturbada por razones extrañas, pesadillas...

—Siempre las ha tenido y las tendrá. Es parte de su desarrollo. No debe preocuparse.

Respondió Silver indiferente. Mari continuó:

—Creo que sí debemos preocuparnos. ¡La chica no está teniendo una infancia normal! Vive aislada del mundo, ni siquiera está segura de su propio sexo.

—Selenita es lo que la naturaleza le dicta ser, y eso es sano. Su calidad de vida es óptima en lo posible. Ha sido bien alimentado y sus necesidades emocionales están siendo plenamente satisfechas por Bloo.

Mari suspiró desalentada y dejó a Silver con sus asuntos. Fue al patio con Lini, que como siempre jugaba alegremente con sus insectos. Se puso en cuclillas al lado de la pequeña, que reía sosteniendo una babosa en un palito, y dijo:

—Creo que al final nada es casualidad. Mi presencia aquí es necesaria. Tú necesitas más que mimos, regaños y comida, Lini. Necesitas a alguien que te comprenda y te explique el mundo para que aprendas y luego no metas la pata. Una madre real y sencilla que te proteja, te regañe y te aconseje. Suena muy pesado, pero las cosas son tan confusas en esta casa que algo simple como una madre tradicional podría ser un buen punto de referencia para que no se pierdan. Tus padres no están manejando el asunto como es debido; no es solo cosa de deber, sentimiento o instinto. Es todo junto. Así que, en adelante debes llamarme mamá. No más Mari. Bloo lo entenderá, y si no lo entiende le daré una paliza, porque ella también necesita una madre. Ahora soy mamá, ¡y debes respetarme! ¿Has entendido, Lini?

La chica no obtuvo respuesta. Lini había ignorado todo lo que dijo y seguía riendo con la babosa en el palito. Mari la zarandeó:

—¡Pon atención cuando hablo! ¡Esto es importante!

Al hacerlo su blusa se levantó un poco, mostrando el tatuaje de una mariposa en su vientre que llamó la atención de Lini, quien inmediatamente se acercó a verlo mejor y luego exclamó asombrada:

—¡Eres la madre!

Mari sonrió frotándose la frente, convencida de que criar a Lini sería una tarea difícil, y respondió:

—Así es. Soy tu madre.

Entonces escuchó pasos tras ella. Se levantó a mirar y se encontró cara a cara con Silver, que bruscamente le tomó el rostro y la besó. Se quedó un momento sorprendida sin entender qué estaba sucediendo, hasta que sintió la lengua del hombre explorando entre sus labios. Entonces lo apartó de una patada y, antes de que pudiera decir algo, Silver sacó una pistola, apuntó a su frente y disparó.


 

Madre

 

 

Media hora después, Bloo examinaba una extraña quemadura en forma de triángulo equilátero en la frente de Mari, que yacía inconsciente en su cama. Luego se dirigió a Silver, que la observaba con indiferencia, y a Lini, que parecía asustada por todo:

—Pero... ¿qué le hicieron?

Silver respondió:

—Le he implantado un dispositivo de neutralización mental. Cuando lo active será privada de todas sus facultades y su futuro como miembro de Alma Colectiva quedará anulado. Planeo implantar uno de estos aparatos en cada uno de los diecisiete miembros y luego activarlos todos a la vez. De esa forma me aseguraré de que los supervisores de Prometheus tengan menos tiempo de remediar los cambios en el futuro, al no alertarlos hasta que todo esté hecho.

—¿Acaso Mari es una de ellos?

—Así es.

Replicó el hombre seriamente. Bloo se frotó la frente y dijo:

—Silver... te estás volviendo peligroso. No diferencias los sexos y ahora dices que Mari es una intelectual que llevará al mundo a su destrucción. ¿Qué te llevó a deducir que mi amiga será miembro de Alma Colectiva?

—Es simple.

Dijo el hombre artificial y continuó explicando:

—Desde que Selenita comenzó a recuperar la memoria de sus antepasados, me fijé en cómo los recuerdos de los años noventa se le hacían más claros gracias a que este ambiente le ayuda a evocarlos con nitidez. Me di cuenta de que en sus sueños se repetían con frecuencia diferentes personajes — llegué a contar diecisiete. Desde ese momento sospeché que Selenita estaba recordando la identidad de los miembros de Alma Colectiva. Es muy posible, ya que su familia es la única con acceso a información secreta para el resto de la humanidad del futuro y deben conocer detalles importantes acerca de esta época.

Bloo tomó asiento a la orilla de la cama, cargando a Lini en brazos para mecerla mientras Silver proseguía:

—Selenita es el último descendiente de la élite de la humanidad. Sus antepasados que viven en esta época son miembros de la realeza internacional, poderosos políticos y multimillonarios. Su única antepasada de origen modesto que vive en este período de tiempo es miembro de Alma Colectiva. Supuse que Selenita la recuerda en sueños como a una madre solitaria que llora sobre espejos rotos mientras sostiene una mariposa en el regazo, pues es el único personaje de sus sueños al que parece tenerle cariño. Al hacer un estudio genético de Mari y compararlo con la historia genética de Selenita, encontré una correlación que me indicó que están emparentados. De modo que ella es, sin duda, el primer miembro de Alma Colectiva que hemos podido identificar; y en adelante podremos guiarnos por los sueños de Selenita para encontrar a los demás.

—¡Pero Mari perderá la razón! ¡Arruinarás su vida!

Exclamó Bloo, a lo que Silver contestó:

—La causa es justa. Guarda la calma. Se despertará en poco sin poder recordar exactamente qué pasó. Estará bien hasta que el dispositivo sea activado.

—¿No hay forma de salvarla de ese destino?

—Quizás si ella supiera la verdad y aceptara ayudarnos. Pero su mente estará llena de resentimiento por su pasado. Probablemente solo desee vengarse del mundo.

—No es así. Yo la conozco y sé que tiene un alma noble.

Dijo Bloo y continuó:

—Estoy segura de que si Mari se unió a esa sociedad fue porque realmente deseaba mejorar el mundo. Además, si dices que su descendiente es Lini, significa que en algún punto de su vida se casó con un hombre distinguido como siempre soñó y tuvo hijos. Está destinada a cumplir sus sueños... aunque eso a la larga podría traer la desgracia para toda la humanidad. Si Mari supiera la verdad y le pidieras renunciar a ese destino para salvar a todos, lo aceptaría, porque tiene mucha confianza en sí misma y ese futuro borrado sería para ella solo una prueba de lo que es capaz de lograr. Te ruego que la perdones.

El hombre artificial dijo con total indiferencia:

—Demente o no, siempre acabará procreando con el mismo hombre, porque el destino siempre une a las parejas responsables de traer otra vida al mundo. Evitar que use el dispositivo solo pondría en riesgo el éxito de nuestra empresa. Sin embargo, te propongo una solución: removeré el dispositivo de neutralización mental si a cambio ella acepta encargarse de criar a Selenita en tu lugar.

—No tengo por qué pedírselo. Solo por ser mi amiga ya ama a Lini como si fuera su propia hija, y yo no dejaría a mi bebé en manos de nadie más que ella. Quita ya esa cosa de su cabeza. Le explicaremos todo y veremos cómo reacciona.

Al caer la noche, Mari ya había despertado y Bloo le terminaba de contar su terrible aventura del viaje al futuro, ayudada por Silver y una de sus pantallas holográficas flotantes. Luego de escuchar todo en silencio con las manos entrelazadas sobre el regazo, Mari se dirigió a Lini:

—Cariño, tráele a mamá una bolsita con hojas secas y unos papelitos que están al fondo de su mochila. Quiero que me dejen fumar un rato a solas. Así me pongo a tono con todos ustedes.

De ese modo, Mari se unió a "la familia", involucrándose en la misión de Silver.

Desde ese día, todos esperaban impacientes a que Lini despertara cada mañana para interrogarla acerca de sus sueños. Con el tiempo, la pequeña comenzó a sentirse presionada y reaccionó apegándose más a Bloo. Quería que la cargara en brazos siempre y empezó a negarse a hablar, mirando a los demás con recelo y chupándose un pulgar todo el tiempo. Silver y Mari insistían impacientes en que hablara, pero Bloo se encargó de mantenerlos lejos de "su bebé", que solo abría la boca para comer. Frustrada, Mari acabó tirándose en un sofá del estudio de Silver y se lamentó fumando mientras él seguía leyendo sus documentos, apilados por todas partes:

—La humanidad estaba perdida desde que su futuro quedó en manos de una máquina mal construida. Tu inteligencia artificial es imperfecta; careces de astucia.

—¿A qué se refiere?

Preguntó Silver, y Mari contestó:

—Elegiste una cómplice por sus cualidades morales y sus valores, más que por su utilidad. Mira lo que sucedió: el futuro depende de ustedes y ella juega a la mamá.

—Gracias a las modificaciones especiales que me aseguré recibiera al ser convertida en ciborg, Bloo posee una fuerza y resistencia sobrehumanas. Sería una ayuda idónea de no ser por Selenita, que la distrae con sus tonterías infantiles.

—¿Te parece que Bloo está lista para ser mamá? ¿No tienes algún recuerdo de la madre del Silverlight real? Alguna idea debes tener de cómo se supone que tendría que ser una mujer madura criando un hijo.

Tras pensar unos instantes, Silver respondió:

—Carezco de recuerdos concretos de mis padres biológicos en mi vida humana; apenas tengo algunas vagas evocaciones. "Recuerdo" a mi padre como una sensación de profundo respeto: un ser al que probablemente amo como ustedes aman a la patria o a Dios. De mi madre no tenía memoria, hasta el día en que vi a Bloo. Ella me despertó sentimientos que pensé no existían ya en esta memoria fragmentada que acompaña mi sistema informático. Es una joven extraordinaria, pero debe sentirse muy presionada en este momento.

Tras exhalar una bocanada de humo, Mari comentó:

—También me siento presionada. Creo que ahora todo es mi responsabilidad: yo seré la que se una a esa sociedad, la que debería ayudar a mi amiga Bloo, y la única que realmente conoce este mundo. Ustedes no saben nada.

—Guarde la calma. Para alcanzar una meta es necesario cumplir objetivos de forma ordenada. Nuestro objetivo ahora es obtener mayor información de Selenita.

Mari se estiró suspirando y exclamó:

—¡Lini está en camino directo a un asilo psiquiátrico! Es adoptada, no tiene amigos y es diferente en el rostro y en todo lo demás. Tu forma de tratarla no mejora su situación, pero no sé si lo entiendes. Siento que estoy aquí confesando mis penas con un enorme tostador del futuro.

Entonces Silver tomó asiento en un sofá cercano y explicó:

—Mi rechazo por Selenita es justificado; pertenece a una raza perversa. Sin embargo, lo respeto y nunca lo he dañado a propósito. En cuanto a su salud, Selenita es un infante bastante "normal" para su naturaleza. En su mundo, los niños como él son llamados "bebés metamórficos". Son muy costosos de obtener; solo las familias más ricas pueden costear un embrión con sus extravagantes características genéticas.

—¿Qué tiene de especial hacer un niño así en un laboratorio?

Preguntó Mari con desánimo, y Silver replicó:

—En el futuro las parejas pueden decidir el sexo de su hijo. El niño metamórfico es especialmente diseñado para aquellas que necesitan un heredero estrictamente varón pero también desean criar una niña.

Con otro suspiro, Mari dijo:

—Solo pienso que, si se siente un niño, quizás debamos llevarla a un doctor para que le dé hormonas hasta que podamos operarla y que sea chico de una vez. Ahora mismo no sabe ni qué es. No sabe quién es, y eso debe torturarla.

—La personalidad de un ser humano no debería estar determinada solo por sus genitales, y su sexo tendría que ser definido por sus genes, no por apreciaciones subjetivas. Selenita tiene un organismo sano y a su debido tiempo dejará atrás el capricho de sus padres. Tal es el milagro de la manipulación experta de la 5-alfa reductasa, y por eso su proceso de concepción fue tan caro.

La joven se pasó una mano por el rostro sin terminar de comprender, y en ese momento escucharon la risita inquietante de Lini en el patio, jugando a los besitos y las cosquillas con Bloo. Silver comentó:

—Están obsesionadas entre sí. Es necesario comenzar a separarlas o luego será peor.

Mari no respondió nada, pero comenzó a pensar en cómo arreglar la situación.

Luego del almuerzo, Mari cargó a Lini y le pidió a Bloo que saliera a dar un paseo a la plaza y tomar el sol, pues lucía algo pálida. Al principio Bloo se echó a reír, pues ella había nacido con la piel broncínea, pero en poco Mari explicó sus intenciones de hacer que Lini se independizara un poco. Tanto la bebé como la madre adoptiva reaccionaron con horror ante la idea. Bloo parecía estar a punto de llorar mientras que Lini gritaba entre lágrimas:

—¡Si Bloo se va me moriré, no puedo vivir sin ella!

Mari trató de hacerla entrar en razón con serenidad pero firmeza:

—No es verdad. ¿Por qué tendrías que morirte? Bloo volverá pronto y te traerá caramelos.

Lini pareció calmarse un poco ante la oferta, Mari sonrió tomándola en brazos y Bloo salió a la calle ensimismada. Su pasado iba quedando sepultado por el tiempo y el presente seguía escurriéndose entre sus manos. Lini no paraba de crecer y ya estaban hablando de hacerla independiente, Mari actuaba como una adulta y la niña que la acompañaba a cazar al duende del bosque había desaparecido sin dejar rastro. Todo estaba pasando demasiado rápido; sentía que no tenía tiempo suficiente para disfrutarlo. El tiempo se estaba convirtiendo en algo odioso para Bloo. De pronto levantó la vista, intuyendo que estaba siendo observada, y se encontró con la mirada de un desconocido muy parecido a Silver. Solo diferían realmente en que ese hombre era menos corpulento, tenía la piel muy blanca y vestía con cierto desaliño. Lucía como una versión rebelde del SL30: con tres aretes en una de sus delgadas cejas, el pelo largo y lacio cayéndole a los costados del rostro y ropa negra con la que bien podía haber dormido, en contraste con el androide del futuro que siempre lucía formal e impecable en su traje negro. El hombre la miraba como si tuviera que decirle algo, y Bloo se quedó un momento esperando a que se acercara; pero él solo bajó la mirada y sacó un cigarrillo para encenderlo. Entonces la distrajo un amigo de su primo Laude que llegó a su lado para tocarle un hombro, seguido de lejos por el propio Laude, que la miraba con enojo. El chico habló ruborizado:

—Te traigo un mensaje. Dice tu primo que... la señora Nana murió por culpa de tus aventuras con hombres desconocidos. Así que deja de ver a ese tipo.

Bloo volvió a sorprenderse ante el paso del tiempo. Laude se había transformado en un adolescente larguirucho de cabellos rizosos hasta los hombros, pero seguía siendo el repelente hijo mimado de su odiosa tía. La mención de la muerte de Nana fue demasiado para Bloo; en ese momento toda su tensión acumulada se concentró convirtiéndose en furia. Apartó al mensajero de un empujón, fue hasta su primo, le arrancó las gafas y le dio un puñetazo descomunal que lo hizo rodar varios metros por la calle escupiendo sangre. Algunos transeúntes se echaron a reír, pero luego guardaron silencio atónitos, tratando de asimilar lo que acababan de ver. Bloo se quedó mirando estupefacta el rastro de sangre que el cuerpo de su primo había dejado sobre el empedrado y tembló ante la posibilidad de haberlo matado; entonces la voz de un hombre con acento extranjero la regresó a la realidad:

—Creo que te conozco... pero he olvidado de dónde. ¿Tú sabes...?

Se volteó sorprendida y se encontró con el misterioso hombre de largos cabellos negros, que tiró el cigarrillo al piso y sin esperar su respuesta fue a revisar a Laude, explicando a los mirones que tenía algunos conocimientos médicos y pidiendo que llamaran una ambulancia. Entonces Bloo huyó del lugar, compró algunos caramelos para Lini en el camino y al volver a casa se encerró bajo llave en su habitación con su bebé.

Horas después recibieron la visita de dos agentes de policía que Silver atendió y despachó haciendo uso de sus extrañas habilidades para hacerles perder la memoria. Tiempo después, Mari habló con Bloo mientras le trenzaba el cabello:

—Por suerte Laude solo tiene varios huesos rotos. Pudiste haberlo matado. Comprendo tu enojo, pero recuerda que la loca de tu tía es vengativa.

—Dudo que Laude confiese a su madre que una niña lo golpeó; es muy orgulloso. Solo evitaré ir más al centro del pueblo. Por cierto, hoy vi a un extranjero raro. Creo que es uno de esos góticos o amantes del rock pesado. Justo lo estaba mirando y por eso comenzó todo. Laude me acusó de flirtear con él.

—Ah, "el dark". Veo que realmente no estás al tanto de los chismes locales. Dicen que apareció poco después de que tú volviste al pueblo. Le compró a tu hermana los escombros de tu vieja casa y la mandó a reconstruir a su gusto. La gente dice que viene del este de Europa, trabaja en la funeraria, y cuentan que lo oyen reírse mientras embalsama cadáveres o alguna estupidez así.

Entonces Bloo comentó:

—Quizás es estudiante de medicina; le dio los primeros auxilios a Laude.

—Oí que estudió anatomía porque es escultor o pintor, yo qué sé. Es guapo, pero seguramente mujeriego y engreído. Además, dudo que haya podido construirse una casa lujosa en las afueras con lo que gana de su trabajo de mala muerte; seguro está metido en negocios turbios. No te fijes en él.

Opinó Mari, e inmediatamente Bloo se sobresaltó:

—¿Yo fijarme en ese hombre? ¡Nunca! Además, ya estoy casada.

—Con una computadora con patas. ¿Acaso le has hecho el amor alguna vez?

—¡No! Silver y yo tenemos un compromiso y nos apreciamos, pero es un robot. ¿Cómo podría enamorarme si no tiene alma? No está vivo.

—¿Y si lo estuviera?

—Tampoco lo vería de esa forma. Es demasiado formal.

—Sé que es una máquina. Pero ¿nunca lo has deseado, aunque sea un momento? No para amarlo... es que yo misma he pensado que un hombre así, aunque sea artificial...

Escandalizada, Bloo exclamó:

—¡Mari, qué atrevimiento! Y la verdad es que no. Le tengo mucho cariño, pero el hombre que incendia mis fantasías íntimas es muy distinto a él.

—Mientras no me digas que es un extraterrestre que te visita de noche.

Bloo se ruborizó y Mari continuó:

—¡No me digas que todavía tienes sueños con "el hombre raro"! Oye, ¿no será ese el papá de Lini? Ahora resultará que en verdad es tu hija.

—De ninguna manera. Yo conocí personalmente a su verdadera madre.

—Pero aquel selenita te habrá visitado por alguna razón. ¿Le has contado a Silver?

—Él "analizó" mi memoria visual y dice que su apariencia no corresponde a la de ningún Homo cosmos registrado en su base de datos de todos los habitantes de la Luna conocidos hasta el año 3015. Dice que pudo ser solo un sueño, no necesariamente erótico como tú piensas.

Lini llegó a recostarse en el regazo de Bloo y empezó a cabecear quedándose dormida. Entonces Mari habló de nuevo, bajando la voz:

—Me parece que el robot no te lo está diciendo todo, y que tú deberías buscar pareja de forma más realista; o te quedarás de esposa de un maniquí y madre de una niña extraterrestre adoptada. Deberías buscar a alguien que no sea un alienígena que aparece de repente ni un vago extranjero. Tú eres una buena chica.

Bloo contestó tímidamente:

—Realmente no creo que la soledad sea tan mala. Pero si me enamorara... de ese extranjero... o del mismo Silver... y eso me hiciera feliz... ¿Por qué debo buscar una vida normal si mi felicidad podría estar en lo "raro"?

Mari la abrazó por la espalda y le besó una mejilla:

—Porque un minuto de inmensa felicidad no vale una vida de miseria. El inteligente sabe cómo salir de un problema, pero el sabio sabe cómo evitarlo. Permíteme estar cerca para ayudarte a mantener los pies en la tierra; en nombre de tu hermana mayor, que lo haría si el orgullo no se lo impidiera, y de Nana, que en paz descanse.

En ese momento Lini, que había permanecido todo el tiempo dormitando en el pecho de Bloo, las interrumpió:

—Nana me da miedo.

Mari la tranquilizó:

—Nana era la madre de Bloo, Lini. Ella era muy buena.

—No. Nana... Parece normal, pero si se para ante un espejo, su reflejo son un montón de monstruos. Destruirán a los Sapiens.

En ese momento ambas se dieron cuenta de que estaba hablando de otro personaje de sus sueños recurrentes. El siguiente miembro de Alma Colectiva en ser descubierto.

 



 

Mana

 

 

Silver se recargaba de energía uniendo la palma de su mano derecha con la de Bloo durante toda una noche. Era un ritual que debían hacer cada semana y que enfurecía a Lini, pues esa noche Silver pernoctaba sentado en la cama con ellas, tomando la mano derecha de su Bloo. En esa ocasión los celos de Lini estaban peor que nunca. La pequeña se metió dentro de la camisa de dormir de Bloo y de vez en cuando se asomaba por el cuello para vigilar a su "rival de amores", casi ahorcando a su amada, quien trataba de suavizar la tensión charlando con Silver:

—¿Has sabido más de "Nana"?

—Suficiente como para actuar.

Respondió el hombre de negro y continuó:

—No encontré nada relacionado con el nombre exacto de "Nana", pero sí varias referencias históricas a "Mana"; alguien que no fue un verdadero miembro de Alma Colectiva pero que inspiró a esa sociedad con sus ideas revolucionarias. Encontré un trozo del diario de un socio verdadero en poder de un coleccionista de antigüedades, y ahí se habla de Mana como "quien engendró la magia que se refleja en nosotros"; un visionario. Nunca especifican su sexo, pero le atribuyen propiedades viriles. Creo que es lo más cercano al personaje del sueño de Selenita. Al parecer, "Mana" tuvo un destino trágico: se suicidó luego de "engendrar la magia" en 1994, y su muerte impulsó la fundación de Alma Colectiva.

—¿Un suicidio en el pueblo, este año?

Preguntó Bloo, y luego añadió:

—Tendrá que ser todo un escándalo.

—Buscando entre las reliquias que se contrabandean desde el futuro, encontré imágenes de un periódico de 1998 donde se menciona un suicidio grupal ocurrido en este poblado en 1994. Pero aun así no será sencillo encontrar al objetivo. Según ese periódico, todo un club de lectura se quitará la vida en protesta por el poco apoyo que las ciencias y las artes reciben de las autoridades del pueblo. Tendremos que identificar a Mana entre ellos, rescatarlo del grupo y neutralizar su mente. Tú, Bloo, te encargarás de infiltrarte en el grupo mientras yo investigo a fondo el entorno de los sospechosos. Luego uniremos los datos y Selenita nos indicará cuál de todos es nuestro hombre... o mujer. Los datos aún son inciertos.

Bloo suspiró preocupada y murmuró:

—¿Que me infiltre en un grupo de intelectuales? Nunca se me dio bien el estudio... dejé la escuela a los doce años.

Silver la miró un momento con su inexpresividad de maniquí, "computando". Se apartó un mechón de pelo de un ojo y opinó:

—Eres una niña muy hermosa. Les agradarás.

La muchacha sonrió tímidamente:

—Gracias. ¿Pero crees que Lini estará bien durante mis ausencias?

—Mari cuidará de él; después de todo, es su descendiente. Siempre llora cuando se separan, pero se calma si recibe caramelos o alguna pertenencia tuya.

Lini se asomó por el cuello de Bloo, y ella besó su frente pálida diciendo:

—Toma lo que quieras, amor. Bien, debería tener más seguridad en mí. Nunca tuve muchos amigos... ¡Haré esta misión, Silver!

Su bienvenida al salón de la escuela del pueblo donde el club de lectura se reunía los sábados no pudo ser más fría. Tanto el maestro que dirigía el grupo como sus cinco miembros miraron en silencio a Bloo como a una intrusa, hasta que ella dijo:

—He venido a unirme a ustedes. Me gustaría... leer más.

Todos reaccionaron con carcajadas y siguieron con sus charlas ignorando a la recién llegada, quien desde ese instante odió al grupo pero tenía una misión que cumplir. Se sentó en cualquier parte y comenzó a fijarse en cada miembro, tratando de adivinar cuál podría ser Mana. El líder del grupo, un joven y regularmente atractivo maestro de escuela, comenzó la reunión anunciando eventos que dejaban entrever la profunda familiaridad que había entre sus miembros. Luego dirigió una mirada burlona a Bloo y dijo:

—...finalmente, creo que tenemos un polizón —digo, un nuevo elemento— entre nosotros. Háblenos un poco de usted, señorita. Su nombre, qué le gusta hacer, cuánto tiempo estuvo en el salón de belleza esta tarde, cuál es su telenovela favorita...

Una de las chicas del grupo, vestida de forma excesivamente sobria, sonrió con desprecio. Bloo cortó el discurso del profesor diciendo secamente:

—Me llamo Bloo y vengo de la montaña. ¿Algún problema?

De inmediato todos se miraron entre sí con cierto temor, y algunos susurraron "es ella", reconociendo a la feroz mujer que le rompió los brazos y las piernas a su propio primo en plena plaza del pueblo. El maestro rápidamente desvió la atención y comenzó a pedir a los miembros sus comentarios semanales sobre la lectura compartida, mientras Bloo seguía observándolos y empezaba a disfrutar de su fama de ciborg asesino. El primero en hablar fue un joven flaco y cubierto de acné, ataviado con ropas negras y cadenas:

—Durante el paroxismo de mi lectura, el delicioso personaje de Gretta invadió mis cavilaciones como una epifanía. Así fue como le escribí este verso: "Bajo la oscuridad incandescente de tu mirada descubrí el fulgor del fuego de la pasión".

Su intervención desató una larga y tediosa discusión sobre gramática, poesía y los aspectos filosóficos del amor, que concluyó con el profesor negando el valor de los sentimientos humanos y pidiendo a otro miembro del grupo que hablara. Esta vez tomó la palabra un muchacho de gafas y aspecto enfermizo:

—A mi parecer, Gretta es despreciable. Esclaviza a Tadeo con su belleza y lo tortura al negarle sus favores. Es una alusión del autor a la naturaleza oscura de la mujer.

Los demás aplaudieron mientras Bloo se quedaba desconcertada. El profesor dio la palabra a la joven de aspecto muy sobrio, que parecía estar en un funeral:

—Tadeo es estúpido. No tengo más que decir. Su vida es gris y mediocre. De hecho, todos los personajes tienen vidas vacías.

Inmediatamente sus compañeros apoyaron el argumento, criticando la banalidad de su sociedad. Luego fue el turno de hablar de un atractivo joven que a todas luces provenía de una familia adinerada:

—Francamente creo que ni Tadeo ni Gretta son el problema. La historia la caga Simón, el padre de Tadeo. Sus reglas son idiotas. Sospecho que el conflicto con Emma fue una farsa; es como una alegoría de nuestros gobiernos conspirando con los científicos y los religiosos para esclavizarnos. Todos están en nuestra contra.

Varios miembros del grupo confesaron también sus pesadillas paranoicas, y finalmente habló la otra chica del grupo. Era una joven de rostro hermoso, ojos verdes, enmarcados por una larga y espesa melena negra. Habló con sencillez:

—La historia tiene muchos huecos, pero cumple su cometido como lectura ligera: entretiene. No es mala compañía para una tarde lluviosa en casa.

Concluyó con una sonrisa, y Bloo decidió acercarse a ella. Aparentemente era el único miembro del club que podría ser accesible.

La reunión terminó y Bloo se quedó un momento leyendo el tablón de la escuela, haciendo tiempo mientras ideaba una excusa para hablarle a la joven que le intrigaba, quien aún se despedía de sus amigos. Una vez que todos los demás se habían ido y se quedaron las dos a solas, Bloo se le acercó dispuesta a preguntarle cualquier tontería cuando de pronto la joven fue directa hacia ella, le abrió la blusa sorpresivamente y descubrió la luna creciente del generador de energía instalado en su pecho. Entonces dijo:

—¡Lo sabía, eres una muñeca ciborg! La pubertad no se caracteriza por darte piel de porcelana, cabello perfecto y fuerza sobrehumana. ¿Hace cuánto te modificaron?

—1992... ¿También estuviste en la luna?

—Supongo que puedo confiar en un ciborg liberada... sé cómo viven ustedes, escondidos y aterrorizados ante la idea de volver a ser abducidos... casi como vivo yo. Mi nombre es Adámas. Ven, te invitaré a un café y te contaré mi pesadilla.

 

Juntas fueron a un concurrido café, donde entre risas comentaron lo difícil que era tener una vida privada en ese pueblo. Adámas le contó a Bloo que se dedicaba a pintar paisajes de la región en pequeños trozos de madera que vendía como souvenirs a los turistas, y que su amor por el arte la había llevado a unirse a aquel club de lectura, aunque reconocía que era una colección de personajes antipáticos. Horas después, cuando la mayoría de los clientes se habían ido y pudieron hablar de temas más íntimos, la risa de Adámas menguó hasta extinguirse. Bajó la mirada y dijo:

—En 3022 fui coronada reina consorte de la luna.

Bloo la miró sorprendida, y Adámas prosiguió:

—Aún lo sería de no ser porque un día mi marido, el excelentísimo rey Aureus Lunae IV, se hartó de nuestra sociedad; consiguió varias bombas de las mismas que aniquilaron a los Homo sapiens de la Tierra, las colocó en lugares estratégicos y sorpresivamente voló la ciudad de la luna y Prometheus, destruyendo así el futuro y nuestra civilización. Nadie tuvo tiempo de nada. Creo que debería detenerlo, ya que soy la única —aparte de él mismo y ahora tú— que sabe lo que hará. Pero no tengo fuerzas, no sé cómo hacerlo... ni si realmente deba. Es horrible que haya muerto tanta gente: mujeres, niños, ancianos... pero... ¿y si se lo merecían? Los selenitas somos tan crueles, tan egoístas. Pienso en esto y luego me tortura la culpa. Sé que él también escapó y está escondido en este tiempo, en esta región... me lo dice el corazón. Y es por eso que vine aquí: para reunirme con él y decirle lo que siento. Él es todo para mí.

Bloo no podía creer lo que estaba escuchando. Ocultando su desconfianza, opinó:

—Comprendo. Todos los que hemos escapado de la luna del siglo XXX pensamos que las cosas deberían ser diferentes, pero creo que tomar la justicia en nuestras manos y matar a todos no es la solución.

—Lo sé, y no perdono la brutalidad de Aureus. Pero el amor enceguece, y esa debe ser la razón por la que aún puedo amarlo, aunque sé que es un genocida. Ya te he dicho dónde está mi estudio; por favor visítame alguna vez. Me desconecté del futuro y a veces creo que también de la vida. Paso los días torturándome con recuerdos, incapaz de viajar en el tiempo y pedir ayuda a mi gente. No podré volver a ver a mis familiares o amigos a los ojos... los he traicionado a todos.

Al decir esto comenzó a sollozar, y no pudo decir más al respecto.

 

Esa noche Bloo informó todo lo sucedido a Silver, quien luego de escucharla en silencio le tocó fríamente las sienes con los dedos medios de la mano, viéndola fijamente a los ojos mientras las pupilas de ambos se iluminaban con un fulgor azulado, leyendo así su memoria. Luego le apartó el cabello de un hombro, le olfateó el cuello y finalmente le lamió suavemente la piel. Bloo se sonrojó mirando al piso hasta que Silver se alejó con seriedad. Guardó silencio un momento y al cabo de unos minutos dijo:

—Parece ser sincera. Pero no pertenece a una época anterior a 3015 y no tengo acceso a información posterior a esa fecha. Me es imposible saber si realmente será la reina de la luna, aunque el análisis del ADN —que depositó en tu piel al llorar apoyándose en tu hombro— me revela que sí es una Homo cosmos perteneciente a una poderosa familia selenita, seguramente disfrazada con una versión Homo sapiens de sí misma. Además, no posee el conector social pese a que es adulta. En la luna, solo dos grupos de personas prescinden de los conectores sociales: la nobleza, que los evita para brindar al pueblo una segunda opinión de su propia visión del mundo; y los antisociales, que se los extirpan ilegalmente. De modo que ella, proviniendo de la clase alta lunar y sin señales detectables de estar conectada con su gente, solo podría ser miembro de la realeza selenita o estar emparentada muy cercanamente con ellos.

—¿Adámas en realidad es uno de esos monstruos?

Preguntó Bloo, y Silver contestó:

—Sí. Pueden alterar su apariencia transformándose en una versión de sí mismos sin todas las modificaciones genéticas que los hacen un Cosmos. Se ven exactamente igual a un Sapiens; solo pueden ser descubiertos por las señales que emiten desde sus conectores sociales o por un examen de ADN.

—Entonces, ¿crees que en el futuro la humanidad será exterminada por ese Aureus?

—Quizás. O quizás la humanidad sobreviva como una forma de vida artificial. Todos los sirvientes robóticos que aún funcionen tras las explosiones seguirán en la luna, esperando órdenes que jamás llegarán. Al no recibirlas, permanecerán ahí colaborando entre todos para mantenerse en marcha indefinidamente. Será una falsa humanidad, pero será pacífica.

—Prefiero que sigamos adelante con nuestro plan... mañana veré de nuevo a esa chica del club de lectura.

 

Al siguiente día, Bloo visitó a la misteriosa Adámas, quien alegremente la recibió en su taller de pintura. La mujer no parecía estar intrigada por la vida de Bloo; solo quería desahogarse contándole su desdichada historia:

—Nací en el seno de una familia lunar muy rica. Mi tatarabuelo fue el creador del sistema Prometheus, y mi abuela materna descendía de la vieja realeza asiática, casi desaparecida durante el exterminio de los Sapiens en la Tierra. Por esas razones casi era considerada parte de la nobleza selenita, y mis padres siempre procuraron unirme en matrimonio con alguien del palacio real. En la luna, el amor es cosa del pasado; la procreación se logra mediante matrimonios arreglados por genetistas desde que eres muy niña. Para regocijo de mis padres, yo cumplí los requisitos necesarios para que me comprometieran con Aureus IV, el bello hijo del rey, quien además tenía el precioso don de transportarse a través del tiempo y el espacio naturalmente, sin ayuda de Prometheus. Con el tiempo nos casaron, mis suegros se retiraron del mando cediéndonos el título de reyes, y mi vida y mi mundo cambiaron. Pero Aureus siempre fue Aureus: ni bueno ni malo, solo una gran interrogante y un grito silencioso de auxilio en su mirada aguda. Siempre me pareció tan frágil.

Bloo sintió escalofríos, y Adámas continuó:

—Con el tiempo su carácter se volvió más oscuro e impredecible. Se obsesionó con encontrar a alguien que en su imaginación encarnaba un ideal imposible, y cuando esa obsesión se hizo insostenible, pagó para traer al mundo a esa persona. La hizo nacer. Cuando la encontró, viajó sin descanso para estar con ella, irrespetando las reglas establecidas para los viajeros del tiempo y olvidándose de mí por completo. Años de soledad para mí. Y finalmente, cuando todo salió mal —como siempre sale mal cuando uno juega a ser dios—, Aureus quedó destrozado. Fue entonces cuando apareció en la luna para revelarme sus planes siniestros. Dijo que se iba a suicidar llevándonos a todos con él. Estaba lleno de ira, resentido con el destino que le negó la satisfacción plena. Pacientemente lo escuché, y luego resolví volver atrás para prevenirle del dolor que podría causarle su propio capricho. Pero tardé demasiado. Él lo destruyó todo antes de que yo pudiera hacer nada, y de alguna forma llegué hasta aquí, cual náufrago exhausto arrastrado a una orilla desconocida. Desde entonces lo busco, cada vez más desorientada, perdiendo las esperanzas. No hay pista de él, y el tiempo se nos acaba.

Bloo comenzó a tener ciertas sospechas que la inquietaron. Volvió a casa y reportó todo a Silver, quien reaccionó de forma tajante:

—Bloo, corta ya la relación con esa mujer. No es la persona que buscamos; pese a sus extravagantes relatos, tiene poca relevancia en los asuntos que nos interesan. Sin embargo, la otra mujer del club de lectura es sospechosa. Vive sola y su pasado es una sarta de mentiras, y ejerce fuerte influencia sobre los hombres del grupo, aunque de forma velada...

—Silver, Adámas es la clave. Puedo apostarlo.

—Esa mujer está descartada. Si el rey de la luna destruirá su nación porque perdió a alguien... lo que debes hacer es evitar a los demás selenitas y tener cuidado con el niño que adoptaste. Si no lo educas bien nos dará muchos líos en el futuro.

Sentenció fríamente el hombre de negro y se fue, dejando a Bloo indignada. Una vez sola, corrió al teléfono y llamó a su hermana mayor. Charlaron largo rato sobre cosas triviales mientras Bloo organizaba su armario y Lini canturreaba probándose el viejo sombrero puntiagudo de Nana que conservaban como recuerdo, hasta que Bloo se aventuró a decir:

—Hermanita, ya estoy casada y tengo una hija. Dime ahora: ¿quién fue mi padre?

Hubo un incómodo silencio de varios minutos. Bloo se mordió los labios mientras Lini jugaba a mover la punta colgante del sombrero de un lado a otro, y al cabo de un rato la hermana respondió con un suspiro:

—Honestamente no lo sé. Un señor muy rico pagó por todo, pero no lo conocí en persona. Fuiste un bebé de probeta, y a cambio recibí mi casa en la ciudad y seguridad económica para las dos. Nunca supe exactamente qué era lo que quería.

Bloo pensó un instante y luego preguntó:

—¿Conociste a algún Aureus?

—¡¿Aureus?! No. Qué nombre tan raro.

 

Al día siguiente, Bloo desobedeció las órdenes de Silver y se reunió otra vez con Adámas, quien le prometió llevarla esa noche a conocer el verdadero ambiente artístico del pueblo. Bloo invitó también a Mari, y juntas fueron a encontrarse con su nueva amiga, luego de asegurarse de que Lini quedara profundamente dormida en la cama. Las tres jóvenes fueron a un bar en un callejón frecuentado por bohemios. Mari previno a Bloo:

—Si te preguntan, di que tienes dieciocho años y olvidaste tu identificación.

La joven morena comenzó a arrepentirse de haberse asomado a la vida adulta, pero ya era tarde. Estaba rodeada de alcohol, tabaco y otras sustancias, y de "gente que no se persignaba al pasar frente a la iglesia del pueblo". En poco tiempo, Adámas se encontró con los caballeros del club de lectura. Mientras los saludaba, Mari dijo a Bloo que fueran juntas a explorar el viejo caserón de madera donde funcionaba el bar. Luego de escuchar algo de jazz, y de aburrirse soberanamente, Bloo divisó una exposición artística en la azotea y rogó a Mari que la acompañara a verla. Al acercarse, les llamaron la atención unos delicados retratos de damas y jóvenes hombres entre flores y vegetación. Bloo iba a exclamar un "¡qué lindo!", cuando notó que detrás de la belleza superficial de cada imagen se ocultaba algo perturbador: figuras mutiladas, personajes siniestros a las espaldas de los retratados, y en casi todas las obras, la muerte acechando con una elegancia calculada. Mari leyó el nombre del autor, "Petrus K.", frunció la boca con disgusto y exclamó:

—Pues vaya cosa. Esto debe ser obra de un loco traumado.

Una voz masculina de acento extranjero se escuchó tras ellas:

—Carl Jung creía que la perfección de la personalidad solamente se alcanza con la muerte. En realidad no hay nada de oscuro en estas escenas, al contrario...

Bloo se volteó y advirtió con sobresalto que quien hablaba era "el dark", quien contemplaba las obras con las manos en los bolsillos del abrigo y unas gafas de lectura.

—...creo que estos trabajos son una especie de mandalas que orientan al espectador hacia una meditación sobre la cúspide de nuestra existencia. Un ciclo perfectamente cerrado, una misión cumplida. Algo así como ver la crucifixión de Cristo o a Buda alcanzando el paranirvana.

Mari le dirigió una mirada retadora, se interpuso entre él y Bloo, y respondió:

—Vete a molestar a otra parte.

—Soy budista de nacimiento, señorita; por lo que evito los comportamientos destructivos. Usted también debería buscar algo de paz para su vida.

Replicó el hombre. Mari le dio la espalda y opinó:

—Tú me recuerdas a un político que solía hablar en todos sus discursos sobre moralidad y valores familiares. Lo respeté desde niña hasta que un día lo conocí en persona y resultó ser todo lo contrario de lo que predicaba. Desde entonces, cuando oigo a alguien hablar acerca de lo bueno que es, no le creo.

El extranjero esbozó una encantadora sonrisa y preguntó:

—¿Usted es "Red Lolita", la estrella que resultó ser menor de edad?

—Veo que eres otro de esos. No te hagas ilusiones conmigo. ¿Está claro?

Dijo Mari con orgullo, y él respondió serenamente:

—Pierda cuidado. Sé de usted porque su historia hizo eco en los noticiarios de mi país, y recuerdo que al escucharla me conmoví. Es normal que luego de semejante experiencia sea tan desconfiada. Los animales heridos siempre atacan la mano que intenta ayudarles. Ahora me retiro; no quiero incomodarlas más.

El hombre emprendió la retirada, y mientras se alejaba Mari murmuró un insulto, le dijo a Bloo que la vería en un rato y fue a tratar de alcanzarlo. La joven morena se creyó sola en la azotea cuando miró a una delgada chica de cabello rubio algo desordenado, de espaldas a ella, también mirando las obras de arte, y le comentó:

—Vaya noche fría, ¿no cree usted?

La joven no respondió y Bloo se encogió de hombros, ignorándola. De pronto la sintió tras ella. Sin voltearse, notó que una mano larga subía desde su cintura y le metía una nota en el escote para luego desaparecer. Bloo se quedó petrificada, y luego leyó el mensaje:

"Tienes quince minutos. Mana se suicidará en la plaza. Todos ellos son Mana".

Inmediatamente corrió a la planta baja del bar tratando de hallar a la chica que le dio el mensaje, y encontró un ambiente caótico: mesas y sillas tiradas en el piso, la gente agrupada en corros comentando lo sucedido. Adámas estaba empapada y llorando mientras Mari trataba de tranquilizarla. A una mirada de Bloo, su vieja amiga de infancia explicó:

—Los tipos del club de lectura intentaron atraer la atención de todos gritando tonterías sobre cultura y no sé qué más. La gente se puso ruda, les lanzaron botellas y algunos borrachos golpearon a los hombres y trataron de abusar de las dos chicas. Logré sacar a Adámas del tumulto, pero al resto los echaron del bar entre gritos y golpes. No sé si alguno está herido, pero hay sangre en el piso... la otra chica, una loca vestida como monja, les dijo algo de la inmortalidad y se fueron a la plaza.

—¡La peor suerte, Mari! Búscame ahí dentro de diez minutos.

Respondió Bloo mientras salía del bar corriendo rumbo a la plaza. Las solitarias calles transitadas por la bruma se le hacían interminables mientras corría a velocidad sobrehumana. Haciendo uso de su parte robótica, equipada con cierta telepatía artificial, conectó sus pensamientos con el soporte lógico de Silver y lo llamó; a la vez que comenzaba a tomar conciencia de que ya no era solo una mujer sino una máquina propulsada por una mente humana. La idea le llenó los ojos de lágrimas, pero el maldito tiempo de nuevo le negaba incluso el derecho a sentir. Comenzó a cortar camino saltando sobre algunos tejados gracias a sus capacidades mecánicas, cuando un presentimiento la hizo girar en una esquina y encontrarse ante el Cadillac de Silver, quien le abrió la puerta del copiloto preguntando:

—¿Qué ha sucedido? Recibí tu llamado.

Bloo se lanzó al interior del vehículo y exclamó:

—Obtuve cierta información... tenías razón ayer. Debemos llegar a la plaza: todo el grupo se suicidará gracias a la influencia de tu sospechosa. Ya no es necesario averiguar cuál de todos ellos es Mana; posiblemente todos lo sean.

—¿Tienes un estimado del tiempo con que disponemos?

—Quizás unos segundos... nuestros intentos están casi oficialmente fracasados.

Silver guardó silencio un momento con su típica frialdad, y luego dijo:

—Desconozco el desánimo y el rencor. Soy un robot androide. Solo debo señalarte que has sido muy ineficiente en esta misión.

—En términos humanos... te has enojado conmigo. ¿Me descartarás... o algo?

—Tengo una idea aún inconcreta de lo eterno y perfecto; lo más cercano a lo que en esencia considero bello. Tus coincidencias con esa idea te hacen muy valiosa para mí. Descartarte es inaceptable.

—¿Qué quieres decir?

—Te amo platónicamente. Esa idea me ha dado un alma, aunque probablemente sea solo eso: una idea. Quizás sea mejor así. Amar sin instinto; sin esa parte animal que los humanos reales no pudieron arrancarse nunca.

Bloo se quedó un momento aturdida, sin saber cómo reaccionar ante la gélida declaración de amor de Silver. Antes de que pudiera contestarle, llegaron a la plaza.

 

Aparcaron de prisa y bajaron, vislumbrando entre la niebla y la oscuridad una escena espeluznante. En el centro de la plaza se contorsionaban varias siluetas colgando de un gran árbol. Al acercarse más encontraron a la chica ya inmóvil, mientras que los hombres del club de lectura habían recuperado el amor por la vida en el último instante y luchaban desesperadamente por no morir ahorcados. Silver sacó su Glock 17 y disparó a las cuerdas acertando con exactitud maquinal, pero descubrió que era imposible romperlas. Se dirigió a Bloo:

—Se colgaron usando algún tipo de material del futuro. No será fácil cortar esas cuerdas; habría que deshacer los nudos. Derriba el árbol lo más pronto que puedas.

Bloo corrió hasta el tronco y lo arremetió a golpes. Logró inclinarlo, pero no lo suficiente para que los hombres tocaran el suelo, por lo que comenzó a tirar de las enormes raíces tratando de arrancarlas. El proceso era demasiado lento. Mari y Adámas llegaron poco después y trataron de sostener a los hombres mientras Silver seguía disparando a las cuerdas sin lograr romperlas. Sus esfuerzos parecían ser en vano; todos perdían la conciencia ya en la agonía. Bloo gritó a Silver:

—¡No lo lograremos nunca; hay que volver y cambiar la historia!

El hombre artificial respondió sin emoción mientras una lluvia de hojas caía a su alrededor:

—No puedo viajar de este punto cronológico a los momentos antes de sus muertes. Quebrantaría la segunda regla de Prometheus. Tendremos que pensar en algo más.

Adámas exclamó:

—¡Aureus puede ir al momento exacto antes de que se cuelguen! Transita por los túneles del tiempo libremente; puede incluso estar en dos lugares a la vez...

Y comenzó a llamar a su marido a gritos, mientras Mari y Bloo la miraban confundidas. Silver la ayudó a sostener las piernas de un hombre y le dijo gravemente:

—Señora, es imposible que alguien pueda estar en dos lugares a la vez a menos que tuviera personalidades múltiples, lo que por alguna razón misteriosa cuenta como dos o más individuos pese a tener un mismo cuerpo. Es un caso raro, posible solo en humanos dementes; y un ciudadano enfermo no es apto para viajar por el tiempo, por lo que jamás se ha estudiado seriamente esta teoría. Pero se supone que ese Aureus no necesita ningún aval de Prometheus. Si aparte de eso tiene un desorden mental, usted estaría llamando a un poderoso psicópata capaz de vagar por el tiempo y el espacio a voluntad propia... ¿entiende usted lo peligroso que es?

Adámas murmuró conteniendo el llanto:

—Sí... pero ayudará. Sé que hay algo de bondad dentro de esa vorágine que tiene por corazón. ¡Sé que está cerca! Nuestra raza se presiente entre sí por naturaleza.

Bloo los miró tristemente y tragó saliva, ya exhausta de tratar de derribar el árbol. De pronto algo así como una explosión o un rayo cortó el tronco, derribándolo finalmente. Las enormes ramas se desplomaron en el suelo como una ola vegetal, y Mari inmediatamente corrió a aflojar los nudos de los cuellos de los hombres, salvándoles.

Entonces pudieron ver quién había cortado el grueso y centenario árbol del centro de la plaza. Bloo sintió que el corazón le dio un vuelco al ver a su siniestro visitante nocturno recuperando una especie de larga vara luminiscente, como al rojo vivo, que parecía enfriarse con un brillo azulado en las zonas que entraban en contacto con sus manos. La giró para limpiarla y luego la redujo con un chasquido de los dedos hasta un tamaño lo suficientemente pequeño como para curvársela en torno a una muñeca, donde dejó de resplandecer y tomó un color negro metálico. Esa acción le dio escalofríos a Bloo, al recordarle a la madre de Lini, que antes de intentar abusar de ella se quitó una sortija y la convirtió en un látigo. Inmediatamente pensó que ese selenita no era como Adámas; tenía el veneno de la luna.

Todos parecieron inquietarse ante la extraña aparición salvo la antigua reina lunar, quien se transfiguró adoptando rasgos físicos selenitas mientras su ropa se envolvía en una luz enceguecedora, convirtiéndose en una túnica blanca. Luego sonrió con una expresión angelical de absoluta paz y ternura, entrelazó las manos sobre el regazo, suspiró y dijo:

—Yo siempre te amé, Aureus.

Luego palideció en cuestión de segundos hasta tomar un aspecto grisáceo y quedarse quieta. Silver murmuró:

—Guarden la calma. Ahora veo que no era una persona realmente; solo es una tumba. Transportó los restos mortales de la reina junto a una copia virtual de sus últimos pensamientos y sentimientos, y los llevó al lugar donde ella deseó estar por última vez. Por eso carecía de la maldad de su raza: su "mente" solo contenía los pensamientos nobles que tuvo al encarar la muerte. Cumplió su cometido y ahora finalmente se desactivó.

Bloo se sentó en el suelo tratando de aceptar que había estado hablando con una muerta todo ese tiempo, mientras Mari mascullaba un "descanse en paz" y se volvía a mirar al selenita recién llegado, quien parecía no compadecerse en lo más mínimo por su esposa. Su mirada tenía un brillo siniestro.

Bloo se puso en pie de un salto y, recuperando el valor, ordenó a Mari:

—Vuelve a casa rápido, y pase lo que pase, cuida de Lini siempre.

Mari emprendió la huida a todo correr mientras Bloo cubría su retirada, dispuesta a dar la vida de ser necesario. Pero el selenita no le puso atención. Se dirigió antes a Silver con una sonrisa burlona:

—El viejo SL30.

La respuesta de Silver dejó a Bloo confundida:

—Aureus Lunae IV. Nos encontramos de nuevo.

—Ha pasado mucho tiempo desde la última vez.

Y fue así como Bloo descubrió que Silver le había mentido. Él sí sabía quién era el ser que la había visitado en febrero de 1992. Temerosa y desconfiando de los dos, aprovechó el momento y se escabulló tratando de volver a casa con Mari y Lini. Pero una mano le asió un tobillo con fuerza descomunal. Tropezó, y al voltearse vio con horror el cuerpo de la muchacha del club de lectura tratando de detenerla. Pensó en pedir ayuda a Silver, pero en ese momento él se había enfrascado en una feroz lucha contra el selenita; ambos parecían dispuestos a destruirse entre sí.

Bloo decidió zafarse ella misma. Al principio imaginó que podía tratarse de un simple reflejo postmortem, pero el cuerpo trató de incorporarse y atacarla, resistiendo cualquier golpe con una fuerza terrible. Eso, y el hecho de que no había rastros de sangre en el cuello cercenado, la hicieron sospechar que estaba tratando con una sirvienta robótica. Entonces se concentró en acumular todas sus energías en su pecho y luego las expulsó como una violenta explosión eléctrica, haciendo convulsionar al falso cadáver y soltándose. Esperó a que todo dejara de chisporrotear a su alrededor, acurrucada con los ojos cerrados, y cuando miró de nuevo notó algunos incendios pequeños y a Silver haciendo movimientos erráticos, afectado por la energía liberada. A lo lejos vio también al selenita, quien le mandó un beso y se perdió en la noche.

Se quedó un momento ensimismada, y luego una voz mecánica salió de la cabeza de la joven del club de lectura:

—El futuro para el proyecto Evolución.

Bloo se le acercó de un salto y le preguntó:

—¿De qué siglo vienes? ¿Quién te ha enviado? ¿Por qué envenenaste el pasado?

—Porque el Homo sapiens es obsoleto. La era del Homo cosmos llegará y conoceremos un nuevo mundo de luz y prosperidad.

—¡No fue así! Diles a tus dueños que todo salió mal; los Homo cosmos enfermaron, son crueles, vacíos y peligrosos. ¡Todos acabarán muertos!

La cabeza no dio señal de haber entendido nada y repitió:

—El futuro para el proyecto Evolución.

Y luego se prendió en llamas junto a su cuerpo, incinerándose en minutos ante el horror de Bloo.

 

Comenzaron a emprender el camino de regreso a casa. Bloo no hizo ninguna pregunta a Silver, pero tampoco estaba dispuesta a volver a permitirle acceso a su memoria. Era obvio que él sabía mucho más de lo que quería hacerle creer. Mientras, la gente del pueblo encontraba a Adámas; bautizándola como "la santa patrona del pueblo" y llevándola a la iglesia. Bloo y Silver no pusieron ninguna objeción, pues les pareció que la iglesia era el mejor lugar para que la reina descansara en paz. Sin embargo, no podían estar tranquilos. Silver supuso que los sucesos de esa noche habían llamado la atención de los supervisores de Prometheus y que seguramente ya estaban presentes, disfrazados entre los curiosos. Debían volver pronto a casa y esconderse.

Cuando finalmente llegaron, la pesadilla de Bloo se hizo realidad: Mari no encontraba a Lini por ninguna parte. La chica morena salió a la calle desesperada, gritando con angustia el nombre de la pequeña selenita sin saber qué camino tomar. Algunos hombres que nunca había visto en el pueblo la miraron con sospecha, y comenzó a temer lo peor. Corrió tratando de perderse entre la muchedumbre. Tenía poco tiempo antes de que los otros selenitas percibieran la presencia de Lini, si es que aún no la habían detectado. El corazón le latía desbocado y tenía las manos empapadas en sudor frío cuando vio un relampagueo sobre los tejados. Miró atentamente y logró distinguir la silueta de Aureus a la luz de la luna. Sintió que los cabellos se le erizaban al darse cuenta de que él trataba de llamar su atención con la vara luminosa. Le temblaron las piernas al imaginar lo que quería mostrarle.

Hizo su mayor esfuerzo por trepar un muro y acercarse al extraño hombre. Al tenerla cerca, Aureus se rio maliciosamente y se escabulló a otro tejado. Bloo lo siguió y él volvió a hacer lo mismo varias veces, como un gato callejero que no se deja atrapar pero tampoco huye del alcance de la vista de su perseguidor. La muchacha comenzó a sentir rabia, y estaba a punto de llorar ante su impotencia y la burla del selenita, cuando de pronto escuchó un llanto infantil.

Miró bajo el muro en que estaba parada. Ahí había una caja entre un montón de basura a la que varias personas miraban con intriga. Bloo bajó de un salto y apartó la caja. Dentro había un cuerpecito acurrucado escondiéndose con una bufanda y un gran sombrero que rápidamente reconoció como el que había pertenecido a Nana. Se quedó mirándolo, el corazón en la garganta, hasta que la pequeña criatura se levantó dejando un charco de orines y la miró con lágrimas en los ojos, suplicando asustada pero sana y salva:

—Abrázame.

Inmediatamente Bloo se olvidó de Aureus, de los supervisores y de la gente que las miraba. Solo recogió a su pequeña y corrió a casa abrazándola con todas sus fuerzas.

Al volver no quiso dar explicaciones de cómo o dónde había encontrado a Lini, ni tampoco reprendió a la pequeña por haber escapado de casa para buscarla, pese a que Mari y Silver insistieron en que debería hacerlo. Bloo tomó un vaso de leche y se fue a la cama diciendo que debía acostar al bebé. Mari la tomó de un hombro y le dijo seriamente:

—¿No te das cuenta de lo que acaba de ocurrir? ¡Casi nos han descubierto por culpa de ustedes dos! Las cosas ya estaban mal, las calles probablemente están llenas de monstruos extraterrestres, la mocosa se escapa, y tú sales gritando para empeorar aún más las cosas. ¡Lo que Lini necesita es una buena tunda, no leche!

La respuesta de Bloo fue contundente:

—No me importa. Debía traer a Lini a casa. Olvidas que solo es un bebé; sentía miedo y quería estar conmigo.

—Deja de tratarla como si fuera de cristal...

Replicó Mari entre dientes. Bloo no le contestó más. Se encerró en su habitación con Lini, la cambió de ropa y se metió a la cama con ella en brazos, arrullándola entre murmullos hasta que la pequeña se quedó dormida.

 

 

 


 

Sombra

 

 

El intento de suicidio colectivo del club de lectura le costó caro a Silver. Trabajó sin descanso durante un año entero borrando los registros del suceso y sobornando a algunos funcionarios para mantener a la prensa alejada del caso. Aun así, el hecho pasó a la historia del pueblo con la adición de una "nueva imagen de la Virgen María" que no era otra cosa que la tumba de la reina Adámas, quien según los pueblerinos había salvado la vida de los jóvenes intelectuales; que desde ese día fueron respetados por todos. Solo Silver y "su familia" sabían que en poco tiempo todos los brillantes muchachos del club de lectura perderían la razón inexplicablemente.

Tampoco fue una época tranquila para Bloo. Luego de descubrir la identidad de su visitante nocturno, y darse cuenta de que Silver ya lo sabía, se sentía insegura en todas partes. Los sueños habían comenzado a traerle de vuelta fragmentos de un pasado que prefería no recordar: sombras de una vida anterior, sensaciones indescifrables, visiones de sucesos que no comprendía. Guardó silencio al respecto. Cuando tuvo oportunidad, le preguntó a Silver en qué consistía la concepción de un hijo. Silver le explicó fríamente, sin omitir detalle. Lo que siguió fue difícil: las enseñanzas de su madre se confrontaban con las revelaciones de Silver ante recuerdos que la perturbaban profundamente. La simple idea la enfermó durante varios días, en los cuales no podía tocar ningún aparato eléctrico con las manos desnudas sin hacer fallar toda la red de distribución energética del pueblo. Eventualmente se convenció de que "eso" nunca había pasado. Pero los sueños continuaron.

Mari también experimentaba dificultades. Desde la peligrosa escapada nocturna de la pequeña, Silver hacía lo posible por mantenerla lejos de Bloo; la consideraba un riesgo. Pronto ideó un plan de emergencia: tomó las posesiones de Adámas contenidas en su estatua-urna funeraria y se las entregó a Mari. Le interesaba especialmente un zarcillo que muy pocos Homo cosmos poseían —el aparato con que se disfrazaban de Homo sapiens— y un brazalete de material transformable que abría los túneles de Prometheus y podía usarse como arma. Teóricamente, con esos objetos Mari podría hacerse pasar por una Homo cosmos ciborg, y aun sin conector social podría pasar desapercibida entre los selenitas si alguna vez necesitara viajar al futuro con Lini para devolverla a los suyos. De ese modo, Lini y Mari serían independientes de Silver y Bloo. Aunque Mari ni siquiera se atrevía a tocar los extraños artefactos.

Lini, por su parte, no se enteraba de nada. Ya lucía como una niña de seis años pese a tener solo tres, y había desarrollado un alter ego: parte del día era simplemente Lini y, ocasionalmente, era "el gatito". Cuando elegía esa personalidad no prestaba atención a nadie que no se dirigiera a ella como tal. Tanto el gatito como Lini seguían jugando con alimañas en el patio, y Mari estaba harta de advertirle sobre posibles picaduras e infecciones.

Gracias al temor de Mari por las infecciones infantiles y ciertos cambios que había notado en la pequeña, hicieron una discreta visita al pediatra que volvió a meter en líos a la extraña familia. Cuando regresaron —Mari y la pequeña selenita cubierta con el enorme sombrero puntiagudo de Nana, una bufanda y gafas de sol—, Bloo ya las esperaba impaciente. Lini la saludó abrazándola y luego se puso a imitar a un felino sobre el sofá. Poco después, Mari se sentó sin fijarse cerca de ella y casi la aplastó con sus anchas caderas. "El gatito" emitió un sonido idéntico al de un gato en actitud defensiva. Mari la miró desconsolada, se acomodó y dijo a Bloo:

—Según el doctor está sana; los cambios son hormonales. Me dijo lo que ya imaginábamos: que es posible que tenga gónadas escondidas dentro de la barriga, que quizás no es Lini sino Lino, y me recomendó hacerle una ultrasonografía. Dependiendo de los resultados, habría que considerar una operación de reasignación de sexo.

Bloo se llevó una mano a la boca, asustada. Lini sonrió ampliamente con cada ojo mirando hacia la oreja de su respectivo lado. Silver comentó:

—Es innecesario operar a Selenita. Esta criatura fue diseñada así, se los dije. Es una quimera fruto de la ambición de mentes retorcidas. Perfecta en el error de su existencia. Un monstruo, sin más.

Bloo exclamó enérgicamente:

—Lini es un ángel y no necesita tener un sexo definido. Además, los médicos de esta época no conocen su anatomía en detalle; no podrían tratarla correctamente. Esperemos a que el tiempo —el maldito tiempo— nos muestre qué camino tomar con ella. Por ahora es mi bebé, y eso es todo. Mejor cuéntame, Mari, ¿qué más viste en el pueblo?

La pelirroja se arrellanó en el sofá y respondió:

—No mucho. Sin embargo, en la sala de espera vi un caso curioso. Estaba ahí un camionero que había perdido la razón la noche anterior; tenía fiebre y hablaba incoherencias. Lo poco que la familia podía explicar era que tuvo un encuentro terrible con un fantasma autoestopista. Dicen que su caso no es único. Los hombres conducen por la carretera solitaria que baja del pueblo a la ciudad más cercana, y entre la oscuridad montañesa ven a una joven pidiendo aventón. La recogen, y una vez dentro del vehículo la chica se transforma en algo macabro. La describen como un ser tan horrible que les hace perder la razón. Pese a ser obviamente otro chisme exagerado, la historia me gustó. Suena como una especie de fantasma justiciera; es menos infantil que el cuento del duende del bosque.

—¡No hables así de los relatos de mi madre!

Dijo Bloo ofendida, y Silver replicó fríamente:

—A mi parecer hay mucho más detrás de esa historia de la autoestopista fantasma. En el futuro existe una vieja leyenda sobre uno de los miembros de Alma Colectiva; le llamaban "la Sombra", el más polémico de todos. Era un escritor que por razones desconocidas sabía los pasados vergonzosos de todos sus compañeros y se convirtió en un crítico implacable; aunque su crueldad los impulsó a superarse. Cuenta la leyenda que perdió la razón a causa de un fantasma vengador, como el que ahora acecha la carretera. Nuestro próximo objetivo está entre las víctimas de ese misterioso espectro, y el espectro mismo debe ser detenido antes de que influya en "Sombra".

Fue así como Silver y Bloo se convirtieron temporalmente en cazadores de fantasmas. Como era su costumbre, Silver se hizo pasar por un detective del gobierno para interrogar a los involucrados en el caso; mientras Bloo rondaba las carreteras cercanas en busca de pistas. Los testimonios de las víctimas eran confusos y no había rastros de mujer alguna en los automóviles de los hombres atacados. Todos habían perdido el habla, y los que no habían muerto sufrían terribles fiebres. Ninguno mostraba señales de enfermedad física real; los hombres simplemente comenzaban a morir de un miedo inexplicable.

Finalmente, Bloo hizo un hallazgo mientras patrullaba en bicicleta. Encontró envoltorios de caramelo mojados por el rocío de la madrugada junto a un frasco de barniz de uñas olvidado sobre una solitaria roca al lado de la autopista. Era un hecho extraño; conocía bien esa zona y sabía que la única residencia cercana a ese punto en cinco kilómetros a la redonda estaba en el terreno donde antes se ubicaba la casa de su infancia. Pensó en la posibilidad de que la dueña del barniz fuera una amiga del raro extranjero que había reconstruido la casa, aunque el rosa intenso del frasco no parecía ser del gusto de alguien relacionada con un hombre obsesionado con la muerte. La única forma de averiguar más era preguntándole directamente a él.

Así, Bloo caminó hasta la residencia por una vereda que conocía desde niña y llegó sigilosamente justo cuando el hombre bajaba de una vieja camioneta con una bolsa de comestibles. Se acercó rígida como un palo, dobló la nuca para mirarle al rostro —él medía dos metros y algo mientras ella a duras penas superaba el metro sesenta— y saludó:

—Buenas... noches. ¡Digo días! Quisiera hacerle... preguntas.

—Hola, niña amiga de la pelirroja peleona. Supongo que es imposible, pero creo que te conozco de alguna parte. Hay algo en este pueblo que no deja de provocarme déjà vus... ¿Nos hemos visto antes?

Replicó el hombre, y Bloo sacó una libreta de notas que sostuvo al revés:

—Dígame su nombre completo, por favor.

—Te lo diré si tú me dices el tuyo primero.

Dijo él, algo desconfiado, y Bloo musitó:

—Bronce, creo, por mi piel. Pero me dicen Bloo.

El hombre la miró con dulzura y dijo:

—Es un bello nombre. Hice algunos trabajos con bronce hace unos años y me fue muy bien; es un material hermoso que inspira calidez pese a ser frío metal. Ahora te diré mi nombre, ¿pero debo usar el real?

—¿Tiene uno de imitación?

Bloo se sonrojó, arrepentida de su torpe pregunta, y él respondió amablemente:

—Para publicar mi arte uso un seudónimo: Petrus K. Mi nombre real es Jarilo Marzanna, pero todos mis amigos me llaman Pete. Llámame como quieras.

Un recuerdo asaltó a Bloo y exclamó:

—¡Es el que dibuja muertos con flores! Usted es demasiado agradable para ser tan... tan... Bueno, no es que lo sea. Quiero decir que es contradictorio.

Él se encogió de hombros, dándole la razón con ese gesto, y dijo:

—Ser la unión de nuestros opuestos nos hace ser nosotros mismos, ¿no lo crees? Tú me pareces tan familiar que casi siento que hablo con mi hermanita pequeña. Creo conocerte de antes, pero no logro recordar... ¿Sigues siendo amiga de la pelirroja peleona? Suelo encontrármela a menudo y siempre quiere discutir conmigo.

—¿Una chica rubia lo visita y usa barniz de uñas rosa?

Interrumpió Bloo, nerviosa. Jarilo Marzanna miró al cielo un momento y luego dijo:

—Desde hace unos años dejé de preocuparme por tener pareja y estoy solo; lo más cercano que tengo a una novia es esa pelirroja, dicen que pelear todo el tiempo es lo mismo que estar casado. Pero a veces una chica rubia visita mi sótano por las noches. No me he fijado en su ropa. Cada vez que la veo pretendo no notarla para que no se asuste; imagino que se ha fugado de alguna casa del pueblo y mi sótano es el mejor refugio que encontró. No me molesta que se quede, mientras no robe nada.

Bloo le dio las gracias, le deseó buenas noches —aunque aún no era mediodía— y se fue corriendo. Volvió al pueblo en el Cadillac con Silver, silenciosa y cavilando, hasta que dijo como pensando en voz alta:

—Me gustaría saber quién es Aureus IV realmente. No puedo soñar con un futuro sin conocer mi pasado. Me da miedo ese pasado... que regrese un día y me sorprenda.

—Ya sabes la respuesta. Es el último descendiente de todas las monarquías de la Tierra y el heredero al trono lunar. Pagó por tu nacimiento y eligió tus características físicas como quien ordena un plato de comida. Es, en cierta forma, tu dueño.

Respondió Silver secamente. Bloo continuó:

—Nunca me dijiste exactamente por qué negaste conocerlo.

—Te he dicho ya que me pareció mejor mantenerte alejada de ese recuerdo.

—No fue fácil enterarme de que después de todo no soy tan diferente a ti. Soy una muñeca de carne y hueso que un selenita diseñó para su propio placer. Solo quisiera que me permitieras enfrentarme una vez con él y decirle que tengo un alma.

La chica detuvo su discurso abruptamente. Temía herir a Silver, aunque sabía que él no tenía sentimientos; o al menos no debería tenerlos. Entonces el hombre artificial dijo, intentando mostrar enojo:

—¿Un alma? Yo me muevo, razono y tengo deseos propios. ¿No es eso "un alma"? Para mí sí. Tu cuerpo, igual que el mío, puede pertenecer a nuestros dueños. Pero el alma es libre; no se crea en un laboratorio ni en una fábrica. Es tuya y de nadie más. La tuya emergió de la carne, la mía de un recuerdo inmortal. Un alma al fin; una voluntad propia. Aureus no ignora que tengas alma, solo la irrespeta.

Cuando Silver intentaba poner emoción en sus palabras, había algo que delataba sus "sentimientos programados": a veces parecía un perfecto habitante del valle inquietante. Sin embargo, resultaba difícil determinar si esos gestos prefabricados eran solo un efecto decorativo para acompañar su discurso, o si para entonces ya eran la reacción genuina de un ser convencido de sus propias conclusiones. Bloo sonrió y no quiso seguir el tema. Le dio una palmadita en el dorso de la mano y pensó: "en fin, hay gente que besa a su auto".

En los días posteriores, Bloo siguió recorriendo las carreteras en busca de la autoestopista fantasma. No obtuvo mayores resultados hasta que se encontró con un hombre flaco y calvo de gruesas gafas, vestido como turista. El hombre la saludó con un "¿has visto al fantasma?", y desde ese momento comenzaron a investigar juntos. Bloo se presentó como "agente especial" del gobierno. Él le creyó gracias a una identificación falsa hecha por Silver, y dijo llamarse John Carlton. Trabajaba para una revista extranjera y estaba interesado en la historia del espectro que acechaba a los conductores de ese pequeño pueblo rural. Había encontrado también envoltorios de caramelos manchados con barniz de uñas del mismo color que el frasco que Bloo encontrara días antes, y sospechaba que quizás estaban ante algo más grave que una historia de fantasmas.

—Una asesina serial. No mata violentamente, sino que usa alguna neurotoxina.

Dijo seriamente John, con sus ojos saltones y torciendo su largo cuello para mirar a todos lados en actitud de alerta. Sacó una libreta de notas y mostró a Bloo una serie de diagramas mientras tomaban asiento en una banca al lado de la carretera:

—Hay un patrón. Ataca entre la medianoche y las tres de la madrugada. Elige como víctimas a los camioneros porque sabe que viajan solos, y en todos los casos han desaparecido los caramelos o gomas de mascar que había en el vehículo.

Bloo comentó, frotándose la nuca:

—Quizás les ofrece alguna sustancia que los envenena y, mientras los convence de probarla, come las golosinas...

—La chica que se refugia en casa del hombre que interrogaste, ¿no podría tener contactos con el bajo mundo? Quizás es una distribuidora; algo que un camionero rural querría disfrutar a solas con una mujer desconocida, lejos de su familia. Creo que estamos muy cerca, Bloo... y ya tengo un plan. Tú y tu compañero detective sigan vigilando a ese Pete; yo alquilaré un camión, y el día que la rubia aparezca avísenme inmediatamente. Yo mismo seré la carnada.

Usando la telepatía proporcionada por sus implantes, Bloo se comunicó con Silver fingiendo que reflexionaba un momento, y luego de recibir indicaciones exclamó:

—Iré contigo, escondida en la cabina trasera del camión. Tú solo haz tu papel; yo me encargaré de cuidarte las espaldas y mantener la comunicación con las autoridades.

Casi a la medianoche, Carlton ya estaba a bordo del camión alquilado, cenando una hamburguesa en una gasolinera de las afueras del pueblo. Bloo, escondida en la cabina detrás del asiento del conductor, se comunicaba mentalmente con Silver mientras ponía al tanto de todo a Carlton. En ese mismo momento, Silver estaba detrás de un árbol espiando a Jarilo Marzanna. La casa de amplias ventanas de cristal de techo a piso, perfectamente iluminada, le facilitaba la tarea. Pete aspiraba y ordenaba su dormitorio; al terminar descansó sentado en el piso, apoyando la espalda en la pared y los antebrazos sobre las rodillas flexionadas mientras escuchaba música. Silver reportó a Bloo:

—No parece esperar a nadie. Es muy apacible; tanto que resulta extraño.

—¿Crees que deberíamos cancelar la misión?

—No. Encontramos rastros de una mujer desconocida, pero no hay tal mujer. Lo próximo que deberíamos buscar es una peluca rubia. Es demasiado raro que un joven de apariencia tan agresiva sea tan pacífico y hogareño.

—Dime si hace algo más.

Replicó Bloo, y luego se dirigió a Carlton:

—Mi compañero dice que quizás no nos enfrentemos a un loco disfrazado.

El periodista la miró por el espejo retrovisor y exclamó:

—Sea lo que sea, ¡prométeme que tu compañero no tardará en llegar! Eres un poco pequeña para ser policía. ¿Podrías dominar a un hombre?

—Una vez mandé a mi primo al hospital de un solo golpe.

—Creo haber escuchado algo así de ti. De hecho, tengo la sensación de haberte conocido antes, pero no logro recordar dónde. Este pueblo es inhóspito; inspira confusión, incertidumbre. Me aterra en cierta forma. Siento que el mal acecha...

Comentó Carlton, y Bloo preguntó extrañada:

—¿El mal?

—Sí... Y no pienses que soy un mojigato; soy la persona con la mente más abierta del mundo. Acepté este trabajo sabiendo el riesgo porque mi meta es llegar siempre a la verdad sin importar qué tan desagradable sea. Pero cuando te hablo de un mal... me refiero a que este lugar debilita, enferma, hace que el lado oscuro de los hombres salga a la luz. Hace aflorar esa parte vulgar, vergonzosa... ¡Mira a estos lugareños! Solo les interesa comer y reproducirse. Son rudos, simplones... Es increíble que vivan así.

La chica se echó a reír:

—¡¿Ese es el mal?! Todos poseemos una parte animal y sin buenos modales. Es algo natural, no maligno.

—Apuesto a que hay una parte de ti que no aceptas... Todos la tenemos. Dediqué buena parte de mi vida a conocer los esqueletos en los armarios ajenos y terminé encontrando varios en el mío. No quiero volver a saber de esos malditos huesos...

—¡¿Realmente tu mayor temor es ser vulgar?!

—Ser un bruto, hacer el ridículo, la indignidad. En serio, Bloo, mi peor enemigo está dentro de mí como algo potencial. Al menos yo lo conozco. ¿Tú sabes cuál es el tuyo?

Bloo cerró los ojos con fuerza mientras un escalofrío le recorría la espalda, y dijo:

—Quizás tengas razón. Hay cosas que es mejor nunca sacar del armario.

En ese momento escuchó la voz de Silver en su mente:

—La mujer está en la planta baja de la casa sin que Marzanna se dé cuenta. Apareció en un abrir y cerrar de ojos. Está saliendo por la puerta trasera. Distingo una cabellera rubia hasta los hombros, complexión delgada aunque no frágil. Diría que mide un metro setenta. La ropa parece concordar con el barniz rosa chillante. Se ve más infantil que femenina; no logro ver su cara, pero no parece una criminal.

—¿La reconoces? ¿Es una chica del pueblo?

—Imposible determinarlo. Se aleja de la casa y se dirige a la vereda que lleva a la carretera. Ahora es el momento.

—¡Arranca, Carlton!

Exclamó Bloo firmemente. Condujeron a velocidad moderada por la brumosa carretera de montaña mientras Bloo, escondida bajo unas mantas, esperaba a que el encuentro ocurriera. Llegaron hasta el pueblo vecino sin ver nada en la carretera. Decepcionados, emprendieron el regreso. Entonces, entre la espesa niebla y la oscuridad, divisaron una figura esbelta haciendo señas con una mano para que la llevaran. Bloo se escondió lo mejor que pudo y Carlton paró, indicándole a la autoestopista que subiera. La ropa y el cabello correspondían a la descripción de Silver, pero había algo extraño en esa mujer. Subió en silencio al vehículo sin levantar el rostro por nada. Bloo sintió escalofríos al reconocer a la joven rubia que vio un año antes en la exposición de arte del bar bohemio, y Carlton dijo a la autoestopista, algo nervioso:

—Usted no parece ser de por aquí. Las noches son frías y húmedas, y los lugareños generalmente evitamos salir a estas horas. ¿Señorita?... ¿Está usted bien?

Bloo se asustó y trató de alertar mentalmente a Silver, descubriendo con horror que su sistema de comunicación futurista había dejado de funcionar de pronto. Carlton también pareció advertir que algo no estaba bien; orilló el camión, se estacionó y dijo alarmado:

—Un segundo... Algo está mal. Lo siento, creo que...

De pronto habló una siniestra voz andrógina, pero notoriamente masculina:

—Nada está mal. Solo te desconectaste de los demás y de su tecnología.

La "persona" en el asiento del copiloto seguía con el rostro inclinado, mirando la palma de su mano derecha donde flotaba una pequeña pantalla holográfica en la que pulsaba diferentes símbolos. Carlton exclamó atropelladamente:

—¡¿Qué me has hecho?! ¡¿Eso es un ordenador de implante manual?! ¡¡Vienes de la Luna!! ¡¡Eres un antisocial terrorista!!

Bloo se paralizó de miedo, sin poder creer lo que escuchaba, y la voz siniestra se rio diciendo:

—No, todo es legal. Yo puedo desconectarte del resto de tus amigos porque me da la gana. Soy el hijo de tu rey y puedo hacerlo.

Carlton gritó:

—¡Es imposible! El hijo del rey Aureus III está muerto... ¡Identifíquese y reconécteme con mi sociedad ahora mismo! ¡Soy el supervisor Damnum Umbra, jefe del sector 273-51! Vine en una misión rutinaria de vigilancia; en poco notarán mi ausencia en los pensamientos del resto de ciudadanos... Usted no puede ser...

Con sobresalto, Bloo recordó a Umbra: el selenita que avaló su proceso de transformación en ciborg. Dedujo también con horror que la autoestopista era Aureus IV, su "dueño". La situación no podía ser más extraña ni más peligrosa. Quería gritar, pero guardó silencio mientras escuchaba a Carlton —o más bien a Umbra— sucumbir ante el pánico de sentirse arrancado de la mente comunal de su sociedad lunar. Bloo sabía que había razones de sobra para aterrarse: estaban ante uno de los dementes más peligrosos de la historia. Aureus IV se acomodó en su asiento y dijo:

—Eres viejo, Umbra. Has viajado por el tiempo muchas veces. Tu trabajo tiene sus riesgos, ¿cierto? Muchos de tus compañeros han caído ya.

—Los cambios en la memoria y la realidad terminan destruyendo la mente...

—No la destruyen; solo la retuercen y confunden hasta que ya no importa nada. Eres una bestia arrastrándote entre los escondrijos de la historia.

Umbra prácticamente sollozó:

—¿Por qué me dices esto? Yo he sido fuerte y me he mantenido en pie... No quiero acabar como un payaso monstruoso perdido en el océano infinito de los tiempos...

Aureus observó:

—Te lo digo porque es divertido ver a la gente perdiendo los estribos. Nadie sabrá de nuestro encuentro; los tuyos solo pensarán que perdiste la cabeza y te abandonarán aquí. Serás afortunado: tu cuerpo Cosmos disfrazado de Sapiens te permitirá sobrevivir en esta época, a diferencia de mis otras víctimas.

Umbra gritó acuclillándose mientras Aureus se quitaba el brazalete, lo transformaba en una vara al rojo vivo y le golpeaba la frente con un extremo. Hubo un silencio estremecedor. Luego Umbra comenzó a convulsionar hasta quedarse lívido y babeante. Aureus comenzó a revisarle los bolsillos, tomó una goma de mascar y se detuvo a hojear su libreta de notas. Bloo estaba paralizada de miedo; no podía contactar a Silver y no entendía nada de lo que estaba pasando. El corazón le latía como si fuera a estallarle en el pecho. Tragó saliva, haciendo un leve ruido que por desgracia Aureus advirtió. Trató de no mover un solo músculo, pero él pareció olerla e instintivamente se escurrió hasta ella, apartó las mantas que la cubrían y sonrió ante su hallazgo, mostrando una larga lengua oscura entre sus dientes afilados, en un gesto prácticamente animal. Una fuerza interna le devolvió las fuerzas a Bloo, quien habló recordando que tenía recursos suficientes para defenderse si era necesario:

—La economía en la Luna debe estar muy mal para que su jefe de estado ande robando caramelos a los camioneros en zonas rurales.

Él rio divertido y luego dijo con una sonrisa que ponía los pelos de punta:

—¿Has oído del gato de Schrödinger? Tú y yo estamos vivos y muertos al mismo tiempo.

Bloo seguía siendo incapaz de contactar a Silver y se dio cuenta de que tendría que salir del problema sola. El ver a su mayor temor vestido con ropa de mujer le dio valor, y entonces se percató de lo bajo y flaco que era realmente; incluso su voz era casi femenina. Meneó la cabeza riendo para sus adentros y trató de controlar la situación mediante el diálogo:

—No hay duda de que eres un tipo extraño. Eres Aureus IV, ¿no es así?

—Aureus Albert Margrethe Juan Harold William Charles Isabel Henry Lunae. Aureus IV para los amigos. Me gustan los caramelos que hacen los Sapiens en la Tierra; me divierte conseguirlos así. Estos juegos me ayudan a sacar... lo que siento.

Dijo él, como sin saber cómo explicarse mejor. Bloo habló de nuevo:

—Realmente no te comprendo. Tienes toda la riqueza que alguien podría soñar, viajas por el tiempo a voluntad y eres consciente aun de pasados y futuros anulados. Con todo ese poder deberías tener mejores pasatiempos.

—¿Eh? No viajo en el tiempo. Voy a donde debo ir, pero no sé cómo lo hago ni cómo controlarlo realmente. Solo ocurre.

Respondió el selenita con inocencia demencial. Bloo trató de hacerlo razonar:

—Sí viajas en el tiempo. De alguna forma entras a los túneles sin darte cuenta, y eso es lo que te está enfermando: no sabes qué recuerdos son verdaderos y el futuro te es incierto. Tu realidad cambia sin parar.

—¿Realidad? ¿A qué te refieres? ¿Y cómo pudiste olvidar mi nombre? Yo jamás olvidaría el tuyo. No me esforcé mucho en elegirlo; discúlpame por eso. La primera vez que te vi solo eras una escultura de bronce.

La chica se acurrucó, cruzando los brazos:

—Sí... Adámas me contó algo de la historia.

—Esa mujer no lo entendería nunca. Eras toda la belleza condensada en formas, el amor expresado en las más delicadas curvas...

El selenita comenzó a acercarse de más y Bloo trató de enfriar la situación:

—Entonces, Aureus, ¿has visitado la tumba de Adámas?

—Ella no está muerta. La historia cambió y esa estatua es solo el fantasma de un pasado borrado; otro objeto olvidado en un viaje en el tiempo. Hay muchos así. No afectan en nada el orden universal porque no pueden alterar la historia por voluntad propia. Solo serán misterios que permanecerán irresolubles. En cuanto a Adámas... si intenta volver a involucrarse, tendré que hacerla entender con estas...

Explicó Aureus, mostrando sus largas uñas oscuras y retráctiles:

—...que cortan lo que sea sin problema.

Y le tocó el rostro y el cuello a Bloo en una caricia casi letal. La situación parecía empeorar segundo a segundo, hasta que él recostó la cabeza sobre el hombro de la chica y habló con una melosidad siniestra. Bloo lo apartó de un empujón y dijo:

—Aureus, no sé qué haya sucedido entre nosotros en el pasado, ¡pero el ahora ya no es igual! No vamos a repetir la historia.

Hubo un incómodo silencio, y luego él exclamó:

—Tienes que recordarlo en sueños. Disfrutabas siendo mi amante. Nunca tuve que obligarte a nada. Era placer simple y sin fin; no puedes haberlo olvidado. Los tiempos y las circunstancias cambian, pero el amor permanece pese a todo.

La chica tragó saliva y luego habló seriamente:

—He pensado durante todo este tiempo, desde que supe de tu existencia o más bien desde que la recordé, en cómo pude ser capaz de pasar tantos años a tu lado. Cómo podía aceptarte en mi cama cada noche sin gritar de terror o correr a pedir auxilio. Lo que me dices ahora es algo que alguna vez imaginé: quizás yo disfrutaba contigo. Quizás incluso llegué a decírtelo. Eras lo único que conocía sobre ese tema, y no me sentía lista para buscar algo más. Pero aunque no te amaba, la necesidad fisiológica se satisfacía y seguramente creí sentir algo real al pensar que me apreciabas al desearme con tanto ardor. Con los años esa ilusión se disipó y comencé a sentirme frustrada, atrapada en mi pesadilla, atada para siempre al hijo de un hombre que no amaba. No creo que haya muerto por debilidad física. Morí de tristeza, lentamente. Y pienso en esa situación y me doy cuenta de que no tenía otro escape. Me cuesta aceptarlo, pero me conozco bien: yo me suicidé, Aureus, al igual que tú lo hiciste destruyéndote con tu nación. Solo que yo lo hice lentamente, dejándome morir. Quizás ahora estemos en el infierno por eso y ya todo esté perdido. De modo que no te tengo más miedo; aunque me cueste la vida, no quiero que vuelvas a ponerme un dedo encima.

Para ese momento, Aureus daba la impresión de haber recibido una puñalada. Se había encogido en un rincón de la cabina y la veía con un gesto de dolor que en poco se convirtió en rabia. Se incorporó poniéndose en cuclillas como un felino mientras su ropa se transformaba en el traje negro con el que Bloo lo había visto por primera vez en 1992. Convirtió su brazalete en una vara de brillo asesino y dijo entre dientes:

—Mientes. Te gané limpiamente. Esperé pacientemente hasta convencerte de que me dejaras tocarte siquiera, y cuando lo hice deseabas que sucediera tanto como yo. ¡Nunca me aproveché de tu ingenuidad ni de tu fragilidad física! Elegí conocerte cuando teníamos la misma edad; esperé siempre a que tú dieras el primer paso. ¡¿Y ahora me reprochas porque te seduje y luego te aburriste de mí?!

Bloo disimuladamente comenzó a deslizarse hacia los asientos delanteros y, respondiendo con un lacónico "ajá", rompió de pronto el parabrisas saltando a través de él y huyó corriendo en dirección a la casa de Pete, donde estaba Silver. Un horrible alarido inhumano, casi animal, se escuchó a sus espaldas, y pudo adivinar que Aureus la perseguía. Pero ella tenía la velocidad a su favor. Corriendo a casi ochenta kilómetros por hora, Bloo estuvo tentada a voltearse y hacerle gestos burlones al selenita mientras se perdía en la noche brumosa y húmeda. Pero un estruendo y una luz cegadora la sobresaltaron y le hicieron disminuir la velocidad. En un principio creyó que había sido un rayo; luego se fijó en que Aureus estaba usando su pértiga como un bumerán, lanzándosela mientras giraba en un disco mortal que cortaba ramas y hacía profundos surcos en el asfalto a su paso. Alcanzó a verlo cuando la recuperaba y volvía a lanzarla, y decidió abandonar la calle y perderse en el bosque, donde él tendría menos visibilidad. Por desgracia, no contó con que Aureus se guiaba por el olfato y era capaz de trepar árboles y saltar entre las ramas como un enorme gato siniestro. Comenzó a sentirse desesperada y a desorientarse. Alcanzó a ver una roca de media tonelada, la levantó con apenas esfuerzo y se la arrojó a su perseguidor. Aureus evadió el proyectil y desapareció de la vista de Bloo, quien aprovechó el momento para tratar de encontrar un claro en el laberinto forestal en que se había metido.

Por la espesura de la vegetación dedujo que debía estar en la mítica zona peligrosa de los bosques aledaños al pueblo, donde la gente podía perderse durante días o para siempre. Llegó hasta un hermoso manantial termal cubierto de bruma, rodeado de helechos, rocas y troncos caídos, y se le ocurrió contener la respiración bajo esas aguas color turquesa para que el selenita le perdiera el rastro. Cuando supuso que ya se habría alejado, se asomó fuera del agua. Entonces vio, bajo la luz de la Luna, al selenita riéndose de una forma extraña. Aureus ya no corría. Se inclinó a tocar el manantial y de pronto Bloo comenzó a sentir que le costaba moverse. El agua se ponía fangosa; trató de alcanzar la orilla con espanto. Bajó la mirada y vio el agua convertida en una negra masa viscosa que se alzaba en hilos de tinta, comenzando a atarla hasta inmovilizarla por completo. Aureus caminaba tranquilamente a través de esa trampa inesperada hasta llegar a tomarla del rostro con ambas manos y decirle, mientras le rozaba las mejillas con los labios:

—Esta es mi casa en la Tierra; gracias por venir directamente a visitarme. Mi arma te alcanzó varias veces mientras corrías, pero evidentemente no te hizo daño. Está conectada con mi mente; solo destruye aquello que yo deseo destruir, pero es inocua conmigo mismo y con mis seres amados. No tienes por qué temerme.

Bloo forcejeó aún y gritó:

—¡Había sangre en mi cama luego de tu primera visita en 1992! ¡Abusaste de mí y todavía pretendes que tuvimos un romance! ¡Prefiero morir antes que...!

—Has olvidado muchas cosas. Como que nuestro hijo fue una realidad, y cuando llegue su tiempo volverá a serlo. Si una persona existió en determinado momento, puedes matarla, pero nunca evitar que haya existido. De modo que es imposible cambiar la historia y separar a los futuros padres de alguien; de una u otra manera, los responsables de traerlo al mundo volverán a hacerlo. Ya sea porque vuelvan a encontrarse, por accidente, por casualidad... El destino hará lo suyo sin importarle el método. Por eso, aunque la historia cambie, yo siempre existiré y siempre volveré a buscarte. El amor es lo único eterno en el universo, Bloo. Recuérdalo.

Respondió Aureus, y desapareció hundiéndose en el estanque. El agua volvió a su estado natural y la mayoría de las habilidades de la mitad mecánica de Bloo se normalizaron, siendo capaz de ubicar el camino de regreso a la carretera. Antes de irse echó un vistazo al fondo cristalino del manantial; al verlo vacío, imaginó con horror adónde había ido el selenita. La casa de ella. Recordó que en ese momento Mari y Lini estaban solas. Su única prioridad era regresar lo más rápido posible.

Pese a que corría a velocidad sobrehumana, sentía que cada paso era lento y pesado. Imaginaba escenas horribles: Mari intentando enfrentarse a Aureus como ella acababa de intentarlo, y siendo asesinada ante la indefensa Lini. O peor aún, imaginaba a Lini muriendo a manos de Aureus, quien desquitaría sus celos en la supuesta hija del nuevo matrimonio de Bloo. Llegó a casa tumbando la puerta de un golpe y se encontró a Lini acurrucada en un sofá, cabeceando. Al verla, la pequeña corrió saltando de felicidad hasta ella y pidió que la levantara en brazos. Bloo la cargó cubriéndole el rostro de besos mientras revisaba cada habitación en busca del temido intruso. Mari dormía y Silver todavía no había vuelto. La joven ciborg suspiró exhausta. Las sienes le latían y se sentía al borde de perder la razón. Decidió esperar el regreso del hombre artificial cuidando del resto de la familia. Se metió a la cama junto a Mari, que dormía como un tronco, y se dispuso a descansar con un ojo abierto, guardando a Lini entre sus brazos.

No había señales de Aureus, hasta que la pequeña selenita dijo algo que le heló la sangre:

—Te amo, mi hermosa muñeca...


 

Persona

 

 

Comenzaba a salir el sol cuando Silver volvió y encontró la puerta principal del café casi destrozada. Entró empuñando su fiel Glock 17 y llamó a todas con un grito sin emoción. Bloo se levantó de un salto y cubrió a las sorprendidas Mari y Lini con las mantas, luego corrió a encontrarse con él. A la luz de la mañana, la chica notó que había dormido con los zapatos puestos y embarrada con lodo del estanque. Silver guardó el arma y habló con su eterna frialdad:

—La Sombra apareció. Al parecer era el reportero que se alió con nosotros ayer. Lo encontraron en la carretera gritando; tenía una impresionante base de datos sobre los habitantes de toda la zona y divulga todo sin piedad. Están a punto de lincharlo. Hace poco encontré su camión hecho trizas a unos cinco kilómetros de aquí. ¿Qué sucedió anoche? La comunicación entre nosotros lleva horas cortada.

Ella se frotó el rostro, confundida, y titubeó antes de decir:

—Recogimos a la mujer... que era Aureus IV. Carlton resultó ser un supervisor de Prometheus. Aureus lo atacó, luego me descubrió y traté de enfrentarme a él, pero no pude contra sus armas. Escapé y volví a casa para cuidar de las demás. Creo que no piensa dejarme ir tan fácilmente.

Silver pareció sufrir algún desperfecto, vibró levemente y dijo:

—Hay que matarlo en su infancia y evitar que llegue a dañarte de nuevo.

Bloo palideció, lo miró y preguntó pausadamente:

—Sería una buena idea. Pero antes quiero saber algo. Los padres de Lini, Silver... ¿quiénes son? ¿Quiénes eran tus dueños?

El hombre artificial se congeló. Luego respondió de forma tajante:

—No te revelaré esa información.

Mirándolo fijamente, Bloo comentó casi en un susurro:

—Sería horrible que me hubieras llevado a criar a mi propio violador. Porque ahora lo amo. No puedo matarlo. ¿Este es el destino? ¿Tiene que ser tan perverso?

Silver se encaminó a reparar la puerta y respondió mirándola por sobre un hombro:

—Recuerda que la madre de Selenita tenía un conector social. La familia real en la Luna no los usa. Estaré trabajando en la entrada.

Afuera en el parque del pueblo, Umbra gritaba las vergüenzas de todos con la inocencia de un loco. La gente lo escuchaba entre furiosa e incrédula, mientras unos policías intentaban alejar a los ofendidos que trataban de matar a golpes al demente; quien no se preocupaba de vocear también cuántas amantes y negocios corruptos tenían los agentes de la ley que, muy a su pesar, le estaban salvando la vida. Pese a ser mitad de semana, el escándalo hizo que las calles del pueblo estuvieran concurridas como si fuera un día festivo. La multitud se amontonaba en el parque y otros más comenzaban a agruparse ante el café de Bloo, tratando de averiguar qué le había pasado a su puerta principal sin obtener información del silencioso hombre de negro. Los chismosos, frustrados por el mutismo de Silver, fueron a quejarse con la tía de Bloo; que inmediatamente atravesó medio pueblo en bata de dormir hasta llegar ante "el marido de su sobrina", exigiendo explicaciones. Él le contó una breve historia acerca de un ventarrón que la tía no creyó. Mientras tanto, Bloo se daba un baño junto a Lini, que reía salpicando agua. La abrazó maternalmente y le limpió el rostro mientras decía:

—¿Sabes?, lo primero que hicimos juntas el día que naciste fue darnos un baño. Eras muy pequeña. ¿Tú no recuerdas, Lini? Dime, ¿recuerdas a tus verdaderos padres?

La pequeña meneó la cabeza y dijo:

—A mí me gusta vivir aquí, pero al gatito le gustaría vivir en la Luna.

Bloo preguntó con seriedad:

—¿Recuerdas la Luna? Cuéntame de tu vida allá.

Lini se chupó un dedo pensando, miró al vacío un rato y finalmente saltó fuera del agua. Bloo salió de la tina y se secó, intrigada. Cuando entró a su habitación, encontró a Lini extendiéndole una hoja de papel garabateada. Había escrito con crayones algo en alfabeto cirílico y justo abajo se dibujó a ella misma tomándole la mano a un sonriente hombre enorme rodeado de corazones rojos. Al dorso de la página puso la dirección completa de una residencia en algún punto de Europa del Este, junto a un nombre también escrito en cirílico. Bloo se rascó la cabeza:

—Lini, ¿qué dice aquí? ¿Y quién es el hombre del dibujo?

—¡Es mi papá! Debes mandarle esto a su casa para que sepa que no lo mataré. Ahí están su dirección y su nombre. ¡Cópialos en un sobre y envíalo!

Aún sin comprender del todo qué estaba sucediendo, pero con cierta corazonada, Bloo tomó la extraña misiva, la metió en un sobre, se vistió y fue al correo del pueblo. Afuera había un caos: el club de lectura había aparecido abogando por los derechos humanos del demente Umbra y lo estaban llevando con dificultad al bar bohemio para ocultarlo de la muchedumbre enardecida. Silver observaba todo de brazos cruzados desde la puerta del café, y dijo a Bloo cuando ella se detuvo un momento a su lado:

—Es desalentador. Ya ha perdido la razón; no haremos nada con él. El destino se abre paso. A veces dudo de si realmente somos capaces de manipular la historia.

La chica respondió con un suspiro:

—Es difícil controlar algo cuya naturaleza desconocemos.

Emprendió el camino a la oficina de correos, pero al poco rato se encontró con su tía, que le exigió saber a quién iba a enviarle correspondencia antes de arrebatarle el sobre. Entonces Umbra apareció sorpresivamente junto a ellas, ante las miradas curiosas de todos. Tomó a la tía de una muñeca y prácticamente le torció el brazo para hacerla verlo a los ojos mientras le decía:

—Tú estabas envidiosa de tu hermana mayor. Decidiste celebrar tu décimo quinto cumpleaños acostándote con su marido para quitárselo. El hombre, que ya era viejo, te rechazó, e intentaste obligarlo a complacerte amenazándolo con una pistola de juguete. Él creyó que era real y sufrió un ataque al corazón cuya causa has ocultado todo este tiempo. Te sientes culpable de ser quien eres, pero no puedes dejar de serlo; por eso vives esta doble vida llena de resentimiento y mentiras.

La tía guardó silencio, completamente sonrojada, sin saber qué responder tras la revelación de su secreto más vergonzoso. Por unos instantes se petrificó sintiéndose desnuda frente a la multitud que la miraba con asombro, hasta que reaccionó con furia y gritó a todos preguntando qué miraban. Después fue directo a la oficina de correos con la frente en alto y, sin pensar, entró actuando como si no pasara nada. Entregó el sobre maltrecho sin darse cuenta realmente de lo que hacía y luego salió rumbo a su casa en la misma actitud extraña. Mari murmuró, viendo todo desde una ventana:

—Si lo que dijo fue verdad, entonces estos son los instantes antes de que caiga el telón, se apaguen las luces y la tía deba enfrentar la realidad o cortar con ella.

Pasaron algunos días en los que Bloo evitó hablar con Silver y Lini se apartó de todos. Ya no actuaba como la niña de siempre; era "el gatito" todo el tiempo. Mari no sabía exactamente qué estaba ocurriendo, pero intuía que algo andaba muy mal, por lo que se mantenía serena. Estaba segura de que si alguien no mantenía los pies en la tierra, toda la casa se vendría abajo en una tragedia de consecuencias inimaginables.

Finalmente, un día apareció Jarilo "Pete" Marzanna en el café y fue directamente hacia Bloo. Le sonrió amablemente antes de decir con su marcado acento extranjero:

—Mis padres llamaron desde mi tierra. Me han dicho que mi hija está aquí.

Bloo lo miró confundida. Lini llegó de repente a la puerta principal y se lanzó al hombre sin previo aviso, abrazándolo mientras lo llamaba por su nombre.

Marzanna era un artista de veinticuatro años que trabajaba como ayudante en una casa funeraria para enriquecer sus conocimientos sobre anatomía humana y ganar algo de dinero por su cuenta. Provenía de una familia rica pero infeliz. Había pasado seis meses internado en una clínica psiquiátrica por depresión y luego fue arrestado bajo sospecha de haber cometido una serie de homicidios. Desde 1993, sin embargo, su vida dio un giro total: se convirtió en un joven dichoso y perfectamente adaptado. Decidió mudarse a aquel pequeño pueblo para respirar aire puro y llevar una vida tranquila lejos de las grandes ciudades. Su cambio era un misterio, pero lo que más intrigaba a "la familia" era por qué conocía a Lini. Su explicación fue imprecisa:

—En realidad es la primera vez que estoy con ella. Ni siquiera sé su nombre ni el de sus verdaderos padres. Solo la había visto en sueños.

Bloo y Mari lo miraron con escepticismo, mientras Silver le palpaba la nuca y hacía que una pantalla holográfica apareciera flotando ante su occipucio. El hombre artificial pulsó unos símbolos, y entonces sobre la ropa de Marzanna se materializó un uniforme de mayordomo victoriano con las insignias del reino lunar bordadas en el abrigo y el cintillo del sombrero, como si se tratara de un objeto marcado por su dueño. Silver anunció:

—No miente. Es un ciborg y está registrado como parte de la bodega de mi dueña. Es un "muñeco ayo", la versión masculina de las muñecas nodrizas. Debió ser la primera elección para criar al hijo de la dama. Escuché que otro sirviente se encargó de buscarle un tipo muy especial de "materia prima" a nuestra dueña: ella quería un hombre fascinante y peligroso, un atractivo asesino en potencia, un artista torturado o un joven rico y rebelde. Al parecer el señor Marzanna cumplía todos los requisitos y fue escogido originalmente para criar a Selenita. Pero yo hice todo lo posible para que mi dueña cambiara de opinión y eligiera a Bloo en su lugar, con el fin de usarla en mis propios planes. Supongo que no lo logré en algún pasado borrado, por razones desconocidas. ¿Qué recuerda de esos sueños, señor Marzanna? ¿Cuándo empezó a soñar con la Luna?

El aludido comenzó a relatar:

—Los sueños comenzaron en 1993. Entonces estaba destrozado; odiaba a todos y al mismo tiempo deseaba intensamente no estar solo. En mi furiosa confusión cometí crímenes espantosos, o iba a cometerlos; realmente no lo recuerdo bien, porque justo entonces soñé con una luz que me envolvía y me llevaba lejos de este mundo. Investigué mucho sobre este tipo de experiencias sobrenaturales, las llamadas "abducciones"; dicen que son pequeños secuestros donde los seres humanos somos estudiados por una cultura más avanzada. Pero en mis sueños, que se repiten cada cierto tiempo y cada vez con mayor detalle, no fui raptado por un período breve ni con fines científicos. En esos sueños puedo recordar años y años de esclavitud en un mundo siniestro. Recuerdo haber sufrido torturas, abusos humillantes, y tener bajo mi cuidado a esta pequeña niña. Creí que eran horribles pesadillas, hasta que vi en la televisión de mi país un reportaje sobre Mari; donde mostraban imágenes de este pueblo. Algo en estos parajes me hizo sentir que la razón de esos sueños estaba aquí. Así que lo dejé todo, vine, y efectivamente: aquí está la pequeña que yo crié. ¿Cómo llegó a este poblado?

Bloo respondió con cautela:

—El futuro cambió. Sucedió un accidente durante el nacimiento de la niña y acabó en mi casa. No sé mucho más. Al igual que tú, solo puedo recordar en sueños fragmentos de pasados borrados; algunos más claros que otros, pero nada concreto. Creemos que el único capaz de recordar cada detalle con claridad es el loco rey de la Luna, que anda merodeando la zona.

Jarilo Marzanna guardó silencio y luego dijo a Bloo:

—Siento que mi deber —y ahora el tuyo— es proteger a esta niña. Hay que regresarla a su tiempo antes de que sea lo bastante mayor como para que la acusen de traición, o para que pueda contarles a los demás selenitas exactamente qué está haciendo Silver. Si el rey o sus súbditos la encuentran aquí y descubren sus planes, nos matarán a todos; quizás incluyéndola a ella. No sé cómo hacerlo, pero habría que devolverla a sus padres pronto.

Todos lo miraron sorprendidos. Silver opinó:

—Tiene razón. Nuestro éxito peligra con Selenita aquí.

Mari asintió con la cabeza y Bloo comenzó a llorar. Mientras tanto, Lini escuchaba todo fingiéndose dormida. Últimamente había estado mostrando cierta malicia en sus actos.

En los días posteriores a esa charla, Silver trató de planear una forma segura de devolver a Lini a la Luna, y Bloo fue incapaz de ayudarle, demasiado emotiva ante la certeza de que finalmente tendría que separarse de su pequeña. Lini, mientras tanto, seguía huraña y distante con todos. Sabía que iban a enviarla de regreso a la Luna, y mucho más. Solo buscaba la compañía de Marzanna, quien procuraba visitarla cada día para contarle historias hasta que se quedaba dormida en la cama de Mari; pues se había negado a dormir con Bloo. Una noche, Mari se quedó escuchando la narración de Pete hasta que la pequeña se durmió, y entonces comenzó a platicar en voz baja con el extranjero:

—Te queda bien el papel de padre y al mismo tiempo luces peligroso. ¿Quién eres en realidad?

Pete la miró de reojo mientras respondía con una sonrisa nerviosa:

—Yo podría decir algo parecido sobre ti. ¿Eres la mamá de Lini o la niñera perversa?

Con un gesto de disgusto, Mari replicó:

—Te delataste; ahora sé que viste esas infamias. Dicen que los tipos más relajados e inofensivos son los peores criminales. No te fíes, yo siempre estoy en guardia contigo. Sospeché que escondías algo malo desde la primera vez que te vi.

—Once años esclavizado por asesinos, violadores, torturadores y toda clase de enfermos sádicos son suficientes para aprender a valorar tu vida y la de los demás.

Dijo el hombre, mientras la sombra de un recuerdo amargo se reflejaba en su mirada. Mari besó la frente de Lini y preguntó:

—¿Qué sabes de la pequeña? ¿Siempre fue así?

Jarilo Marzanna suspiró y comenzó a relatar:

—No obedecí a mis amos con respecto a criarla como a una reina y alentarla a que fuera agresiva. La eduqué como me educaron a mí: con cariño, enseñándole a ser una buena persona. Por desgracia yo estaba enfermo, deprimido por mi pasado y mi secuestro. Mi tristeza era tan grande que se impregnó en ella. Era una niña tímida y silenciosa, siempre escondida detrás de mis piernas. Me alegra ver que con Bloo ha crecido sana y feliz. Quisiera no tener que regresarla a la Luna, pero sé que su muerte será espantosa si llega a ser víctima de su propia gente.

Mari lo miró un momento y luego dijo seriamente:

—Parece que tus padres fueron buenos contigo. Te querían, te educaron bien, tenías un buen hogar. ¿Cómo acabaste metido entre tanta mierda?

—¿Por qué tendrían que ver mis padres con eso? Lo que tú viviste se parece un poco a mi historia, pero no quiero contarte toda mi vida como si fuéramos colegialas compartiendo secretos. Basta con decirte que tuve mala suerte y tomé un montón de malas decisiones. Pero ahora he llegado a un punto en que esos asuntos ya no me importan. Solo quiero estar tranquilo, descansar y disfrutar de las cosas simples.

Respondió Marzanna, y luego de un breve silencio, Mari preguntó:

—Quizás sea una pregunta indiscreta... pero quisiera saber: ¿Lini te mató? Escuché que al llegar a la mayoría de edad asesinan a sus cuidadores.

—Poco antes de despertar, siempre sueño con que vuelvo a la Tierra. Creo que nunca llegó a matarme. Le enseñé a amar y eso salvó mi vida. Desde que encontré a Lini, los sueños han ido reduciéndose y me siento más libre. Pero ahora un nuevo temor me ha surgido: ¿qué será de ella? Si regresa a la Luna estará a salvo, pero crecerá para convertirse en un verdadero monstruo. No tenemos las herramientas para evitarlo y me siento impotente ante el terrible futuro que le aguarda.

Justo entonces Lini se levantó de golpe y avisó que se iría a dormir con Bloo, mientras Mari y Marzanna intercambiaban miradas, sospechando que había oído todo.

Poco después, Bloo y la pequeña ya estaban juntas. Finalmente, Bloo decidió tocar el tema del regreso a la Luna:

—Si tienes miedo... allá... de noche, vuelve a buscarme a escondidas.

Lini la miró con rencor y dijo:

—Quieres que vuelva con mi padre para quedarte sola con el robot. Lo prefieres a él. Pero eres una tonta: tú nunca podrás escapar de mí.

Luego se acercó a Bloo, la tomó de las manos y le dijo mirándola fijamente a los ojos:

—Eres mía. Mi muñeca. Para eso naciste y no vas a cambiarlo.

Bloo la miró atónita y sin comprender nada le dio una bofetada que la hizo caer de la cama. Lini se levantó del piso mirándola con rabia y chilló:

—¡Prefieres al SL30 más que a mí!

Antes de que Bloo pudiera ir a recogerla y decir algo, la pequeña se alejó de un salto y se desvaneció en el aire como humo. Toda la casa se despertó entre gritos, alarmada ante la repentina desaparición de Lini; mientras un apagón en todo el pueblo anunciaba el dolor de una joven madre que había perdido a su bebé.

La mañana siguiente estuvo llena de tensión y tristeza. Silver se mantuvo al tanto de cada noticia procedente de 3016, el año al que Lini tendría que haber regresado; pues los túneles del tiempo enviaban automáticamente a los viajeros Homo cosmos perdidos al momento exacto que les correspondía según su edad en su época original, determinada por estudios genéticos comparados con registros genealógicos. Pero pasaban las horas y no obtenía señales de que en la Luna hubieran rescatado a la pequeña. Al mediodía todos habían perdido las esperanzas, y Silver estaba realmente preocupado: temía que Lini los hubiera delatado, o que hubiera viajado al pasado a enredar aún más la historia. Pero entonces recibió una noticia. Se congeló por un instante, como perdido en sus pensamientos, ante la mirada ansiosa de los demás, y dijo:

—Ya está hecho. Está con su padre.

Pasaron varios días en los que todo parecía incierto. Bloo lloraba sin tregua extrañando a Lini, y Silver vivía a la expectativa del próximo movimiento de Aureus IV. No hubo cambio alguno hasta que un día el SL30 estaba apoyado en el techo de su auto espiando con unos binoculares a un sospechoso, cuando sintió un tirón en una manga de su chaqueta. Se volvió mecánicamente y vio a la hermana mayor de Bloo, algo asustada por la extraña conducta de Silver. La mujer se había enterado de los últimos sucesos del pueblo por un noticiario y, al llamar a sus amistades para saber cómo estaba su familia, supo que corrían rumores sobre una sórdida doble vida de su tía. Alertada, tomó la decisión de charlar con su cuñado para aconsejarlo sobre cómo mantener a Bloo en el buen camino:

—Señor Light, espero que haya tenido cuidado con la relación que Bloo tiene con nuestra tía. Usted es mucho mayor que ella; debe orientarla.

Silver la escuchaba con la mirada vacía y en silencio. La mujer siguió hablando sin notarlo:

—Nunca estuve de acuerdo en que Bloo tuviera una familia siendo tan joven; he cedido mucho. En parte le reprocho a mi tía no haber intervenido a tiempo. Se lo dije y ella reaccionó muy mal. Vengo de su casa... ¡No sabe usted lo agresiva que se ha puesto! Por cierto, ¿esa muchacha Mari sigue viviendo con ustedes? Me preocupa la influencia que pueda tener en Bloo. ¿Cómo está la niña?

El hombre artificial respondió fríamente:

—Está muerto. Nuestro hijo murió.

La mujer se llevó las manos a la boca murmurando:

—¡Pero qué terrible! Una madre adolescente siempre se arriesga a estas tragedias. Dígame, ¿cómo murió? ¿Fue por esa enfermedad que tenía?

—Si considera su fealdad como una enfermedad, me parece bien. Sí, se murió de feo.

Contestó Silver, y en ese momento escucharon un par de sonidos raros. La mujer no estuvo segura de lo que eran hasta que vio un agujero en el capó del auto. Abrió los ojos desmesuradamente y estuvo a punto de ser alcanzada por una bala justo en la sien, de no ser porque Silver se tiró al suelo con ella y la llevó como pudo detrás del vehículo mientras sacaba su arma y le decía sin ninguna emoción:

—Guarde la calma.

Saltó sobre el auto con agilidad sobrehumana, se conectó con el satélite de observación más cercano y observó la zona desde el cielo a través de un pequeño monitor proyectado en una de sus retinas. Entonces vio una silueta agazapada tras unos setos, escabulléndose hacia la hermana de Bloo. Silver fue inmediatamente en esa dirección y sorprendió al tirador, enfundado en un traje deportivo negro y un gorro pasamontañas. El sujeto huyó despavorido hasta llegar a la iglesia del pueblo. Silver lo seguía sin prisa; se notaba que era una persona mayor y no en su mejor estado físico. Una vez dentro del edificio, el pistolero tomó a una joven novicia del cuello y le apuntó a la cabeza mientras se escondía en una esquina.

Cuando Silver entró, una alarma se proyectó en su retina: algo había cambiado en la historia según los datos de Prometheus. Comenzó a actuar con cautela, guardando su arma para no llamar la atención, y se limitó a acercarse para ver qué sucedía. Escuchó un disparo y vio a un feligrés ensangrentado corriendo hacia la salida. Entonces la alarma en su retina desapareció. El riesgo de cambio en la historia había sido peligrosamente notorio por unos instantes, suficiente como para atraer la atención de los empleados de Prometheus; pero Silver no estaba dispuesto a salir del lugar sin neutralizar al sospechoso. Estaba seguro de que debía ser un futuro miembro de Alma Colectiva, pues sus actos influenciaban la historia. Buscó en su base de datos algo relacionado con una iglesia y recordó entre sus apuntes la descripción de uno de los sueños de Lini: una persona con una máscara de espejos en medio de una iglesia, posando de pie sobre un pedestal sin moverse hasta que su cuerpo comenzaba a temblar por no cambiar de postura durante largas horas. Silver relacionó al personaje del sueño con el pistolero enmascarado.

Cuando se asomó de nuevo, notó que el sospechoso se había quitado el pasamontañas y se lo había puesto a la novicia para no ver su expresión de horror. De modo que no estaba seguro de si su objetivo era la rehén o el misterioso tirador que, para su sorpresa, resultó ser la tía de Bloo. Silver tenía poco tiempo, así que decidió actuar sobre las dos. Pero al apuntar a la mujer mayor, ella usó a la más joven como escudo y gritó que la mataría. El SL30 meditó un momento. Ningún miembro de Alma Colectiva había sido encarcelado bajo cargos de homicidio. De modo que, si la tía mataba a su rehén y ella resultaba ser el objetivo de Silver, sería apresada de por vida y nunca formaría parte de la sociedad. Una situación similar sucedería con la novicia si moría y era su verdadero objetivo. No podía dejar que matara a la muchacha, o la historia volvería a alterarse violentamente y los supervisores entrarían en alerta máxima. Apartó los dedos del gatillo y levantó las manos, esperando a que la vieja se descuidara. La tía intuyó sus intenciones y gritó:

—Tire su arma lejos. La mía esta vez no es de juguete. Tírela rápido o le vuelo la cabeza a la chica.

Silver dijo con su voz carente de sentimientos:

—Pueden ser solo unos años en la cárcel o el resto de su vida. Usted decide.

La mujer sonrió y dijo:

—Así es... yo decido. Yo pongo las reglas. ¡Ahora contaré hasta tres, y si no tira esa pistola lejos de usted, mataré a esta chica!

Comenzó a contar, y Silver no tuvo más remedio que tirar el arma y emprender la retirada. Ya se iba cuando la tía lo detuvo:

—Light, sé que tu mujer y su hermana me odian por lo que pasó con su padre. Nana estaba loca; otra mujer me lo hubiera impedido. Pero no hubo una sola persona que me diera un consejo, una advertencia, y todo sucedió.

El hombre artificial se volvió a mirarla, y la mujer continuó:

—Ahora ya es tarde y solo hay una solución. Tienes quince minutos: ve por el loco que se hace llamar Umbra y haz que se retracte de lo que dijo sobre mí. Si no lo haces antes del plazo que acabo de darte, esta chica se muere. ¡Rápido, ve y tráelo!

Silver objetó:

—No me parece posible hacer que Umbra vuelva a ser un hombre razonable simplemente pidiéndoselo. Por otro lado, creo que Bloo y su hermana estarán dispuestas a perdonarla si dialogaran...

La tía cortó el discurso de Silver metiendo el cañón del arma en la boca de la joven, y diciendo al mismo tiempo:

—¡El tiempo corre; no me hagas convertirme en una asesina!

Silver computaba lo más rápido posible las opciones que tenía para controlar a esa mujer histérica, cuando de pronto escuchó una risita y luego una voz andrógina:

—¿Sabes por qué dicen que codiciar la pareja de alguien más es lo mismo que fornicarte con ella? Es por lo del gato de Schrödinger. La posibilidad basta. De modo que tú de hecho ya eres una asesina. Lo eres y no lo eres; ¡la posibilidad ya existe!

La tía miró de reojo y vio lo que parecía ser una muchacha rubia y larguirucha sentada en una banca, hojeando un texto religioso con el cabello sobre la cara. Silver trató de alertar a la vieja, pero ella solo metió más el arma en la boca de la novicia y gritó:

—¿Quién eres, mocosa?... Ven aquí. Las manos detrás de la nuca.

No hubo respuesta, y la tía comenzó a impacientarse. Volvió a gritar la orden y solo obtuvo otra inquietante risita. La mujer hubiera seguido chillando de no ser porque logró ver, entre los adorables cabellos dorados, una larga y espantosa sonrisa inhumana. Se acercó un poco, ya algo atemorizada, y al ver el espeluznante rostro de la supuesta joven, gritó y trató de dispararle; liberando a su rehén, que corrió directamente a la calle. Aún no terminaba de mover el brazo para apuntar cuando la "rubia" desapareció y reapareció tras ella, atrapándola por la espalda y causándole tanto horror que cayó al piso desvanecida.

Así quedaron solos Silver y Aureus, dispuestos a reanudar su eterno pleito. Silver volvió a ponerse en guardia mientras el selenita decía, recuperando su indumentaria negra:

—Estoy aquí porque he decidido hacer lo que sea con tal de estar cerca de Bloo, aunque deba soportarte a ti. Aunque deba traicionar a mi raza.

—Sabías que esa mujer era la persona que buscábamos; pudiste haber evitado todo este escándalo. Pero lo tuyo es crear el caos. Eres la suma de toda la vanidad y el egoísmo humano; un ideal corrupto personificado.

Aureus respondió con su voz andrógina:

—La naturaleza es perfecta y yo solo soy un hombre más. ¿Qué puede haber de malo en la naturaleza humana? Estúpida máquina, no puedes ver más allá de tu lógica moralista de niño de diez años. ¿No te parece que hay algo raro en todo lo que está sucediendo? Umbra y la tía de Bloo no eran miembros originales de Alma Colectiva; terminaron siéndolo por un suceso que yo propicié en esta nueva realidad: la demencia de Umbra. Entonces, si yo tampoco era parte de la historia original, ¿por qué Prometheus no mueve un dedo ante estos cambios?

El sirviente robótico calló un momento y finalmente dijo:

—Nuestra intervención no altera el futuro. Nuestro plan fallará.

Una patrulla sonó a lo lejos y Aureus se rio:

—Te falta tanto para alcanzar el nivel de una mente humana. Olvidas a la sirvienta robótica infiltrada en el club de lectura: ella era parte de un pasado creado a partir de un primer cambio que se hizo en la historia original, y aún no sabes quién la envió. Quien mandó a esa sirvienta sigue manipulando esta época para que cada imprevisto encaje perfectamente en el camino que llevará al exterminio del Homo sapiens. Y Prometheus no hace nada al respecto porque también es parte de este proceso de cambio universal. Sabes que el nuevo mundo se originó aquí, en esta época, y por eso tantas prohibiciones y secretos sobre lo sucedido en este período de tiempo. Mi familia y mi gente miran hipócritamente al pasado y dicen: "fue un destino inevitable". La realidad es que todo fue minuciosamente calculado, y tú —y todo aquel que ha intentado cambiarlo— ha fallado por una razón muy sencilla: son lógicos, y al serlo se vuelven predecibles. Dan una ventaja al infiltrado del futuro que desea aniquilar al Homo sapiens; sus detallados planes secretos luego son apenas modificados por él y absorbidos por la historia que ha escrito. ¿Crees que los que quisieron cambiar el futuro siempre fueron idealistas rebeldes? Investiga.

Silver miró al piso, buscando en la base de datos de su mente robótica, y murmuró:

—En 2996 tu padre intentó cambiar la historia con una campaña mundial de "reprogramación mental" a finales del siglo XX e inicios del XXI. Buscaba hacer que el Homo sapiens se volviera más sensible y abierto a nuevas formas de vivir en paz con sus semejantes y su medio ambiente. Su idea no salvó al Homo sapiens de su extinción, y supuestamente así comprobaron que no fue culpa del Homo cosmos. Según tu raza, no fue un genocidio sino un fenómeno natural; los Sapiens eran simplemente ineptos para sobrevivir más tiempo en la Tierra. Simple evolución. Durante milenios el Homo sapiens se dañó a sí mismo con guerras y destruyendo su propio ecosistema. En menos de mil años se volvió más estúpido, más vanidoso y más indefenso, hasta prácticamente permitir ser destruido por una nueva raza. Mi lógica —que tanto criticas— me dice que alguien los manipuló para que sus propias debilidades los llevaran a ese extremo, y que tú y tu cobarde familia conocen la identidad del asesino intelectual. Ahora, si realmente amas a Bloo y a su gente, dime quién está jugando con el futuro.

El selenita respondió con una mirada sombría:

—Nunca lo supimos. Quien lo haya hecho está por encima de la mente única repartida en los cerebros selenitas y de la realeza misma. Quizás es un secreto escondido en nuestras memorias, como una travesura infantil que nos avergüenza y tratamos de olvidar. Después de todo, esa trampa que le hicimos al destino nos permitió llegar a la cima de la escala evolutiva. Sin embargo, los últimos hechos me indican que todos —Cosmos y Sapiens— vivimos en la obra maestra de unos tiranos anónimos que aún controlan la historia a su antojo. Deja de pensar organizadamente y de cuidarte las espaldas de los supervisores. Lo mejor es que siembres el miedo y el desconcierto hasta que los que están jugando con nuestro futuro terminen chillando de terror como todos los demás y así pierdan el control.

Silver le apuntó con su arma y exclamó:

—¿Cómo confiar en ti? Eres uno de ellos. Tratas de convencerme de abandonar mis planes y a cambio me aconsejas acciones terroristas. Hasta el momento, atemorizar al pueblo tampoco ha salvado a los Sapiens de la muerte.

Aureus sonrió de una forma malévola y respondió:

—¿Quién dijo que esa fuera mi meta, o que yo tuviera alguna meta? Yo solo hago lo que me viene en gana. No me limito en nada. No sabré si el gato está vivo o muerto hasta que haya visto dentro de la caja; mientras tanto haré mi vida.

El hombre artificial disparó y Aureus volvió a desvanecerse en el aire. Silver corrió fuera de la iglesia con la tía de Bloo en brazos y se encontró con varios oficiales de policía. Les mostró su falsa identificación de detective y, luego de entregarles a la mujer, se retiró. Volvió a su auto abaleado sin ver rastro alguno de Aureus en el camino y tuvo un mal presentimiento.

Condujo hasta el café de Bloo y la encontró atendiendo clientes ayudada por Mari, como siempre. Llegó la noche y todo pareció seguir tranquilo. Las chicas se fueron a la cama y Silver permaneció en su estudio rodeado de pantallas con datos de su interés. Sin embargo, había procesos que consumían demasiados recursos de su sistema informático y le impedían trabajar bien. Ponía atención a cada sonido de la casa y no dejaba de recordar las palabras de Aureus en la iglesia; además pensaba en la posibilidad de perder el apoyo de Bloo si ella prefiriera recuperar la relación con su viejo amante en lugar de seguir adelante con el plan de cambiar el futuro. Se podría decir que, de alguna forma, el hombre-máquina estaba distraído, y quizás celoso.

Creyó escuchar algo y corrió a la puerta de la habitación de Bloo, iluminada por la luz de la Luna que entraba por el patio central de la vieja casa. No escuchó nada más y entreabrió para mirar qué pasaba. Ahí solo estaba la muchacha dormida. Tuvo la intención de volver a sus eternas investigaciones, pero de pronto decidió que su prioridad de esa noche era vigilar a su compañera y evitar que el monstruo del futuro se le acercara.

Cuando Bloo despertó a la mañana siguiente, lo encontró al pie de su cama como un maniquí modelando un traje negro. La chica se frotó los ojos y no quiso hacer preguntas. "Es un aparato viejo y falla de vez en cuando", pensó. Bloo tomó un baño mientras Silver iba a preparar el desayuno, y luego, cuando se sentaba a la mesa, apareció Mari ojerosa con el cabello en desorden. Bostezó y dijo:

—Desperté con una cosa blanca y horrible dormida a mi lado. Alguien vaya a ver si es Lini, y si no lo es, hay que matarlo y quemar su cuerpo.

 


 

Sizigia

 

 

—Los dos están ofendidos, cuando fui yo la que se despertó junto a un intruso.

Protestó Mari, sentada en su cama mientras el SL30 y el selenita se miraban entre sí, a punto de comenzar una lucha a muerte. Desde lejos, Bloo vio la figura siniestra de Aureus y se acurrucó en la cocina temblando. Era un miedo extraño, mezclado con algo que su inexperiencia no lograba nombrar. Mari exclamó:

—Solo tengo una pregunta: ¿esto es o no es Lini? Porque se le parece mucho.

Aureus IV la miró ofendido y murmuró entre dientes:

—Mi nombre es Aureus Lunae, como mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo.

Luego Silver dijo:

—¿Qué buscas aquí? Bloo no está interesada en relacionarse contigo. Ahora es libre de elegir y sucedió lo esperado: no hay mujer en su sano juicio que quiera tener algo con el enfermo deforme que aniquiló la raza humana por capricho.

Entonces el selenita respondió con los ojos chispeantes de rabia:

—Tergiversas los hechos para hacerme ver mal ante ella. Destruí el reino lunar por la misma razón que ustedes cazan miembros de Alma Colectiva. Esa fue mi solución al futuro. Y no, no estarán muertos en este futuro. Esta vez confesé a tiempo mis deseos a mi padre y él me hizo ver que ahora que Bloo es un ciborg vivirá por mucho tiempo, y lo único que debería importarme es estar junto a ella. Por permanecer a su lado, estoy dispuesto a no delatarlos y colaborar con ustedes en su intento de salvar a los Sapiens de su extinción. Si no lo logran, volveré con los míos y nuestro reino prevalecerá por generaciones; hasta que la Tierra sea habitable de nuevo y los Cosmos regresemos a repoblarla y a planear cómo expandirnos por toda la galaxia. Al fin y al cabo, será la humanidad viva, aunque sea en su peor forma.

Silver se quedó un rato computando lo que acababa de escuchar, y Mari opinó:

—¡No confío en ustedes dos! Algo se traen y lo están ocultando. Pero respecto a lo que dice el extraterrestre... Desde que conocí a Bloo, siendo ambas preescolares, ella nunca fue el tipo de chica tímida y pasiva que se dejaría esclavizar fácilmente. Silver, realmente no sabemos; quizás, ¡quizás!, ellos sí tuvieron un romance...

En ese momento, Bloo irrumpió en la habitación, impulsada por lo que Mari decía, para aclarar las cosas hablando roja como un tomate:

—Aureus no me gusta, ni me gustaba. El único hombre que me ha interesado en la vida ha sido Silver y por desgracia ni siquiera es un hombre, es un robot.

El selenita se lanzó contra su rival en un ataque de celos asesinos. Silver lo contuvo con su fuerza descomunal, pero Aureus era casi imposible de controlar por su rapidez y agilidad; esquivó tres disparos del hombre de negro antes de cortarle la mano con sus uñas afiladas y trató de terminar de destrozarlo usando su vara de fulgor mortal. Silver logró recoger su extremidad mutilada y disparar con la otra mano, al tiempo que intentaba volver a colocarse la parte cercenada sosteniéndola entre los dientes. Mientras tanto, estaban destruyendo el patio interior de la casa y lo hubieran hecho por completo de no ser porque en un momento Bloo se hartó y se metió en medio de los dos, expulsando toda la energía de su generador psicoquinésico. La mayoría de aparatos eléctricos de la casa explotaron, las plantas quedaron medio chamuscadas y Silver cayó al piso repitiendo un mismo movimiento sin parar. Entre el humo de pequeños incendios, Aureus intentaba ponerse de pie apoyándose en una columna y Mari yacía desmayada en un corredor.

 

Luego de reparar la mayor parte de los daños, Silver se resignó a que Aureus sería parte de "la familia". Bloo y Mari se sorprendieron por la confianza que estaba poniendo en su peor enemigo, pero sus razones parecían ser lógicas: Aureus era desleal a todos menos a Bloo, por lo que tampoco estaba de parte de su propio pueblo; y, en ausencia de Lini, él se encargaría de guiarlos en sus cacerías gracias a su memoria privilegiada del pasado y el futuro. Pero no pasó mucho tiempo antes de que se hiciera evidente que Aureus Lunae IV era un hombre muy perturbado. No era más alto que Mari, aunque tampoco más bajo que Bloo, pero inspiraba temor. Durante el día observaba a todos con sus inquietantes ojos de pupilas rojas y esclerótica negra, que quizás no se veían tan extraños como cuando al ocultarse el sol los llevaba sin la película negra que los protegía de la luz, viéndose casi totalmente blancos y de aspecto maníaco. A partir de la medianoche desaparecía hasta la mañana siguiente. Solo aceptaba alimentos de Bloo, generalmente caramelos cuyos restos luego se lamía de las manos como un animal. Se movía de forma felina; era común verle agazupado en rincones oscuros como acechando. Reptaba por la casa sin ser notado hasta el momento menos oportuno y más terrorífico, cuando se desvanecía en el aire entre risitas diabólicas. Nadie sabía si era capaz de adoptar una apariencia Homo sapiens para pasar desapercibido; cuando no vestía su siniestro traje negro selenita se le veía ataviado con minifaldas y medias a mitad del muslo. Lo más inquietante era que lucía encantador así, de no ser por ese rostro que helaba la sangre. Le gustaba bailotear al ritmo de música que solo él escuchaba, y si tenía calor simplemente se desnudaba, dejándose un brazalete donde "comprimía" todo su equipaje, y así descansaba en cualquier parte si "la familia" se descuidaba. Razón por la cual a todos les quedó claro que, pese a su espeluznante rostro andrógino y su esbelto cuerpo lampiño que sembraban la duda, en realidad era un hombre adulto que sentía una atracción profunda e irreducible por Bloo, para horror y bochorno de los demás. Silver evitaba cruzarse con él y Bloo aún no sabía cómo reaccionar; un día lo miró de lejos junto a Mari un largo rato, y finalmente dijo a su amiga:

—Mientras más lo veo, más me convenzo de que fue una violación.

—Toda chica sueña con un príncipe, Bloo. Con él se da la excepción de la regla, eso está claro; pero de ahí a que haya sido lo que dices...

Opinó Mari sin convicción, sin lograr tampoco aliviar la tensión. Silver decidió no dejarse ver por el pueblo durante un tiempo: sabía que los supervisores estarían vigilando la zona y las cosas seguían revueltas por la reciente crisis mental que la tía de Bloo había tenido. La mujer no fue encarcelada, pero la internaron en una institución psiquiátrica. Mientras tanto, su hijo Laude vivía solo y cuando podía iba a mirar de lejos el café de Bloo o la estación de policía —el supuesto centro de trabajo de Silver—, como sospechando o esperando algo.

 

Sin embargo, no sucedió nada verdaderamente relevante hasta una mañana en la que aparecieron en el café dos estudiantes del instituto del pueblo. Mari preparaba las mesas para ese nuevo día cuando los reconoció de inmediato y giró los ojos con disgusto. Bloo los vio desde atrás del mostrador mientras preparaba el café y los recordó también: era una pareja de hermanos, Eros y Siegfred, muy populares entre los demás estudiantes. El chico era el mayor, con dieciocho años. Alto, de cabellos negros y ojos azules, extrovertido y apuesto. Destacaba siendo el capitán del equipo de fútbol estudiantil, solía ser el alma de todas las fiestas y corría la leyenda de que no existía chica que resistiera a sus encantos; incluso Mari había caído en sus redes alguna vez. Por el contrario, su hermana menor Siegfred, de dieciséis años, era más bien introvertida, lo cual no le impedía ser la más admirada entre los jóvenes del pueblo. Era una muchacha tímida, de ojos verdes y cabello rubio corto con algunos mechones enmarcando su rostro angelical. En contraste con su hermano, por alguna misteriosa razón nunca había tenido un amorío. Bloo y Mari se miraron entre sí preguntándose cuál de las dos se animaría a atenderlos, hasta que finalmente Mari decidió ir de mala gana. Les entregó la carta del menú, se cruzó de brazos y esperó. Eros la miró con una media sonrisa y saludó:

—¿Dónde está el "buenos días, qué van a ordenar"?

—Cuando lo encuentres, te lo guardas. Buenos días.

Replicó Mari con sequedad, y Siegfred pareció asustarse. Su hermano la tranquilizó:

—Tranquila, Ziggy, así bromea Mari. ¿No estaban ustedes dos en la misma clase...?

La pelirroja puso una mano sobre la mesa y dijo en un tono agresivo:

—Así fue hasta que abandoné la escuela. Igual, tu hermanita nunca me dirigió la palabra. Solía ignorarnos a Bloo, a Laude y a mí.

—La maestra me recomendó no juntarme con ustedes por sus bajas calificaciones...

Se excusó Siegfred apenada, y Mari comentó:

—Como personas no cumplimos los estándares de calidad de la señorita perfección. Espero que al menos nuestra comida sea suficientemente buena para ella.

"Ziggy" se ruborizó avergonzada y su hermano calmó la situación diciendo, mientras reía:

—Mi hermana solo es rara, Mari. Nuestra madre dice que fue raptada por un platillo volador antes de que Ziggy naciera. ¡De niña solía adivinar el futuro! De repente hace explotar copas con la vista y puede hacer bolas de energía tipo fútbol.

—Son Psyballs, hermano. La base de las construcciones energéticas. Es serio. Y no me gusta que bromees con esa historia de mamá; es horrible.

Corrigió Ziggy. Eros y Mari se miraron encogiéndose de hombros, y él continuó:

—Mari, ¿por qué no mejor hablamos de ti, y de mí, y de nuestras posibilidades?

Bloo pretendía no escuchar nada mientras Eros seguía apartando la atención de su hermana, hasta que Ziggy preguntó nerviosamente a Mari:

—Por favor, ¿dónde está el baño? Necesito ir.

—Ahí, al lado del mostrador. Está limpio, pero no esperes mármol veneciano.

Respondió Mari de mala gana, y Ziggy corrió al lugar sin decir más. A solas intentó vomitar, pero tenía el estómago vacío. Poca gente sabía cuánto sufría en su intento de ser la adolescente perfecta: la mejor estudiante, la mejor hija, la mejor hermana, la mejor amiga. El reproche de Mari la había golpeado profundamente. En su mente había cometido una falla gravísima. Se compuso el uniforme escolar, se lavó el rostro y trató de sonreír ante el espejo; pero la piel le ardía enrojecida, no lograba tranquilizarse. Salió del baño, vio el patio interno por una puerta lateral y fue a tomar aire fresco. Llegó ante la fuente del centro y respiró hondamente observando los altos arbustos y matorrales que formaban un pequeño laberinto en el corazón de la casa. Notó que la tierra había sido removida recientemente y se preguntaba qué podría haber ocurrido cuando escuchó algo moverse entre el follaje. Volteó y quedó petrificada ante una mano larga y blanca que salía sigilosamente de entre las hojas para apoyarse en el piso. Fue subiendo la vista por la muñeca, el codo y el antebrazo desnudos hasta encontrarse con unos ojos espeluznantes clavados en los suyos. Aureus sonrió de la forma demencial en que solía hacerlo, entre cínica, irónica e inocente; se puso de pie lentamente y se fue como si nada. Después, Ziggy se quedó un momento asimilando lo que había sucedido, cruzó una pierna y ladeó el rostro pensativa. Luego se levantó sumida en sus cavilaciones y volvió a la mesa con su hermano, que seguía seduciendo a Mari y ya estaba por lograrlo. Siegfred se sentó y los escuchó hablar un rato, luego preguntó sonriendo:

—¿Quién es el chico que está en el patio?

Mari y Bloo palidecieron. El silencio reinó por unos momentos hasta que Bloo balbuceó:

—Nadie, solo estamos Mari y yo en casa, mi marido se fue a trabajar y... nadie.

La jovencita rubia replicó:

—Pero hay un chico ahí dentro. Está practicando algún tipo de meditación sin ropa.

El rostro de Bloo se descompuso y Eros abrió la boca alarmado, dispuesto a entrar y ajustar cuentas. Rápidamente, Mari inventó una explicación:

—Es Aureus, un primo lejano del marido de Bloo. El pobre está mal de la cabeza; tiene una condición que no le permite reconocer las normas sociales básicas, razón por la cual vive con nosotras bajo vigilancia.

Ziggy sonrió dulcemente y respondió:

—Creo que no está enfermo, solo es diferente. ¿Podría visitarlo algún día?

Todos la miraron boquiabiertos y Eros adoptó una actitud paternal:

—Hermanita, ese muchacho Aureus no me parece seguro. Ahora toma tu desayuno.

La joven rubia calló apenada, pero el recuerdo del selenita se le grabó en la mente como grabado con fuego. Al caer el ocaso, Mari la vio deambulando cerca del café hasta que Eros llegó a buscarla.

 

Silver supo todo al caer la noche. Su respuesta fue fría, simple y reveladora:

—Dejen que se acerquen. Ambos hermanos son posibles objetivos nuestros. Sus historias encajan con el perfil de un miembro de Alma Colectiva. El joven Eros es un conquistador consumado, y todo indica que con el tiempo su hermana también aprenderá el arte de moverse entre la crema y nata social del pueblo de formas que les traerán serios problemas. Selenita tenía pesadillas con un par de espectros, masculino y femenino, bailando rodeados de títeres en un gran salón de espejos. Los hermanos me parecen estar relacionados con esa extraña visión; sin embargo, solo un Homo cosmos podría sacarnos de la duda.

Camuflado en un rincón oscuro gracias a su traje negro lunar, Aureus lo miró con sus pupilas rojizas brillando en la penumbra y dijo de mala gana:

—La chica me pareció familiar, pero no estoy seguro. Quizás si veo al hermano.

—Sé hospitalario con ella si regresa. Si son ellos, los neutralizaremos y borraremos de sus mentes el recuerdo de haberte conocido. Y espero no repitas lo mismo que con Umbra, Selenita. No vamos a dañar a los objetivos... todavía.

La apariencia de Aureus se convirtió en un problema serio cuando él mismo dijo que no tenía más que su ropa de la Luna y atuendos notoriamente femeninos en su repertorio programado de prendas transformables. Bloo se vio obligada a prestarle una sudadera y unos pantalones para hacer que se viera más "normal". Lo hizo a regañadientes, no quería volver a estar a solas con él en su dormitorio ni darle nada suyo; pero ella era la única que podía prestarle algo de su guardarropa, ya que Silver era muy alto y Mari muy voluptuosa. Mientras buscaba, Bloo comentó con disgusto:

—Si no estuvieras loco entenderías la diferencia entre ropa femenina y masculina. Es vergonzoso que solo yo pueda prestarte algo de vestir ya que mi cuerpo es el más parecido al de un chico. Y es tu culpa que sea una muchacha sin gracia; tú elegiste mi apariencia. Bueno, tú eres horrible, y tus gustos también lo son.

—¡Pero si eres increíblemente bella! No hacía falta modificarte como ciborg...

Exclamó Aureus extrañado. Luego se le acercó olisqueándola y agregó:

—Para mí eres omnipresente y eterna. Nunca dejaste de estar en mis pensamientos. Eres la compensación y el consuelo de todas las amarguras de mi vida.

Bloo respondió sin voltearse a mirarlo:

—Toda tu vida se concentra en este enamoramiento tonto. Es morboso.

—Mi padre tiene un dicho: "no hay plenilunio sin sizigia". El Sol, la Tierra y la Luna deben estar perfectamente alineados para que haya Luna llena. La vida es igual: si no estás en conjunción con alguien, tu vida no estará completa.

La muchacha se frotó las sienes ya exasperándose:

—Y para eso se ponen un implante en la frente y piensan al unísono... Hay algo más que me angustia. ¿Eres Lini? Si eres Lini... es nauseabundo. Hace apenas unos días estaba arrullándote en esa cama y ahora...

—No le des más vueltas. Lo que quiero darte no tiene nada que ver con Lini.

Ella por fin lo miró y respondió indignada:

—Que una mujer tenga algo con quien crió, sea o no suyo, no tiene nombre.

Aureus apoyó un puño en la cadera, alzó un extremo de la boca en gesto sarcástico y dijo:

—¿Entonces qué es el incesto?

Bloo dio unos pasos hacia atrás, sin poder creer lo que escuchaba, y salió de la habitación a toda prisa. Ante la puerta se encontraba Silver arreglándose las mancuernas de plata de los puños de su camisa, grabadas con el logotipo de la casa Silverlight, una "S" y una "L". Luego entró a la habitación y miró fijamente al selenita, que dijo devolviendo la mirada:

—Nunca la obligué ni la dañé. Estábamos enamorados, créanlo o no.

En medio de esa tensa situación apareció Mari anunciando la llegada de los hermanos. Silver apartó a los dos de su camino y decidió salir él mismo a saludarlos en el café, donde Bloo les tomaba la orden. Se acercó a Eros con respeto y dijo:

—Bienvenidos. Supe que mi... primo les hizo pasar un mal momento. Por favor, acepten un café y un postre por cortesía de la casa, como muestra de mis disculpas.

Eros respondió agradecido:

—¡Con todo gusto! Pierda cuidado. Solo me gustaría saber más de ese primo suyo, ya que mi hermana sigue tan entusiasmada con él que quizás deba darle una oportunidad. Dígame, ¿dónde está el muchacho del jardín? Quiero conocerlo.

—Ha estado sobre ustedes desde que entré a esta habitación.

Respondió Silver con seriedad. Los hermanos miraron sobre sus cabezas y descubrieron al selenita agazapado en una esquina del techo, mirándolos con una horrible sonrisa. Eros ahogó un grito y Ziggy saludó alegremente con una mano. El hermano mayor tomó un poco de agua, recuperó el aire y preguntó:

—¿Nunca han considerado hacerle un exorcismo? Creo se está poniendo bizco...

Silver contestó:

—Sufre de estrabismo. Todas las bestias cuya raza ha sido alterada genéticamente presentan algún defecto como ese; es signo de la pureza de su tara. No hay cura para él. Su morbidez tiene únicamente dos soluciones: ignorarlo o matarlo. He intentado dispararle en varias ocasiones, pero es rápido y letal.

Ya muy alarmado, Eros volvió a preguntar:

—¿E-es peligroso?

—Yo lo comparo con Hitler. Solo la inocencia de su estupidez lo hace menos ruin.

Explicó Silver, e inmediatamente Eros se excusó, pidió la comida para llevar y se fue arrastrando a su hermana con él. Todos creyeron que el asunto había terminado ese día, cuando al caer el ocaso volvió a aparecer Ziggy sola. Esta vez Mari la dejó pasar por órdenes de Silver, y finalmente pudo hablar con Aureus; quien luego de tenerla cerca durante más de cinco minutos comenzó a sentirse profundamente repelido por lo invasiva que era con su agudo sentido analítico, que lo confundía al punto de asustarlo. Los días pasaron y la jovencita rubia siguió visitándolos cada tarde sin falta, sin que el selenita fuera capaz de identificarla como un objetivo debido a la incomodidad que le causaba tenerla cerca. Aureus ya estaba realmente fastidiado con las visitas; Silver no le permitía andar desnudo ni vestirse de mujer, por lo que pasaba buena parte del día vestido como selenita y cuando venía Ziggy debía buscar lo más parecido a un atuendo masculino para recibirla. Silver incluso llegó a exigirle que se cortara su larga y desordenada melena rubia, pero él le respondió con un bufido felino. Ziggy había notado la renuencia de Aureus; sin embargo, estaba segura de que algún día iba a conquistarlo con su devoción. Solían ver juntos el ocaso desde el tejado de la casa, y en una de esas ocasiones ella llegó a abrazarlo y a preguntarle como una niña curiosa:

—¿Alguna vez hiciste alguna locura por amor?

—Tuve relaciones con una estatua de bronce y exterminé a la humanidad.

Respondió Aureus con macabra inocencia. Ziggy trató de no perder la sonrisa y opinó:

—En cierta forma me parece muy lindo. Poca gente sería capaz de sacrificar tanto por un amor. Es tan especial que alguien te ame más que a nada en el mundo...

El selenita sonrió irónicamente:

—Poner la satisfacción de tus propios deseos por encima de los derechos de todos los demás, ¿especial? La necesidad de hacerlo persiste en mí, y la única razón por la que no vuelvo a perder el control es por miedo a ofenderle a ella... y quizás por no tener más líos con mi enemigo: la máquina.

Ziggy se le acercó con las mejillas encendidas y dijo en voz baja:

—No sé los detalles de la relación entre ustedes dos, y no quiero saberlos. Sé que Bloo no está interesada en ti, y tú llevas esa carga. Me gustaría poder aliviarla de alguna forma; no dejas de fascinarme e intrigarme a la vez. No te lo diría nunca, pero la desesperación me obliga a confesar. Si alguna vez quisieras... búscame mañana en mi casa a esta hora. La ventana de mi habitación estará abierta.

Terminó de hablar y bajó a toda prisa del tejado. Aureus se quedó un momento confundido y después fue a contarle todo a Mari, a quien consideraba experta en el tema. Ella lo escuchó fumando en un sillón y luego dio su consejo:

—Si te busca, ve. No seas tonto.

Aureus respondió desde un rincón oscuro:

—No puedo; alteraría la historia. Al escucharla hablar así la reconocí como el miembro de Alma Colectiva que el robot busca. Se supone que ella tendrá una historia con un hombre que no soy yo, y esa experiencia es lo que la forjará. Además... solo puedo sentir algo así por Bloo.

—Estamos hablando de un gesto de compañía, no de un compromiso eterno.

—Me refiero a que... no funciona. Con nadie más. No está en mí.

Mari alzó la vista al cielo:

—Años y años de cruzar y mejorar genéticamente a los hombres y mujeres más importantes de la Tierra para finalmente crear un alfeñique paliducho, bizco, feo, loco e incapaz de relacionarse con nadie que no sea una sola persona en todo el universo. Eres la prueba viviente de que la eugenesia y el transhumanismo estaban destinados a meter la pata, y en grande.

—¡Puedo, pero solo con Bloo!

Respondió Aureus indignado, y prosiguió:

—Siempre me aterró la idea de no ser capaz. Es algo muy serio, un derecho que me negaron mucho tiempo bajo el capricho de una madre represiva. Nunca me atreví con otra persona porque me aterraba defraudar. La única a quien le confié ese miedo fue a Bloo, porque la conocía mejor que a ninguna otra y me sentía protegido por ella.

Exhalando una bocanada de humo, Mari dijo:

—Olvida por un momento la misión de Silver. No desaires a la chica; no cambiarás la historia de golpe. Quizás esa muchacha sea la cura para tu obsesión. Por algo la gente dice que en el amor no hay que pensar demasiado. No puedes desperdiciar la vida esperando a la persona perfecta que te lo dará todo sin que tengas que arriesgarte nada. Bebé, a veces hay que dar el primer paso aunque te dé miedo.

La lógica no era una palabra que se podría relacionar con Aureus, quien antes de que Mari terminara de hablar desapareció como tinta diluyéndose. Pasaron dos días sin que nadie volviera a saber nada de él o de Ziggy. Mari comenzó a creer que se habían fugado juntos, hasta que una noche Bloo se levantó a beber un vaso de agua, sentándose a la orilla de su cama con los pies colgando un poco. De pronto sintió que le acariciaban un tobillo. Se escondió bajo las sábanas asustada y finalmente se armó de valor y miró bajo la cama sin bajarse de la misma. Así, casi colgada de cabeza, se topó con la mirada siniestra de Aureus que dormitaba debajo de ella. Su grito anunció a todos que el selenita había vuelto y solía pernoctar escondido ahí, cosa que Bloo ignoraba.

 

Aureus había pasado dos días perdido en una época que no reconocía, donde lo confundieron con un demonio y le dieron caza. Se divirtió mucho con esa aventura, pero finalmente se hartó de jugar y regresó a descansar bajo la cama de Bloo. Entonces todos se preguntaron dónde podría estar Siegfred. Silver tomó cartas en el asunto y fue a buscar respuestas en la estación de policía del pueblo. Ahí supo que la chica había sido reportada como desaparecida por su familia, pero la denuncia no fue tomada en serio ya que los adolescentes constantemente escapaban de sus casas. Buscó respuestas entre los amigos y conocidos de Ziggy, solo para descubrir que ninguna de las personas que la frecuentaban llevaba una relación verdaderamente cercana con ella y que en realidad Ziggy no tenía amigos, pese a ser la joven más popular del pueblo. Entonces fue a la casa de la muchacha a interrogar a su familia sin obtener mayores resultados, pero cuando ya se retiraba fue detenido por Eros en la puerta, quien le dijo en voz baja:

—Detective Light, la situación es peor de lo que parece. Ayer recibimos una nota donde nos piden una fuerte suma de dinero a cambio de Ziggy. Nos han dicho que no digamos nada a la policía, pero no disponemos de la cantidad que nos exigen y nos han dado un corto plazo para reunirlo. Realmente no creemos que podamos conseguirlo a tiempo, y creo que necesitamos ayuda pronto.

Silver lo miró con frialdad y le respondió pidiéndole que guardara la calma, ya que él trabajaría en el caso. Volvió al café y ahí revisó los registros de las diferentes cámaras de seguridad que había instalado en el pueblo. Así supo que la joven desaparecida había escapado de su casa de noche, probablemente para buscar a Aureus, y fue interceptada por dos sujetos que la condujeron en dirección a la zona del pueblo donde desafortunadamente Silver no había colocado aparatos de vigilancia. Decidió ir inmediatamente al área y al solo estacionar el Cadillac fue rodeado por unos diez hombres armados, uno de los cuales hizo un disparo de advertencia para que se fuera: estaba en una zona controlada por una pandilla de criminales. Sabía que era capaz de matarlos a todos de ser necesario, pero no le convenía llamar tanto la atención. Volvió al café y nuevamente revisó sus datos sobre el pueblo y las últimas actividades de Prometheus en la región. Descubrió que los supervisores Homo cosmos tenían un estado de alerta moderado y, esforzándose más que nunca en sus pesquisas, logró identificar a unos supervisores infiltrados en el pueblo y comenzó a espiarlos; logrando escucharlos decir en una conversación que solo estaban ahí para estudiar qué podría estar alterando la historia conocida, ya que, aunque esta había cambiado levemente, Ziggy volvería sana y salva a casa, pues solo había huido con un novio. En ese momento, Silver obtuvo información que ni siquiera Prometheus tenía: sabía dónde estaba Ziggy en realidad y que ni la policía local ni sus padres ni su hermano serían capaces de rescatarla, por lo que la única explicación lógica del retorno de la muchacha sería la intervención de "la familia". De modo que se habían convertido secretamente en parte de la historia oficial aprobada por Prometheus. Convocó a todos en el campanario del pueblo, incluso a Jarilo "Pete" Marzanna, y les mostró la zona en que tenían cautiva a Siegfred mientras les explicaba la situación. Los demás se miraron dudosos entre sí y finalmente Mari habló:

—¿Cómo se supone que vamos a sacar a Ziggy de ahí? Tú, el extraterrestre y Bloo quizás se las puedan arreglar, ¿pero Pete y yo?

Silver replicó con seriedad:

—Marzanna puede arreglárselas solo. He sabido que no será la primera vez que se ve en una situación violenta. Usted deberá adoptar su apariencia Homo cosmos y confiar en el arma que le entregué. Debemos sacar a esa joven viva sin importar los medios que usemos. Ya sabemos que habrá éxito; en esta ocasión no vamos en contra del destino sino siguiendo su cauce, de modo que no se preocupen por el proceso. Simplemente actúen.

Mari volvió a tomar la palabra:

—¿Cómo hago para transformarme en Cosmos? ¿Dónde se enciende esto?

Silver se le acercó, le tomó la oreja con el zarcillo que le había entregado y se la haló; haciéndola transfigurarse en una versión Homo cosmos de sí misma, usando la vestimenta negra de los selenitas, con los ojos siniestros y la piel pálida de porcelana, pero conservando aún los cabellos rojizos. Bloo y Pete Marzanna la miraron horrorizados, y Aureus la abrazó; comenzando a llamarla "mamá" desde ese día. Luego de esto, Silver dijo a todos que debían entrar en acción de inmediato. Los demás se miraron entre sí con dudas, pero aceptaron seguir por la victoria pronosticada.

 

Se dirigieron al lugar en el Cadillac, estacionaron a varias cuadras de la zona y desde ahí se acercaron caminando a través de callejones solitarios. Al llegar a donde pululaban más lugareños se ocultaron en una buhardilla abandonada y Silver pidió al grupo dividirse para buscar en cada casa con mayor rapidez. Por un lado, fueron él, Bloo y Aureus, ya que la competencia por estar junto a la morena se estaba volviendo crónica; y por un tiempo les fue fácil registrar los alrededores gracias a la agilidad felina del selenita, que rápidamente atrapaba víctimas y las inmovilizaba, hasta que alguien tuvo la oportunidad de patearlo en la entrepierna e inmediatamente se desmayó de dolor y miedo, por lo que Bloo tuvo que llevárselo cargado a un sitio seguro mientras le decía cada insulto que conocía y Silver debió seguir solo. Por otro lado, fueron Mari y Pete. Estos últimos fueron los que mejor se desempeñaron en la misión, ya que mientras Silver, Bloo y Aureus iban irrumpiendo por las casas y sembrando el terror entre los moradores que terminaban inconscientes por obra del hombre artificial, Pete y Mari lograron explorar la zona y pasar desapercibidos: la coordinación exacta en los movimientos del cuerpo ciborg de Pete le permitía moverse en perfecto silencio, y Mari se limitaba a buscar pistas, oculta en la oscuridad. En un momento llegaron a una casa de mala reputación y encontraron una habitación llena de jóvenes retenidas. Luego de pensarlo un poco decidieron liberarlas además de buscar entre ellas a Ziggy; Mari las sacó a través de una ventana mientras Pete le cubría las espaldas desde lejos. La pelirroja trató de ocultar el rostro en todo momento para no asustarlas mientras buscaba a la desaparecida entre las chicas, sin encontrarla. Al salir la última, le preguntó si había más muchachas retenidas en esa casa. Ella le respondió que faltaba una que estaba en "la sala de entrenamiento". Mari se volvió a mirar a Pete y él esperó a que volvieran a quedarse solos. Luego se le acercó y sacó de un bolsillo de su sobretodo un puñado de cuchillas de las que usaba para tallar, la miró a los ojos y murmuró:

—Una vez me preguntaste quién soy en realidad. Soy capaz de hacer lo que creas que sea necesario en este caso. ¿Qué decides?

Mari bajó la vista mientras convertía su brazalete en un arma cortante de fulgor azulado cuya longitud alcanzaba casi un metro. Pensó un momento en que la posibilidad de tener que matar a alguien existía, y finalmente hizo un gesto a Pete para indicarle que entraran por la ventana; él la siguió. La pelirroja caminó entre los pasillos, tumbando puertas de una patada y arrancando cortinas, mientras los presentes huían espantados; hasta llegar a un cuarto oculto bajo unas escaleras. Lo abrió destrozando la cerradura con su arma y dentro encontró a una mujer mayor temblando en una esquina, tres hombres y a una chica muy joven. Mari apoyó la punta de su arma en el piso por un momento y se recordó a sí misma la primera vez que no tuvo adónde ir. En ese instante, la mujer sacó una escopeta de detrás de un sillón y le disparó. Mari trató de esquivar el ataque, pero algunos perdigones le alcanzaron un brazo; y aunque no la hirieron realmente gracias al material selenita que conformaba su ropa, sí le provocaron bastante dolor. La mujer se disponía a disparar de nuevo cuando Pete le atravesó el corazón con una cuchilla, lanzándosela desde la puerta. Mari se había olvidado de los otros hombres hasta que comenzó a verlos caer, uno por uno. En un inicio no sabía por qué; luego notó que todos tenían una cuchilla clavada en alguna parte de la cabeza. Marzanna ocultó la mirada bajo el ala de su sombrero de mayordomo y pidió a Mari que sacara a la chica mientras él recuperaba sus cuchillas; no quería dejar evidencias. De esta forma dejó claro que tenía experiencia en ese tipo de trabajo. Minutos después, ambos se reunieron en un callejón cercano y ahí Pete lavó las cuchillas en un caño de agua roto mientras Mari decía totalmente nerviosa:

—La chica me juró que no le contaría a nadie sobre nosotros, pero... ¡se lo merecían! Silver sabrá evitar que nos relacionen con esto... ¿verdad? Todo estará bien. ¿Crees que afectamos el futuro?

—Silver no me ha enviado ningún mensaje diciéndome que hicimos algo fuera de lugar. De todas formas, ¿por qué te preocupas? Si se lo merecían, no deberías sentirte culpable. Mándame a la silla eléctrica si quieres. ¿A cuántas chicas habrán sometido antes? ¿Podíamos esperar a que las autoridades hicieran algo mientras seguían abusando de ella? Si no la sacábamos de ahí lo más pronto posible, hubiéramos sido cómplices por omisión. Y si no los neutralizábamos, luego nos habrían buscado a nosotros. Es como el dilema de Heinz, Mari. Un conflicto entre justicia y compasión.

Respondió Pete en forma sombría. Mari masculló:

—¿Alguna vez habías hecho esto antes? No me respondas si no quieres, pero dime con sinceridad: ¿realmente no sientes remordimientos ahora mismo?

Pete replicó:

—¿Le preguntarías lo mismo a un soldado luego de acribillar a sus enemigos en batalla? Si yo no hubiera llegado, ¿acaso los habrías matado tú?

Mari titubeó un momento y después dijo:

—Sí. Y eso es lo que más me mortifica. Estamos llenos de ira, tensión, resentimiento... No sé tus razones, pero conozco las mías. Yo tenía un buen futuro. Era la hija del abogado del pueblo y la mejor de mi clase.

—¿Eras una buena estudiante?

Preguntó Pete interrumpiéndola con curiosidad. Mari explicó:

—Me eligieron estudiante modelo dos años seguidos, hasta que... ya sabes. Ahora mi familia actúa como si estuviera muerta. No sé si realmente las rescatamos. Luego de lo que me pasó, quedé marcada para siempre, y puede que con ellas sea igual. ¿Qué puedo ser ahora? Solo sé sobrevivir; eso es lo único en que nunca he fallado.

Pete guardó sus cuchillas y dijo:

—¿Vas a permitir que los demás te digan quién eres? Tú eres aquello por lo que te esfuerzas y demuestras. Si la gente dice que eres una fracasada y tú lo aceptas, lo serás. Pero no culpes a los otros; fue tu decisión no contradecirlos. Y respecto a lo que dices de estar marcada: yo también cargué esa idea mucho tiempo. En algún punto tuve que decidir entre dejar que me definiera o seguir viviendo. No es una decisión que se toma de una sola vez.

Presa de la confusión y el nerviosismo del momento, Mari trató de buscar refugio en la cercanía que Pete le estaba ofreciendo. Pero su idea del cariño y su necesidad de afecto en ese instante la traicionaron: se abalanzó sobre él buscando un contacto que no era lo que necesitaba. Pete la tomó con cuidado de las muñecas y la apartó, diciéndole con calma pero con firmeza:

—No. Esto no es lo que te hace falta ahora mismo, y los dos lo sabemos.

Mari lo miró un momento sin hablar. Luego se echó a reír, extrañada de sí misma, y Pete rió también.

—Podríamos ser amigos —dijo él—. No del tipo de amigos que se lo deben todo, sino del tipo que puede verse a los ojos aun sabiendo las cosas que el otro hizo y es capaz de hacer. Ambos estamos cansados. Tenemos mucho que olvidar. Una vida sencilla en un pueblo tranquilo, con gente confiable, es lo único que anhelo ahora.

Mari se limpió la cara con el dorso de la mano y asintió.

 

Mientras tanto, Silver era ya el único que seguía buscando a Ziggy, puesto que Aureus estaba fuera de combate, Bloo había tenido que sacarlo de la zona, y Mari y Pete tardaron en reunirse con el grupo. Todo el esfuerzo por encontrar a la chica desaparecida parecía inútil hasta que Silver vio a una joven vendedora de cigarrillos vistiendo uno de los delicados accesorios rosa de Ziggy. Inmediatamente le preguntó dónde había conseguido ese adorno y ella huyó corriendo. La persiguió hasta llegar a un callejón sin pavimentar donde solo había dos casas, y una de ellas era la vieja vivienda que el alcalde le había donado a Umbra para que no deambulara por las calles. El demente se bamboleaba en el pórtico de su residencia, mirando al visitante mientras cantaba el jingle con que en el futuro se publicitarían los robots viajeros de la prestigiosa casa Silverlight:

—¡Es un auténtico Silverlight!, ¡con la eficiencia y elegancia de siempre!

Silver lo ignoró y se asomó a la casa del frente. Una vieja salió a recibirlo entre insultos, negándose a decir dónde estaba la chica de los cigarrillos; quien apareció de nuevo con su regordete padre armado con un azadón. El hombre trató de atacar a Silver y él lo esquivó sin pestañear siquiera, arrebatándole la herramienta con una mano y levantándolo del cuello con la otra. El hombre tragó saliva y murmuró, señalando a Umbra:

—Él la mató. Nosotros solo tomamos el bolso que dejó tirado frente a su casa.

El hombre de negro no lo liberó, lo arrastró del cuello hasta Umbra y preguntó secamente:

—¿Dónde está el cuerpo?

Umbra se echó a reír y el hombre del azadón negó saberlo. Silver lo arrastró por toda la nauseabunda casa buscando pistas sobre el paradero de la chica, sin encontrar nada. Luego volvió a levantar al hombre estrellándolo contra una pared y lo amenazó:

—Si usted me está mintiendo, será su cuerpo el que nunca más sea encontrado.

—¡Se lo juro! La pandilla intentó secuestrarla en un inicio, pero él se la robó y la metió a su casa. La oímos gritar toda la noche; sus lamentos fueron apagándose hasta desaparecer, y al día siguiente recogimos el bolso del frente de la casa. La pandilla la dio por muerta, pero siguieron cobrando el rescate, y nosotros mejor no nos metimos en el asunto.

Balbuceó el hombre. Silver lo lanzó contra el piso con tanta fuerza que lo desmayó. Entonces vio algo extraño: un gran armario que había sido movido hacía poco, a juzgar por el rastro que había dejado a su paso entre los desechos que cubrían el suelo. Lo apartó rápidamente y detrás encontró una amplia sección de la pared cubierta con cinta adhesiva. Golpeó la superficie y al oír un sonido hueco la derribó de una sola patada. Dentro yacía Ziggy, sucia, atada y aparentemente muerta. Pero entonces abrió los ojos y sonrió al reconocer a Silver. El hombre de negro la sacó en brazos y la llevó a su casa paterna mientras ella luchaba por mantenerse despierta. Entró sin responder a las preguntas que le hacían, depositó a Ziggy en un sofá, sacó su arma y con rapidez maquinal disparó a los padres y al hermano mayor justo en la frente, haciendo que todos cayeran desmayados. Eros ya estaba neutralizado, los padres inconscientes, y solo le faltaba Ziggy. Puso el cañón del arma sobre la frente de la muchacha y disparó, pero entonces un resplandor azulado la envolvió y la bala que contenía el aparato que debía implantarle rebotó sobre su piel. Ziggy entreabrió los ojos y murmuró:

—Sé que lo haces por una buena razón; lo presiento. Te ayudaré. Pero antes dime algo: ¿has oído la historia de mi madre y el platillo volador? Solo quiero saber si es verdad. Si es cierto que hay hombres que no nacieron en la Tierra. Quiero saber toda la verdad, sin importar qué tan descabellada sea.

El SL30 la miró sin lograr comprender por qué estaba sucediendo eso. Sin previo aviso, la besó mientras ella simplemente se dejaba llevar; como una niña, como si ya supiera que esa era la forma en que los robots SL tomaban muestras de ADN y las examinaban. Después, Silver respondió fríamente:

—El cincuenta por ciento de tus genes no son Homo sapiens. Tu verdadero padre es un selenita.

Luego se sentó a su lado y comenzó a explicarle en qué consistía su misión y por qué había decidido llevarla a cabo. Al terminar, la propia Ziggy le pidió que la neutralizara y Silver lo hizo, sintiendo que había algún error en el proceso que estaba ejecutando, aunque sabía que realmente no había tal. Su mente robótica no conoció el nombre de la compasión hasta esa noche. Al salir el sol, Ziggy y su familia despertaron confusos por el ruido de varias sirenas de policía, mientras el detective Light explicaba lo supuestamente sucedido a sus colegas: que Ziggy estaba secuestrada por un novio abusivo, pero logró escapar. Unos paramédicos llegaron a revisarla y luego la dejaron sentada, envuelta en una manta; en un punto Silver se le acercó lo suficiente para que ella le tomara una muñeca y le dijera en voz muy baja, mientras los demás los ignoraban entre el bullicio de reporteros, vecinos curiosos y policías haciendo preguntas:

—Sé que no fue un sueño, SL30. Pero también sé guardar secretos.

Incapaz de formular una respuesta a las palabras de la muchacha, Silver la miró fijamente y luego se alejó en silencio.

 

Poco después, "la familia" supo que todo había sucedido a raíz del error de Ziggy al escapar de su casa para buscar a Aureus; información que los supervisores de Prometheus obtuvieron, aunque inexacta. Los pandilleros la vieron esa noche, pensaron que les daría dinero fácil, pero todo se les complicó cuando el loco Umbra les hurtó la presa. Fue así como la llevó a su casa y se sorprendió por la amabilidad de la joven, pero en su delirio imaginó que para protegerla de los secuestradores debía emparedarla viva. No se levantaron cargos contra Umbra ya que era un enfermo mental, pero lo confinaron a un asilo psiquiátrico por seguridad. La salud de Ziggy estuvo fuera de peligro en poco tiempo y toda la calle frente al hospital del pueblo se llenó de ofrendas florales, osos de felpa y cartas deseándole que se mejorara pronto. Un enorme retrato suyo rodeado de velas se colocó ante la iglesia para que los vecinos fueran a rogar por su pronta recuperación; de repente todos eran sus más cercanos amigos y daban entrevistas sobre esto. Las noticias también mencionaron el macabro hallazgo de varios cuerpos en un arroyo cercano, pero misteriosamente no se hicieron mayores averiguaciones del asunto. Aureus probablemente ni siquiera se enteró de todo lo sucedido luego de lastimarse su preciada hombría, pero estaba feliz ya que Bloo comenzó a ser más condescendiente con él. Bloo de hecho ideó ponerle el viejo sombrero puntiagudo de su madre, con que disfrazaban a Lini, y un abrigo raído olvidado por un jardinero que llegó a cenar al café para disfrazarlo como un campesino y así darle un poco más de libertad. La solución no fue tan buena como ella esperaba. Aureus aceptó usar las prendas, pero las mezcló con lo que él consideraba "bonito", esto era cualquier cosa de colores chillantes; así pasó de ser un escalofriante ser andrógino similar a un alienígena, a ser un escalofriante ser andrógino similar a un duende-espantapájaros-loco-alienígena; por lo que Bloo siguió ocultándolo de los vecinos, aunque le permitía salir así con ella para vagar por la montaña.

La reacción de Silver ante todo lo sucedido a causa de Siegfred fue la más extraña. Fue al hospital acompañado por Bloo, solo para pedirle a Ziggy que por favor no volviera a poner un pie en su casa. La chica aceptó con lágrimas en los ojos y pidió disculpas por su actitud. Luego tomó la mano de Silver y la besó agradecida, diciendo:

—Realmente, casi no hemos intercambiado palabras, Silver, pero has sido lo más parecido que he tenido a un verdadero amigo. Me has salvado la vida. No lloro por tu prohibición. Solo me entristece haberte decepcionado.

Por primera vez en su "vida", el soporte lógico de Silver le indicó que en ese preciso momento y con esa determinada persona era necesario el contacto físico y no una respuesta verbal. Se acercó a ella, la abrazó unos segundos, luego la soltó y se fue en silencio. Siegfred lo vio irse cubriéndose la boca para ahogar el llanto. Bloo tuvo que correr para alcanzarlo y mientras lo hacía deseó haber metido a Ziggy de regreso al agujero de donde la rescató su adorado hombre artificial.

 


 

Padre

 

 

Con el tiempo, el reencuentro de Bloo con Aureus tomó un giro inesperado. Poco a poco ambos comenzaron a congeniar debido al carácter inmaduro del selenita y a que la propia Bloo también era bastante infantil. Ella no tardó mucho en deducir que el famoso duende que buscaba con tanto ahínco siempre había sido Aureus IV, vestido andrajosamente con el sombrero de Nana, merodeando los alrededores de un manantial perdido en los bosques que no era otra cosa que su guarida. Resolver el misterio la decepcionó un poco, pero aún tenía razones para seguir metiéndose entre los matorrales: no podía dejar al selenita suelto y sin supervisión. Las travesuras de Aureus hacia los lugareños iban desde juegos tontos de escondite hasta trampas verdaderamente malévolas que inducían a la gente a perderse en el bosque. Aparentemente no tenía ninguna compasión por sus víctimas, y Bloo sabía que era debido a que estaba casi completamente loco a causa de su pasado, por lo que no podía culparlo realmente de su conducta. Cada tarde iba tras él con la excusa de cuidar que sus juegos retorcidos no se pasaran del límite, aunque en realidad ella también disfrutaba de las correrías en el bosque. Gracias a esto estaba recuperando su niñez truncada por el encuentro con Silver, y comenzó a ver al selenita ya no como a un monstruo temible sino como un simple chico inquieto con el que se divertía vagando por su sitio favorito.

Mari estaba más tranquila desde que Aureus dejó en paz a los camioneros, pero le preocupaba que pasara tanto tiempo a solas con Bloo. Ella y Silver sabían que el selenita no era tan caótico en sus actos como pretendía ser: había hecho renacer a Bloo y no impidió que el SL30 la convirtiera en ciborg, muy probablemente porque el nuevo cuerpo fuerte y resistente de la muchacha le garantizaría que el hijo perdido pudiera ser engendrado nuevamente con toda seguridad. Él solo tenía que esperar el momento exacto. Silver y Mari conocían esa posibilidad, aunque no la tomaban muy en serio ya que Bloo y Aureus no mostraban ninguna conducta que sugiriera algo más que una amistad torpe e infantil. Solo eran un par de idiotas correteando entre los matorrales. Sin embargo, nadie salvo Aureus sabía cuándo llegaría ese momento, y no había forma de predecirlo.

Así pasó un mes de relativa calma hasta una tarde fría y lluviosa en la que Aureus y Bloo no se animaron a salir al bosque, sino que se quedaron jugando a las cartas acurrucados junto al fuego de la hoguera mientras Silver los vigilaba discretamente sentado en un sillón, fingiendo que leía un periódico local. Mari se aburría esperando clientes y se quejaba de los demás por no preocuparse por el café, cuando respondió a una llamada que le devolvió el buen humor de golpe. Era Pete, avisándole que llegaría a verla y que tenía que pedirle algo muy especial. Fue corriendo a su habitación y regresó en poco tiempo, ligeramente maquillada y con ropa más cuidada que de costumbre. Cerró el café y pidió a los demás que se fueran de la sala de estar para poder atender la visita a solas; pero Aureus tenía frío y se negó a alejarse del fuego, Bloo quería seguir jugando con él, y Silver no estaba dispuesto a dejarlos solos. De modo que nadie se movió y Mari comenzó un griterío que terminó cuando alguien tocó a la puerta. Adoptó de golpe una actitud dulce y femenina mientras corría a abrir, pero la escena idílica terminó cuando encontró a Ziggy agitando una mano para saludarla con una amplia sonrisa. Tras el primer impacto vio a Pete como nunca se lo hubiera imaginado: vestido en traje de negocios con el cabello recogido sobre la nuca y sin ninguno de sus aretes, lucía casi exactamente igual a Silver. Luego de un breve saludo, Ziggy notó que Silver, Bloo y Aureus estaban incómodos por su presencia, por lo que Pete procedió a explicar mientras se desataba el cabello y la corbata y volvía a ponerse la docena de aretes que se repartía entre una ceja y las orejas:

—Tengo una buena noticia. Acabo de cerrar un negocio muy importante con una compañía. Será un trabajo un poco pesado modelando unas piezas para ensamblaje, pero está bastante mejor remunerado que ser empleado de funeraria.

Silver opinó:

—No comprendo su interés por conseguir empleo en este pequeño pueblo. Sus esfuerzos son innecesarios. Supe que usted es el hijo mayor de un petrolero con una cuenta bancaria de quince mil millones de dólares.

El resto de los presentes, a excepción de Aureus que bailoteaba en una esquina perdido en su mundo, miraron a Pete con la boca abierta. Mari de hecho parecía verlo con nuevos ojos. Pete alzó la vista al cielo y explicó:

—Más allá del dinero, el hombre tiene necesidad de logro propio. Y mi padre casi me desheredó luego de que me arrestaran por el asunto de los asesinatos. Además, este es un trabajo interesante: un proyecto innovador que combina el arte, la tecnología y lo experimental. Verán, esta compañía produce figuras articuladas de altísima fidelidad; algo así como esculturas que imitan el cuerpo humano de la forma más perfecta posible, incluso usando partes electrónicas para simular el calor y el movimiento de un cuerpo vivo. Yo me encargaré de esculpir los modelos, confeccionar las piezas y prepararlas para ensamblaje en fábrica. Cada pieza vale una pequeña fortuna.

Mari se rascó la cabeza y dijo:

—Me suena a algo importado directamente de "Aureuslandia".

Entonces Bloo observó:

—Creo que Pete es la conexión entre el verdadero Silverlight y este pueblo. Es parecido físicamente a él y trabajará con lo que puede ser un precedente lejano de lo que serán los androides como el SL30. Quizás tu nuevo trabajo influya en el futuro hijo que con el tiempo se convertirá en el padre de la robótica lunar.

Guardándose la corbata en un bolsillo, Pete se rió:

—¿Es decir que soy el papá de Silver? Me parece genial; se ve muy formal y todo.

Silver objetó:

—No sabemos si Marzanna realmente pudo escapar de la Luna y llegar a este pueblo en la historia original, ni si logró dejar descendencia. Sin embargo, su parecido físico con Alloy Silverlight y su conexión con los robots humanoides son demasiado obvias para ser una coincidencia.

Entonces Siegfred se atrevió a decir con timidez:

—Quizás tú tampoco eras parte de esa historia original, Silver. Quizás hay muchas cosas sobre nosotros mismos que ahora ignoramos. No sé por qué, pero creo que todos en esta sala estamos conectados de alguna forma. Esa es la razón por la que estoy aquí, por la que le rogué a mi hermano que le pidiera a Pete que me diera un empleo como su asistente. Quiero estar cerca de ustedes.

Todos la miraron sin saber qué responder hasta que Mari protestó:

—No me gusta que esta chica pase metida en tu casa, Pete. Y, a decir verdad, lo que realmente me molesta es que no hayas pensado antes en mí como tu ayudante.

Luego se sentó en un sillón cruzada de brazos. Pete se apoyó en el respaldo del mueble y le dijo, besándole la frente:

—Tú eres la musa de este pobre artista; cada forma que esculpa estará inspirada en ti. No me molesta que otros admiren las copias mientras yo tenga siempre el original. Y sobre mi nueva ayudante, no te preocupes: soy un caballero, y además la señorita está comprometida en matrimonio.

El resto de los presentes miró a Ziggy con sorpresa, a excepción de Aureus que seguía bailoteando en su rincón. Mari exclamó:

—¡En hora buena! Cuéntanos quién es el afortunado. ¿Cómo lo conociste?

Siegfred se cubrió las mejillas con las manos, avergonzada de estar sonrojada, y respondió:

—Tuve mucha suerte. No sabía casi nada del amor; luego de que Aureus me rechazara, intenté olvidarlo acercándome a Umbra, y los resultados fueron terribles. Entonces me di cuenta de que debía abandonar la idea de tener un romance con un Homo cosmos. Desde entonces comencé a pensar en intentarlo con un Sapiens. Una tarde acompañé a mi madre a visitar a una amiga y me presentaron a un señor muy serio. Luego su madre me pidió que lo visitara alguna vez, varias personas también me aconsejaron, y... bueno, nos vamos a casar. Él es el dueño de la tienda de informática del pueblo. Se llama Norman.

Todos guardaron silencio hasta que Aureus dijo con indiferencia:

—Ya sé quién es tu novio, y quién será. Te abandonará en cuanto dejes de ser una novedad, pues es un mujeriego empedernido y padre de más de algún hijo que jamás reconoció. Para colmo también será miembro de Alma Colectiva. ¡Vaya elección; eres idiota perdida!

Al terminar de hablar, volvió a su bailoteo con otra de sus risitas maliciosas. Pero lo que no se imaginaba era que su actitud iba a encender la ira de Ziggy, que aún no sanaba las heridas causadas por su desprecio. La jovencita rubia se levantó y fue directo a él para darle un puñetazo con todas sus fuerzas, a la vez que varios objetos de cristal en la habitación estallaban. Luego dijo:

—Mientes. Y si no mientes eres estúpido, o demasiado cruel. Si Norman tiene un hijo, lo adoptaré como mi primogénito. No me importa lo que haya hecho en el pasado, ya que ahora está conmigo. Y si es un miembro de Alma Colectiva...

Se calmó un poco y siguió, con una resignación tranquila:

—Si lo es, entonces no importa. Yo no soy como tú, Aureus. Prefiero que mi destino sea la soledad antes que el destino de la humanidad entera sea la extinción. Silver... si es necesario que lo neutralicen, háganlo. Pero por favor investíguenlo muy bien antes de decidir tal cosa.

El SL30 se levantó de su asiento y dijo fríamente mientras se dirigía a su despacho:

—Te prometo que en esta misión pondré todo mi esmero y no actuaré hasta convencerte totalmente de que mi objetivo es el correcto.

 

En los siguientes días Silver descubrió que los recuerdos de Aureus parecían acertados. El sospechoso, un informático flaco y algo calvo de casi cuarenta años, no solo había tenido un hijo fuera del matrimonio; en realidad era el presunto padre de al menos otros veinte niños que jamás reconoció como suyos. Aparte de eso, el hombre aparentaba ser bastante normal y hasta algo aburrido. Norman tenía un negocio propio que no daba lo suficiente para vivir, pero no era un problema para él ya que sus padres se ocupaban de darle casa y comida. Era cliente frecuente de los prostíbulos de la zona y también tenía problemas con el alcohol, cosa que atribuía a una tristeza crónica debida a su soledad. Desde que se graduó de la escuela hacía un poco de dinero extra dando clases particulares de matemáticas, y fue en ese punto que Silver detectó algo perturbador: Norman únicamente aceptaba dar clases a jovencitas, todas ellas hijas de madres solteras, y además exigía que lo dejaran a solas con las chicas para mejorar la atención. Las madres no veían nada raro en la petición ya que lo consideraban muy serio y paternal. Ahondando en sus pesquisas, Silver encontró apasionados poemas de amor escritos en papeles tirados en la basura de Norman; dedicados a nombres que correspondían a los de algunas de sus clientas. También descubrió que jugaba con los sentimientos de al menos seis muchachas inexpertas a la vez, prometiéndoles un amor puro y paternal que no era más que un anzuelo. Si alguna chica le reclamaba por su infidelidad o quería poner distancia, podía llegar a amenazarla, acusándola de ser cruel con un hombre que tenía una vida tan triste y solitaria. Táctica que, para sorpresa de Silver, funcionaba en todos los casos.

Con esa información, se reunió con Bloo, Aureus, Mari, Pete y Ziggy en la torre del reloj de la vieja iglesia del pueblo, desde la cual podían divisar la casa del sospechoso. Ahí les comunicó sus hallazgos y planes. El primero en reaccionar fue Pete, con indignación:

—Un hombre que manipula y amenaza a las jóvenes que lo buscan con buena fe. Si lo neutralizamos le haremos un favor a esta comunidad.

Mari dijo entre en broma y en serio mientras encendía un cigarrillo:

—¿Seguro que no hiciste nada raro antes de mudarte al pueblo?

—Nada que un fiscal pudiera comprobar.

Respondió Pete robándole el cigarrillo. Aureus dijo, agazapado cerca de Bloo:

—Realmente podríamos ir y matarlo. Si voy yo, nadie sabrá quién lo hizo.

Silver replicó:

—No mataremos a nadie; mucho menos a un hombre respetado por su comunidad. Atraeríamos demasiada atención. Ninguna chica se ha quejado en público de la conducta del sospechoso; de hecho, dicen que les brinda la figura paterna que les hace falta y lo adoran. Luego de varios fracasos debemos volvernos más organizados. La petición de Ziggy me ha hecho pensar en el riesgo de alterar el destino más de lo estrictamente necesario si neutralizamos a personas que no están plenamente confirmadas. Es peligroso. Debemos actuar solo sobre los sujetos que sean comprobados como futuros miembros de Alma Colectiva.

Entonces Bloo comentó:

—Lini a menudo soñaba con un padre que, visto a través de un caleidoscopio, revelaba su naturaleza monstruosa. Puede que sea él, pero hay que actuar con cautela. Después de todo, ¿abandonar a un hijo será tan malo? Yo crecí sin mis padres.

De repente Aureus se puso de pie y habló con una seriedad extraña en él:

—Que un hombre pueda dormir en paz sin saber si sus hijos están seguros o no... eso sí es terrible.

La chica se quedó confundida por la respuesta del selenita, y Silver dijo lentamente, como sin ganas de admitirlo:

—En esta ocasión estoy de acuerdo con Selenita, aunque debo recalcar que su amor paternal no nace de la moral sino del instinto. Ahora bien, estamos casi seguros de que Norman es el objetivo correcto, pero haremos las cosas aún más seguras. Siegfred, necesito que le lleves un regalo decorativo a tu novio y le pidas que lo cuelgue en el centro de su casa. Bloo, usaremos el mismo método de acercamiento que se aplicó con el club de lectura. Ve a buscar tu viejo uniforme escolar.

 

El plan de Silver era simple: volvió a matricular a Bloo en la escuela del pueblo para pedirle al sospechoso que le diera clases particulares y así ponerla al día con los estudios. De ese modo avanzaba con su misión y hacía algo que por mucho tiempo había tenido pensado: reanudar la educación de Bloo. La jovencita morena no estaba contenta con la idea, odiaba ser una carnada y odiaba aún más ir a la escuela. Tampoco Aureus estaba tranquilo con la situación. Comenzó a seguir a Bloo sin dejarse ver por los demás, pero haciéndole saber a ella que la estaba vigilando valiéndose de lanzarle piedrecillas, terrones de tierra y, a veces, hasta ladrillos. Bloo soportó todo pacientemente ya que Silver no estaba dispuesto a consentir que abandonara nuevamente sus estudios; la necesitaba ahí para atraer al objetivo. Y el cebo funcionó. En poco tiempo Norman notó el nuevo rostro en la escuela, que solía merodear a la hora de salida para recoger a Ziggy, y le dio su tarjeta a Bloo. Silver lo llamó esa misma tarde para contratar sus servicios, y dos días después Norman llegó y se entrevistó con él. Al descubrir que Bloo estaba casada se molestó un poco, pero echó un vistazo a la joven morena y aceptó el trabajo de todas formas. Al día siguiente llegó a la hora acordada y pidió quedarse a solas con Bloo para estudiar, como era su costumbre. Silver les indicó que se acomodaran en la sala de estar frente al patio interno y los dejó solos. Al inicio todo fueron conceptos y ejercicios matemáticos hasta que él dijo:

—Eres lenta con los números, pero todo se aprende. Tu marido parece un hombre muy reprimido; tanta seriedad debe ser difícil de sobrellevar.

Bloo lo miró sin comprender y respondió:

—Cocina bien y sirve bastante en cada plato.

El hombre se rio y le dijo, acariciándole una mano:

—¿Estamos hablando de lo mismo...?

Observando desde una cámara oculta en una vieja araña de cristal del techo, Silver comenzó a preparar su arma, casi seguro de que en unos momentos tendría la prueba necesaria para neutralizar al sospechoso con la aprobación de Siegfred. Pero entonces una torta de tierra se estrelló en el rostro de Bloo y Norman logró divisar una silueta escondiéndose entre el follaje del patio: el delicado contorno de unas largas piernas y cabellos dorados. El sospechoso se quedó embelesado un momento y luego retomó las clases como si nada. Cuando se despedía de Silver le comentó:

—Había escuchado que usted tenía una hija "especial". Creí por un momento que era hija de usted y Bloo, pero veo que debe venir de una relación pasada. Es una rubia maravillosa, aunque tímida y traviesa. Espero me salude la próxima vez.

 

La intromisión de Aureus entorpeció toda la misión. Desde entonces Norman parecía distraído cuando daba clases a Bloo y se dedicaba a mirar todo el tiempo al patio con la esperanza de ver otra vez a "la rubia tímida y traviesa". Silver riñó largamente al selenita por su error, y a la mitad de una de sus largas discusiones escuchó a una mujer desconocida tocando a una ventana y llamando a "Lini". Silver y Aureus se quedaron un momento confundidos; luego el hombre de negro dedujo que esa mujer pensaba que Lini era Aureus y quería hablar con ella, lo cual podría relacionarse con la misión. Silver tomó al selenita del cuello con su fuerza sobrehumana y lo asomó a la ventana cubriéndole la cara con el sombrero y una bufanda, usándolo como un títere viviente mientras imitaba su voz con una perfección digna de la máquina que era:

—¿Quién está ahí? ¿Vende caramelos?

La voz de la mujer, una vieja, dijo riendo:

—Soy una amiga; he venido para aconsejarte.

Silver se asomó un poco por detrás de Aureus y reconoció a la madre de uno de los muchos hijos no reconocidos de Norman. Continuó la plática convencido de que estaba por descubrir algo importante:

—Bien, amo los consejos. Dime.

La mujer comenzó a hablarle de Norman como de un hombre muy generoso que le compraría todos los caramelos que quisiera. A cambio solo tendría que acompañarlo a su casa y dejar que le enseñara ciertas cosas. Le pidió a "Lini" que llegara al día siguiente por la tarde, sola, y que no le contara a nadie o no sería divertido. Satisfecho con la información, Silver apartó al selenita y se asomó a la ventana. Le disparó a la mujer en la frente con su arma de control mental, le ordenó que volviera a casa y olvidara todo, y ella obedeció en silencio. Luego se volvió a mirar a Aureus, que seguía en el piso aún adolorido, adoptó una de sus poses de maniquí y sonrió en señal de éxito ante el repudio del selenita.

Esa noche volvieron a reunirse Silver, Bloo y Aureus en la torre del reloj para planear qué hacer. Bloo opinó mientras se hacía sonar los nudillos y Aureus dormitaba en su regazo:

—Vamos a encontrarlo por sorpresa y lo neutralizamos. Con este último suceso tenemos evidencia suficiente para actuar sin temor a equivocarnos.

Silver replicó con su frialdad habitual:

—Puede ser que la mujer solo haya intentado sabotear el futuro matrimonio de Siegfred creando un escándalo. Las personas hacen ese tipo de cosas por celos, y ella tiene un hijo del sospechoso. Podría ser que, al verse solo con una joven, el sospechoso no haga nada inadecuado. En tal caso nosotros terminaríamos siendo los villanos.

Aureus preguntó, acomodándose en las piernas de Bloo:

—Entonces, ¿cuál es el plan para la visita de mañana?

El hombre artificial adoptó una de sus poses de maniquí y pensó.

 

La hora de la cita con Norman llegó. Ziggy estaba informada de todos los acontecimientos y avisó a su prometido que no podría ir a visitarlo esa tarde. Silver lo espiaba desde la cámara oculta en una pintura obsequiada por la novia del sospechoso, colgada en su sala de estar, donde él se paseaba nerviosamente hasta que llamaron a su puerta. Era Bloo. Norman la invitó a pasar de mala gana y, ya sentada en un sofá, ella le contó:

—Lini me dijo que usted la había citado este día; sin embargo, al final decidió no acudir ya que prefirió irse a jugar sola a la parte encantada del bosque.

Norman no respondió, encogiéndose en un sillón mientras se mordía las uñas, y entonces Bloo tragó saliva y soltó el anzuelo:

—¿Recuerda que usted me dijo que podíamos hablar de... cosas íntimas?

El sospechoso guardó silencio otra vez y Silver esperó atentamente desde su despacho, mirando y escuchando todo en una de sus pantallas holográficas. A su lado estaba también Ziggy, ansiosa por la respuesta de su novio. Norman se estiró lentamente como un reptil, miró a Bloo con una expresión extraña y dijo:

—Tú eres amiga de mi prometida. No te me insinúes; es vulgar. Vuelve a tu casa.

Ziggy sonrió y Silver ordenó telepáticamente a Bloo que regresara. Luego dijo a Ziggy:

—Ve por tus padres y pídeles que te acompañen esta noche a visitar a tu prometido. Si no lo encuentran en casa, pregúntenle a sus padres dónde está y búscalo acompañada de todos. Estará en peligro de muerte.

La muchacha lo miró sin comprender nada, pero hizo lo que le pedía.

 

Poco después, en la parte más espesa del bosque, Norman corría entre luciérnagas y arabescos dibujados por rayos de luna en la niebla. Iba tras una risita traviesa que lo había atormentado en sueños: una figura delicada y grácil que corría, se ocultaba, y cuando estaba a punto de alcanzarla volvía a correr dándole tiempo justo para no perderle la pista. Al principio parecía un juego; pero conforme el hombre advirtió que estaban verdaderamente solos en el bosque, su actitud cambió. Finalmente logró acorralar a la figura en un estrecho claro, le arrancó el sombrero, y entonces se quedó paralizado. Creyó ver el rostro más bello que pudiera haber imaginado. Pero antes de que pudiera acercarse, la figura habló con la voz fría y precisa del SL30, materializando un arma en la mano:

—No gracias. Me gusta ser un robot.

Silver se puso de pie mientras recuperaba su apariencia real, envolviéndose en un brillo enceguecedor, ante la mirada de Bloo que se esforzaba por mantener inmóvil a Aureus tapándole la boca con una mano. Cuando finalmente lo liberó, el selenita se deslizó con movimientos felinos hasta el hombre inconsciente y dijo con una mirada siniestra:

—Hay que matarlo. Seguro cambiará la historia para mejor.

Silver lo apartó de un manotazo, levantó a Norman y se lo echó al hombro, dirigiéndose de regreso al pueblo mientras decía:

—He dicho que no mataremos a nadie. Soy el supuesto padre de esta supuesta familia. Creo que eso me hace el líder, Selenita. Así que obedece.

Por un momento, Bloo tuvo una sensación extraña. Pero fue rápidamente distraída por Aureus, que le lanzó una roca directo al rostro para que le pusiera atención mientras le decía que los siguiera si no quería quedarse atrás.

 

Norman fue encontrado por su familia tirado a la orilla de una calle y fue llevado a un hospital, donde lo trataron como si lo hubiera arrollado un vehículo. Las radiografías detectaron una leve lesión en el cráneo, pero nada que realmente pusiera su vida en peligro. Ante las pruebas de la conducta deshonesta del sospechoso presentadas por Silver, Ziggy decidió romper su compromiso con el hombre, quien reaccionó con indiferencia. Norman nunca volvió a ser el mismo luego de su presunto accidente.

Para sobreponerse más rápido de esa nueva decepción, Ziggy se volcó en su trabajo como asistente de Pete para pasar el mayor tiempo posible ocupada y lejos de sus parientes y amigos, que no lograban comprender por qué había roto de pronto su compromiso con un caballero tan decente. Bloo sintió pena por la mala suerte de la joven rubia y se volvió más unida a ella en la escuela, yendo a ayudarle los fines de semana en el trabajo con Pete. En uno de esos días en que ayudaba a Ziggy a encontrar un viejo portafolio lleno de bocetos e ilustraciones que Pete había perdido desde que se mudó, dejó caer un fajo de fotografías que el artista recogió y se puso a mirar con nostalgia. En una de tantas imágenes vio algo que lo hizo chasquear los dedos y exclamar:

—¡Lo he recordado! Mira, Bloo, de aquí es de donde te recuerdo. Fue mi primer trabajo serio; ganó un premio hace tres años. Era exactamente igual a ti.

La chica se acercó intrigada y vio una fotografía en la que Pete posaba junto a una hermosa estatua de bronce a tamaño natural de una muchacha idéntica a ella. Bloo le arrebató la fotografía y preguntó:

—¿Dónde está esa escultura ahora? ¿Alguien te la compró? ¿Recuerdas quién fue?

Pete se llevó una mano al mentón, pensando, y respondió:

—La vendí poco después de haberla terminado y no recuerdo el nombre del comprador; creo que era un coleccionista extranjero. Es extraño; a veces la escultura suele reaparecer en mis sueños. Creo haberla visto en la Luna, casi siempre asociada con la pequeña Lini. Me parece que le gustaba mucho contemplarla y jugar cerca de ella.

Esa noche, Bloo volvió a casa alterada, haciendo que las luces de la casa titilaran a su paso y evitando encontrarse con Aureus o Silver. Tomó a Mari de un brazo y la llevó a la calle para decirle al oído:

—Sospecho que hay micrófonos y cámaras por toda la casa, y espero no haya más escondidos en nosotras mismas. Necesito pedirte un favor. ¿Todavía tienes los aparatos del futuro que pertenecieron a Adámas?

Mari respondió afirmativamente mientras la veía ya preocupada, y Bloo agregó:

—Ayúdame a contactarme con el rey Aureus III y acompáñame al futuro, a la Luna. Necesito saber urgentemente qué ha sucedido con Lini. Creo... que de alguna forma tu novio Pete es mi padre.

 


 

Niño

 

 

Luego de tener éxito en su última misión, Silver y "su familia" tomaron un momento para relajarse y mezclarse nuevamente entre la gente del pueblo. El SL30 incluso comenzó a visitar algunos bares para tomar una copa y experimentar la vida humana, aunque eso significaría tragar las bebidas y luego extraerlas intactas de su cuerpo por un orificio en el ombligo. Durante esas solitarias aventuras nocturnas acabó en un club donde una de las bailarinas se interesó especialmente en él. Luego de un rato de charla superficial, la acompañó a su camerino. Una vez ahí, la mujer comenzó a besarlo con entusiasmo, mientras él parecía corresponder con su habitual frialdad clínica; hasta que se detuvo y dijo con seriedad:

—Está infectada con clamidia y virus del papiloma humano. Solicite tratamiento médico; no es recomendable continuar con esta actividad.

La mujer le respondió con una bofetada y Silver salió del camerino con indiferencia. Fue a una terraza, sacó un cigarrillo y comenzó a fumarlo solo para verse más humano, ya que no le producía ninguna sensación. Había descubierto que, aunque le era físicamente imposible conocer el placer sensorial, podía experimentar algo parecido a las emociones que quizás algún día lo llevarían a alcanzar alguna satisfacción de naturaleza distinta. Estaba comenzando a darle un significado a la información obtenida por sus sentidos robóticos, aunque aún eran interpretaciones muy rudimentarias. Las texturas, los aromas y los colores eran clasificados como agradables si le recordaban de alguna forma a Bloo. En cambio, todo lo que asociaba con Aureus lo consideraba feo o molesto. Secretamente envidiaba al selenita porque le sobraba lo que él no tenía: la ardiente pasión animal por la vida que lo impulsaba incluso a volverse peligroso. Cavilaba sobre estos asuntos cuando escuchó una siniestra risita que le pareció familiar, y al bajar la vista vio la figura espectral de Aureus escondida en la oscuridad, como un espantapájaros de pesadilla cuya horrible sonrisa brillaba por debajo del sombrero. El selenita estrujó algo entre sus manos y lo arrojó desde donde estaba, atinando justo entre los ojos de Silver, y luego se perdió entre la noche como un gato. El hombre artificial se reacomodó la nariz aplastada por el impacto y, una vez reparó su rostro, miró qué le había lanzado Aureus. Era una roca envuelta en un papel: específicamente un afiche anunciando el concierto de una joven estrella infantil. Silver inmediatamente recordó que otro de los personajes recurrentes en los sueños de Lini era un niño que caía al vacío para estrellarse finalmente con un gigantesco espejo. Dedujo que ese niño señalado por Aureus estaría relacionado con ese personaje y, por lo tanto, era el próximo objetivo.

 

Esa misma noche, Bloo y Mari habían aprovechado la ausencia de Silver para ir a casa de Ziggy a una supuesta pijamada; pero en realidad estaban tratando de hacer que ella les diera información acerca de los Homo cosmos, apelando a su mitad selenita. Por desgracia la jovencita rubia no podía recordar más que algunas vagas visiones de la Luna, y antes de que Mari perdiera la paciencia, sugirió:

—Mi tío Sennet es psicoanalista y sabe hipnotizar, al menos eso dice él. ¿Por qué no vamos a verlo mañana y le pedimos que me ayude a recordar "mis vidas pasadas"?

Mari la miró con los ojos entrecerrados y preguntó:

—¿Tu tío vive en el pueblo?

Ziggy asintió. Entonces Mari le ordenó que se vistiera y las llevara a casa de su tío inmediatamente. El tío Sennet era un hombre pintoresco: creía fervientemente en la reencarnación y era amante de ciertas plantas que guardaba celosamente en su jardín. De joven fue un rebelde hippie y tuvo fama de soñador; de viejo era conocido por ser sabio en temas extraños. Pero todos lo respetaban porque realmente era capaz de hacer algunas demostraciones de hipnotismo cuando estaba de ganas y tenía un voluntario influenciable, y en esos momentos Ziggy estaba suficientemente motivada para dejarse hipnotizar. El temor a los golpes de Mari era una buena razón. Las muchachas llegaron a la casa del anciano, a solo una calle de la de Ziggy, y le dijeron que necesitaban su ayuda para una especie de proyecto escolar acerca de las religiones orientales. El viejo Sennet aceptó encantado, aprovechando la ocasión para demostrarle a las jóvenes la existencia de las vidas pasadas, y comenzó a tratar de hipnotizar a su sobrina para que Bloo y Mari la entrevistaran. No fue una tarea fácil, por lo que el viejo pidió a las otras dos chicas que se alejaran un poco mientras él hablaba con la voluntaria y la tranquilizaba, induciéndola al estado hipnótico. Luego de un largo rato, Ziggy finalmente logró activar la parte de su corteza cerebral donde se almacenaba la información heredada de sus ancestros Homo cosmos nacidos en el futuro. Entonces Bloo pudo comenzar a hacer preguntas:

—¿Conoces la Luna?

Ziggy contestó con los ojos cerrados, tendida en un diván:

—Sí. Mi padre nació ahí.

Bloo continuó interrogándola, mientras el viejo Sennet escuchaba fascinado:

—Háblame de la Luna. ¿Quién la gobierna?

—El rey Aureus III.

—¿Existe una forma de comunicarse con él, siendo un ciudadano ordinario?

Ziggy respondió:

—Cualquiera puede hablar con el rey, aun los antisociales. Somos una sociedad civilizada donde no existe la violencia... no consentida. Basta con ir al palacio y pedir una audiencia con él. Nuestra sociedad es simplemente perfecta.

El tío Sennet hizo todavía más preguntas, sorprendido por la conexión de su sobrina con otra de sus pasiones: los extraterrestres, y atraído por la forma idílica en que la parte selenita de Ziggy describía lo que en realidad era un reino sórdido. Entonces Mari pidió terminar la sesión excusándose con lo tarde que era; no les convenía que más personas conocieran los secretos de "la familia". Volvieron las tres a casa de Ziggy y discutieron hasta la madrugada la posibilidad de visitar la Luna y dialogar con el rey. Corrían el riesgo de que alguien reconociera a Bloo como el ciborg involucrada en la misteriosa muerte de la madre de Lini, o que notaran que Mari era en realidad una Sapiens disfrazada de Cosmos; pero finalmente decidieron aventurarse ya que, pese a todo, contaban con la protección del hijo del rey. Si algo salía mal estaban dispuestas a pedir el auxilio de Aureus IV, todo con tal de saber qué había sucedido realmente con Lini; pues Bloo sospechaba que Silver les estaba ocultando algo terrible relacionado con la pequeña selenita.

Casi a las tres de la madrugada salieron todas rumbo a un prado a las afueras del pueblo, entre la bruma y el frío. Ahí, Mari por primera vez intentó usar el extraño brazalete lunar para viajar a través de los túneles del sistema Prometheus. Tomó su apariencia Cosmos y comenzó a tratar de imaginar cómo usar el artefacto. Sabía que debía controlarlo con la mente, pero le era casi imposible concentrarse en activarlo. Entonces Ziggy rogó:

—Déjenme conocer la Luna. Quiero ir con ustedes; puedo ser útil.

Bloo intentó explicarle:

—Es imposible llevarte. No es porque no queramos, es que tu cuerpo no está preparado para soportar un viaje a través de los túneles del tiempo.

—Quédate aquí, busca a Silver y a Aureus y distráelos con algo. Ahora, si solo supiera cómo usar esta cosa...

Gruñó Mari, y la respuesta de Ziggy fue una sonrisa. Cerró los ojos y comenzó a mover las manos como empujando suavemente el aire y juntándolo ante su pecho, formando una esfera. Al principio Mari y Bloo no entendían lo que hacía, hasta que comenzaron a ver una materia extraña condensándose entre las manos de la muchacha: un tenue halo eléctrico, casi imperceptible, que finalmente Ziggy colocó sobre el rostro de Mari diciendo: "ábrete". Al contacto con su piel, el misterioso orbe se desintegró entre miles de pequeños destellos y Mari sintió una calidez recorriéndole todo el cuerpo. Instantáneamente tuvo la capacidad de pensar con mayor claridad. Se frotó el rostro con un escalofrío y preguntó a Ziggy:

—¿Qué me hiciste?

—Es una psyball. Mi tío me enseñó a hacerlas para liberar mi energía usándola en algo útil. Si no lo hago de vez en cuando, rompo las ventanas al enojarme. A los Homo cosmos no los afectan mis psyballs —desgraciadamente lo averigüé cuando casi morí emparedada—, pero en los Homo sapiens sí funcionan. Si la hago muy grande lastima, pero una pequeña como esta te da fuerzas y te ayuda a pensar.

Las otras dos chicas la contemplaron con extrañeza, desconcertadas ante los misterios del universo, hasta que Mari dijo todavía con la mirada perdida en su estupor:

—Es increíble, pero no lo entiendo y ahora mismo me tiene sin cuidado.

Luego se enfocó en activar el artefacto del futuro, notando que ahora le parecía más fácil, y dijo:

—Creo que es algo intuitivo de usar. Probaré ahora. Igualmente tú no vas, Ziggy; vete a casa con el robot y el alienígena. Tú ponte tu ropa del futuro, Bloo. Cruza los dedos y vamos ya.

Tomó el brazalete transformable y lo convirtió en su arma; una especie de espada que lanzó al aire varias veces sin lograr que alcanzara una altura adecuada, haciendo que todas corrieran despavoridas en diferentes direcciones cuando el proyectil volvía a tierra. Finalmente, después de varios intentos, la lanzó con furia y comprendió que el recorrido del objeto podía dirigirse con la mente. El arma subió al cielo en una trayectoria vertical perfecta, luego cayó de nuevo en la mano de Mari convertida en un brazalete. Varias luces aparecieron en el cielo y se unieron en una sola, revelando la puerta al túnel de Prometheus. Ziggy se alejó sujetándose las faldas del vestido que se levantaban por el viento que hizo el haz de luz del túnel al tocar el piso, mientras Mari y Bloo entraban a la claridad tomadas de las manos con temor. En poco comenzaron a sentir que flotaban y de pronto se vieron envueltas por el torbellino multicolor de los túneles del tiempo. Mari observó todo fascinada, pero pronto recordó que no podían distraerse; guiándose por la intuición hizo aparecer una pequeña pantalla holográfica flotando sobre la palma de su mano y ahí encontró información sobre los caminos del tiempo, descifrando en poco el cómo llegar a la Luna gracias a que la tecnología selenita funcionaba conectándose con la mente humana, casi adivinando sus deseos. Finalmente dijo con nerviosismo:

—Me preguntan una fecha de destino aquí.

Bloo respondió, no muy segura:

—Año... A ver... Lini nació en 3013 y Aureus IV es un Cosmos joven adulto, así que debe tener unos nueve años. Vamos a 3022.

—¿Qué tiene que ver Aureus en esto? ¿Por qué preguntarle al rey acerca de Lini? Sé que ella venía de una familia poderosa, pero no creo sea asunto de la realeza.

Opinó Mari, y Bloo confesó:

—Necesito hablar con el padre de Aureus... porque sospecho que Aureus es Lini. Descubrí que Pete hizo una estatua de bronce demasiado parecida a mí, y esa estatua fue a parar a casa de Lini. Recuerda que Aureus IV eligió mis características físicas guiándose por una estatua de bronce que tenía en su jardín.

Entonces Mari suspiró y decidió sincerarse también:

—Es algo que sospeché desde que "Aureus" apareció en la casa. Se ve justamente como cualquiera imaginaría que se vería Lini adulta; tiene sus mismas manías y gestos, a veces se le desvían los ojos, le encanta vagar por el bosque como a Lini le encantaba meterse entre las plantas del patio, se siente cómodo usando ropa femenina, suele ir a buscarme si necesita consuelo e ignora mis consejos y órdenes como solía hacerlo "el gatito". No necesita decírmelo; su conducta conmigo me dice que es Lini. A mí no me engaña su nuevo nombre, su nuevo sexo o el que se ponga el traje negro. Aureus es Lini, y por eso soporto sus locuras.

Al oír esto, Bloo bajó la mirada tristemente y Mari continuó:

—Yo te lo advertí. Esa no era la forma correcta de criar a nadie. Ahora solo mira en lo que se convirtió. Pudiste haberlo educado para que olvidara el enamoramiento que tenía contigo, pero en cambio lo mantuviste pegado a ti y mimándolo durante años. El pobre carga demasiadas cosas a la vez; es una tragedia griega ambulante.

—No es realmente seguro que sea él... ella... lo que sea.

Replicó Bloo, agregando:

—La madre de Lini tenía un conector social; si fuera la misma madre de Aureus entonces no debería tenerlo. Quizás la estatua que hizo Pete no era la misma que estaba en los jardines de Aureus, o quizás hicieron reproducciones de la escultura.

Una luz blanca enceguecedora las envolvió y comenzaron a descender suavemente mientras el resplandor se disipaba y veían el paisaje decadente de la ciudad lunar. Era una pequeña metrópolis hecha de metal y cristal ahumado, con calles transitadas por selenitas que enfundaban sus cuerpos esculturales —casi todos tatuados o con modificaciones corporales— en trajes negros de estética deliberadamente provocadora. Mari murmuró con una media sonrisa:

—Qué mundo tan extraño. No debería pensar en esto ahora; Lini está aquí.

De pronto un selenita con el cabello teñido de verde y el pecho desnudo adornado con aretes se materializó tras ellas, haciéndolas saltar de espanto mientras decía a Mari:

—Antisocial, acabas de romper una regla de Prometheus. La falta se agrava por tu rechazo al uso del conector social. Tu llave para abrir los túneles de Prometheus quedará confiscada.

Tras decir esto se lanzó a Mari para arrebatarle el brazalete y ella trató de impedirlo, pero el selenita logró arrancárselo en un ágil movimiento y se desvaneció como un relámpago. Las muchachas se quedaron estupefactas y finalmente Bloo habló:

—Creo que... creo que estamos atrapadas en la Luna.

Entonces Mari rugió:

—¡Mierda, Bloo! Más vale que el papá de Aureus realmente sea bueno y nos regrese a casa, o vamos a tener un problema muy serio.

Comenzaron a callejear buscando el camino a la residencia del rey, sin atreverse a preguntarle direcciones a nadie. Los ciudadanos parecían irradiar una frialdad inquietante y lo que ocurría en las calles era perturbador en todos los sentidos; Mari preguntaba cómo había hecho Pete para aguantar nueve años cautivo ahí. Por fin llegaron ante un vasto jardín de cristal que rodeaba un imponente edificio, y ambas dedujeron que ese era el palacio real. Una selenita las recibió, preguntándoles qué deseaban. Mari explicó que necesitaba hablar con el rey y la mujer les pidió la siguieran. Las condujo hasta un amplio salón de cristal donde había algunos sillones de cuero negro y se retiró, dejándolas a la espera de Aureus III. Las chicas tomaron asiento en silencio, con el corazón latiendo sin control, hasta que llegó un selenita muy parecido a Aureus, pero con el largo cabello echado hacia atrás, recogido detrás de la nuca con joyas negras. Vestía de forma que resultaba llamativa incluso para los estándares lunares, y Mari miró discretamente al techo mientras Bloo se concentraba en un punto neutro de la pared. El hombre advirtió la incomodidad de las damas y discretamente materializó una prenda adicional. Era un selenita de porte elegante; su mirada inspiraba serenidad aun cuando sus ojos eran parecidos a los de Aureus hijo. Se sentó ante ellas con movimientos ceremoniosos, se fijó en Bloo y luego dijo sonriendo de forma enigmática:

—Señoritas, bienvenidas. Soy Aureus Rex Lunae III. Me place conocer finalmente a la dama de bronce; supongo futura madre de mi nieto.

Bloo tosió atragantándose y Mari respondió por ella:

—Veo que usted está al tanto de los asuntos de su hijo, señor.

El rey selenita apoyó la cabeza en el respaldo de su sillón y dijo:

—Debo estar muy pendiente de él. Es un muchacho difícil, especialmente por pertenecer a la nobleza. Nuestros cuerpos Homo cosmos maduran rápidamente, pero nuestras mentes sin conectarse al resto de la sociedad permanecen desarrollándose a la misma velocidad de un Homo sapiens. Traten de comprender que mi hijo es un chico de nueve años criado en un ambiente confuso y viciado, que recuerda una vida pasada siendo un joven de dieciocho años que nunca encajó en su sociedad; que se enamoró, perdió a su amor, y terminó suicidándose llevándose consigo a toda su nación a la muerte. No puedo exigirle madurez y sabiduría cuando su vida ha sido un desastre tras otro. Realmente, yo tampoco sé qué hacer con él. No puedo borrar su pasado ni obligarlo a olvidar; solo tratar de darle un presente y un futuro pacífico para que descanse y madure poco a poco.

Luego Bloo preguntó tímidamente:

—Señor, hace poco una niña perdida en los túneles del tiempo regresó a la Luna; se hacía llamar Lini. Es hija de una mujer que murió en circunstancias extrañas el mismo día en que la niña nació. ¿Usted sabe algo de ella?

El monarca apoyó los codos en las rodillas y entrelazó los dedos ante su rostro, pensando:

—Lini, Lini... No sabría qué contestarle al respecto. Solo puedo decirle que espero que en estos momentos ese niño sea muy feliz y esté justo en donde quiere estar.

Mari preguntó entonces, con sospecha:

—¿Dónde está su esposa, excelencia? La madre de Aureus IV.

El selenita la miró con sagacidad, rio para sus adentros y finalmente respondió:

—No me gusta hablar al respecto. La perdí hace varios años en un accidente relacionado con asuntos delicados de nuestra nación. Usted sabe que mi hijo y yo tenemos un pensamiento que discrepa con los ideales de nuestra sociedad lunar; simpatizamos con los Sapiens. Por esa razón tuve muchos problemas con ella. Era una gran patriota, fiel al pensamiento del colectivo lunar. Descanse su alma en paz.

—¿Usaba un conector social?

Inquirió Mari, y el monarca se llevó una mano a la frente expresando fatiga:

—Es un tema muy doloroso para mí. Por favor, hablemos de algo más. ¿Cómo está mi querido hijo? ¿Les ha dado problemas?

Rápidamente Bloo respondió:

—Se le ve contento. Adámas, su prometida, ¿está bien?

Aureus III suspiró con decepción:

—Hubo fuertes discusiones entre ellos dos. El compromiso se rompió y acordamos que yo la tomaría por esposa en un par de meses para tener así otro heredero al trono, ya que mi primogénito renunció a este. Me pareció buena idea y Adámas aceptó de buen agrado. Somos grandes amigos y, después de todo, el arreglo es meramente formal; soy homosexual y engendro a mis hijos por medios artificiales. Igualmente fue un escándalo en la nación, pero de todas formas el pueblo consideraba a mi hijo incapaz de gobernar. Es demasiado inmaduro e impulsivo. Yo solo deseo que el chico sea feliz, y si su felicidad está en el pasado, pues que así sea.

Entonces Mari repuso:

—Quiere decir que Aureus IV nunca volverá a la Luna. Se quedará con nosotros.

El rey Aureus III respondió con resignación:

—Es imposible hacer que Aureus obedezca órdenes. Él solo sigue a su corazón.

—Pues su corazón de burro se romperá, puesto que Bloo y yo estamos atrapadas en la Luna y no podemos volver con él. Un tipo nos confiscó el aparato para entrar a los túneles del tiempo.

Protestó Mari, y el monarca se disculpó:

—Siento que su recibimiento haya sido tan hostil, pero en la Luna hay leyes muy estrictas. Son pocas, pero las seguimos al pie de la letra. Pese a la impresión negativa que pueda causarles nuestra sociedad, vivimos en un ambiente "pacífico"; ya que todos piensan lo mismo, desean lo mismo y saben lo mismo, no existe la envidia o la codicia. Los asesinatos y robos entre Homo cosmos prácticamente no existen. Las pocas veces que se han reportado hurtos, han sido a causa de ciudadanos antisociales que se han extirpado el conector social. Nuestra gente tolera a los antisociales porque son muy pocos y su rebeldía les inspira curiosidad, pero aun así los vigilan con recelo. La conducta del supervisor de Prometheus con usted fue muy natural: todo antisocial viajero en el tiempo pierde su derecho a viajar a la primera falta que cometa. Pero no se preocupen; yo les daré una de mis propias llaves para abrir los túneles y que así regresen a casa. Por cierto, señorita Bronce, tengo un obsequio para usted en esta pequeña caja dorada; pequeño pero muy curioso.

En ese momento, el rey tomó la pequeña caja que traía consigo y siguió hablando:

—Me costó mucho elegirlo; es obvio que usted no siente atracción por las riquezas y no hay forma de comprar su favor. Pero yo lo necesito. ¿Qué ofrecerle a usted? ¿Cómo pagarle un sacrificio de vida? No hay precio demasiado alto para un padre angustiado. El contenido de la caja es este relicario; que en realidad es un aparato. Permite a su portador moverse a gran velocidad durante unos momentos en los que tendrá la sensación de congelar el tiempo. Es muy sencillo de activar, se controla con los pensamientos. Pero solo funcionará una vez en la vida, y al terminar de usarlo, matará a su portador. Por esta razón nadie ha tenido la ocurrencia de echarlo a andar; su belleza consiste solamente en poseer el poder de parar los relojes, contenido en una joya. Pese a ser mortal, vale más que cualquier otro tesoro que exista en su época, y creo que usted lo apreciará. He sabido que siempre ha soñado con parar el correr de las horas; ahora tiene la posibilidad en sus manos, aunque al volverla una realidad también la perderá.

Bloo tragó saliva tomando el objeto oval con el emblema del reino lunar, y de la familia Lunae, tallado en oro. Esa era la única salida verdadera a todo y, aunque no quería tomarla, estaría en su poder. En sus manos estaba la decisión personal definitiva, y la embargó una emoción extraña; por lo que rápidamente cambió de tema:

—Gracias, es hermoso, lo acepto. ¿No se siente solo aquí sin su hijo y su esposa? Debe ser difícil vivir en un mundo donde es casi el único que piensa diferente a todos los demás.

Aureus III respondió:

—A veces es muy duro. Nadie me comprende, nadie comparte conmigo. Mi función como rey es decorativa; simplemente avalo todo lo que mi pueblo decide y les doy una falsa sensación de estar haciendo lo correcto. Es lo que hicieron mi padre y mi abuelo antes que yo: ser el confidente y adulador de un pueblo hedonista. Mi hijo no aceptó este deber y se rebeló. Lo comprendo. Se requiere de mucha paciencia y fortaleza para mantenerse sereno ante las cosas que suceden aquí cada día, hechos que superan con creces los límites de lo tolerable. Debo actuar con excesiva cautela si deseo hacer valer mi opinión en las decisiones de mi pueblo; debo renunciar a mis propios deseos incontables veces. Por eso no le reprocho nada a Aureus IV. Supongo soy un padre blando; no me atreví a condenar a mi hijo a la misma cárcel en que vivo yo. En realidad, el camino que él ha tomado no está lejano al que le deseaba desde que supe que iba a nacer. Es así como actúo, sutilmente, manteniendo un perfil bajo.

Mari lo miró un momento y luego dijo:

—Sospecho que el robot SL averiado y el defecto en el generador de energía de Bloo, que misteriosamente no fue detectado por los meticulosos confeccionadores de ciborgs de Prometheus, no eran del todo una casualidad. ¿Será posible? Tarde o temprano le ayudarían a solucionar los problemas con su esposa.

El monarca se encogió de hombros y mostró las palmas de las manos:

—Señorita, todos hemos lanzado una piedra al pozo de los deseos. Algunos sueños se cumplirán; otros no. El destino es un enemigo que se adelanta a cada uno de nuestros movimientos. ¿De qué otra forma se podría derrotar a un oponente así?

Mari decidió que ya habían hablado suficiente con él y le pidió a Bloo que regresaran a casa. Se despidieron de Aureus III con respeto y salieron a los jardines del palacio para abrir un túnel de Prometheus. Bloo buscó la estatua de bronce hecha por Pete, pero no logró encontrarla debido a la prisa que tenían por regresar. Sin embargo, le pareció ver la glorieta donde ella y Silver se habían escondido de la madre de Lini aquel horrible día en que estuvo en la Luna por primera vez. Ya de regreso en la Tierra, a pocos segundos luego de haber desaparecido bajo el haz de luz del túnel, Ziggy las recibió sorprendida por la brevedad del viaje y preguntando:

—¿Encontraron al bebé selenita?

Bloo respondió como dudando de sus propias palabras:

—Lini está bien. Ahora solo quiero saber si realmente debo confiar en Silver.

 

A la mañana siguiente, el SL30 ya había investigado bastante sobre el niño señalado por Aureus, descubriendo que tenía relación con la mayoría de los miembros de Alma Colectiva, tanto los ya identificados como los que todavía estaban bajo sospecha. Este nuevo objetivo, simplemente llamado "Bebé", había amasado una verdadera fortuna gracias a su talento musical. El chico tenía nueve años y, según los pronósticos de Silver, tarde o temprano su carrera artística fracasaría y se vería orillado a buscar consuelo uniéndose a la sociedad de Alma Colectiva. La misión no era sencilla. Bebé estaba acompañado de varios adultos todo el día y raramente salía de su casa: una enorme mansión custodiada por perros en las afueras del pueblo. Silver trataba de idear cómo acercarse a su objetivo mientras veía en una de sus pantallas holográficas los videos musicales del joven talento: bochornosos bailes y canciones repetitivas acerca de las maravillas de la infancia. Aureus apareció de pronto reptando a sus pies, se agazapó bajo una mesa y preguntó con desconfianza:

—¿Dónde está Bloo? Es sábado y se supone saldríamos juntos al bosque.

—Fue a casa de su amiga Ziggy; hoy probablemente irían a la playa juntas.

Respondió Silver fríamente, y luego agregó:

—Por esta vez la reemplazaremos con el otro ciborg. Necesito recargarme de energía antes de entrar en acción. Tú ve y aliméntate con azúcar de la cocina para que tus funciones vitales sean óptimas; te necesito vivo por ahora.

Poco después le ordenó que se metiera al asiento trasero del auto y condujo hacia la casa de Pete para recogerlo. Media hora después, los tres estaban observando la mansión de "Bebé" desde el Cadillac negro estacionado tras unos pinos, mientras Aureus canturreaba despatarrado en el asiento trasero y Silver miraba fijamente a la residencia con un gesto duro, tomado de la mano de Pete para recargarse de energía con el generador psicoquinésico del ciborg. Pete se apretó el entrecejo con dos dedos, pensando en qué pasaría si una patrulla de policía se acercaba por casualidad. El plan de Silver era sencillo pero arriesgado: esperarían a que la mayoría de adultos saliera a una reunión esa noche para burlar la vigilancia de los pocos que quedarían a cargo y neutralizar a Bebé. En caso de que los mayores regresaran antes de lo previsto, Pete estacionaría el Cadillac en mitad de la calle y obstaculizaría el paso retrasándolos con cualquier pretexto. Una vez cayó la noche y vieron desde su escondite que el automóvil familiar partía, Silver y Aureus se escabulleron hasta los muros que cercaban la residencia. Silver cambió su elegante traje por ropa de trabajo negra, guantes y un pasamontañas. Miró hacia lo alto del muro, luego a un árbol cercano, y advirtió al selenita:

—El alambrado de arriba está electrificado. Entra con cuidado y ábreme la puerta.

Aureus obedeció de mala gana, evaporándose en el aire y volviendo a aparecer dentro del terreno cercado. Antes de que pudiera terminar de mirar a su alrededor, escuchó ladridos y vio dos enormes perros corriendo hacia él. Trepó a un árbol de un solo salto y se sentó en una rama, activando el ordenador implantado en su mano para reproducir desde ahí un sonido inaudible que hizo correr a los canes mientras aullaban. Esperó un momento colgándose de cabeza y, cuando no escuchó nada más, se deslizó hasta la puerta principal para abrirla. Silver estaba ya esperándole ahí, pulsando diferentes símbolos en una de sus pantallas holográficas flotantes mientras decía:

—El camino está libre. Desactivé temporalmente las alarmas y las cámaras de video. Fuiste eficiente con los perros; sin embargo, lamento que no te hayan destrozado.

Aureus bufó como un gato furioso, recordó que esa era la única manera de disfrutar de la compañía de Bloo y siguió a Silver con resignación. Entraron a la mansión a través de un respiradero del sótano y comenzaron su búsqueda desde el primer piso. Ahí descubrieron que había docenas de adultos empacando un producto blanco en paquetes. Silver tomó uno sigilosamente y lo abrió para tratar de comprender qué estaba pasando. Probó el contenido al igual que Aureus, quien se encogió de hombros y dijo simplemente:

—Esto lo usan en lugar de azúcar en la Luna. Me gusta comerlo a puñados.

Silver sacó su arma, empujó al selenita tras unas cajas y salió de su escondite anunciándose ante todos con un grito sin emoción:

—Es una redada. Entréguenme al niño. Los refuerzos ya vienen en camino.

Todos se le quedaron mirando sin entender nada. Algunos empezaron a levantar las manos en tanto que otros intercambiaron miradas y comenzaron a tomar barras de hierro o cuchillos para armarse. Silver les advirtió:

—Mantengan las manos en alto y no se muevan o se arrepentirán. La puerta principal está abierta y nuestros refuerzos están entrando al edificio ahora mismo; se usará la violencia de ser necesario.

Pasaron agónicos minutos hasta que uno de los hombres comenzó a resoplar. Justo entonces se abrió una puerta y entró Pete. Sin darse cuenta de lo que sucedía, se metió a la habitación diciendo tranquilamente:

—¡Hola! ¿Me llamaron? Llegaron los refuerzos.

Entonces comenzó el desastre. Algunas mujeres gritaron escapando por las ventanas y otros más se metieron bajo las mesas tratando de esconder los paquetes. Uno de los hombres sacó armas de uso militar que repartió entre sus amigos y disparó a Silver mientras Pete se refugiaba de las balas tras una columna. Los proyectiles impactaron al SL30 sin hacerle mayor daño. Caminó hasta los horrorizados tiradores y estos, al ver que ese monstruo enmascarado de casi dos metros era inmune a las balas, optaron por golpearlo con las armas. Comenzaban a doblegar al robot mediante la fuerza bruta cuando Pete intervino para ayudarlo. Al ser un ciborg, Pete tenía una resistencia y fortaleza sobrehumanas; pero incluso para él era difícil mantenerse en pie mientras recibía culatazos. En lo peor de la lucha, Silver se sacudió el polvo y salió de la habitación con indiferencia mientras decía a Pete:

—Contrólelos durante una media hora hasta que llegue la policía. Por cierto, le han disparado en las piernas; debería usar su vestuario lunar, es a prueba de balas. Debí decírselo antes. Iré a buscar a nuestro objetivo. Pida apoyo a Selenita.

El jadeante Pete lo miró incrédulo, con el cabello en desorden, mientras un hombre trataba de ahorcarlo y otro le pateaba el estómago rabiosamente. Apartó a los atacantes con su fuerza descomunal pero ya sin aliento, hizo aparecer su uniforme de mayordomo victoriano y los hombres lo miraron confundidos y ya asustados. Pete llamó a Aureus con balbuceos, las luces se apagaron y la situación empeoró con todos moviéndose a tientas en la penumbra. Uno de los hombres armados trató de encontrar un estante donde buscar una linterna y entonces una vara de luz giró ante él, iluminando el rostro de pesadilla del selenita. Los gritos de pleito cambiaron por gritos de horror, mientras Silver subía las escaleras revisando cada habitación hasta llegar a una acondicionada para un niño. Estaba por abandonarla cuando escuchó un leve gemido. Se asomó a un armario y abrió sin dejar de apuntar con su arma, encontrando a Bebé, su objetivo. El chico salió a gatas, con lágrimas en los ojos. Miró a Silver como a un gigante, sin poder ponerse de pie por la emoción, y dijo:

—Señor policía, no me arreste. Yo sabía que papi y mami hacían cosas malas, pero necesitaban dinero para que yo fuera una estrella. Mi mami me dijo que solo sería hasta que mi fama saliera del pueblo, pero yo sabía que la ley siempre atrapa a la gente que hace cosas malas. ¿Me perdonará usted?

Silver le contestó con su gélida serenidad:

—Guarde la calma.

Luego se arrodilló ante el chico para quedar a su altura, y le disparó suavemente en la frente con el dispositivo de control mental.

 

Como tarde o temprano iba a suceder en la historia original, la carrera artística de Bebé se hundió luego de que sus padres fueran encontrados culpables de liderar la mayor red de narcotráfico de la zona. A la vez se descubrió que varios funcionarios y representantes de la ley del pueblo estaban involucrados en el negocio, y la corrupción iba más allá de los burócratas regionales. Incluso los más altos líderes del país no entendían cómo había ocurrido tal redada, pero inmediatamente tomaron el crédito diciendo que todo había sido un complicado operativo de las fuerzas del gobierno contra el vicio. El detective Light siguió en el anonimato, según él porque así lo exigían "sus superiores del servicio de inteligencia secreto o algo así"; y aquellos que quisieron indagar más en quién era él o para quién trabajaba realmente, sufrieron inexplicables trastornos mentales de forma repentina. Otra misión había sido exitosa para "la familia", y solo les había costado una costilla rota y medio cuerpo magullado de Pete, quien tuvo grandes dificultades en el hospital para explicar cómo se había hecho las lesiones. Días después, Bloo leyó las noticias del evento en voz alta mientras todos estaban reunidos en la sala de estar ante el patio interno de la vieja casa:

—Los sospechosos fueron contenidos por algunos agentes encubiertos mientras las patrullas llegaban. Cuando fueron capturados, mostraban signos de intoxicación al hablar de haber sido atacados por un marciano y un mayordomo. Asimismo, los capturados presentaban señales de violencia extrañas, como zarpazos, y uno de ellos denunció haber sido agredido de forma inusual... ¿Eh?

Pete negó con la cabeza mirando a Silver de forma acusadora, el hombre artificial culpó al selenita, y Aureus les recordó a todos que él era perfectamente capaz de ser violento cuando la situación lo ameritaba; comentario que no tranquilizó a nadie. Esa noche, Silver llevó a su supuesta joven esposa a cenar fuera, disfrutando de su nuevo estilo de vida "humano". Miraban a la Luna llena desde un balcón del restaurante mientras Bloo terminaba su refresco, cuando él preguntó:

—¿Puedes seguir con esto? Eres muy joven todavía y la responsabilidad es pesada.

Bloo bajó la mirada y respondió:

—Ya casi tengo diecisiete años, Silver. No se puede ser niña para siempre.

—Tampoco puedes actuar como un adulto formal todo el tiempo. No eres un SL.

Replicó el SL30, alborotándole el cabello con una mano. Luego puso uno de sus brazos sobre los hombros de Bloo, por primera vez desde que se conocieron. Ella sonrió. No estaba muy segura de sus sentimientos por el hombre artificial, pero en ese momento era inmensamente dichosa a su lado; pese a que estaba consciente de que no podía confiar del todo en él. Hubo un momento de apacible silencio mientras Bloo se recostaba en el pecho de Silver, y luego ella preguntó:

—¿Trataste bien al niñito? Es una tragedia todo lo que le pasó; realmente siento pena por él. Espero que hayas sido cuidadoso.

—Fui... eficiente.

Respondió Silver y no dijo más. Bloo suspiró mientras lo veía; después miró a la Luna y luego al regalo que había recibido de Aureus III, colgando de su cuello como un dije. Pensamientos oscuros nublaron ese momento de cálida paz, y a lo lejos le pareció ver una figura fantasmal observándolos debajo de un sombrero puntiagudo. Era más que probable que padre e hijo se pondrían al tanto de todo, y a esas horas Aureus III ya sabía que Bloo había ido a la Luna a preguntar por él. Realmente no sabía qué esperar ni qué hacer en el futuro, pero el corazón le decía que el lugar más seguro siempre iba a estar entre los brazos de Silver.


 

Héroe

 

 

El invierno llegó al pueblo con días enteros de lluvia torrencial. Cuando no había tormenta la niebla invadía todo, cubriendo con su velo blanquecino incluso el patio interior de "la familia". Silver, preocupado por la peligrosa cercanía entre el selenita y la chica ciborg, ideó una solución: volvió a invitar a Ziggy a visitarlos, animándola a pasar más tiempo con Bloo y a retomar su relación con Aureus. La idea funcionó en parte. Ziggy se encargó de frustrar cualquier avance del selenita, pero Mari y Bloo siguieron peleadas por razones que Silver no logró resolver con ninguna estrategia.

En uno de esos fines de semana solitarios para Mari, la pelirroja decidió ir al callejón bohemio a comprar algún regalo para su novio en una tienda de antigüedades situada al lado de la galería de arte del pueblo. Al acercarse al sitio comenzó a ver más turistas de lo normal y afiches que anunciaban una importante exposición de un elogiado talento artístico local que se había revelado al mundo hacía poco. Llevaba rato ahorrando para comprarle una vieja escultura victoriana a Pete, pero se le ocurrió conseguir una biografía del artista cuya exposición anunciaban e ir a pedir un autógrafo. Pensó que sería más barato y, si el tipo realmente era bueno, con el tiempo cualquier objeto autografiado por él sería valioso. Entró a la galería y compró una biografía en un quiosco instalado en la entrada. Comenzó a hojear el libro mientras se dirigía al salón de la exposición y, al ver las primeras ilustraciones, le parecieron extrañamente familiares. Siguió caminando y al llegar a la exposición vio que consistía en una pared negra cubierta con docenas de hojas de una libreta de dibujo enmarcadas sobriamente. Había algo en esas obras delicadas y a la vez macabras que la hacía sentir inquieta; siguió sin saber exactamente qué le molestaba hasta que comenzó a reconocer varios bocetos de obras hechas por Pete y finalmente se encontró con los dibujos en los que se basó la estatua de bronce que inspiró el nacimiento de Bloo. Exclamó una obscenidad y corrió rumbo a la casa de su novio.

Para ser alguien que luego se hizo fama por plasmar la muerte y la soledad en su arte, Pete era un hombre muy dulce. Todos estaban acostumbrados a su andar despreocupado, a que saludara guiñando un ojo con una sonrisa y a ser tratados con una cortesía impecable por parte de él. Mari casi no pudo reconocerlo cuando se quedó mudo y pálido con una mirada vidriosa, hojeando bruscamente las hojas de la biografía que ella había comprado. Encendió un cigarrillo con manos temblorosas por la furia apenas contenida y dijo mirando la tapa del libro:

—Justo Del Cid. Lo conocí cuando recién me mudé al pueblo y comencé a explorar el ambiente artístico de la zona. Nunca lo relacioné con la pérdida del viejo portafolio donde guardaba mis proyectos de estudiante, pero aquí está. Me robó cientos de bocetos e ilustraciones que hice en Europa y que traía cuando me mudé a este lugar.

Mari preguntó, confusa ante lo que estaba ocurriendo:

—¿Un tipo que apenas conocías robó tus dibujos y los publicó como propios? Nene, este tal Del Cid es hijo de un famoso pintor de este país; tiene contactos y no creo le haga falta robar arte de otros. Cualquier cosa que haga será un éxito con toda la publicidad que puede pagarse. Tú solo eres un inmigrante melenudo acusando a un tipo respetable; nadie te creerá. ¿Tienes pruebas?

—¿¡Pruebas!?

Casi gritó Pete y agregó:

—¿Acaso no reconoces los trazos de tu futuro marido?

"Oh, ¡ha dicho mi futuro marido!", pensó Mari sintiéndose inmensamente dichosa. Sonrió atontada hasta que un portazo la devolvió a la realidad y escuchó la vieja camioneta de Pete arrancando. Gruñó una obscenidad y corrió al teléfono para llamar a Silver y a Eros, el hermano de Ziggy, alertándolos sobre lo que podría ocurrir esa noche en la galería de arte.

Cuando Pete llegó a la exposición ya había al menos cien personas asistiendo al evento mientras un cuarteto de cuerdas tocaba para todos. Se abrió paso entre la muchedumbre hasta reconocer a Del Cid rodeado de pequeñas celebridades locales: era un hombre grueso y rubio cuyo rostro ancho de nariz respingada recordaba vagamente a un cerdo. Del Cid también lo reconoció de lejos y se volteó cubriéndose disimuladamente el rostro, tratando de huir. Eso fue la gota que derramó el vaso para Pete; corrió tras él apartando a empujones a quienes estaban en su camino y le cayó encima como queriendo molerlo a golpes. Silver y Eros, que recién llegaban, supieron exactamente dónde estaba Pete gracias al escándalo; corrieron a separarlo del otro artista, que ya sangraba de la nariz y tenía un labio partido, mientras Pete seguía insultándolo y gritándole que era un ladrón. Del Cid se levantó con ayuda de un joven en uniforme militar y balbuceó:

—Está loco, está drogado. Lo que dice no tiene sentido. Ni siquiera conozco a este extranjero; ¡mañana mismo lo denunciaré a las oficinas de inmigración!

Pete seguía insultándolo mientras Silver lo sujetaba con tranquila indiferencia y Eros intervenía, dirigiéndose a Del Cid con seriedad:

—Perfecto. Las cosas se arreglan pacíficamente. Usted denuncie a Pete; él solo necesitará mostrar sus papeles en regla. Luego lo demandará a usted, y espero tenga razones suficientes para probar que estas obras de arte son suyas.

Con una risa sardónica, Del Cid replicó:

—¡Pues nos veremos en la corte! Tengo dinero para pagar el mejor abogado de la región. No saben con quién se están metiendo.

—Ya lo sabremos.

Exclamó Eros, y después le dijo a Silver que se retiraran, arrastrando a Pete para sacarlo del lugar. Ya fuera, lo invitaron a un trago para que se calmara un poco y luego Silver le sugirió pasar esa noche con Mari, ya que se encontraba en tal estado de ira y frustración que no era buena idea dejarlo solo.

 

Llegó el amanecer y Pete seguía en silencio ante la mirada vacía de Silver; sentado en la cocina frente a una botella de vodka, fumando con el rostro escondido entre sus largos dedos y los codos apoyados sobre la mesa. Mari se estaba quedando dormida a su lado ya sin saber qué más decirle para consolarlo. De pronto Aureus apareció de un rincón oscuro, reptó hasta llegar a recostar la cabeza sobre las rodillas de Pete y opinó con una de sus sonrisas demenciales:

—¿Quieres que lo mate? No vale la pena regresar en el tiempo y evitar su ofensa.

Pete lo miró de reojo y respondió entre dientes mientras le rascaba la cabeza:

—No te preocupes, pequeño. Yo puedo hacerlo solo.

Entonces Silver objetó:

—Desechen las ideas homicidas. Este sujeto tiene todas las características de un futuro miembro de Alma Colectiva. Investigaré más sobre él para corroborar si tiene alguna relación con los personajes recurrentes de los sueños de Selenita y, si es así, su vida deberá ser preservada en pro de nuestra misión. Marzanna, todo ataque que haga en contra de Del Cid de ahora en adelante deberá ser solo en el plano legal.

Luego se retiró y, al quedarse solos, Mari se levantó para abrazar a Pete por la espalda y preguntarle con ese raro aire maternal que la caracterizaba:

—No imaginaba que una tontería así pudiera afectarte tanto. Realmente no es tan grave; harás mejores cosas en el futuro. Déjale a Del Cid tus sobras.

Pete guardó silencio un momento mientras seguía peinando con los dedos los cabellos alborotados de Aureus, que aún estaba recostado en su regazo como un niño, y después empezó a explicar sus razones en voz baja:

—Cuando tenía nueve años, la maestra de arte de mi escuela dijo a mi madre que era necesario que me buscaran un instructor profesional para ayudarme a desarrollar mis habilidades en serio. No sé por qué razón mis padres rechazaron las propuestas de tutores de la maestra y me hicieron acudir a una supuesta academia de arte propiedad de un amigo de la familia. Creo fue porque el tipo se ofreció y mi madre no quiso ofenderle rechazándolo.

Hizo una pausa, como dudando de seguir, y continuó:

—Desde que llegué y vi sus obras, me sentí desanimado. No era muy profesional en su trabajo, aunque no carecía de presunción al hablar. Nunca he vuelto a escuchar una verborrea pseudointelectual más grave que la suya. Yo realmente no quería estar ahí; tenía nueve años y lo acepté porque mi madre me lo ordenó. Los primeros días en compañía del "maestro" fueron aburridos. Él parecía más interesado en enseñarme a tomar los lápices que en cualquier otra cosa. Pasé horas enteras con él sentado a mi lado, hablándome al oído mientras me tomaba la mano y me hacía dibujar tediosos círculos. Luego me dijo que dibujara lo que quisiera y empecé a inventarme personajes, guerreros, dragones y esas cosas. Él elegía los mejores y los guardaba, luego yo me iba a casa. Con el tiempo todo comenzó a ponerse más oscuro. Me hacía quedarme hasta tarde, cuando todos los demás chicos ya se habían ido, y me tocaba de formas que no correspondían mientras yo estaba en la mesa de dibujo.

Hizo una pausa para beberse un vaso de vodka de un solo trago mientras Mari le daba unas palmaditas en el pecho para tranquilizarlo y Aureus escuchaba todo sin inmutarse. Pete siguió:

—Me era realmente difícil entender lo que estaba pasando. Me sentía asustado, avergonzado y confundido; creía que todo era mi culpa. Esa navidad, él organizó una exposición donde vendería una nueva colección de arte que llamó "Cuentos de Hadas". No recuerdo por qué asistí, pero fui acompañado de mi madre y mi hermanita. Cuando llegué, vi que la mayoría de las obras eran mías pero firmadas por él. En mi cabeza de niño de nueve años no pensé que fuera malo que mi maestro vendiera mi trabajo; de hecho creí que era un honor, hasta que él me tiró de una oreja para llevarme tras unos estandartes y me amenazó: "si le dices algo a tu madre acerca de quién hizo los dibujos le contaré lo que haces conmigo cuando te quedas luego de clases". Me dio pánico. Por alguna razón yo creía que realmente era mi culpa y me callé. Las cosas siguieron igual por casi un año hasta que el maestro comenzó a insistir a mis padres que le dejaran "enseñar arte" también a mi hermanita. Entonces finalmente hablé, porque no quería que él la tocara. Para mi sorpresa, me creyeron y el tipo fue puesto inmediatamente bajo arresto; aunque el daño ya estaba hecho y mi vida comenzó a ir cuesta abajo desde entonces hasta que me secuestraron los selenitas. Creí que todo estaba en el pasado, pero cuando vi lo que me había hecho Del Cid todo volvió a mi cabeza. Tengo la oportunidad de hacer algo esta vez, Mari, y lo voy a hacer en grande.

Mari no dijo nada. Simplemente lo abrazó, besándole una mejilla en señal de aprobación; pero tuvo un mal presentimiento.

 

A la mañana siguiente, Pete se despertó sereno como siempre, aunque actuando con una frialdad un tanto maquinal que hizo a todos estar todavía más seguros de que él sería el padre de Alloy Silverlight en el futuro. Salió de la ciudad a primera hora y tomó un vuelo a su país. Durante una semana no supieron más de él y las cosas siguieron como siempre, salvo porque Mari y Bloo seguían peleadas. Pete regresó de su viaje acompañado por varios caballeros de aspecto grave. Llegaron una tarde en un automóvil de cristales ahumados y se llevaron a Mari a casa de sus padres, donde con una buena suma de dinero lograron que la familia se reconciliara. Antes de que la pelirroja pudiera entender qué sucedía, se vio despojada de todos sus aretes y cigarrillos e inscrita de nuevo en la escuela, vestida como la hija obediente que sus padres siempre habían querido que fuera. Ella era parte de un proceso para limpiar el pasado de Pete antes de que sus abogados atacaran a Del Cid con todas sus fuerzas.

Lo que sucedió en las próximas semanas fue todo un circo. Pete apareció en las noticias locales vestido en traje de negocios, con el cabello recogido en una trenza y gesto de mártir eslavo. Las pruebas del fraude de Del Cid eran contundentes, pero los abogados planeaban además hundir al farsante humillándolo públicamente al mostrarlo como un villano desalmado que se había aprovechado de un pobre muchacho extranjero, bondadoso y trabajador, que había llegado a esas tierras buscando fortuna honradamente. El público hizo su veredicto, la gente se volcó apoyando al apuesto y simpático Pete, que en poco volvió a lucir sus sonrisas coquetas. Parecía irle bien en todo: estaba ganando el pleito legal, la familia de Mari hacía los trámites con sus abogados para consentir legalmente el que su hija contrajera matrimonio con él, la gente vapuleaba a Del Cid cuando se aparecía en público.

Entonces Pete recibió una visita inesperada. El joven en uniforme militar que acompañaba a Del Cid en la galería de arte y lo ayudó a ponerse de pie cuando Pete lo golpeó, pidió hablar personalmente con él. Los guardaespaldas pagados por la familia Marzanna se negaron a dejarlo pasar en un principio, pero Pete creyó que ya había sido demasiado arrogante con los Del Cid y aceptó entrevistarse con el joven, luego de que revisaran que no portara armas. El visitante se le acercó quitándose una gorra y mostrando su rapado militar, pidió los dejaran a solas y le dijo en voz baja:

—Usted no me engaña; no es como mi hermano. He escuchado cosas de usted, Marzanna, cosas que lo hacen ver muy diferente al hombre honrado que presenta en los medios. Bajo la camisa esconde tatuajes, tiene aretes en lugares poco convencionales, y dicen que ha tenido un pasado bastante oscuro.

Luego se alejó bruscamente apartando la mirada, y Pete guardó silencio por respeto a la forma de pensar de ese joven. Metió las manos en los bolsillos traseros del pantalón y esperó pacientemente a que el visitante, el hermano de Del Cid, terminara de decir aquello por lo que había venido. El joven tomó aire y sentenció:

—Deje de una vez a mi hermano en paz. Ya se ha vengado. Deje el juego de una vez o le juro se arrepentirá. Usted no sabe de lo que es capaz mi hermano.

Luego se fue sin despedirse, y de alguna forma Pete tuvo la impresión de que era un buen hombre pese a todo; la ingenuidad de la gente conservadora le inspiraba una extraña confianza. Por eso no le contó a nadie sobre la amenaza velada que acababa de recibir.

 

Luego de algunas semanas y de sacarle una buena cantidad de dinero a la familia Del Cid, el pleito legal fue concluido. Pero la pelea entre Mari y Bloo aún no se resolvía. En esos días, Mari pasó a ser legalmente la esposa de Pete, por lo que se mudó a vivir con él despidiéndose efusivamente de Silver y Aureus, pero ignorando a Bloo, quien también ignoró su partida. Ambas se sintieron culpables de no estar juntas en ese momento en que la vida de Mari cambiaría radicalmente. Eran como hermanas desde que tenían memoria, pero el orgullo pudo más que el cariño. La partida de Mari fue casi tan dolorosa para Bloo como cuando se separó de Lini, y para tratar de apaciguar la tristeza comenzó a pasar el mayor tiempo posible con Ziggy.

Las vacaciones escolares llegaron y mientras Mari disfrutaba de una modesta luna de miel en su nueva casa, Bloo salía sola de compras en el pueblo. Estaba eligiendo unas frutas al costado de una calle cuando Ziggy y toda su familia aparecieron en un automóvil, invitándola a ir con ellos a pasar unos días en la playa. Bloo sonrió disculpándose:

—Me encantaría ir, pero ustedes ya van de camino y yo tendría que ir a mi casa para elegir algo de ropa y avisar a mi familia. Seguramente Silver y mi cuñado no estarán de acuerdo.

Entonces apareció tras ella Justo Del Cid y dijo con voz melosa:

—¡Qué triste sería perderse un viaje a la playa! Mi familia tiene una tienda de ropa justo al otro lado de la calle y su esposo, el detective Light, suele pasar por aquí a menudo. ¿Qué tal si, para fomentar la amistad entre todos nosotros, le regalo a usted lo necesario para el viaje y luego le contamos al señor Light? Es mejor pedir perdón que pedir permiso. No serán más de cinco minutos; solo tiene que acompañarme al local mientras ellos esperan.

Eros lo miró con recelo desde el vehículo de su familia, pero su madre y Ziggy animaron a Bloo a ir rápido con él. La sonrisa de Del Cid se amplió aún más.

 

Las horas pasaron y Bloo no aparecía en casa. Aureus comenzó a inquietarse; fue a buscarla por todo el pueblo olfateando el aire en los tejados sin poder detectar el aroma de "su adorada muñeca". Cayó la noche y Aureus ya estaba fuera de sí. Al sonar las doce campanadas del reloj de la iglesia anunciando la medianoche, había enloquecido totalmente. Merodeaba las calles como una fiera rabiosa y cada vez que comprobaba que Bloo no estaba en alguna parte lanzaba alaridos espeluznantes que llenaron de terror al pueblo entero.

Silver también salió en búsqueda de Bloo, pero no había terminado de sacar el Cadillac de la cochera cuando uno de sus compañeros de la estación de policía llegó y le pidió que bajara del auto para decirle, tomándole un hombro:

—Light, debes ser fuerte. Recibimos una llamada anónima avisándonos que han arrojado un cuerpo detrás de la iglesia. Es tu mujer. Está muerta.

Silver llegó a la escena del crimen con su frialdad eterna, intentando una y otra vez conectarse con los pensamientos de Bloo sin éxito. Traspasó el cerco policial y se inclinó para ver el cadáver. El cuerpo estaba irreconocible, con partes carbonizadas y destrozadas. Sin embargo, se le podía observar el largo cabello negro, la piel bronceada, la delgadez y las ropas con que Bloo había salido esa mañana. Silver mojó un dedo en la sangre, la probó y se levantó diciendo a otro detective:

—Es la ropa de Bronce, pero no es ella. Aunque de hecho sí está desaparecida.

Los oficiales se miraron entre sí sintiendo compasión por Silver, mientras los gritos de furia y dolor de Aureus resonaban a lo lejos entre la bruma de las tres de la madrugada.

Otra llamada anónima guio a la policía hasta Pete. Mari se opuso a que registraran la casa antes de hablar con sus abogados, ya que los policías se negaban a decirle por qué estaban ahí; pero Pete decidió que no había ningún problema en que los oficiales entraran, puesto que era inocente de cualquier cargo. Los agentes hurgaron meticulosamente entre sus cosas hasta que alguien encontró lo que parecía ser sangre en una sierra eléctrica y luego hallaron el dibujo de un cadáver femenino que curiosamente estaba en la misma posición que el hallado detrás de la iglesia, además de mostrar las mismas lesiones. Pete fue arrestado inmediatamente y cuando Mari preguntó el motivo un policía explicó:

—Se le acusa de asesinar a la joven esposa del detective Silver Light. La encontraron destrozada detrás de la iglesia. Yo que usted tendría cuidado, señora Marzanna. Según nos informaron, su marido estuvo acusado de asesinato en su país natal.

 

A primeras horas de la mañana, los abogados de la familia Marzanna estaban pagando la fianza de Pete y trabajando en el caso, pero Justo Del Cid ya había hecho un escándalo en los medios. Ahora todo el país hablaba de la obsesión de Pete por la muerte y de que era sospechoso de ser un asesino serial en su país de origen. Cuando por fin salió de la cárcel custodiado por dos guardaespaldas, la gente lo miraba con miedo. Pidió a sus guardianes que lo dejaran solo y fue a casa de Silver. El SL30 lo recibió en la sala de estar. Ahí estaban Aureus y Mari en su versión selenita, juntos en un rincón, viéndolo con dolor y como dispuestos a atacarlo. Pete los miró y exclamó:

—¡Ustedes dos son las últimas personas que esperaría que desconfiaran de mí!

Entonces Silver opinó:

—En realidad nadie debería desconfiar de usted, Marzanna. Ese cuerpo no era el de Bloo y en todo caso es ilógico que un ciborg alterada para ser apta en el combate sea asesinada por un solo hombre. ¿No les parece?

Mari replicó:

—Pero él no es un hombre simplemente. También es un ciborg, Silver.

—Pero un ciborg común no iguala la fuerza, resistencia y velocidad de Bloo. Es imposible que él la haya asesinado sin ayuda. Para hacerle el daño que presenta ese cuerpo se necesitarían varios hombres y un martillo hidráulico.

Dijo Silver. Después Aureus murmuró:

—Si no está muerta, ¿dónde está? ¿Por qué no nos dice nada? No puedo olerla en el pueblo y tú no puedes conectarte con ella. ¿Y quién es la mujer muerta?

Pete se desplomó en un sofá:

—Tampoco sé cómo llegó esa sangre a mis herramientas o quién hizo el dibujo que encontraron en mi casa. Tiene mi estilo, ¡pero no es mío! Alguien quiere inculparme y debe ser Del Cid. Su hermano llegó a verme hace poco y me dijo algo así como que yo no sabía de lo que su hermano era capaz. No creí que llegaran tan lejos y por eso no les conté a ustedes. Pero deben creerme; es lo que sucedió.

Aureus y Mari seguían mirándolo con sospecha y Silver les pidió esperaran ahí mientras él volvía a la estación de policía a buscar respuestas.

 

El SL30 tenía la certeza de que la muerta no era Bloo, puesto que había analizado el ADN del cuerpo y este no concordaba con el de su amiga. Sin embargo, no tenía cómo comprobarlo a sus compañeros detectives de la época, ya que obtener un examen de ese tipo era casi imposible para los sencillos policías de esa región en 1994. Los análisis dentales o de huellas dactilares tampoco eran posibles, pues el cadáver tenía el rostro y las manos prácticamente irreconocibles; lo único que podía hacer era investigar si alguien más había desaparecido recientemente y encontrar el paradero real de "su esposa". La hermana de Bloo y su primo Laude fueron informados del presunto asesinato, pero, contrario a lo que todos esperaban, Laude estuvo de acuerdo con la opinión de Silver acerca de que la muerta no era Bloo, convenciendo a su prima mayor de permanecer tranquila y esperar los resultados de la investigación. Al caer el sol, Silver había descubierto que la familia de Ziggy eran los únicos que tampoco estaban en el pueblo, pues habían salido de vacaciones. Algunos testigos habían visto a Bloo charlando con ellos en el mercado horas antes de que el cuerpo fuera descubierto, pero ninguno estaba seguro de qué había pasado luego. Entonces fue a la funeraria del pueblo y supo que el día anterior habían robado el cadáver de una pequeña mujer morena de largos cabellos negros. Con esta nueva información, Silver volvió a casa y contó todo a los demás.

Mari escuchó sus hallazgos y opinó con escepticismo:

—En el mejor de los casos, la tonta de Bloo se fue de vacaciones con Ziggy sin avisarnos y sin equipaje. Entonces alguien robó un cadáver, lo vistió con las prendas de Bloo que obtuvo de alguna forma que desconocemos, lo destrozó y lo depositó detrás de la iglesia. Luego plantó pruebas falsas en la casa de Pete y lo acusó de matar a Bloo. ¿Qué se supone que hará el mentiroso cuando Bloo regrese? ¿Decir que resucitó? El plan es más tonto que todos los de Silver, Bloo y Aureus juntos; y no me contradigan, son un trío de idiotas y por eso el futuro está condenado.

Hablando de forma melancólica y con una mirada sombría que nunca antes había mostrado, Pete respondió:

—Ya no importa si soy inocente de este crimen. Mi pasado ha vuelto. Todos me llaman loco y me asocian a los asesinatos de mi adolescencia. Comparado a mí, ser un simple ladrón de arte es casi honorable.

Después se levantó y se fue como un muerto en vida hacia su casa. Mari tuvo la intención de ir tras él, pero luego desistió y volvió a sentarse en el piso junto al selenita, mientras encendía un cigarrillo. Tragó saliva y preguntó a Silver, secándose una lágrima:

—¿Qué haremos si realmente es un asesino serial? ¿Pueden volver en el tiempo y evitarlo?

Entonces Aureus le contestó:

—Legalmente Pete, Bloo y el robot son míos. Soy yo quien debe decidir el futuro del ciborg. Y no quiero que exista nadie que sea capaz de dañar a alguien como Bloo. No importa si pueden cambiarlo o no; lo mataría si fue él.

Mari guardó silencio y Silver respondió:

—En ese caso tendrías que matar a todos los seres humanos, porque todos son capaces de cosas horribles. Les aseguro que ese cadáver no era el de Bloo y si ella no contesta a mis llamados debe ser porque esa es su decisión, a menos que alguien del futuro la haya robado y alterado. Necesitamos encontrarla urgentemente.

Mari se puso de pie y dijo:

—A estas alturas, ya todos en el futuro deben saber que "la novia" de Aureus IV es Bloo. Si alguien la tocó, debe tener algo de poder en la Luna; estar relacionado con Alma Colectiva, con aquellos que están interesados en que el Homo sapiens se extinga. Quizás se dieron cuenta de que alteramos las cosas con el club de lectura. No puede ser que esto sea tan sencillo como que "se fue de vacaciones y se le olvidó avisarnos". ¿Qué relación tiene Del Cid con Alma Colectiva según tus investigaciones, Silver?

El hombre artificial contestó:

—Lo relaciono con otro personaje de los sueños recurrentes de Selenita.

Aureus agregó, como explicando:

—La estatua de un héroe en una galería de arte. Parece estar hecha de resistente metal cromado, pero de pronto recibe una pedrada y se rompe en mil pedazos como si fuera de cristal. Solo la cabeza queda completa.

Tras meditar un momento, Mari los miró preguntando:

—Si después de todo Bloo sigue viva y los Del Cid solo están empeñados en hacerle la vida imposible a Pete... ¿Qué haremos él y yo luego de que esto se aclare?

Silver respondió fríamente:

—Aunque neutralicemos al objetivo, su familia seguirá empeñada en hacer sus días miserables y posiblemente se ensañen aún más cuando Justo Del Cid pierda la razón. Tendrían que mudarse o tener mucha paciencia. Por más ayuda que reciban de los padres de Marzanna, están en el territorio de Del Cid y él lleva la ventaja.

Mari golpeó la pared con un puño y exclamó:

—¡De cualquier forma nosotros perdemos y nuestra vida será desdichada como originalmente debía ser! Maldito destino, ¿cómo escapar de él?

—Cambiándolo.

Dijo Silver, y se retiró de la sala.

 

En los días posteriores, intensificaron la búsqueda de Bloo y la familia de Ziggy. Silver incluso viajó al lugar donde se suponía irían a vacacionar sin poder encontrarlos. Aureus vagaba por los alrededores del pueblo tratando de percibir el aroma de su amada día y noche; cuando se cansaba iba a llorar en el regazo de Mari y luego volvía a su búsqueda. Mari tampoco podía estar en paz; la impotencia de saber que en esos momentos su mejor amiga podría estar pasando por algo terrible la consumía. No podía dormir, no quería comer. Ver al selenita desesperado la hacía sentirse peor y, por si todo esto no fuera lo suficientemente desalentador, su marido parecía haberse rendido ante la vida.

Pete no quiso volver al pueblo, se negaba a recibir visitas, salía a veces para pasearse entre los árboles sumido en pensamientos oscuros o a mirar el ocaso a solas, sentado al borde de un precipicio. La gente le tenía miedo y corrían rumores estrafalarios sobre él. Mari ya no sabía qué creer, puesto que Pete actuaba cada vez más extraño. Una tarde lo encontró sentado en su mesa de trabajo, mirando fijamente sus manos con una expresión vacía que le heló el corazón. Cuando le preguntó cómo estaba, él contestó:

—He dejado de tener esperanzas, pero también de sentir angustia. No podría caer más bajo ni salir de este agujero. Ya nada importa en realidad. Creo que simplemente ya no puedo sentir.

Mari lo abrazó con fuerza y lo obligó a ir a la cama. Las cosas parecían ir acercándose a un punto de quiebre inminente.

Por fin, una tarde, mientras Aureus vagaba por las líneas de un tren secándose las lágrimas con las mangas de la camisa como un niño monstruoso, el viento sopló trayendo el perfume de Bloo. Corrió en dirección a la fuente del aroma saltando entre ramas y tejados de casas cercanas, apareciendo y desapareciendo en diferentes puntos, sembrando el terror entre quienes tenían la desgracia de encontrárselo. Así viajó varios kilómetros hasta llegar a una carretera y detenerse en mitad de la calle olfateando el viento, sin preocuparse de los camiones que casi chocaban al tratar de esquivarlo ante el terror de su figura desgarbada y espeluznante.

En esos mismos instantes, Eros venía conduciendo el automóvil familiar mientras sus padres dormían atrás y Ziggy, sentada en el asiento del copiloto, entonaba una canción junto a Bloo, quien desde el asiento trasero se asomaba para apoyarse en el hombro de la rubia. Eros apartó la mirada de la carretera un momento para decirle a Bloo que se sentara correctamente y se pusiera el cinturón de seguridad, y cuando se volteó apareció frente a él una escalofriante silueta humanoide. Frenó instintivamente dando un grito de sorpresa y terror, en una acción tan brusca y repentina que Bloo salió disparada desde el asiento trasero, atravesó el parabrisas y se estrelló contra el pavimento, rebotando algunos metros como una muñeca de trapo hasta quedar tirada en mitad de la carretera. Eros, Ziggy y sus padres la miraron horrorizados, olvidándose de sus propios golpes. Bloo no se movía, y para colmo el selenita corrió a ella, la levantó del suelo y la besó en la boca con gran pasión, y luego corrió alegremente al automóvil arrastrándola; la muchacha tenía ambos brazos y una pierna retorcidos de forma grotesca. Los padres de Ziggy gritaron espantados y Aureus simplemente se paró ante la ventanilla y dijo a Eros con una gran sonrisa:

—Se me rompió. ¿Hay algún lugar donde puedan ponerle uno de esos vendajes de yeso para que vuelva a soldarse sola?

Eros tomó aire, salió del auto y preguntó a Bloo:

—Amiguita... ¿puedes oírme?

La chica ciborg abrió los ojos sin mostrar dolor, se paró en la pierna que tenía intacta, agitó los miembros rotos y colgantes como para comprobar que estaban dañados y respondió:

—Estaré bien en una semana o dos.

 

Poco después, Silver restablecía comunicación con Bloo. Ella simplemente había aceptado pasar unos días con Ziggy y su familia en la playa y tuvo la mala idea de evitar comunicarse personalmente con Silver para avisarle sus planes, pues pensó que la reprocharía. Así que le pidió a Del Cid que se lo dijera por ella. Sin imaginarse todo el problema que acarrearía esto, se le ocurrió además que disfrutaría mejor el viaje si cortaba toda comunicación con el pueblo; aun cuando al llegar al destino acordado se dieron cuenta de que el lugar ya estaba muy lleno y decidieron ir a otra playa cercana. Silver informó todo lo sucedido a la policía y a Mari, mientras otro detective iba a interrogar a Del Cid a su residencia y el propio Silver iba junto a un agente de policía hasta un pueblo cercano donde Bloo recibía asistencia médica, acompañada por Ziggy, su familia y Aureus oculto tras su sombrero y una bufanda.

Mari y Pete por fin pudieron suspirar aliviados. Después de la llamada de Silver avisándoles que Bloo estaba a salvo, se abrazaron durante un largo rato en silencio; como tratando de expulsar de sus cuerpos la tensión de las semanas pasadas. Durmieron un rato en el sofá hasta que Pete dijo que sería buena idea ir a visitar a Bloo y de paso saludar a Eros y Ziggy en su casa. Mari aceptó y bajaron al pueblo en la vieja camioneta. Iban a detenerse primero en casa de Ziggy, para ver si ya habían regresado del hospital; pero Pete dijo entonces que sería descortés llegar con las manos vacías. Así que fueron a una floristería sin lograr encontrar un lugar donde estacionarse cerca. Pete se aparcó a unas calles del establecimiento, besó a su esposa y la dejó esperando en la camioneta mientras él hacía las compras. Casi llegaba a la floristería cuando recordó que no sabía cuáles eran las flores favoritas de las chicas, así que regresó a preguntarle a Mari. Cuando lo hacía, pasó a su lado Del Cid conduciendo mientras discutía con su hermano. Iban tan enfrascados en su debate que no se fijaron en que Pete pasó al lado y se les quedó mirando con resentimiento hasta verlos estacionarse a unos metros y bajar, Del Cid cargando unos estuches largos y su hermano forcejeando con él.

Algo le hizo hervir la sangre a Pete. Quiso ir y ajustar cuentas personalmente con su rival de nuevo. Se acercó a los dos hombres mientras los veía entrar a una casa abandonada y entró tras ellos hasta alcanzarlos en un segundo piso. Del Cid estaba apostándose en una ventana desde la que se podía ver la casa de Ziggy; tenía un rifle y apuntaba, mientras su hermano trataba de hacerlo entrar en razón. Pete los miró sin entender qué sucedía y Del Cid notó su presencia; se puso de pie de un salto mientras su hermano decía tristemente al recién llegado:

—Se lo dije; usted no sabe de lo que mi hermano es capaz. Ayúdeme a detenerlo. Quiere hacer daño, y su mentira ya no puede ir más lejos.

Pete intentó hacer que Del Cid le entregara el arma y el hombre le apuntó, ordenándole que se alejara. En un movimiento rápido Pete se apartó de la mira del rifle y logró ponerse al lado de Del Cid para tratar de arrebatarle el arma. El hermano de Del Cid también hizo lo posible por inmovilizarlo, pero el hombre se retorcía golpeando con los codos y dando patadas, hasta que durante el forcejeo soltó un disparo y Pete retrocedió. Del Cid aprovechó la oportunidad para zafarse y volvió a disparar sin atinarle, después lo intentó una segunda vez. Entonces su hermano se interpuso ante Pete abriendo los brazos y pidiendo que tirara el arma. Del Cid disparó directo al cuello del joven uniformado. Pete lo recogió, quedando los dos bañados en sangre, mientras Del Cid dejaba caer el arma mordiéndose las uñas. Las sirenas de una patrulla ya se oían cerca y el tirador rompió en llanto diciendo a su hermano:

—Perdóname. Sabes que no quería hacer esto. ¡No quiero ir a la cárcel!

Con sus últimas fuerzas, el joven militar balbuceó:

—Perdóneme usted, Marzanna. El amor entre hermanos es sagrado. No te preocupes, hermanito; yo jamás declararé en tu contra.

Tras decir esto perdió el conocimiento y los policías entraron al lugar. Del Cid comenzó a llorar histérico y a decir que Pete había intentado matarlos a él y a su hermano. Pese a que Pete negó todo, fue puesto bajo arresto mientras Del Cid era llevado a un centro médico debido a su grave estado emocional. Su joven hermano fue llevado inmediatamente a la unidad de cuidados intensivos; se hablaba de que tenía el esófago perforado y la columna vertebral lesionada a la altura de la nuca. Podían salvarle la vida, pero probablemente quedaría tetrapléjico y en coma por un tiempo indefinido.

Casi a medianoche, Silver consiguió sacar a Pete con la ayuda de la familia Marzanna, que le anunció a su hijo que desde ese día quedaría desheredado y no volverían a solventar los gastos de su vida en ese pueblo. Mientras se despedía de él frente a su casa, Silver le reveló una buena noticia:

—Según mis investigaciones y la interpretación de los sueños de Selenita, Justo Del Cid no era el futuro miembro de Alma Colectiva. Nuestro objetivo era su hermano: un héroe cuyo cuerpo fue roto de un solo impacto como si fuera de cristal. Supongo que en el futuro ese joven militar despertará, se rehabilitará y se convertirá en un intelectual que inspirará a todos con su tragedia y su lucha por superarse. De modo que, ahora que sabemos el final de la historia, podemos mover un poco las piezas buscando no alterar mucho el resultado.

Pete, ya harto de todo lo que había vivido a partir de las trampas mal planeadas de su enemigo, lo miró sonriendo con un aire maníaco.

 

Mari despertó con los primeros rayos del sol. Su esposo se había levantado antes que ella; besó su anillo de bodas dando gracias de que no fuera un asesino. Era un domingo precioso y, luego de tomar una taza de café mirando a Pete trabajar con unos moldes de yeso, se puso un largo vestido amarillo lleno de encajes, se colgó una guitarra sobre la espalda y bajó al pueblo en bicicleta. Todo le parecía extraño y comenzó a discernir que mucho de lo que recordaba era parte de un sueño. Llegó a casa de Bloo y se sentó en el patio interno con ella, charlando mientras asaban mazorcas tiernas en una hoguera hecha con hojas secas:

—Bloo, he tenido un sueño horrible. Soñé que Pete se veía envuelto en un lío legal turbio en el que estaba involucrado un objetivo de Silver. Un militar.

Sin ponerle mucho interés, Bloo respondió:

—Son recuerdos que tu cabeza revive cuando estás dormida. El último objetivo neutralizado fue ese joven militar que perdió a su hermano mayor diez años atrás. Del Cid, el que da charlas motivacionales en las escuelas.

Mari la miró extrañada y preguntó:

—¿Su hermano muerto? ¿No es un artista famoso del pueblo?

—No. Hace diez años, el chico recibió un pequeño cofre hecho por un misterioso artista que se lo obsequió a sus antepasados a finales del siglo XIX. El artista era un extranjero raro que nadie había visto antes en el pueblo; la familia lo tuvo en gran estima y no se negó cuando él les pidió que guardaran un regalo para un niño que nacería dentro de cien años. Fue un hecho extraño que marcó a Del Cid: durante un siglo ese cofre estuvo guardado específicamente para el primogénito de esa generación de la familia. Se suponía era algo maravilloso que nadie más tendría que ver, y por eso el regalo permaneció sellado todos esos años. Cuando el muchacho elegido finalmente lo abrió, un mecanismo le lanzó varias navajas de las que se usan para tallar. Lo mató un artista victoriano asesino; nadie sabe por qué razón planeó algo tan cruel y nunca supieron quién fue en realidad. Da miedo, ¿verdad?

Dijo Bloo, mientras Mari se rascaba la cabeza confundida:

—¡Qué raro! En mi sueño estaba vivo. Y arruinaba nuestro matrimonio; hasta lograba que los padres de Pete nos retiraran su ayuda económica.

Bloo la miró seriamente:

—También olvidas que eso sí fue verdad. Luego de tu boda y el escándalo que se hizo por la fiesta con los motociclistas, sus padres y los tuyos los desheredaron. Esa es la razón por la que ahora él se esmera más que nunca en su trabajo y tú tuviste que aceptar esa oferta de empleo como cantante en ese rancio restaurante de comida ranchera.

Mari se vio a sí misma sorprendida, vestida de forma extrañamente cursi para su gusto, y exclamó una obscenidad.

 


 

Doncella

 

 

Pasaron los meses y la temporada escolar volvió. Bloo cumplió dieciocho años sin que alguien lo celebrara, pues ese año no fue bisiesto, pero al menos tuvo la alegría de verse nuevamente en un salón de clases con Mari. Alumnos y maestros parecían algo incómodos con la presencia de la jovencita que había hecho portada en los periódicos por su precoz matrimonio, pero era algo que nadie comentaba en público. Mari no tardó en ser otra vez una de las mejores estudiantes de la clase, llegando incluso a superar a Ziggy, que últimamente andaba muy dispersa; pero su buen desempeño académico no mejoraba las cosas: se habían convertido en un trío de «chicas malas». Bloo era mal vista por estar casada con un «policía» mucho mayor que ella, y Ziggy tampoco tenía buena reputación desde que rompió su compromiso con un caballero respetable de la comunidad. Se reunían a la hora del almuerzo en una pequeña arboleda detrás de la escuela y trataban de sobrellevar juntas la situación.

En una de esas charlas, Ziggy comentó a sus amigas:

—Es como si... tras habernos involucrado con un hombre nos hubiéramos vuelto maduras, astutas y peligrosas por arte de magia. No entiendo su desconfianza. Hablan de mí como de una mujer, pero aún me siento niña.

Mari encendió el cigarrillo que escondía en el sostén, exhaló el humo despacio y dijo:

—La primera vez que lo hice creí que era un trabajo de actuación serio, nada más. Me mantuve serena y educada, y mi seguridad los amedrentó. Así descifré el misterio más sobrevalorado de la humanidad. Ahora creo que debería ser algo así como descorchar una botella de vino caro con un buen amigo, no la torpe iniciación a lo que será una rutina tediosa. He pensado que realmente solo hay dos buenas razones para entregar tu intimidad: amor o mucho dinero.

Las otras dos guardaron silencio un momento hasta que Ziggy confesó sonrojada:

—Lo que dices es interesante, pero siendo sincera... tengo demasiada curiosidad. Y en verdad me gustaría que el primero fuera Aureus.

Bloo y Mari guardaron silencio un momento hasta que la pelirroja dijo con picardía:

—Aureus Lunae IV... ¿Se lo imaginan acabando...?

Luego agregó, haciendo un bizco y aferrándose a un árbol con movimientos exagerados mientras imitaba la voz del selenita:

—¡Ji jiji, no sé si me estoy acabando porque siempre ando así de trastornado!

Bloo y Mari estallaron en carcajadas sin poderse contener, por lo que Ziggy se sintió profundamente ofendida. Tomó su maletín de útiles escolares y se fue corriendo sin despedirse.

Ziggy estaba atravesando por una adolescencia difícil; quería respuestas, pero ya sabía suficiente como para darse cuenta de que no cualquiera podría darlas. En esos momentos solo la fría compañía de Silver le inspiraba confianza. El hombre artificial solía escucharla con respeto y paciencia maquinal para luego darle consejos totalmente basados en el razonamiento lógico que, para Ziggy, complementaban a la perfección su perspectiva intuitiva y sentimental de la vida. Silver también «gustaba» de la compañía de Ziggy; valoraba la dulce espontaneidad e inteligencia de la chica, aunque expresar su aprecio le costaba el tener que imitar conductas demasiado humanas para él, como sonreír o inventar alguna caricia para reconfortarla. No era algo para lo que estuviera programado originalmente, pero le interesaba cultivar esa amistad.

Esa vez, cuando Ziggy llegó a llorar al regazo de Silver contándole lo que Mari y Bloo habían hecho en la escuela, él le dio algunas palmaditas en la cabeza y dijo:

—La mente humana divaga demasiado; se pierde en largas cavilaciones sin sentido acerca de cosas vanas. Es signo de que tienes demasiado tiempo libre, pese a ser una estudiante dedicada y tener un empleo de medio tiempo. Realmente es fascinante la cantidad de energía que posees. Podrías ayudarme en mis investigaciones. Hay una joven de dieciséis años que he estado vigilando desde hace tiempo, pero no encuentro la forma de acercarme a ella sin que resulte sospechoso. Lo mejor sería que otra mujer de su misma edad la contactara.

Ziggy se acurrucó poniendo atención:

—Puedo hacerlo. ¿La he visto en la escuela?

—No, recibe educación a distancia. Según he averiguado, es hija única y su madre la sobreprotege en exceso, al punto de negarle ir a la escuela como cualquier joven. Ella es el interés romántico de nuestro último objetivo, el joven soldado Del Cid. Se unió hace poco al club de lectura del pueblo, visitó a Umbra y a la tía de Bloo en la clínica psiquiátrica, visita a la madre de tu ex novio para aprender a tejer y también llevó juguetes al pequeño hijo de los narcotraficantes que sorprendimos aquella vez. Como puedes ver, por alguna razón esta joven es sospechosamente amable con los miembros de Alma Colectiva. Necesito saber por qué lo hace, quién es en realidad y qué es lo que pretende.

Ziggy aceptó el trabajo con entusiasmo. Lo abrazó, le besó una mejilla diciéndole que haría su mejor esfuerzo y se fue corriendo a planear cómo entablar amistad con el posible objetivo. Silver la vio irse; casi no forzando una sonrisa. Luego se asomó fuera de su despacho: la casa estaba vacía, y una alerta se activó en su mente robótica al recordar que Bloo últimamente hablaba de temas que no eran propios de su edad y pasaba mucho tiempo a solas con el selenita.

A esa misma hora, Bloo y Aureus estaban en lo más profundo del bosque, llegando al manantial escondido en el cráter de un volcán extinto donde el calor del fuego ancestral aún se ocultaba bajo las mansas aguas de color turquesa, cubiertas de bruma blanquecina y rodeadas de helechos. Bloo se sentía extrañamente inquieta en esa época: su atracción por Silver se había intensificado de un modo que no sabía cómo nombrar, y sus ansias se aliviaban en las correrías con Aureus, con quien podía ser ella misma y decir lo que le viniera en gana. Esa tarde estaban en el centro del manantial, charlando acerca de monstruos y fantasmas, cuando Bloo miró al fondo del agua y preguntó:

—Una vez me dijiste que vivías aquí. ¿A qué te referías?

—Hay una pequeña residencia de veraneo de mi familia escondida bajo nosotros. Esta es la puerta. Ha estado en este mismo lugar desde hace siglos, mucho antes de que existiera el pueblo. Yo era un niño cuando mi madre me trajo aquí por primera vez. Si te fijas bien, en el fondo hay un círculo con el emblema lunar; esa es la entrada.

Bloo entornó los ojos bajo el agua y distinguió, entre las piedras cubiertas de musgo, la forma tallada con precisión antigua: un disco rodeado de fases menguantes, casi invisible si no se sabía dónde mirar.

De pronto una vocecita chillona los hizo saltar del susto. Ziggy había llegado al manantial y los miraba aterrada.

—¿Pero qué está pasando?

El selenita la miró con verdadero odio y Bloo gritó ruborizada:

—¡Puedo explicarlo! ¡No es lo que parece!

Con los ojos muy abiertos y algunas lágrimas asomando, Ziggy se cubrió la boca y retrocedió:

—No sé ni qué es lo que parece...

Entonces Aureus se hartó y le respondió furioso:

—¡Si te asusta quédate tranquila, nadie quiere estar así contigo!

Bloo lo miró pálida y boquiabierta, y corrió a la orilla para huir mientras se ponía la ropa en el camino. Aureus se desvaneció en el aire como solía hacerlo, y la joven rubia se quedó mirando el agua. Ella solo había llegado guiándose por su instinto selenita, tratando de pedir la colaboración de Aureus para reconocer al próximo objetivo.

Ziggy volvió a su casa, tomó un largo baño y se metió a la cama tratando de olvidar lo que había visto. De pronto escuchó la voz de Aureus:

—Por tu culpa Bloo no me dirige la palabra y se fue a dormir con los Marzanna.

Abrió los ojos y lo vio al pie de la cama con su vestimenta selenita y una expresión fría. Él la miraba fijamente con esos extraños ojos de párpados, esclerótica e iris negros, pero pupilas rojas y refulgentes. Luego habló, con la misma indiferencia con que podría referirse al tiempo:

—Solo vine para sacarte los ojos y así quitarte lo curiosa de una buena vez. Y eso no es una broma.

A continuación sacó sus largas uñas negras retráctiles y Ziggy exclamó atropelladamente:

—¡Puedo ayudarte a recuperar a Bloo! No solo a que vuelvan a ser amigos; ayudarte a que vuelvan a ser como en el pasado borrado. Con su hijo, viviendo juntos, sin Silver molestándote.

Aureus retrajo las uñas y esperó escuchar más. Ziggy tragó saliva y explicó lo del método para recuperar recuerdos borrados en los Sapiens, y el trato que proponía: ella convencería a Bloo de explorar su pasado si a cambio él la ayudaba con el próximo objetivo, reconociendo en la sospechosa alguna pista que solo un selenita podría detectar.

—¿No te parece más importante pedirme que te deje conservar la vista?

—Si aceptas el trato tendrás que respetar mi integridad física. Piensa que si me dejas ciega será muy difícil terminar la misión, y que Bloo no va a querer reanudar su relación con alguien que le saca los ojos a sus amigas.

Él sonrió maliciosamente y se desvaneció en el aire.

A la mañana siguiente Ziggy despertó sintiéndose observada. Se volteó y vio a Aureus otra vez al pie de la cama, mirándola como perdido en sus propios pensamientos. Ella guardó silencio entre asustada y confundida hasta que él habló, totalmente indiferente a sus reacciones:

—Entré a la casa de la sospechosa ayer y la espié un rato desde su armario. La reconocí como un miembro de Alma Colectiva, pero es extraña. No duerme, no come, ni siquiera va al baño. Al parecer antes era una Sapiens normal, pero un día cambió sin motivo aparente. Todo indica que es una adivina.

—¿Es decir que tiene poderes extrasensoriales?

—No. Un adivino es un tipo especial de sirviente robótico usado por Prometheus: robots enviados a determinada parte del pasado o el futuro para descifrar misterios históricos o pronosticar las consecuencias de decisiones delicadas. Los envían a una fecha cercana al evento que desean investigar y los colocan en lugar de un ciudadano ya existente, que es desechado en secreto. Su uso está regulado estrictamente y todas sus acciones son del conocimiento público de los ciudadanos selenitas desde el año 3001. Sabía que existían tres adivinos: A1 y A2, usados para investigaciones arqueológicas, y A3, que se empleó una sola vez para estudiar los efectos de cierta droga a largo plazo. Pero ella no es ninguno de esos. La ley dice que todo adivino ilegal detectado debe ser destruido. Fui a contarle lo que vi al SL30 y me dijo que la eliminara sin llamar la atención, de forma que parezca accidental. Pero antes quiere que sigas la idea original de acercarte a ella y averiguar quién la mandó. Creo que la máquina tiene razón esta vez; solo por eso estoy cooperando con él y contigo.

Luego miró una ventana lánguidamente y agregó:

—Espero que realmente puedas hacer que Bloo me deje acercarme a ella de nuevo. No tienes idea de cuánto la deseo.

—Haré mi mejor esfuerzo, pero creo que no hay destino que valga contra el libre albedrío de cada quien. Si una persona quiere y puede hacer algo, lo hará. Puede que tu amor por ella sea grande, ¿pero será más grande que el de Bloo por Silver?

Entonces Aureus comentó con algo de preocupación:

—Ahora que es un ciborg, cada vez que la hago sentir placer me electrocuta; pero no me importa. La quiero así. Haz todo según lo que te he dicho, y más te vale que me hagas volver con mi mujer antes de que la máquina me la robe.

Ziggy aceptó las indicaciones con un gesto animoso. Aureus se despidió de ella con fastidio y desapareció.

La próxima acción de Ziggy fue tratar de encontrarse con la joven sospechosa. Se inventó una excusa para ir a la casa de su ex futura suegra el viernes, cuando el posible objetivo iría a tomar clases de bordado. Ya casi en la puerta se acobardó, pues sabía que ya no era bienvenida ahí, y mientras trataba de convencerse a sí misma de entrar fue sorprendida por una primorosa mano que emergía de una empuñadura de encaje, ofreciéndole un clavel blanco. Se volteó encontrándose con la sospechosa: una muchacha de aspecto angelical y largos cabellos negros rizados, que le comentó sonriendo:

—Parece que estás a punto de hacer algo que te resulta difícil. Creo que todo es más sencillo si lo adornas con pequeñas alegrías. Espero que esta flor te brinde una.

La joven se llamaba Perséfone, pero prefería que la llamaran Persi. Era el ser más adorable y bondadoso que Ziggy pudiera imaginar. Rápidamente trabaron amistad y se contaron sus vidas mientras paseaban alrededor de la plaza del pueblo. Persi dijo de sí misma que era una chica algo tímida y enfermiza que evitaba a toda costa los conflictos, por lo que solía ser siempre controlada por los deseos de su madre, que la sobreprotegía y presionaba para que fuera una buena hija. Ziggy se sintió inmediatamente identificada con ella y le contó cuánto sufría tratando de hacer lo correcto y agradar a todos sin llegar a satisfacer a nadie. Pronto olvidó que Persi era una enemiga potencial y le contó sus desventuras amorosas, apenas escondiendo el hecho de que Aureus no era un ser humano común y corriente. Su misteriosa nueva amiga dejó de hablar de su propia vida y se enfocó en hacer que Ziggy le contara mayores detalles sobre la verdadera naturaleza de Aureus y Umbra, poniendo especial interés en por qué Aureus había llegado al pueblo y qué era lo que hacía ahí. Ziggy tuvo grandes dificultades para evadir esas preguntas, pero aun cuando se sintió coaccionada no dejó de pensar que Persi era una persona maravillosa al despedirse de ella.

Ese sábado pasó todo el día contándole a Pete lo dulce y amable que era su nueva amiga, mientras el artista pretendía escucharla asintiendo a cada tanto y dirigiéndole una mirada atenta, escondiendo unos audífonos bajo su larga cabellera negra. Al terminar su trabajo bajó a encontrarse de nuevo con Persi, olvidándose incluso de visitar a Silver en el camino e ignorando haber visto al selenita observándola desde un tejado. El domingo invitó a Persi a un día de campo; tuvo la idea de invitar también a Bloo y Mari, pero se arrepintió al recordar lo rudas que podían ser las dos. La plática con Persi siempre iba en dirección a saber más detalles sobre los amigos de Ziggy, y por este motivo las situaciones engorrosas se volvieron algo habitual en su amistad; hasta que una tarde, luego de varios días de ser las mejores amigas de todo el pueblo, apareció la manzana de la discordia.

Ziggy y Persi jugaban a girar tomadas de las manos en un hermoso prado mientras las mariposas revoloteaban entre la hierba agitada, cuando de pronto Persi vio algo y soltó a Ziggy, haciéndola caer. Ante ellas había un tablón de anuncios con inscripciones para clubes sabatinos en la escuela del pueblo. Haciendo caso omiso del popular club de lectura, Persi se emocionó con el club de cocina, en el cual solo estaban inscritos dos nombres. Anotó el suyo y Ziggy hizo lo mismo sin pensarlo dos veces.

Llegó el sábado y las dos amigas fueron a la escuela. Los únicos dos miembros originales ya habían llegado: una chica alta y robusta llamada Flora, que mostraba experiencia y habilidad en la cocina y en la vida por su carácter maduro; y un adolescente rubio de ojos dorados, arrebatadoramente bello y delicado cual príncipe, pero torpe y perezoso como un burro. Por los gritos con que su compañera le llamaba la atención supieron que se llamaba Albert, y se dedicaba a impacientar a Flora comiéndose el azúcar y bailoteando en torno a ella. Ziggy se sintió algo decepcionada al conocerlos, pero Persi en cambio se mostró feliz de estar ahí y comenzó a juguetear con Albert, comportándose de una forma traviesa e irreverente que Ziggy jamás hubiera imaginado de ella. Llegó el presidente del club, que también era el hijo del pastelero del pueblo, y comenzaron las actividades. Acordaron hacer parejas para trabajar y Persi ignoró a Ziggy uniéndose rápidamente a Albert. Flora notó el desencanto de la jovencita rubia y le dijo en voz baja, mientras se ponía un delantal:

—La gente suele desilusionarnos de vez en cuando, no lo tomes tan en serio. Yo realmente le agradezco a tu amiga que me haya librado de esa cruz. Albert solo se unió al club para comer gratis. De él nada más sé que es hijo de un hombre importante, pero por lo poco que lo conozco puedo decirte que es un idiota.

—También es muy atractivo... La apariencia suele valer más que la personalidad.

En los días posteriores Persi comenzó a invitar a Albert a cada salida que tenían con Ziggy. Los dulces paseos en los prados cambiaron por pequeñas fechorías que Albert planeaba con Persi como cómplice, mientras Ziggy hacía el mal tercio. El chico se divertía cambiando los rótulos de señalización de los caminos para confundir a los viajeros, cometía hurtos menores en la dulcería del pueblo y rompía ventanas a pedradas para luego huir corriendo. Ziggy estaba horrorizada con el nuevo amigo de Persi, pero siempre la seguía por lealtad. Durante las clases de cocina era peor: Albert incendiaba o derramaba algo y Persi corría a defenderlo al estilo rebelde-revolucionaria si el presidente del club le llamaba la atención. Ziggy observaba todo con disgusto hasta que una tarde Flora le comentó:

—Por momentos parece que estuvieras celosa de tu amiga. ¿Acaso también has caído rendida bajo los encantos de nuestro Adonis incendiario?

Ziggy no respondió; desde ese momento sintió curiosidad por sus propios sentimientos reprimidos. La próxima vez que salió con Albert y Persi, empezó a reírse también de las tonterías del chico y a jugar con él. Persi reaccionó con enojo y comenzó a interponerse entre los dos con tanta insistencia que Ziggy terminó enojándose y apartándola de un empujón. Albert no opinó nada al respecto, limitándose a mirarlas con angelical preocupación. Desde ese momento ambas se declararon enemigas y no se hablaron más.

Cada una siguió su vida aparte hasta el otro sábado, cuando la escuela comenzó a organizar un festival para la próxima semana, donde cada club sabatino haría una pequeña exposición. El club de cocina decidió hacer un pie de manzana y refresco de naranjas y fresas. Flora se encargaría del postre con la mínima ayuda de Albert, Persi haría la decoración y Ziggy se encargaría de preparar el refresco. Desgraciadamente, Ziggy tampoco era un prodigio en la preparación de alimentos y terminó haciendo un brebaje frutal ácido y espeso. Sin embargo fue optimista: al fin y al cabo todos eran aprendices inexpertos, y cualquier cosa que ella hiciera no podría ser tan mala como lo que haría Albert. Pero al llegar se encontró con que Persi había decorado el cubículo del club con el mejor de los gustos, y todos comentaban el aroma delicioso que despedía el pie de Flora desde el horno. Ziggy guardó silencio esperando a que Albert quemara algo o tirara el postre al entregarlo, pero lo hizo en perfecto estado y cubierto con una salsa de manzana que había preparado él mismo y que, luego de ser probada por las tres chicas con marcada desconfianza, resultó tener un sabor exquisito. Entonces todos se volvieron a mirar a Ziggy y le preguntaron acerca del refresco. Ella puso la jarra en la mesa completamente ruborizada. Flora fue la primera en beber un vaso; no pudo evitar escupir el primer trago y correr al baño a lavarse la boca. Albert se asomó a ver el contenido de la jarra, encontrando un líquido fangoso de olor cáustico. Entonces Persi sonrió burlona:

—¿Cómo pensabas darnos a beber ese veneno a todos? Estás loca.

La jovencita rubia le respondió con una bofetada y luego se dirigió hacia la salida diciéndole con seriedad:

—Te espero a las cuatro en el prado de las flores... para arreglar cuentas.

A las cuatro en punto, Ziggy ya esperaba acurrucada entre la hierba cuando Persi llegó seguida por Albert. Las dos muchachas corrieron a atacarse entre gritos agudos y comenzaron a jalarse el pelo y darse pataditas en las rodillas, mientras Albert las veía primero con preocupación y luego con abochornamiento por la torpeza de la pelea. Se revolcaron un rato en la hierba hasta que de pronto Ziggy se hartó, se alejó corriendo mientras Persi la perseguía y subió a un árbol desde donde lanzó una de sus curiosas «psyballs» a su rival. Persi se quedó mirándola desconcertada y luego comenzó a emitir un zumbido extraño; su piel se enrojeció calentándose a una temperatura antinatural y finalmente se contorsionó violentamente mientras le estallaban los ojos, quedando congelada en una posición rígida como una estatua.

Aureus Albert Margrethe Juan Harold William Charles Isabel Henry Lunae, en su forma sapiens, se acercó a revisarla y luego dijo haciendo aparecer una pantalla holográfica sobre su mano mientras digitaba órdenes:

—La máquina tenía razón: tienes demasiada energía. Esperaba que sobrecargaras al robot al enfurecerte, pero no que la hicieras explotar. Tiene una personalidad artificial muy convincente; casi parecía estar realmente enojada contigo.

Ziggy lo miró confundida y él continuó, mientras le abría la frente a Persi e introducía una pequeña placa en una de las ranuras de su cráneo metálico:

—No la vamos a destruir; solo le instalaremos este aparato para seguirle los pasos en secreto y apagarla cuando sea necesario. Ahora larguémonos de aquí y pretende que no entiendes qué sucedió. El robot se autoreparará en un par de horas. Podemos considerar a esta señorita como neutralizada.

Hizo una pausa y agregó con indiferencia:

—La salsa estaba buena, ¿no?

Desde ese día Silver consiguió una espía involuntaria en el robot que había reemplazado a «Persi», y Ziggy tuvo aversión a las manzanas. 


 

Viejo sabio

 

 

Los últimos eventos dieron a Ziggy nuevos ánimos para intentar convencer a Bloo de explorar su pasado borrado. Lo logró haciéndole ver que así podría decidir con claridad si lo mejor era quedarse con Mari y Pete, o si era seguro volver a la casa del pueblo con Silver y Aureus. De ese modo cumplió su promesa y se mantuvo a salvo del selenita al menos hasta que Bloo decidiera qué hacer. El tío de Ziggy, Sennet, las recibió en secreto, pues Bloo dispuso que nadie más supiera lo que iban a hacer.

Pasaron largo rato construyendo un ambiente de paz y confianza en el despacho del anciano, un lugar que daba la impresión de ser un pequeño museo: las paredes estaban tapizadas de fotografías antiguas y dibujos extraños realizados por el mismo Sennet, inspirados en aquellos sueños que él consideraba proféticos. Una fina llovizna comenzó a caer afuera mientras el viejo tocaba una vieja guitarra y Bloo empezaba a dormitar arrellanada en un diván. Sennet explicó a Ziggy lo que estaba a punto de presenciar:

—La reencarnación es la respuesta a muchos pesares que nos aquejan a lo largo de la vida sin que logremos encontrar una razón lógica. Hay tragedias que llegan a marcarnos al grado de seguir atormentándonos aún después de la muerte. Ahora ayudaremos a Bloo para que entre en un estado mental donde pueda revivir el momento en que se produjo el trauma que todavía le causa angustia, y así sea capaz de superarlo dándolo por concluido de una vez por todas.

Entonces Bloo preguntó adormilada:

—Pero... ¿Y si descubro algo demasiado horrible y me siento peor? A veces me embarga una rara inquietud al pensar en mi vida anterior a esta.

El anciano respondió, dejando la guitarra:

—Si esos recuerdos olvidados te generan ansiedad, es probable que se deba a que viviste un hecho muy difícil. La meta será recordar con claridad lo que ocurrió para que deje de perturbarte desde las sombras. Quiero que te relajes; no tengas vergüenza de expresarte tal como eres. Te prometo que recordarás absolutamente todo lo que pase durante esta sesión y en ningún momento deberás sentirte obligada a nada. Solo deja que tu mente fluya a través del río que desemboca en el profundo océano de tu subconsciente, donde los monstruos se ocultan bajo la superficie serena. No les temas; eres ama y señora de todos ellos. Respira hondamente y siéntete ligera como una pluma...

Reclinándose en su sillón y mirando al techo, Sennet siguió hablando en tono reconfortante mientras Bloo cerraba los ojos:

—Imagina que estás en las playas de ese vasto mar, pero no son aguas inhóspitas; al contrario, sus suaves olas son cálidas y la arena es tersa bajo tus pies. Te recuestas flotando sobre ese lecho líquido y comienzas un placentero viaje mientras cada parte de tu cuerpo se relaja, cada vez más y más, hasta volverte una con las mansas aguas. Eres agua en calma; te hundes mezclándote con la inmensidad azul sintiéndote libre. Eres una suave corriente que se desliza hasta lo más profundo. Ahora dime, ¿qué es lo que ves en el fondo olvidado de ese océano?

Bloo suspiró, guardó silencio un momento y luego dijo:

—Soy una niña de doce años; vivo en la montaña, al lado de una plantación de café. Me gusta explorar los bosques aledaños, pero últimamente he tenido un mal presentimiento. Alguien me observa.

—¿Quién te observa, Bloo?

—No puedo mirarlo, pero sé que es él. Teme que yo lo vea y yo tengo miedo de verlo.

Tío y sobrina intercambiaron miradas. Bloo continuó:

—Hoy volví de la escuela. Jugué hasta muy tarde y luego me dormí, pero entonces él llegó. Lo veo ahora y me aterra...

—¿Quién es, Bloo? ¿Lo conoces? Descríbemelo.

—Él... es horrible. Su aspecto es horrible. Si no lo tuviera enfrente no podría creer que tal aberración de la naturaleza existe. Sonríe, quizás no sea con maldad, pero la fealdad de sus facciones hace que todo en él parezca siniestro... o quizás sea la maldad en él lo que hace que se vea así.

—¿Por qué piensas que es malo?

—¡No sé! Es como ver a una fiera. Presiento que es capaz de hacer mucho daño. Nunca había visto algo así. Se sienta en mi cama y acerca ese rostro macabro al mío. Me dice que estoy soñando mientras siento su respiración en mi oreja. ¡Es real! Entonces él...

Volvió a guardar silencio. Ziggy miró a su tío con preocupación. Sennet observó a Bloo atentamente mientras ella rechinaba los dientes sin poder seguir hablando; parecía estar sufriendo. Su amiga se puso de pie para despertarla, pero el anciano la detuvo con un gesto tranquilo, tomó la guitarra y comenzó a tocar de nuevo. La lluvia arreció levemente. Ziggy volvió a su asiento y se envolvió en una manta al calor de la hoguera. Cuando Bloo recobró la calma, Sennet preguntó sin dejar de tocar:

—¿Qué pasó luego, Bloo?

—Me abraza. Dice que quiere hacerme un hijo; desea una personificación de nuestra unión. Me horroriza la forma en que me habla. Lo aparto de un empujón y cuando trata de retenerse entre sus brazos le muerdo una mano con todas mis fuerzas, ¡hasta hacerlo sangrar! Él no se defiende; solo parece sorprendido. Tomo la lámpara de mi mesa de noche y lo golpeo una y otra vez hasta dejarlo tendido e inconsciente. Ahora me da lástima... Lo cubro con una manta y me duermo a su lado. Despierto y él ya no está. Quizás todo fue un sueño, pero hay sangre en mi cama. Ahora recuerdo: es la sangre de Aureus. Él sí estuvo ahí.

Entonces Bloo comenzó a hablar como si con cada palabra los recuerdos se volvieran más claros en su memoria.

En aquel pasado borrado de 1992, Aureus IV por fin tuvo la oportunidad de hacer realidad su extraño sueño de procrear con la estatua de su jardín. Pese a que el primer encuentro con Bloo había sido muy malo, su corazón enamorado no estaba dispuesto a rendirse fácilmente. Todavía estaba muy lejos de los maullidos, las risas maníacas y los bailes al desnudo en público. En ese pasado, Aureus aún tenía lo suficiente para ser llamado «normal»; pese a que todos en la Luna sabían que al príncipe no le gustaban las mujeres, sino que solía hacerle el amor apasionadamente a una estatua de bronce o a un robot de apariencia similar, cosa que a nadie le preocupaba demasiado en aquella sociedad liberal donde los fetiches eran tolerables. Bastaba con que engendrara un hijo con su legítima esposa, Adámas, y cumpliría su misión como heredero de esa realeza decorativa. Sin embargo, había algo que los selenitas no aceptarían jamás: un mestizo como sucesor del trono. Los Homo cosmos no tolerarían que la nobleza mezclara sus genes diseñados por expertos con los de una Homo sapiens; la simple idea de un rey mestizo era una ofensa grave para aquella sociedad, y Aureus lo sabía. Pero su amor retorcido era más fuerte que la razón.

Aureus Lunae IV era un joven silencioso y raro. Vivía a la sombra de una madre dominante y un padre que compensaba su desinterés por la familia siendo demasiado complaciente. Sus padres habían decidido criarlo durante su infancia como niña, y así fue como en sus primeros años quedó al cuidado de Jarilo Pete Marzanna; quien, pese a estar en la Luna retenido contra su voluntad y recibir un trato inhumano, amó a «la pequeña selenita» que le fue encargada como si fuera su propia hija. Aureus veía cada día cómo su ayo era insultado y maltratado por su madre, y eso le partía el corazón, pues Pete era su héroe: el hombre grande y fuerte que lo cuidaba, lo mimaba y había esculpido la estatua más hermosa de la ciudad. Pero él tampoco podía hacer nada para defenderlo, temeroso como estaba de los demás Homo cosmos. El tierno apego entre los dos llenó de vergüenza a la reina, que esperaba con impaciencia el día en que el ayo fuera eliminado por su hijo durante la ceremonia de iniciación a la vida adulta, restableciendo así el buen nombre de la familia. Pero cuando Aureus se acercó a la mayoría de edad, apeló a la autoridad de su padre para salvar a Pete devolviéndolo a la Tierra. El rey cumplió sus deseos como siempre; liberó al ayo en secreto y padre e hijo le ocultaron la verdad a la reina, quien desde entonces se enemistó con los dos, acusándolos de traición y llevando a cabo una idea que había acariciado durante años: implantarse un conector social para que toda la sociedad lunar los vigilara más de cerca a través de ella.

Poco después de separarse de Pete, Aureus se sintió más solo que nunca. Pasaba largo rato recordando a su ayo mientras miraba la estatua de bronce que este había esculpido años atrás. Fue entonces cuando la belleza de la figura comenzó a distraerlo de su tristeza; un vínculo extraño y paulatino que con el tiempo él mismo reconoció como amor. El tiempo pasó y al cumplir los nueve años de edad, su frustrada ceremonia de madurez fue reemplazada por una coronación y una boda arreglada con Adámas, tataranieta del creador de los túneles espaciotemporales de Prometheus, pues el rey deseaba abdicar en su hijo. El matrimonio nunca se consumó y la pareja no lograba acordar una fecha para concebir un primogénito en laboratorio, por lo que la reina madre no cesaba de quejarse. Si no estaba en el jardín con su estatua, Aureus permanecía retraído junto a los suyos con una mirada fría; desconfiaba de todos y cuando enfurecía podía ser tan sádico como su madre. Pero debajo de esa capa de hielo ardía una inmensa necesidad de cariño. Él no quería las relaciones intelectuales y refinadas que se acostumbraban en la Luna; soñaba con que alguien lo abrazara y le dijera que lo amaba. Sabía muy bien que esas actitudes eran para los Homo cosmos lo que el espulgarse mutuamente era para los humanos prehistóricos: un gesto de afecto demasiado primitivo para ser admitido. Por eso había renunciado a la idea de que algún día una mujer Cosmos se rebajaría a tratarlo con ternura, y se refugió en la fantasía; imaginando que la estatua del jardín era una muchacha Sapiens de sentimientos nobles como Pete, con quien podría sentirse realmente amado y protegido. Viajaba al pasado y observaba con envidia a las parejas humanas. Poco a poco fue convenciéndose de que necesitaba que su estatua se convirtiera en una amante real, viva, que lo amara de verdad.

El día posterior al primer encuentro entre Bloo y Aureus aconteció tal y como ambos lo recordaban en la actualidad, salvo que en ese pasado borrado Silver nunca apareció en el pueblo. Luego de vagar hasta tarde por la carretera, Bloo simplemente volvió a casa; recibió otra vez la visita del selenita, lo golpeó de nuevo, se durmió, despertó y fue a la escuela. Al regresar se encontró con que había visitas: un muchacho de su misma edad había llegado a platicar con Nana y pedirle permiso para ser el novio de su hija.

Cuando Bloo lo vio creyó que estaba soñando. Su pretendiente era un muchacho de aspecto angelical con una preciosa cabellera rubia cayendo desde debajo de un gorro y unos maravillosos ojos dorados mirándola desde detrás de unas gafas; el adolescente más bello que podría haberse imaginado. No necesitó muchas presentaciones para asentir con entusiasmo y sentarse a su lado. Nana la miró sorprendida:

—¿Pero no esperarás al menos a saber su nombre?

—¿Cómo se llama? ¡Creo que este será el mejor cumpleaños de mi vida!

—Su nombre es Aureus Albert... Juan Harold William... ¡Es tan largo que lo olvidé!

Bloo lo miró con mayor atención y comenzó a sospechar. Nana continuó:

—Ya que tú lo correspondes y el joven parece educado, les doy permiso de ser novios. Pero nada de ir a donde no los vea.

Aureus agradeció con una inclinación de cabeza. Sin embargo, su torpe intento de demostrar afecto físico de inmediato —demasiado literal, demasiado ajeno a las costumbres humanas— terminó con Nana echándolo de la casa furiosa, advirtiéndole que si volvía a verlo cerca de su hija lo sacaría a palos. Bloo se fue a su habitación desilusionada. Tiempo después escuchó golpecitos en la ventana. La abrió y se encontró con Aureus agazapado en unos arbustos, en una accidentada recreación de Romeo y Julieta. Él preguntó cubriéndose con la bufanda y el abrigo:

—¿Qué hice mal? ¿Serás mi novia aunque tu madre no te deje?

—Bueno... solo unos días para probar. Mi madre quizás te perdone luego.

—Está bien. No parece muy mala; mi madre es mucho más estricta.

—¿De dónde me conoces? No te había visto antes.

—Me viste ayer y anteayer, pero estabas de mal humor y yo tenía mi apariencia real. Esta no es del todo falsa... Es más bien como sería yo si los Homo sapiens nunca hubieran evolucionado. Me siento algo ridículo así. ¿Elegí bien la ropa?

La ventana se cerró de golpe. Aureus aprendió así que al menos Bloo se sentía atraída por su versión Homo sapiens y optó por usarla siempre que ella lo viera. Después de todo, él también se había enamorado primero del aspecto físico de ella, y poco a poco había ido amando también su alma.

En las semanas siguientes Bloo fue visitada cada noche por Aureus. Él llegaba, tocaba la ventana, le ofrecía algún regalo; Bloo lo aceptaba alegremente y le cerraba la ventana en la cara. Las visitas continuaron durante un año entero hasta que ella comenzó a tenerle confianza y se quedaba platicando un rato antes de cerrar. Lentamente fueron haciéndose amigos, y casi al mismo tiempo la pubertad llegó para Bloo. La tensión entre los dos era evidente pero no pasaban de ser amigos cada vez más íntimos; Bloo le permitió el acceso a su habitación y lo dejaba jugar con ella a los videojuegos hasta tarde. Aureus también comenzó a comportarse como realmente era por primera vez en su vida: inmaduro y revoltoso, pero siempre dócil con ella. Una noche comenzaron a pelear por hacerse trampa en los videojuegos, iniciaron una guerra de almohadas y luego de cosquillas hasta que él fue a parar sobre ella en la cama. El primer beso fue de ingenuo amor entre mejores amigos; el segundo fue más romántico, y al tercero desataron un incendio pasional. Desde entonces se les vio saliendo juntos por el pueblo. Incluso Mari se sorprendió de ver que Bloo tenía un apuesto y misterioso novio. Hacían una pareja preciosa, siempre y cuando se ignorase que el simpático jovencito rubio de aspecto aristocrático era en realidad un siniestro extraterrestre venido del futuro.

Esos fueron los años más felices de los dos. Por las mañanas Bloo se desesperaba porque llegara la hora de salir de la escuela, al mismo tiempo que Aureus de mala gana iba a visitar a su familia en la Luna; por la tarde se reunían y después dormían juntos a escondidas de Nana. Justo cuando estaban en lo mejor de su idilio, ocurrió la primera tragedia. Una mañana Bloo se aprontaba para ir a la escuela y se despedía de Aureus, que debía reportarse con su madre, cuando un raro silencio en la casa los detuvo a los dos. Bloo bajó a la cocina y no vio a Nana preparando el desayuno como siempre. Corrió a buscarla en su habitación y la encontró aparentemente dormida, pero fría y rígida. La anciana había muerto de causas naturales durante el sueño. Aureus tuvo que ir al pueblo a avisar a la tía de Bloo del triste suceso, ya que ella en su dolor era incapaz de pensar qué hacer.

La tía se hizo cargo de todo. Su primera decisión fue llevarse a la chica a su casa como compañía; en ese pasado borrado no tenía a su hijo Laude, aunque era una mujer tan repugnante como siempre. Su segunda decisión fue prohibirle el noviazgo con Aureus. Entonces estalló la guerra entre la vieja y el selenita: visitas que se repetían misteriosamente dentro de la casa cerrada con doble llave, la tía rociándolo con agua bendita, un batallón de señoras chismosas reuniéndose para presenciar el fenómeno. Bloo no se enteraba de nada, llorando la pérdida de su madre, y Aureus se vio separado por la fuerza de su novia. No comía, no dormía, no hablaba; pasaba la mayor parte del tiempo mirando la estatua de bronce del jardín, secándose las lágrimas en silencio. Fue entonces cuando su madre y su esposa en la Luna comenzaron a temer que perdiera la razón.

Luego de un mes sin Bloo, Aureus logró por fin colarse en la casa mientras ella estaba sola y su tía en el piso de abajo con sus amigas. Llegó hasta donde ella estaba, se sentó a su lado y le contó todo lo que había sucedido desde que la tía se había empecinado en separarlos; las palabras se le atropellaban, como si un mes de silencio forzado hubiera acumulado demasiado. Bloo lo escuchaba cuando escucharon pasos y luego una llave girando en la cerradura. El escándalo era inminente. Aureus la tomó de la mano con un presentimiento y de pronto todo a su alrededor comenzó a entremezclarse en un torbellino de luz y colores que luego se reconfiguraron revelando un nuevo escenario: estaban tendidos en una cama dentro de una especie de caverna bajo la tierra, cuya única iluminación consistía en luciérnagas, hongos luminiscentes y un haz de luz que caía desde un agujero en el techo. El cielo era un manto de agua atravesado por rayos de sol que bajaban hasta un pequeño estanque rodeado de helechos en el piso. Se habían teletransportado juntos.

Bloo se levantó a mirar a su alrededor notando que el lugar estaba perfectamente acondicionado para vivir:

—¿Qué fue eso?

—Ni siquiera se me había ocurrido que esto se pudiera hacer. Solo tuve un presentimiento. Me alegra no haberme esfumado solo y dejarte en una posición comprometedora frente a todos.

—¿Qué haremos si nos encuentran? Deben estar buscándome ya.

—Nunca nos encontrarán. Estamos escondidos en el rincón más olvidado de la región. Esta era una vieja residencia de verano de mi familia; ese haz de luz es la puerta y solo tú y yo podemos entrar o salir de aquí. Ahora podemos vivir juntos, ocultos por siempre en este escondite.

Bloo lo besó para demostrarle que estaba de acuerdo, y retomaron su historia de amor, más salvaje y apasionada que nunca.

Durante unos meses fueron dos adolescentes amándose sin control en el vientre de esa caverna, hasta que un día Bloo notó que su periodo menstrual había desaparecido por completo. Estaba embarazada. Ambos se alegraron con el hallazgo, pero Aureus parecía ser el más feliz: haber engendrado un hijo le confirmaba de una vez por todas su masculinidad, disminuida durante años por el capricho de sus padres. Se había realizado como hombre y su unión con la mujer de sus sueños era fuerte.

Poco después Bloo comenzó a sufrir una terrible fatiga que la hacía pasar gran parte del día en cama. Aureus dejó de volver a la Luna para estar todo el tiempo cerca de ella. Se entretenían jugando a crear figuras con las luciérnagas —que no eran más que pequeños robots— o viendo historias narradas en pantallas holográficas. Cuando empezaron a notar pataditas dentro del vientre abultado de Bloo, tomaron la costumbre de pasar largo rato sintiendo los movimientos del niño o jugando a devolverle los golpes con palmaditas suaves. Durante esos juegos solían platicar, y en una ocasión Bloo tocó un tema que nunca habían discutido:

—Cuando el bebé nazca me gustaría presentárselo a mi hermana. ¿Cuándo le dirás a tus padres que tienen un nieto?

Aureus se estiró en la cama y dijo poniendo las manos detrás de la nuca:

—Pues verás... Mi padre no suele interesarse mucho por asuntos de familia. Mi madre es el tema. No creo que lo tome bien. Es una mujer muy racista, y los bebés mestizos suelen nacer más parecidos al progenitor Sapiens. Nuestro hijo quizás no sea tan grande, pero definitivamente no se verá selenita.

—Si me amas a mí y al bebé, deberías presentarnos a tus padres. Y de hecho deberías casarte conmigo. Me gustaría que nos dieras tu apellido.

Él se rascó la nariz al darse cuenta de que se había metido en un lío:

—Eso sería imposible, amor... No solo porque mi madre no lo toleraría. Es que yo ya estoy casado en la Luna.

La respuesta de Bloo fue violenta. Por más que Aureus trató de explicarle que había sido un matrimonio arreglado y nunca consumado, ella siguió golpeándolo hasta hacerlo salir de la caverna. Aureus salió a dar una caminata por el pueblo esperando a que Bloo se calmara, y entonces vio de lejos un rostro familiar que por un tiempo creyó que no volvería a ver jamás: Pete fumando mientras leía un libro en una banca de la plaza. Se le acercó sonriendo tímidamente con las manos detrás de la espalda.

—¿Me extrañaste? A mí me hacen falta tus historias de muertos vivientes antes de dormir, y los dibujos de la chica de bronce que te rogaba que hicieras.

Pete reconoció la voz instantáneamente y lo alzó en brazos sin pensar, olvidando que ya no era una niña. Aún en su versión Sapiens, Aureus era tan menudo y delicado de rasgos que era difícil notar la diferencia. Pete lo alzó para verlo mejor y exclamó:

—¡¿Qué haces aquí?! ¡Mira cuánto has crecido! ¡Pronto comenzarán a seguirte las chicas y me dirás que tienes una novia! ¡Me siento viejo!

—De hecho ya tengo una novia, ¡y está embarazada de nuestro primer hijo!

Aureus lo puso al tanto de su matrimonio fallido con Adámas y su aventura por hacer realidad su idilio con Bloo. Pete le contó que él había llegado al pueblo por un raro presentimiento; al principio solo fue de vacaciones, pero conoció a una muchacha de la que se enamoró y lo convenció de instalarse ahí para siempre. Antes de despedirse, Pete le aconsejó:

—Pasa el mayor tiempo posible con tu chica. Recuerda que perdió a su madre hace poco y debe sentirse muy triste. Nunca he sufrido el duelo por un ser amado, pero supongo que debe ser atroz pensar en todo el tiempo que hubieras querido estar con esa persona y darte cuenta de que ya no tendrás la oportunidad. El tiempo se va demasiado rápido y no espera a nadie.

Aureus sintió un escalofrío al escuchar estas palabras y volvió lo más pronto posible a la caverna. Su amante seguía enojada con él, y aunque no paraba de intentar platicar con ella, Bloo se negó a hablarle hasta que una tarde sintió un fuerte dolor de espalda y se dio cuenta de que había entrado en trabajo de parto. Aureus llamó a los mismos médicos sin conectores sociales que se hicieron cargo del nacimiento de Bloo, y ellos la ayudaron a traer al mundo a un hermoso varón moreno muy parecido a la madre, con los ojos del mismo color del cielo al amanecer. La única similitud física con Aureus eran los párpados levemente rasgados y las largas y augustas manos. La alegría de recibir al recién nacido volvió a unir a la pareja, pero Bloo tenía una hemorragia que los médicos pararon con dificultad. Al final de la operación uno de los galenos habló en voz baja a Aureus:

—Señor, en realidad la Sapiens morirá en unos meses. Ya tiene dieciocho años. Estas criaturas son descartables; las creamos para que vivan más o menos esa cantidad de tiempo. Su hijo vivirá los mismos años que viviría un Cosmos sano. Usted nos dijo que solo la quería para procrear si era posible.

Aureus experimentó una sensación horrible en el pecho:

—¡Vuelvan ahora mismo en el tiempo y reviertan eso! ¡No la quería solo para que me diera un hijo; quiero estar con ella toda la vida!

Los médicos se miraron entre sí:

—Imposible, señor. Necesitaríamos encontrarnos con nosotros mismos en el pasado, lo que causaría nuestras muertes. Aun si pudiéramos modificar el proceso y convertirla en un ciborg para prolongar su vida, tendríamos que solicitar un permiso especial a Prometheus, los únicos que poseen el equipo necesario. En ese trámite, su madre la reina y toda la nación se enterarían. Sería un escándalo que pondría en riesgo el buen nombre de la familia real y nuestra seguridad.

Por más que Aureus rogó y ofreció todas las riquezas que heredaría de sus padres, los médicos no estaban dispuestos a arriesgar sus vidas por salvar a una Sapiens y regresaron a la Luna lavándose las manos del asunto. Bloo, que había escuchado todo, le pidió a Aureus que dejara de pensar en eso y se concentrara en pasar un buen tiempo juntos. El tiempo que les quedaba.

Ambos trataron de negar el hecho de que Bloo estaba condenada, pero día a día su salud se fue deteriorando. Llegó el punto en que ya no podía ponerse en pie y Aureus vivía solo para cuidar de ella y del niño. Gracias a sus atenciones logró alargar la vida de su amada durante un año más, aunque eso le costó desatender mucho al hijo de ambos, que llegó a tener más de un año sin que le eligieran un nombre. Pero llegó el día temido. Bloo guardó silencio al respecto mientras veía a su compañero atareado alimentando y limpiando al bebé y a ella, hasta que finalmente lo llamó; le pidió que se acostara a su lado para abrazarlo y le dijo:

—Has sido un buen amigo, amante y padre, pese a todo. Fui muy dura contigo al principio; no debí juzgarte tan a la ligera. Puedes dejar de usar ese disfraz. No me molestaría verte con tu apariencia real.

Aureus la miró dudoso y luego adoptó su siniestra forma selenita. Bloo le acarició el rostro un momento y lo besó:

—Es diferente, pero también es hermoso. Dicen que todo es muy bello cuando lo ves con amor. Me hubiera gustado verte más tiempo así, como eres en verdad. Aunque no sé; quizás este es el disfraz que el futuro corrupto te obliga a usar. Dime, ¿cuidarás bien del bebé mientras yo no esté? Todavía es muy pequeño; necesitará que lo protejas y le enseñes a defenderse en la vida. ¿Vas a cuidar de él?

El selenita se acurrucó en el pecho de ella tratando de oír los latidos de su corazón, adivinando que su amante estaba agonizando, y murmuró:

—No.

Se mordió las uñas y continuó:

—Solo me volveré loco de dolor y me iré tras de ti, a buscarte en la muerte con todo y nuestro hijo. Y me llevaré también a los médicos que no quisieron salvarte, a sus familias, a sus amigos, a sus conocidos. Haré que sientan lo que yo voy a sentir.

Bloo lo escuchó preocupada y trató de decir algo para hacerlo cambiar de opinión, pero un fuerte mareo le quitó las fuerzas hasta para hablar. Con angustia pensó en que debía evitar que Aureus hiciera algo horrible y asegurarse de dejar a su hijo en buenas manos, pero solo consiguió murmurar algunas palabras desesperadas que él ya no entendió; había perdido la razón. El bebé comenzó a llorar, pero su padre no fue a ver qué necesitaba. Bloo miró la cuna del pequeño y comenzó a entrar en pánico mientras las náuseas y el vértigo la hacían convulsionarse; una terrorífica sensación de asfixia le heló la sangre y después su visión se nubló hasta quedar sumida en las tinieblas para siempre. Lo último que escuchó fue el llanto de su hijo llamando a sus padres.

Entonces la voz del viejo Sennet resonó en su mente como un repicar de campanas en la lejanía. Bloo despertó en brazos de Ziggy, llorando desconsolada.

Sennet sirvió una taza de té y se la ofreció a Bloo diciendo:

—El trauma que no podías recordar era el haberte ido sin lograr salvar a tu familia. Aún te preocupa el paradero de tu hijo y tu novio. Lo extraño de esta historia es que no la ubicas en el pasado, sino en una especie de realidad alternativa a esta. Además, tu amante venido de la Luna... me hace recordar algo que me contó la madre de Ziggy, mi hermana: una historia similar sobre seres lunares que vienen a la Tierra para unirse con humanas. Es un misterio. Quizás están intentando integrarse a nuestra sociedad mezclando sus genes con los nuestros. Me encantaría conocer al hijo de una de estas raras parejas.

Bloo miró a Ziggy y ella simplemente bajó la mirada. Entonces Sennet buscó en un escritorio, sacó una libreta de dibujo, miró entre las páginas y de pronto sonrió como reconociendo a un viejo amigo. Cortó la hoja y se la entregó a Bloo:

—¿Sabes quién es?

La muchacha tomó la hoja. Era el dibujo de un niño de aproximadamente diez años, moreno, de ojos sagaces y muy hermoso. Le resultaba familiar; tenía la sensación de conocerlo, pero era incapaz de recordar su nombre. Meneó la cabeza y el anciano dijo:

—Este jovencito es un personaje recurrente de mis sueños. Durante mucho tiempo pensé que solo era el reflejo de mis deseos frustrados de ser padre. Llegué a viejo y nunca me casé; no tengo hijos y me siento muy solo. Pero en mis sueños tengo un hijo adoptivo y muchos pupilos. Es un sueño muy hermoso, donde la humanidad despierta a una nueva era de paz y prosperidad guiada por una sociedad de personas iluminadas, entre las que afortunadamente me encuentro yo.

Las chicas intercambiaron miradas con preocupación. Sennet continuó:

—El niño del dibujo, mi hijo en esos sueños recurrentes, es un pequeño que rescato durante un raro incidente ocurrido en la carretera al pueblo. En ese sueño voy conduciendo de noche a través de una fuerte tormenta cuando distingo una figura espectral ante mi automóvil. Freno con violencia y logro evitar arrollar a lo que sea que está ante mis ojos. Observo bien y es una criatura humanoide toda vestida de negro, con cabello rubio empapado cayéndole sobre el rostro y rasgos espeluznantes. Advierto que trae algo en brazos: un niño de más o menos un año, medio envuelto en una manta. Bajo del vehículo, le arrebato al niño, corro de vuelta al automóvil y cierro la puerta con llave. Mientras enciendo el motor veo a la criatura. No parece interesada en seguirme; solo me mira con algo parecido a la tristeza y desaparece en la oscuridad mientras huyo del lugar. Ese niño, Bloo, podría ser tu hijo biológico. Y la criatura que lo llevaba podría ser su verdadero padre, buscando la muerte en la carretera.

Antes de que pudiera terminar de hablar, Bloo se echó a llorar. Ziggy y su tío la acompañaron hasta la casa de Mari, y mientras se despedían Ziggy le dijo en voz baja:

—Mi tío debe ser neutralizado también, Bloo. Como yo. ¿Le dirás tú a Silver?

—Aureus debe recordarlo perfectamente; debe saber que es otro objetivo. Pero no lo ha señalado porque estará agradecido con él por haber acogido a su hijo... a nuestro hijo. Yo tampoco podría dañarlo.

—No es cuestión de gratitud. Vale más el bien de todos que el de uno solo. Yo decidí usar el neutralizador por voluntad propia. Recuerda que si anulamos la mente de cada objetivo y el plan no funciona, Silver nos devolverá a la normalidad. Yo confío en él. Y si el plan funciona, igualmente estaré contenta en la soledad de mi mente perdida; porque con el corazón sabré que mi lejanía de este mundo será el signo de la paz en el futuro. Mi tío pensaría igual. Perdóname, pero yo le diré a Silver. Es mi deber.

Bloo volvió a llorar. Terminaron de despedirse con un abrazo y ella entró a la casa. Mari y Pete no estaban; supuso que habían salido a cenar juntos. Se asomó un momento a la ventana para ver la Luna llena. Suspiró y sintió mareo. Comenzó a caminar buscando algo que no sabía exactamente qué era, y una fuerte somnolencia la invadió mientras su visión comenzaba a nublarse.


 

Animal

 

 

Cuando Bloo despertó de aquella especie de trance, descubrió que estaba en la caverna donde en un pasado borrado había concebido, dado a luz y muerto. Tuvo un escalofrío y salió de bajo el halo de luz de la entrada para explorar el lugar. No se veía como lo recordaba; la acogedora residencia subterránea decorada con helechos, luciérnagas y hongos luminosos parecía ahora más lúgubre. Fue al punto donde estaba la cuna de su hijo y vio con desconcierto que todavía estaba ahí, y de hecho contenía un bulto cubierto por una manta para bebés. Se acercó con temor de encontrar un pequeño cuerpo momificado y apartó la manta de un tirón; con alivio descubrió que solo había un montón de ropa enrollada debajo. La examinó cuidadosamente y reconoció el pijama con que había visto a Lini por última vez. Lo olió con nostalgia y entonces la voz de Aureus tras de su espalda la sobresaltó:

—¿Has recordado todo?

Bloo se volteó a mirarlo con tristeza:

—Sí, pero eso no significa que las cosas volverán a ser iguales. Detente un momento a pensar y mira cómo son las cosas; los dos fuimos arrojados a circunstancias que van desde lo antinatural hasta la forma más vil de lo cruel. No niego que después de todo lo que hemos vivido juntos yo tenga sentimientos fuertes hacia ti. Pero es un amor más cercano a la ternura que a otra cosa.

Aureus la miró como sin entender y Bloo terminó de aclararle:

—¡Siempre te he querido! Y siempre vas a ser parte importante de mi vida, pero no deseo que ese vínculo que ya tenemos sea reemplazado por un hijo. No es el tipo de relación que debería haber entre nosotros. No existe tal cosa como los destinos inevitables; sabes que esto es solo decisión de nosotros dos. Nuestra responsabilidad si se repite o no, y yo ya elegí un futuro.

El selenita se dio cuenta de que el asunto se le iba de las manos y fue presa de la desesperación. No se atrevería a forzarla — lo reprimía el temor a perder la confianza de la joven —, pero entonces empezó a maquinar otra salida. Aureus Lunae IV carecía de astucia, pero la intuición animal de esa quimera humana que era él le permitía saber cuáles eran los movimientos exactos para llevar las cosas a su favor. Se mordió las uñas mirando al piso y comentó en voz baja, como para que no lo escuchara Bloo:

—Nuestra responsabilidad si permitimos que se repita o no...

Después ella se alejó unos pasos como para emprender la retirada, y Aureus se apresuró a alcanzarla:

—Pero... ¿Y nuestros juegos? ¿No significan algo para ti?

—Abusé de tu cariño. Lo siento; solo estaba pensando en mi propia satisfacción. Nunca debí tratarte así.

—Me diste lo que yo anhelaba y ahora me lo quitas. Piensas en mí como todo, menos como hombre. Supongo que es mi culpa porque siempre he sido un pusilánime; dependo emocionalmente de quien me acepta, pues nunca quise dejar de ser un niño enfermo buscando madre...

Entonces Bloo se volvió a mirarlo, le acarició el rostro sintiendo compasión:

—En realidad... tienes como diez años de edad, Aureus. Eres lo que puedes ser y no es tu culpa. De hecho, acabaste estando bajo mi tutela y no pude cuidarte bien.

Sus palabras no sirvieron de mucho consuelo. El selenita seguía con una expresión entre la angustia y la indignación. Bloo lo abrazó:

—Lo siento en verdad. Perdóname. Ya no podré reparar el daño.

—Realmente eran juegos; estabas jugando conmigo... No con mi cuerpo, sino con lo que sentía por ti.

Bloo le besó la frente:

—No fue así. Es solo que tuvimos un exceso de intimidad. No respeté los límites.

—Ya está hecho... ¿Cuántas veces vamos a cambiar el pasado? Tendríamos que cambiarnos a nosotros mismos. Siempre fallamos en algo. Si ya elegiste un camino y este es el fin de mis pretensiones, al menos dame una despedida que marque mi existencia y le dé sentido. Eso me bastará para madurar un poco y tener las fuerzas para independizarme de ti. Si deberé verte con el SL30 o quien sea, quiero poder soportarlo.

La propuesta incomodó a Bloo, pero no le pareció descabellada. La relación entre los dos era perversa en más de un sentido y lo sabía muy bien. Aureus era un demente peligroso obsesionado con ella, pero no por casualidad; esa había sido su propia obra. Suspiró con una sonrisa comprensiva. Se fundieron en un abrazo mientras él la besaba con pasión, confesándole desesperadamente que la amaba. Había sucedido algo dulcemente horroroso; la peor pesadilla del SL30. Luego de eso, nadie supo realmente qué fue de ellos dos durante seis días.

Finalmente, Silver convocó a todos en la casa del pueblo. Ziggy y los Marzanna fueron los primeros en llegar, sentándose en la sala de estar ante una jarra de café. Ziggy preguntó mientras servía una taza a cada uno de sus amigos, salvo al SL30:

—¿Cómo está Bloo? No la veo desde poco después de terminar el año escolar.

Pete y Mari se miraron entre sí y luego la pelirroja dijo:

—Ella nos llamó la semana pasada y nos dijo que estaba contigo.

Todos miraron a Ziggy y ella murmuró un «no», confusa. El hombre artificial comentó, arreglándose la corbata:

—Se ha estado comunicando regularmente conmigo, aunque nunca me dijo exactamente con quién estaba. Es un problema que actúe así. Lo peor es que el monstruo desaparece también al ir siempre tras ella, y necesitaba de sus habilidades para este caso; el siguiente objetivo se mueve en sus territorios.

En ese momento apareció Bloo disculpándose por la tardanza. Todos la miraron atónitos: se le veía muy contenta, llevaba lápiz labial, tacones altos y por primera vez traía el cabello suelto, libre de las trenzas y listones con que solía recogérselo. Mari exclamó:

—¡Qué cambio! ¿A qué se debe la facha?

Bloo fue a buscar galletas en la cocina y explicó mientras las traía:

—No es nada; simplemente pensé que ya tengo dieciocho años y odio lucir más niña que tú y Ziggy. Así que decidí adoptar un estilo más adulto.

Segundos después apareció Aureus con su atuendo selenita y demasiado sereno para ser él. Mari lo miró extrañada:

—¿Y la ropa desmadrada y el sombrero?

El selenita se sentó al lado de Bloo y dijo arrellanándose en el sofá:

—Se me olvidó; me desperté cansado.

Luego intercambió una mirada de complicidad con Bloo y Mari respondió gritando:

—¡¿Pues a qué esperas, idiota?! Alguien tiene que ser el ridículo ser mitológico del pueblo. Ve a cambiarte y no tardes.

Aureus se levantó y fue a hacer lo que le ordenaron de mala gana. Mari sonrió satisfecha un momento; después se le descompuso la cara y exclamó sin aliento:

—¡Me obedeció! Algo está pasando aquí...

Todos callaron sin saber qué decir y por fin Silver habló, cambiando de tema:

—Tenemos dos puntos que discutir acerca de nuestra misión. Primero, un nuevo sospechoso apareció: es un joven agresivo y obsesionado con la ecología que se ha propuesto vivir en los bosques como una bestia. Su historia ha captado la atención de los medios locales y cada día se hace más famoso. Su caso me hace recordar otro sueño de Selenita: un animal que habita un laberinto de espejos donde unos pocos árboles colocados en puntos estratégicos lograban convertirse en un confuso bosque de vegetación reflejada. El segundo punto: desde que comenzamos a espiar la actividad de la sirvienta adivina que se hace pasar por Perséfone, descubrí que está conectada a la misma red que controlaba a la sirvienta robótica que se infiltró en el club de lectura. Como siempre hemos sospechado, alguien está manipulando el destino de Alma Colectiva y la gente de Prometheus debe estar al tanto, ocultándole la verdad al resto de la sociedad selenita. Por eso era imposible salvar a los Sapiens, incluso con la ayuda de la nobleza Homo cosmos.

Pete preguntó con seriedad:

—Por lo que entiendo, el rey de la Luna es solo una autoridad simbólica. Prácticamente, la sociedad selenita se rige sola y Prometheus está en manos de dicho pueblo. Pero esto es otra mentira, porque los fundadores y principales directivos de Prometheus están emparentados con la realeza de una u otra forma y por eso no tienen conectores sociales. ¿Qué tal si encima de la familia real y la nación selenita existe este pequeño grupo de titiriteros con libertad de pensamiento, manipulando la historia a su favor?

Entonces Aureus volvió con su disfraz estrafalario y objetó:

—Conozco a la familia que maneja Prometheus. De hecho, estuve casado con una de ellos. Son personas rancias y ambiciosas, pero no creo que sean capaces de alterar el universo solo para construirse un mundo diseñado a su gusto. Además, la autoridad de mi familia no es tan simbólica; somos los únicos con el poder de desactivar los aparatos que conectan a los ciudadanos selenitas con la mente comunal que conforman. Uno de los peores temores de los Homo cosmos es enfrentar la vida solos, pensar sin ayuda de los demás.

Bloo agregó:

—Pero ahora Adámas, de la familia de los creadores de los túneles de Prometheus, es parte de tu familia y tiene acceso a ese poder. No tienes nada que ellos no posean.

Hubo otro silencio hasta que Silver retomó la palabra:

—Se supone que Aureus III y su futura esposa Adámas son nuestros aliados; por esa razón tenemos aquí a Aureus IV. Adámas aparentemente es benigna, una joven con la mente llena de ideales y sueños inculcados por su actual prometido. Pero, sabiéndolo ella o no, podría ser un caballo de Troya para quien esté tratando de sabotear el pasado y se esconde en Prometheus. Mari, hazte pasar por una selenita y ve sigilosamente a comentarle nuestras conjeturas al rey, para que esté alerta ante cualquier movimiento raro de la familia de su prometida o de ella misma. Ve acompañada de tu esposo ciborg para mayor seguridad. Ziggy, tú sigue vigilando a la falsa Perséfone y avísame si de pronto la ves hablando con alguien que nunca hayas visto en el pueblo; podría tratarse de su propietario. Bloo y Aureus vendrán conmigo y haremos lo de siempre con el sospechoso.

Posteriormente Silver los invitó a todos al comedor a cenar, y hubo una amena charla de sobremesa en la que Bloo y Aureus se mostraron extrañamente silenciosos. Ya con algo de alcohol corriéndole por las venas, Mari observó divertida:

—¿Qué le pasa al selenita? Está tan sosegado que parece que por fin se entendió con Bloo.

Silver pareció incomodarse con el comentario. Ziggy hizo un gesto de pesadumbre, miró a Aureus y él le confirmó sus sospechas asintiendo levemente con la cabeza. Silver notó que le estaban ocultando algo y fijó la mirada en Bloo, quien sintió que el puñal del arrepentimiento le atravesaba el corazón y bajó la vista. No estaba dispuesta a decirle a los demás — y especialmente a Silver — lo que había ocurrido. Pero la verdad tendría que salir a la luz tarde o temprano, pese a que ella todavía amaba al hombre artificial.

A la mañana siguiente Silver esperaba a Bloo en el garaje para salir a buscar al sospechoso, quien salía cada día a vagabundear por el bosque hasta que al caer la noche su familia llegaba a rogarle que volviera a dormir a casa. Silver sabía que entre la mañana y las primeras horas de la tarde el sospechoso estaría completamente solo y podrían neutralizarlo sin problemas, pero Bloo inexplicablemente demoraba la misión sin salir de su dormitorio. Finalmente fue a ver por qué tardaba y la encontró aún dormida mientras Aureus le acariciaba el cabello. Una repulsión automática en Silver lo hizo ir directo hasta el selenita y apartarlo de un manotazo. La joven despertó pesadamente y balbuceó adormilada:

—¿Qué hora es? Me siento muy cansada... ¿Por qué hay tanto sol?

—Son las nueve de la mañana y debíamos estar en los bosques hace media hora. Creí que ya estarías esperándonos allá, Selenita.

—No pienso apartarme de Bloo; así que la esperé aquí.

—Ella es físicamente más fuerte que tú y mucho más inteligente. No necesita tu protección. De hecho, la mayor parte del tiempo ella cuida de ti. Tu caballerosidad es inexplicable, ya que tampoco posees la educación para mostrarte condescendiente. Será otro de tus instintos animales: la tratas bien para cortejarla o para que te alimente.

Aureus lo escuchaba fastidiado cuando un sonido lo hizo desplegar una pantalla holográfica sobre la palma de su mano para revisar unos datos, murmurando:

—Tú nunca vas a entender estas cosas, vieja máquina rota.

Luego avisó:

—Perséfone ha contactado con una dirección en el futuro. Por desgracia no puedo leer nada; el mensaje está encriptado.

—Envíame una copia y corta comunicación con el robot. Si está usando medidas de seguridad para ocultar lo que hace es porque ya sospecha que está siendo vigilada. Estoy seguro en un 98% de poder descifrarlo, pero no sé cuánto tardaré. Lo procesaré en segundo plano; por ahora salgamos a terminar la misión del día.

Cuando finalmente partieron hubo otro breve altercado, ya que el selenita insistió en ir con ellos en el auto y Silver se negaba a llevarlo en pleno día cruzando el pueblo. Aureus adoptó su forma Homo sapiens para no llamar la atención y, aunque Silver seguía reticente, Bloo les hizo ver que se hacía más tarde y lo mejor era irse de una vez. En el camino Silver comenzó a expresar su preocupación por la fatiga de Bloo:

—Es imposible que te sientas cansada; en tu corriente sanguínea circulan cientos de nanobots encargados de mantener tus tejidos orgánicos sanos y jóvenes. La única razón para tu agotamiento solo puede ser que tu energía se esté concentrando en un proceso específico, como sanar una lesión seria.

Bloo bostezó mirando desde la ventanilla los árboles del bosque envueltos en bruma:

—No me ha pasado nada, ni siquiera un rasguño. No hice ningún esfuerzo últimamente; de hecho, he pasado en cama la mayor parte de los días.

Al decir esto se ruborizó. Silver contestó con un «es extraño» sin notar la expresión de Bloo, y comenzó a palparle la nuca hasta encontrar un punto y presionarlo. Apareció ante ella una pantalla holográfica que Silver arrastró hasta el tablero del auto para revisar los datos del estado físico del ciborg. Comenzó a mover las figuras con la vista e informó:

—El sistema nervioso está bien. El sistema respiratorio está bien. El sistema circulatorio está bien. El sistema genitourinario está en estado de embarazo.

Hizo una pausa con el rostro inexpresivo de siempre. Pero su silencio era tan lacerante que la leve sonrisa de triunfo que Aureus había esbozado comenzó a borrarse poco a poco. Bloo trató de decir algo con la boca desencajada sin lograr emitir palabra por el estupor, y entonces Silver concluyó cerrando la pantalla flotante con un chasquido de dedos y volviendo a concentrarse en conducir:

—El padre es Aureus IV. Ese proceso está drenando tu energía.

Nadie dijo una sola palabra durante el resto del viaje. Llegaron a una pequeña calle sin pavimentar donde encontraron la bicicleta del sospechoso. Silver se estacionó, se puso unas gafas de sol, se arregló la corbata mirándose en el espejo retrovisor y salió del Cadillac sin decir nada. Bloo y Aureus se quedaron dentro del auto sin saber exactamente qué hacer, y entonces Silver se volteó a mirarlos. Por primera vez en su vida mostró una emoción claramente legible en el rostro: el disgusto.

—Ambos tienen mucho en común. Felicidades, Selenita. Hiciste realidad el sueño de toda tu vida. Y tú, Bloo, ahora serás una madre real; tendrás a tu propio Lini para malcriar y sobreproteger el resto de tu vida. ¿Y ahora qué?... Después de todo, sabíamos que esto iba a pasar.

Hizo una pausa y continuó, ya sin dirigirse a ninguno de los dos en particular:

—La naturaleza tiene leyes y los dos son animales. ¡Una máquina como yo no puede comprenderlo!, ¿no es verdad, Selenita? Los animales nacen, crecen, se reproducen y mueren. Me hubiera gustado llegar a tocar tu alma, Bloo... y despertar lo único que nos une: la razón. Lo que me hizo humano a mí y hace que los hombres sean hombres y no primates lampiños. Había una misión en favor de un ideal, de un amor que sobrepasa la euforia de un momento, algo para todos, eterno, infinito. Pero según ustedes no era tan importante como hacer bebés. Creo que yo soy más humano que tú, Bloo Homo sapiens, o tú, Aureus Homo cosmos. Yo soy capaz de ser sin estar atado a la carne. Soy una mente libre. Ambos me enseñaron lo que es el amor y lo que es el odio... Y ahora puedo acceder al mundo de los sentimientos, pasiones, obsesiones y locuras que se encuentra en medio de esos dos polos. ¡Ahora soy un ser humano completo! Gracias. Esto es algo que no se obtiene simplemente viviendo... un verdadero tesoro.

Dicho esto, se volteó y se adentró al bosque.

Bloo y Aureus se miraron en silencio. Luego de un rato de tratar de entender lo que acababa de pasar, Aureus murmuró:

—Dice que puede sentir, pero sigue teniendo la cara de muñeco.

—El corazón no está en el rostro.

Bloo salió del vehículo acomodándose el abrigo. Aureus fue tras ella. Silver seguía avanzando por el bosque cuando Bloo lo alcanzó y le dijo casi ahogándose mientras corría para mantener su paso:

—¡Aún compartimos los mismos ideales! Es verdad que yo quería tener un hijo, pero no es todo lo que deseo en la vida. Me gustaría que mis nietos vivan en un lugar seguro, sin que un día los secuestren unos monstruos...

—Que tus nietos estén seguros. Muy maternal, Bloo. Incluso cuidas de los bebés de tus bebés que aún no han nacido. Supongo que Aureus piensa lo mismo. Esa rata escuálida no tiene otra forma de perpetuar su memoria.

Entonces Aureus se acercó y habló en tono burlón:

—No es simplemente engendrar, SL30. Es muy bonito tu amor por la humanidad; está bien que trates de salvar a los Sapiens. Pero existe el amor entre las personas. No lo comprendes porque no tienes cuerpo; eres un puñado de pensamientos confusos dentro de un maniquí.

Bloo lo miró con enojo y Silver replicó:

—Los felicito. Solo te recuerdo, Selenita, que hay unos cien millones de personas mejores y más atractivas que tú.

Corriendo para adelantarse al paso de Silver, Aureus respondió:

—Eso es lo que no entiendes: ¡no puede ser nadie más que la persona que amas!

Silver se detuvo en seco y se volteó hacia Bloo:

—¿Tú amas como a nadie más a este pequeño, flaco, pálido, feo, poco masculino, extraño, egoísta, tonto, agresivo, infantil e irresponsable hombrecillo lunar?

La muchacha hizo una pausa antes de responder y luego dijo en voz baja:

—No... Solo tuvimos un momento sin pensar en las consecuencias.

Aureus la miró sorprendido. Dio unos pasos hacia atrás y se levantó un poco las gafas para secarse una lágrima. Silver siguió su camino sin decir nada más.

Llegó a un sendero y con la punta del zapato movió un rollo de papel tirado en la vereda. Escuchó ruido entre unos arbustos lejanos y se escondió tras un tronco robusto. El sospechoso salió desde allí con el cabello largo enmarañado y ropa sucia; presintió que algo no estaba bien en el ambiente y sacó una cuchilla mientras caminaba sigilosamente, atento a su entorno. Miró de reojo al rollo en la vereda y notó que había sido movido. Su instinto lo llevó directo al árbol donde Silver se escondía; lo rodeó sin encontrar nada. Silbó suavemente pasándose la navaja de una mano a la otra mientras recorría el lugar con la vista, y entonces miró hacia arriba encontrando las gafas de sol de Silver colgadas de una rama. Las tomó con cuidado y las examinó. Cuando volvió a levantar la vista se encontró cara a cara con la Glock 17 de Silver y recibió un disparo en plena frente. El objetivo estaba neutralizado.

Cuando Silver volvió al punto donde se había separado de sus compañeros, los encontró abrazados bajo un árbol. Aureus todavía hipaba de llanto mientras Bloo lo consolaba acariciándole el rostro. Silver los observó un momento y luego les gritó desde donde estaba:

—Espero sean los tres muy felices, pero no quiero volver a verlos.

La pareja lo miró sin dejar de abrazarse y Silver volvió al Cadillac. Mientras conducía de regreso al pueblo echó de menos a Bloo en el asiento del copiloto e incluso al selenita despatarrado en el asiento trasero. Por primera vez desde que usaba ese vehículo, encendió la radio y buscó una canción melancólica, que escuchó con expresión indiferente.

A los pocos días, todo el pueblo sabía que el café de Bloo estaba cerrado porque ella ya no estaba para atenderlo. En una semana más, todos averiguaron que había abandonado a su marido, y en un mes era de conocimiento público que se había fugado con «Albert el chico rico» y estaba embarazada de él. Todo el pueblo se compadeció del «detective Silver Light». Eros comenzó a visitarlo para darle ánimos y hasta Laude se le acercó alguna vez para comentarle lo pérfida que era su prima. Incluso la hermana de Bloo y su tía, que había vuelto de su encierro psiquiátrico, tomaron un tiempo para tratar de reconfortar al esposo abandonado. Las malas lenguas decían que el pobre señor Light fue incapaz de darle un hijo sano a Bloo, y que luego de la supuesta muerte de la niña enferma que tenían, el matrimonio se había venido abajo. Pete y Mari reabrieron el café con ayuda de Ziggy para volver a llenar de vida la vieja casa que Silver habitaba. El SL30 no se quejaba de su situación, pero en su rostro de hielo había surgido una mirada inusual que preocupaba a los Marzanna y a Ziggy: una mirada de tristeza. Cada tarde intentaban que todo fuera como antes, hablando de la misión y comiendo juntos mientras reían ante la gélida compañía de Silver. Pero al caer la noche volvía a reinar la soledad y el silencio.

Con el tiempo, Ziggy ya no estaba preocupada sino obsesionada por los «sentimientos» del SL30. Logró convencer a Mari de que retomara su forma selenita para buscar información acerca de la casa Silverlight a través de su ordenador de implante manual; pero solo encontró una cantidad enorme de anuncios comerciales sobre sirvientes robóticos de aspecto humano vestidos con impecables trajes negros, que se presentaban diciendo: «¡Soy un auténtico Silverlight!, ¡con la eficiencia y elegancia de siempre!». Siguió interesada en saber más del SL30, hasta una noche en que se estaba quedando dormida sin poder dejar de pensar en el tema. Cerró los ojos un momento y al abrirlos se encontró en una especie de laberinto de paneles de cristal oscuro donde muchos maniquíes elegantemente vestidos de negro estaban de pie sobre pedestales. El ambiente se sentía como al estar bajo el agua, pero podía respirar a la perfección. Por un momento pensó que se encontraba en una tienda de modas, pero pronto reconoció que el logotipo del establecimiento era la «S» y la «L» que Silver llevaba grabadas en sus mancuernas. De alguna forma había llegado a la Luna y estaba en la casa Silverlight.

Rápidamente dedujo que estaba soñando y decidió disfrutar la fantasía curioseando por el establecimiento, donde solo estaban ella y los sirvientes robóticos apagados. Caminó observando con embeleso a los atractivos hombres y mujeres artificiales vestidos en trajes negros, hasta llegar a un pequeño salón donde solo había un sirviente. Un SL30. Corrió a verlo emocionada y no pudo evitar ponerse de puntillas para tocarle el rostro. Para su espanto, el robot se activó, hizo una pose y recitó con una sonrisa:

—Soy Silver Light 30, un trabajador viajero que le ofrece no solo la eficiencia y elegancia que la casa Silverlight siempre ha brindado, sino también un toque innovador de personalidad sumado a nuestro impecable sistema informático.

Ziggy se apartó de él con sobresalto y luego preguntó tímidamente:

—¿Silver?... ¿Es decir... Alloy?

El robot repitió las mismas palabras y Ziggy comprendió que ese SL30 solo estaba ahí para ser exhibido. Comenzó a explorar las paredes del salón y descubrió que la historia de la compañía estaba escrita ahí, junto a imágenes de los primeros sirvientes robóticos y sus primeros establecimientos en la Tierra. Leyó cómo se habían asociado con Prometheus para la creación de sirvientes viajeros y cómo habían obtenido el liderazgo en el mercado de robots de la Luna. Pero lo que más le interesó fue la vaga biografía de Alloy Silverlight que encontró cerca del SL30. Según esta, había sido un hombre innovador, astuto y tenaz que comenzó un pequeño proyecto y terminó construyendo un imperio. La biografía se enfocaba en sus logros en el campo de la robótica, pero no decía realmente nada sobre su vida personal, salvo por una fotografía instantánea donde se le veía recién nacido en brazos de su padre. No mencionaba si se había casado, si había tenido hijos o de qué había muerto.

Finalmente llegó a una pantalla holográfica donde se mostraba la grabación que había servido como base para programar la personalidad del SL30. Ahí pudo ver al verdadero Alloy Silverlight vestido con su legendario traje negro, de espaldas a un fondo blanco, dirigiéndose a la cámara con una mirada penetrante y determinación en la voz al iniciar su discurso con la frase: «Pienso, por lo tanto, existo». Luego de una breve presentación comenzaba a explicar su deseo de usar esa grabación para documentar un patrón de conducta que podría ser imitado por un robot, logrando así un autómata de aspecto más humano. Una psicóloga detrás de la cámara se encargaba de hacerle preguntas sobre su propia persona, que Silverlight respondía tratando de ser siempre formal, aunque la mujer intentaba hacerlo abrirse. Así, Ziggy se enteró de que Alloy Silverlight tendía a ser silencioso y reservado; se conformaba con tener unos pocos amigos y rehuía las reuniones sociales, obviaba los detalles y buscaba posibilidades futuras ocultas en el presente. Lógico y metódico, reaccionaba con indiferencia y seriedad ante las bromas de la mujer detrás de la cámara; daba la impresión de planificarlo todo y tener siempre el control. El video dejó a Ziggy con más dudas que respuestas.

Entonces escuchó pasos. Se escondió con espanto detrás del Silverlight y vio que un selenita se acercaba como sospechando su presencia. Se llevó una mano a la boca con terror y, justo cuando pensaba en cómo escapar, comenzó a ver cómo todo a su alrededor se derretía en un torbellino de colores y se reconstituía como su dormitorio, donde yacía de pie ante su cama, despierta. La extraña experiencia la conmocionó, pero no le contó a nadie al respecto. Su interés por Silver aparentemente la había llevado a descubrir que también podía transportarse por el tiempo y el espacio como Aureus; pero no sabía si su viaje había sido real o un sueño.

Todos estos eventos sucedían mientras Aureus y Bloo permanecían encerrados en el refugio, entregados el uno al otro y ajenos al mundo mientras esperaban a su primogénito. En un principio Bloo tomó esa pausa como una forma de sanar a un pobre monstruo con el corazón roto. Pero los días en la caverna hicieron su trabajo en silencio, y cuando finalmente salieron al mundo algo había cambiado en ella de un modo que no supo nombrar del todo. Aureus III les proporcionó todo lo que necesitaban y estaba feliz de que su problemático hijo por fin se sintiera a gusto.

Mientras tanto, el robot solitario se sentaba cada noche en la vieja cama de Bloo y revivía en sus archivos de memoria el primer día que había pasado con ella y todo lo que había aprendido en ese tiempo juntos. Una de esas noches estaba absorto recordando el pasado mientras miraba uno de los listones con que su amiga solía recogerse el cabello, cuando una alarma se activó en su mente robótica. Desplegó una pantalla holográfica sobre la palma de su mano y vio que el mensaje que Aureus había captado de las comunicaciones de Perséfone con su dueño había sido decodificado finalmente. Presionó un símbolo y leyó:

«Ningún evento imprevisto registrado. Se detectan señales ajenas a la red, riesgo de nivel medio. Aún es imposible ubicar el escondite, pero existe la posibilidad de asesinar a la portadora. Se esperan nuevas órdenes. Enviado a A44RL98».

Silver revisó en una tabla de códigos el significado de los números que conformaban la dirección del destinatario. Lo primero que encontró fue que A44 correspondía al nombre Adámas, muy poco común en la Luna. Lo segundo le hizo comunicarse inmediatamente con Bloo y Aureus, luego de mucho tiempo de no dirigirse a ellos. L98 era el código para el apellido Lunae: el de la familia real.


 

Ilusionista

 

 

Silver nuevamente convocó a toda «la familia» a reunirse en la casa del pueblo. Otra vez llegaron los Marzanna y Ziggy, mientras Bloo y Aureus se mantuvieron ausentes. Mari opinó al respecto mientras cerraba el café con ayuda de Ziggy:

—Ese par ya no volverá. Ambos deseaban ser padres pronto, tienen la vida resuelta gracias a la herencia del chico y lo último que querrán es arriesgar el pellejo junto a nosotros para cambiar el futuro que para ellos y su hijito se ve tan hermoso.

Después agregó con un suspiro:

—En realidad es una pena. Nos falta poco para terminar la escuela y justo ahora Bloo se graduó... pero de mamá.

—Podría seguir sus estudios, pero dudo que el egoísta y necio de Aureus se lo permita. Espero que no eche a perder al bebé ahora que se encargará de su crianza. Nunca le pregunté a mi tío qué fue del hijo de Bloo en el pasado borrado. Es extraño que no se conozca descendencia suya, pero tampoco hay señales de que haya tenido un final trágico. Supongo que murió sin hijos luego de una vida tranquila.

—Quizás nacerá estéril. He escuchado que si cruzas a un burro y una yegua nace un mulo, y los mulos son incapaces de procrear. ¡No los estoy llamando burro y yegua!, solo imagina lo que saldrá si cruzas a una humana con un híbrido de hombre con gato y lagartija. Aún no puedo creer que en la absurda competencia que tenían por Bloo, Aureus haya vencido a Silver.

—Una vez Aureus me dijo que Bloo lo electrocuta cuando se tocan, pero él la adora y quiere una familia juntos pese a todo. Un amante tan devoto es valioso.

—Pues bien, a los locos los curan con electrochoques. Quizás de tanto sufrirlos hasta quede cuerdo. La loca ahora es Bloo, por dejarse embarazar de él.

Ziggy dijo gravemente:

—Aureus tiene algo a su favor: es gracioso. En cambio, Silver es muy serio, distante... Me entristece pensar en qué clase de vida tuvo el hombre que le transfirió esa personalidad. De hecho, he llegado a pensar que Silver es un fantasma.

Mari se volvió a mirarla extrañada y Ziggy explicó:

—¿Has oído que existen objetos encantados? Quizás ese robot esté poseído por el alma en pena de Alloy Silverlight y por eso sea el único SL30 que se empeñó en salvar a los Sapiens. Debería preocuparte el origen de su melancolía, Mari. Hay cierta probabilidad de que tu futuro hijo sea el verdadero Silverlight, oculto tras un pseudónimo.

Se escucharon golpes en la puerta y la voz de un hombre dando las buenas tardes desde afuera. Mari murmuró indignada antes de ir a ver quién llamaba:

—¡¿El fantasma de mi hijo comunicándose con nosotros a través de un robot?! Espera a que vuelva y ya te responderé lo que pienso de tus paranormaladas...

Abrió la puerta y se encontró con un elegante hombre caucásico de unos cuarenta años enfundado en un costoso traje de seda. El desconocido le brindó una sonrisa mientras nuevamente le deseaba buenas tardes y Mari lo miró de pies a cabeza, se apoyó en el marco de la puerta cruzándose de brazos y le preguntó qué quería. El hombre respondió dulcemente señalando un auto lujoso custodiado por cuatro hombres de negro:

—¿Mis sirvientes pueden estacionarse ahí? No quería llamar mucho la atención así que vine luciendo como uno de ustedes. Soy yo, el papá de Aureus. ¿Me reconoce?

Poco faltó para que Mari se cayera del susto mientras balbuceaba un «sí» y Aureus III entraba rodeado por los cuatro hombres de negro. Dos de los sirvientes se separaron del grupo y entraron a inspeccionar la casa, regresando luego con Silver y Pete traídos a punta de pistola. El monarca sonrió haciendo un gesto con las manos para ordenar a sus sirvientes que guardaran las armas y se disculpó:

—Los nuevos modelos de Silverlight con que me han abastecido son exagerados en cuestión de seguridad. Señor Petrus y señora Mari, ahora soy yo quien los visita. Mis queridos ancestros, finalmente tengo el placer de conocer la casa en que su fructífero amor nació. Este edificio es parte de la historia de nuestra familia.

Después se dirigió a Ziggy con una leve reverencia:

—Señorita, soy Aureus Rex Lunae, encantado de conocerla.

La muchacha tartamudeó algo incomprensible y Pete preguntó tomando asiento:

—¿Qué te trae por aquí, tatara-tatara-tatara-nietecito?

Mari dirigió una mirada fulminante a su marido y el rey contestó:

—El mismo tema que los llevó a ustedes a visitarme en la Luna. Esta mañana, Aureus hijo me comentó que su curioso SL30 descubrió pruebas de que Adámas está involucrada con el infame proyecto Evolución. Siendo un asunto tan delicado y ya que él y la pequeña Bloo no terminan de prepararse para ser padres, le pedí que se quede con su novia mientras yo iba personalmente a ocuparme del caso. Me interesa también, ya que esta noticia me afecta directamente. Mi relación con Adámas es muy íntima en este momento.

Antes de que pudiera seguir hablando, Mari corrió a ofrecerle un asiento y le ordenó a Silver que le trajera café; luego le preguntó al rey cómo estaba Bloo y él respondió emocionado:

—Está en perfectas condiciones; es una obra de arte de la genética y la ingeniería ciborg. El bebé está desarrollándose muy bien. Por cierto, a través de la interfaz de usuario de la parte cibernética de Bloo, vi que heredará mucho del aspecto de la madre. ¡Y pensar que lo concibieron sin usar un laboratorio!

Poco después Silver le entregó una taza de café al visitante con visible rudeza, como si le molestara lo que estaba diciendo. Ziggy opinó con cierto resentimiento:

—Su hijo Aureus debe estar muy decepcionado. Él menosprecia a los Sapiens.

—De ninguna manera, señorita. Mi familia ha sido ferviente admiradora de la gente de la Tierra desde siempre. Estamos orgullosos de nuestras raíces; en nuestras venas corre la sangre de los reyes que protagonizaron muchas de las historias más románticas y legendarias de la humanidad. De hecho, la fascinación de mi hijo por la anatomía Sapiens se está volviendo un problema. Hemos tenido que pedirle que moderen su ritmo de vida, temo que tanta actividad llegue a afectar la salud de Bloo.

Nuevamente pareció que Silver se incomodara al escucharlo, pues bajó la mirada y salió del salón sin excusarse. Aureus III siguió hablando sin notar la reacción del hombre artificial:

—Parecen tan felices juntos que mi querida amiga Adámas y yo decidimos llamar al laboratorio genético y adelantar el nacimiento de nuestro primogénito antes del matrimonio. Queremos experimentar algo de lo que ellos están viviendo. Por eso me sentí confundido y preocupado cuando escuché que Adámas podría estar involucrada en asuntos tan oscuros. Nuestro futuro hijo ya fue concebido en un laboratorio hace apenas tres días; mi confianza en la amistad de Adámas es casi ciega.

Mari habló entonces:

—Comprendo, excelencia, pero Silver rastreó los mensajes de un robot vinculado con el proyecto Evolución hasta llegar a Adámas Lunae. Ella tiene algo que ver en todo este plan para eliminar a los Homo sapiens.

—¿Están seguros de que ese SL30 ha computado bien los datos? Es una máquina vieja y defectuosa. Yo no seguiría usando a un robot tan deteriorado para estos fines.

—Ese viejo robot es irreemplazable, señor. Es el líder de esta misión; fue quien inició toda esta aventura en primer lugar y nos convenció a todos de cambiar el presente para evitar el horror que nos aguarda en el futuro.

Ziggy y Pete dieron la razón a Mari y Aureus III tomó aire, tratando de asimilar lo que había escuchado:

—Mis amigos, los sirvientes robóticos no son una buena opción para guiarse en la vida o tomar decisiones importantes. Solo son máquinas programadas para actuar como su fabricante les haya dicho. El SL30 realmente no desea ayudarnos a buscar un mejor futuro; solo está haciendo su trabajo de forma errática y hemos tenido la suerte de que casualmente sus fallos nos ayudaron en esta noble empresa. Es increíble que ustedes tengan por líder a un objeto sin vida, que por cierto es un modelo célebre por estar averiado de fábrica y mostrar una conducta rebelde ante sus propietarios.

Entonces Ziggy se atrevió a hablar:

—Usted ha dicho que los sirvientes robóticos están programados para actuar como sus fabricantes les hayan dicho. En el caso de este SL30, su deber era comportarse como Alloy Silverlight. Yo creo que los SL30 nunca estuvieron averiados; solo se comportan de acuerdo a cómo ese científico hubiera reaccionado de haber llegado a ver el triste destino de su gente. Por eso son rebeldes y hacen cosas sin sentido para sus dueños. Todos deben haber decidido evitar la catástrofe, pero solo este ejemplar pudo llegar lo bastante lejos. Le pido que respete no al SL30, sino a la memoria de Alloy Silverlight contenida en ese robot.

El monarca todavía dudó:

—Puedo comprender que haya una pequeña posibilidad de que los sueños y valores del señor Silverlight estén reflejados en las acciones del SL30. Pero eso no cambia el hecho de que sea un objeto sin vida. No pueden guiarse por él.

Mari tomó la palabra nuevamente:

—Señor, realmente no sé qué pensar. El robot escogió a Bloo sin una razón lógica; creo que sentía celos de Aureus y los tres terminaron formando un verdadero triángulo amoroso. ¡Hasta la fecha sigue oponiéndose a que su hijo y Bloo estén juntos! Que yo sepa, él no estaba programado para meterse en líos sentimentales. Silver siente... de alguna forma. Y nosotros le hemos tomado cariño.

Aureus III cruzó una pierna y la miró intrigado. Luego contestó:

—Hay una explicación lógica. La forma en que el SL30 decide actuar en cada situación se basa en imitar la personalidad de Silverlight en un ambiente laboral: serio y formal. Pero quizás en esa colección de actitudes y sentimientos teorizados que el robot recibió, hay mecanismos psicológicos subyacentes que con el tiempo y las circunstancias llegaron a reconstruir facetas del científico que no venían comprendidas dentro de los comportamientos programados originalmente. Lo que ustedes han visto en el SL30 es la solución de un problema complicado para su repertorio de conductas: encontró a una persona que considera valiosa, decidió que debía conservarla a su lado, alguien quiso alejarla de él y reaccionó intentando retenerla mostrándose celoso para persuadirla emocionalmente. Parecerá estar mostrando afecto y apego, pero solo es una máquina tratando de conservar una herramienta útil.

Tras pensarlo unos segundos, Mari repuso:

—Señor... ese es el punto. ¡Silver no está pensando de forma práctica, ya que Bloo es una herramienta inútil! Y con todo respeto, su hijo también. Nuestros progresos se deben a la constancia y esfuerzo del SL30, que por alguna razón nos ha unido a todos en una familia. Entiendo su punto: las máquinas aparentan sentir para verse más humanas, no porque sientan. Pero a estas alturas, en que el SL30 ya forma juicios acerca de sus propias acciones y no solo hace lo que le ordenaron, ¿realmente podemos decir que sus sentimientos son falsos porque nacen de razonamientos más que de emociones? Silver es como un poema que se lee años después de que el poeta ha muerto... La vida se ha extinguido pero el sentimiento sigue ahí, tan real como siempre. Mi amiga Ziggy dijo algo hace un rato: que ese robot contiene el fantasma de Silverlight. Le repito, yo ya no sé qué pensar, pero esa máquina es la única que está haciendo su mejor esfuerzo por cambiar el futuro. Piense usted lo que quiera; nosotros seguiremos confiando en ese SL30.

Aureus III suspiró pensativo. Luego se excusó y salió para ver a Silver, que estaba quieto en el jardín en una de sus poses de maniquí. El rey se le acercó:

—SL30, ¿por qué ha abandonado la sala en que los demás estábamos charlando?

—Consideré que mi presencia era innecesaria ya que hablaban de temas ajenos a mis metas. ¿Ahora desea hablar conmigo acerca del proyecto Evolución?

—Así es, pero antes quiero que me cumpla una orden al pie de la letra. No vuelva a molestar a mi hijo y a su amante ciborg, o me veré obligado a apagarlo.

Silver lo miró un momento y replicó:

—No me amenace con apagarme; es inútil. Para mí hay cosas peores que la muerte.

El monarca se quedó sin palabras y Silver continuó:

—La dirección a donde se dirigían los mensajes de la sirvienta pertenece a una persona llamada Adámas R. Lunae. Como usted sabe, los mensajes a través del tiempo se envían directamente al ordenador de implante manual del receptor, que tiene una dirección única e inalterable. Entre el nombre Adámas y el apellido Lunae figuraba una letra solitaria: la R. Supuse que correspondía a «Rex» o en este caso «Regina», reina; título que Adámas poseerá luego de contraer matrimonio con usted. Por tanto, podemos también deducir que el mensaje iba a un futuro más allá del que usted conoce en este preciso momento. Como ve, es imposible que haya otra persona con el apellido de la familia real y con el título de reina. Su prometida definitivamente tiene algo que ver en este asunto.

Aureus III palideció:

—Adámas no desea usar el título de reina. Hace poco hizo pública esa decisión, al igual que mi hijo Aureus, quien rechazó el trono de la Luna. Pero hay algo que he olvidado decir... A nuestro primogénito que acabamos de concebir le hemos llamado igual que ella: Adámas, en un intento por promover cambios en nuestro reino comenzando por romper la tradición de llamar Aureus al heredero al trono. Creo que no se trata de «Adámas Regina Lunae» sino «Adámas Rex Lunae». SL30, encuentre inmediatamente la forma de contactarse con mi segundo hijo en el futuro. Necesito hablar con Adámas R. Lunae y saber por qué mi propia sangre estará en contra de mis ideales.

—Es imposible que usted lo visite sin que Prometheus intervenga y toda la nación lunar se entere. Lo único que puede hacer es comunicarse con su presunto hijo a través de la sirvienta adivina Perséfone y pedirle que venga aquí, al siglo XX, para hablar clandestinamente con usted. Pero incluso así es una acción peligrosa.

El rey selenita se pasó una mano por la cabellera como desesperado y luego ordenó:

—¡Entonces conéctese con la sirvienta adivina y dígale que me comunique con Adámas Rex! Solo dígale que lo pido yo, su padre, que casualmente descubrió a través de usted que él estaba involucrado con esta época.

—Pero lo que está pidiéndome es arriesgado; podría destruir toda la misión...

Silver advirtió, pero Aureus III no lo escuchó. Fue hasta él y le presionó la nuca haciendo brotar una pantalla holográfica de su pecho. El monarca escribió un mensaje y lo envió. Luego se apoyó contra una columna y esperó mirando al cielo. Los Marzanna y Ziggy llegaron a ver qué sucedía al escuchar al rey levantar la voz, y entonces un túnel de Prometheus se abrió sobre el jardín interior de la casa. Silver sacó su arma al igual que los hombres de negro, y los Marzanna también se pusieron en actitud de alerta, mientras Ziggy tenía una premonición:

—Es alguien que ya conocemos...

Al disiparse el haz de luz cegadora que bajó del cielo, una figura apareció ante ellos. Era un pequeño sobre que descendió bailando en el viento hasta tocar el piso. Aureus III lo recogió y lo abrió con cuidado. Lo leyó y dijo:

—Es mi segundo hijo, sí... Me saluda afectuosamente y dice que quiere ver a su hermano mayor, ya que nunca llegó a conocerlo y debe advertirle acerca de algo muy grave relacionado con su hijo.

Al caer la noche, Aureus y Bloo descansaban en la caverna oculta bajo el manantial. Aureus se quedó un momento pensativo y luego miró a Bloo a los ojos y dijo con una sonrisa extraña:

—Es gracioso cómo los papeles se invierten con el tiempo.

Bloo calló, comprendiendo el sentido de la frase, y lo besó como aceptando el hecho. Ya era demasiado tarde para arrepentirse. El sueño casi los vencía cuando el haz de luz de la entrada de la caverna se iluminó y con sorpresa vieron llegar a Aureus III acompañado de sus sirvientes.

A partir de ese momento toda la misión de Silver corrió grave peligro. El rey tomó las riendas de la situación y se instaló en la casa escondida bajo el manantial, poniendo fin al retiro de Aureus y Bloo. Varias docenas de hombres de negro comenzaron a patrullar los bosques espesos y un grupo de sirvientes E5 — otro tipo de robots menos sofisticados y de aspecto similar al de los clásicos alienígenas del cine — se ocuparon de acondicionar la residencia para recibir nobles invitados. Aureus III dispuso que toda su familia de 3022 tendría que conocer a su segundo hijo en una cena formal, ya que no quería que su heredero se sintiera poco honrado por su padre.

Aureus hijo reaccionó con celos, empeñándose en acaparar la atención del monarca al negarse a ocultar que se había enamorado de una sirvienta ciborg. Quería que su padre consintiera que Bloo estuviera a su lado durante la velada, y Aureus III se vio en graves aprietos ya que era inconcebible que una sirvienta se uniera a los invitados, pero tampoco podía decirle que no a su hijo. Finalmente cedió ante las insistencias de su primogénito, rogándole que no hablara mucho durante la reunión y se mantuviera quieto.

El día de la cena llegó. Bloo fue vestida nuevamente como una muñeca ciborg y el primer invitado en llegar fue el hermano menor del rey, Argentus Lunae II, y su mujer la princesa Ruby. Les siguieron los primos del rey, el príncipe Smaragdus Lunae y su marido el duque Sapphirus; finalmente llegó la prometida de Aureus III, lady Adámas. Todos eran unos personajes espantosos de aspecto perverso y sombrío, como recién salidos de una pesadilla, por lo que Bloo no pudo evitar sentirse incómoda al estar sola entre tantos alienígenas. Mientras esperaban la llegada del invitado de honor se sentaron en un salón y la cuñada del rey preguntó extrañada al ver a la sirvienta ciborg al lado de su sobrino:

—¿La muñeca es de Aureus o decorativa?

—Es de Aureus hijo; ha estado muy nervioso últimamente.

La princesa Ruby opinó muy tranquila:

—Ya veo; la ansiedad es terrible sin duda. Qué pena que un joven tan bien parecido la sufra.

Bloo trató de no perder la compostura mientras el duque Sapphirus observaba con una familiaridad que rozaba la insolencia:

—Realmente es un joven muy lindo. La suerte de algunos...

—Es una pena que no hayas aceptado el trono, querido sobrino. Tu historia se ganó el corazón del pueblo. Si te alejaras un poco de las extrañas creencias «humanistas» de tu padre podrías revivir los tiempos de tu abuelo Aureus II, el regente más amado de la historia de la Luna. Aún se me llenan los ojos de lágrimas cuando recuerdo el día en que lo encontramos luego de aquella fiesta... Tanto placer, tanta belleza...

El príncipe Argentus dijo con rencor, al recordar la muerte de su padre Aureus II:

—Ese es el problema, primo. Tanto placer y tanta belleza. La gente, sea de la casa real o del pueblo, no puede vivir y morir cegada por los placeres mientras el mundo se derrumba a su alrededor. Perdimos la Tierra y ahora consumimos el pasado. ¿Qué sucederá cuando la historia esté tan manipulada y retocada que terminemos perdiendo el control de todo?

Una discusión comenzó entre los venerables miembros de la familia Lunae y Aureus padre intercambió miradas con su prometida al notar que los ánimos se caldeaban. Justo entonces un pequeño sirviente E5 llegó y anunció la llegada del último invitado. Todos guardaron silencio y Bloo se conectó con Silver a través de su telepatía artificial, transmitiéndole todo lo que estaba mirando y escuchando en la reunión. Silver, acompañado de Ziggy y los Marzanna, observaba cada detalle de lo que Bloo le enviaba en una pantalla holográfica desde su despacho. Ziggy volvió a sentir un escalofrío:

—No sé por qué, pero sigo teniendo la sensación de que es alguien que conozco...

Entonces apareció un selenita muy extraño. Bastante alto para su raza, aunque con la complexión esbelta y delicada de sus congéneres. Su vestimenta tenía el mismo estilo andrógino de los selenitas de 3022: un negro traje largo y ajustado con faldones hasta los tobillos. Tenía el cabello rizado y de color añil. Sus ojos — que no eran negros como solía ser en los Cosmos, sino azules — tenían una mirada serena y llena de aristocrática sagacidad. Se veía demasiado dulce y pacífico para ser un Cosmos. Saludó a todos con exquisitos modales, incluyendo a Bloo, a quien besó una mano mientras la felicitaba por el hijo que estaba esperando. Los tíos de Aureus IV miraron al rey padre sorprendidos, como esperando una explicación. Aureus III se aclaró la garganta:

—Vaya... La muñequita de Aureus hijo está embarazada. Claro que ese niño, si llega a nacer, será criado en la Tierra y nunca se involucrará en los asuntos de la Luna.

—Me cuesta creer que hables tan fríamente de tu nieto, primo. Tal dureza en ti resulta sospechosa. Solo diré que el pueblo no reaccionará bien ante un rey mestizo.

La princesa Ruby agregó:

—Sin duda sería un escándalo. Pero mi sobrino rechazó el trono y realmente todos en este salón, a excepción del joven Adámas, evadimos la responsabilidad de ser reyes de la Luna. Es una presión horrorosa. ¿Qué te hace pensar que el hijo de la muñeca estaría interesado en regentar el infierno que todos nosotros juntos no podemos afrontar?

—Lo está.

El rey Adámas habló con una voz melodiosa que correspondía perfectamente a su aspecto angelical:

—Lo peor es que su ambición está arruinando todo lo que he hecho desde que llegué al trono. Pero confío en que ese problema se evitará si ustedes me ayudan.

Aureus IV y Bloo se pusieron en actitud defensiva inmediatamente, pero Silver ordenó a Bloo guardar silencio y escuchar. El rey Adámas continuó hablando con seductor encanto. Sus movimientos estaban llenos de gracia y sutileza. Era todo un caballero sin duda, pero eso no impidió que Ziggy, Aureus y Bloo continuaran sintiendo desconfianza hacia él.

—En el futuro del cual vengo, la vida en la Luna ha cambiado radicalmente gracias a ciertos riesgos y sacrificios que tuve que encarar. Luego de que mis amados padres se retiraran a descansar mudándose al París del siglo XIX para esperar la vejez...

La prometida del rey interrumpió emocionada:

—¡Oh, es verdad! Mi querido Aureus me prometió que cuando nuestro hijo crezca nos retiraremos a vivir en la época de mis artistas favoritos. También debo decir que nuestro hijo es justo como lo habíamos soñado. ¡Soy tan feliz!

Aureus III besó a su prometida en la frente y el rey Adámas los miró sonriendo con amabilidad más que ternura, mientras reanudaba su discurso:

—Como decía... luego de llegar al trono descubrí que había cosas que debían cambiar. Personas inescrupulosas que manipulaban el pasado a su antojo con fines egoístas. Los verdaderos responsables de arrebatarnos nuestro verdadero hogar, el planeta Tierra, y a nuestros queridos antepasados, los Sapiens.

En ese momento Silver se interesó más en lo que el rey Adámas decía y continuó escuchando con atención:

—Comprendí que mi deber como rey era arreglar aquello que otros no se habían atrevido a remediar. Eliminé los obstáculos que me impedían modificar la historia y comencé a reescribirla de modo que los Sapiens y los Cosmos convivan juntos pacíficamente. Sueño con un futuro en que los Cosmos no tengamos que vivir recluidos en la Luna, sino que podamos movernos libremente por la Tierra en nuestro propio presente. No quiero que el Homo sapiens desaparezca ni que los Homo cosmos no lleguen a existir; hablo de estar todos juntos en este paraíso natural. Pero por alguna razón mi sobrino ha venido a tratar de evitar todas mis acciones. Tanto es su deseo de pararme que ha llegado a valerse de su derecho para reclamar al trono que legalmente le pertenece, aunque dudo que lo use con fines nobles.

En ese momento Aureus hijo estalló. Se paró de un salto y se abalanzó sobre su medio hermano tomándole el cuello:

—¡Mientes! Yo odio a la Luna; todo el dolor de mi vida se originó a causa de ese reino maldito y pienso transmitirle el mismo desprecio por la Luna a mi hijo, que también será el hijo de Bloo, la mujer más compasiva y bondadosa que conocerás jamás. Ese niño nunca será capaz de ambicionar tu trono ponzoñoso o dañar a alguien.

—Tienes toda la razón, hermano, pero la mala conducta de tu hijo no es culpa tuya o de tu amante. Realmente no sé quién fue el culpable de su perdición; ni siquiera he visto a tu hijo en persona hasta este momento. Él permanece oculto, enviándome mensajes amenazadores y manteniendo al pueblo agitado con actos terroristas. Creo que todo se debe a la terrible influencia de... alguien muy cercano a ustedes que le envenenó la mente. Alguien que te odia a ti y siempre deseó verte lejos de la dama de bronce. Alguien que también odia a tu hijo y por eso le arruinó la vida inculcándole ideas nocivas.

Aureus inmediatamente pensó en Silver y soltó a su hermano para volver al lado de Bloo en silencio, con una expresión sombría. El rey Adámas continuó:

—Nunca supe muy bien quién fue... Solo sé que fue alguien que se opuso a la unión entre ustedes dos, y sus celos lo llevaron a...

Hizo una pausa mirando a Bloo y Aureus, que esperaban con ansias oír más:

—Lo llevaron a asesinarlos y a robarles su hijo para convertirlo en un vil títere. No sé quién fue; solo puedo decirles que no confíen en sus amigos actuales.

Silver, viendo todo desde su despacho, tuvo la sensación de urgencia de quien debe recordar algo importante pero no sabe exactamente qué. Señaló la pantalla y dio un puñetazo a su escritorio mientras Ziggy y los Marzanna lo miraban sorprendidos. Entonces escucharon a través de la pantalla a Aureus acercándose al oído de Bloo para besarla y susurrarle en secreto:

—Tiene que ser el SL30 o Ziggy...

Inmediatamente después se cortó la transmisión. Mari murmuró un juramento, mientras Ziggy se quedaba boquiabierta y algunas lágrimas le rodaban por las mejillas.

Durante la cena, el rey Adámas reveló también cómo su padre había decidido cambiar las costumbres de la Luna usándolo de ejemplo. En lugar de criarlo con una nodriza o un ayo ciborg secuestrado, lo envió a la Tierra al cuidado de una mujer Sapiens libre a la que le pagó por adoptarlo. Adámas no quiso revelar el nombre ni la ubicación de la mujer, pero contó lo mucho que la amaba y cómo ella le había dado el coraje para cambiar la sociedad lunar y llevarla a ser más virtuosa y menos hedonista. Explicó cómo había abolido la cruel tradición de matar a las muñecas nodrizas como ceremonia de iniciación a la madurez, y también había eliminado las leyes de Prometheus — sistema al que solo él tenía acceso desde 3025 —, evitando así los abusos contra los humanos del pasado. Convenció a todos de que estaba haciendo todo lo posible por reescribir la historia, pero que el hijo de Aureus y Bloo seguía empeñado en detenerlo.

Después de la cena, cuando los invitados se habían marchado y en la mansión oculta bajo el manantial ya solo quedaban Aureus y Bloo, la pareja estaba tan impresionada por lo que escucharon que acordaron no volver a acercarse a sus viejos amigos nunca más. Al pasar las semanas sin tener noticias de ese par, Silver reconfiguró su equipo ya sin tomarlos en cuenta: usando a Pete en el lugar de Bloo como fuerza bruta y espía cuando era necesario, y a Ziggy en el lugar de Aureus. La intuición de Ziggy no era tan aguda como la del selenita, ni tenía sus sentidos y agilidad felinos; y la fuerza de Pete tampoco era tan espectacular como la de Bloo. Por esas razones los progresos de Silver se volvieron mucho más lentos. Pero el hombre artificial estaba dispuesto a seguir la misión así.

Constantemente pensaban en quién podría ser el traidor que llegaría a matar a Bloo y a Aureus, por lo que la relación entre todos era algo tensa. Desconfiaban entre sí y aun de sí mismos. Pete tenía el impulso para hacerlo — el instinto asesino que alguna vez lo atormentó debía estar oculto todavía en lo más profundo de su subconsciente —. De Mari era difícil sospechar, pero todos sabían que tenía carácter explosivo y un arma selenita en su poder. Ziggy también tenía motivos: Aureus fue el primer amor de su vida y su primera gran decepción. Y Silver era el sospechoso más probable. Sin embargo, aún había algo que no estaba claro: quién de ellos sería tan perverso como para tomarse el trabajo de envenenarle la mente a un niño. Los acosaban las dudas y de vez en cuando peleaban acusándose entre sí, hasta que un día los tres llegaron a la conclusión de que solo el robot podía ser lo bastante frío y calculador como para actuar de tal manera. Silver, que había permanecido silencioso todo el tiempo, les respondió:

—No fui yo, no seré yo, nunca podría serlo. Aureus y Bloo significan todo para mí. Los extraño y me gustaría estar de nuevo con ellos.

Todos lo miraron confundidos e incluso Silver pareció turbarse con su propia respuesta, ya que abandonó a toda prisa la sala dando por terminada la conversación.

El último año escolar casi terminaba para Mari y Ziggy, dos jóvenes que parecían tener un futuro prometedor. Ambas echaban de menos a Bloo, cuyo pupitre vacío les recordaba su ausencia cada mañana. Un día, la maestra anunció que les devolvería ya calificado un ensayo entregado días antes; pidió a Ziggy que llamara a cada alumno y le devolviera su respectiva carpeta. Ziggy acató la orden y comenzó a leer nombre por nombre, aburrida, hasta que llegó al nombre del primo de Bloo y leyó:

—Laude Semana... ¡Digo, Samana!

Todos rieron. Tras el incidente siguió leyendo los demás nombres, pero el de Laude se le quedó en la mente como una canción pegadiza. Por la noche se tendió en su cama a pensar en todo y nada mientras su hermano Eros — que ese año había comenzado la universidad en una ciudad cercana — usaba la computadora de su habitación y le pedía consejos para terminar una tarea de sociología. Eros se tiraba de los cabellos tratando de escribir un resumen de seiscientas palabras, cansado y enojado luego de conducir varios kilómetros solo para hacer una tediosa tarea antes de dormir, y Ziggy alzaba un oso de felpa con los pies; tumbada sobre su espalda en la cama mientras canturreaba:

—Laude Samana, laudesamana, laudamanas, ludasamada... Sadama... Lunade...

Entonces tomó una hoja de papel y comenzó a escribir el nombre de Laude Samana intercambiando las letras y dibujando líneas hasta que de pronto gritó, sentándose en la cama con espanto mientras Eros la miraba confundido:

—¡Adámas Lunae!


 

Hombre original

 

 

Al ver que la situación era peligrosa, Aureus se las arregló para esconderse a sí mismo y a su mujer en un punto lejano de la historia y del pueblo. La pareja terminó en un bosque medieval donde juntos crearon otra leyenda al aterrorizar a los lugareños mientras se instalaban en una casa abandonada. Ya no tenían la ayuda de Aureus III ni a Silver cocinando para ellos, así que tuvieron que robar recursos de sus vecinos. Fueron tiempos difíciles y el futuro padre vivía preocupado por conseguir algo con que alimentar a su pareja; Bloo parecía estar siempre hambrienta.

Aureus ya tenía fama de espectro ladrón de los bosques cuando una mañana Bloo despertó con dolor de espalda. Al atardecer los dolores eran mucho más intensos y por la noche ambos ya estaban seguros de que ella había entrado en trabajo de parto. Se suponía que las ciborg daban a luz rápidamente y sin problemas, pero no sabían si era normal que sufriera dolor. En su angustia, Bloo pidió a Aureus que la llevara con su hermana mayor o con Mari, pero era imposible hacer semejante viaje en su estado. La chica comenzó a llorar de miedo, se levantó del lecho como si así pudiera huir de su problema y antes de dar dos pasos cayó en cuclillas al lado de la cama y comenzó a pujar. Luego de un rato de confusión, Aureus se las arregló para recibir al hijo de ambos, que nació sin emitir sonido alguno. Finalmente, toda la familia estaba reunida.

Los dos rieron nerviosamente por la sencillez con que se había resuelto el problema, lavaron al niño, lo envolvieron en una manta dentro de un cesto y luego durmieron exhaustos hasta que media hora después el bebé hambriento comenzó a agitarse entre sus sábanas. La tarea de ser padres había comenzado. Por un tiempo siguieron viviendo como animales; se turnaban cada día para que uno saliera a conseguir alimento mientras el otro se quedaba protegiendo al crío. Por las noches discutían sobre la incomodidad de su nuevo hogar y trataban de idear cómo mejorar la calidad de vida de su hijo, al que llamaron Argentus III en honor al tío de Aureus y quien a veces desaparecía de la improvisada cuna para luego reaparecer misteriosamente al lado de su madre, revelando así que era capaz de viajar por el tiempo y el espacio al igual que el padre.

Finalmente decidieron que el selenita iría en secreto a ver cómo estaba la situación en 1997, mientras Bloo y el bebé permanecerían ocultos en la Edad Media. No sabían cuánto tiempo estarían separados, ya que Aureus no viajaba guiado por Prometheus sino usando su extraña habilidad natural para transportarse entre lugares y siglos; pero calculaba que no podría tardar más de un par de días en «dar casualmente» con la fecha y el sitio correctos. Bloo tuvo un mal presentimiento al dejar que tanta responsabilidad cayera sobre su compañero — ella era mucho más sensata que el inmaduro Aureus —, pero estaba cansada por su reciente maternidad y prefirió que solo él se encargara de esos asuntos mientras ella se dedicaba de lleno a criar a su hijo.

Llegó el día en que Aureus partió. El pequeño Argentus seguía silencioso, sin haber llorado siquiera. Bloo lo meció suavemente diciendo:

—Es tan callado, parece ausente. Me preocupa su comportamiento; no parece hijo de nosotros dos. ¿Crees que sea por la forma en que lo crió el tío de Ziggy? Quizás heredó también tu capacidad de recordar los pasados borrados.

Aureus besó la frente de su hijo y respondió acariciándole una mejilla:

—Supongo que fue así. También creo que si los selenitas morimos en ese pasado donde nuestro hijo nació por primera vez, quiere decir que en esa ocasión él creció en paz y nunca tuvo problemas con la Luna del siglo XXX. Presiento que el viejo tío de tu amiga es bueno; si regresamos al siglo XX él será el único en quien podríamos confiar. No quiero volver a estar en contacto con mi padre o el SL30.

Luego se alejó unos pasos e hizo aparecer su vara luminosa para probarla. Bloo dijo con algo de preocupación, sin dejar de mecer al bebé:

—Mi hermana estará preguntándose dónde estoy. Querrá conocer a nuestro hijo; mi tía también. Pero tanto mi hermana como mi tía se oponían a que estuviera contigo, y tu hermano dijo... Es horrible que desconfiemos de nuestros seres queridos. Ten mucho cuidado si vas a hablar con el viejo Sennet.

—Mi intuición me dice cosas, pero todavía no estoy seguro de nada. Iré ya.

Bloo se le acercó para besarlo y decirle:

—Todo estará bien mientras estemos los tres juntos. No tardes en volver, Lini.

Aureus le guiñó un ojo con su forma tonta y traviesa de ser, y luego desapareció como tinta negra diluyéndose en el viento.

A inicios de 1997, Ziggy asistía a Silver mientras él le seguía la pista a otro sospechoso: un estudiante de medicina vinculado con ciertos crímenes de odio ocurridos en una ciudad cercana. Sin que nadie lo supiera, Ziggy hacía sus propias investigaciones; estaba casi segura de que Adámas Lunae y Laude Samana eran la misma persona, pero no quería decir nada al respecto hasta comprobar plenamente sus sospechas. Una tarde, Silver revisaba los datos sobre su nuevo objetivo en una pantalla holográfica flotante y luego explicó a Ziggy, que escuchaba acurrucada en un sillón:

—Se supone que mató a una chica perteneciente a una minoría social y su familia lo está escondiendo de las autoridades aquí en el pueblo.

—¿Tan peligroso?

El hombre artificial la miró con una sonrisa mecánica:

—Guarda la calma. Tú pareces amoldarte al grupo de seres humanos que él acepta como sus iguales. Probablemente no te haría daño directamente.

Ziggy tragó saliva y Silver continuó:

—El odio es un sentimiento ilógico. Más misterioso que el amor. No es racional desde el momento en que omite toda posibilidad de diálogo o acuerdo entre ambas partes. A veces es incluso contradictorio. Puedes odiar a tu padre luego de que te abandone, pero al mismo tiempo seguir amándolo y deseando que vuelva.

—¿Tu padre te abandonó cuando estabas «vivo», Silver?

El SL30 la miró con seriedad:

—Nunca me habían dicho que no estoy vivo. Me convencí de tener un alma, pero no se me había ocurrido pensar en si estaba vivo.

Después se sentó en otro sillón frente a Ziggy y siguió:

—No recuerdo muy bien a mi padre. No creo que me haya abandonado, pero sé que todos deben separarse de sus padres alguna vez. Quizás yo me separé de él antes de tiempo. Quizás recuerdo ese dolor y por eso siempre odié al selenita: porque sabía que él podía hacerme experimentar otra vez ese sentimiento de desprenderse de un ser amado. Oficialmente, mi cuerpo humano volvió a nacer este año. Espero nunca encontrarme con mi pasado al lado de mis padres; creo que hay un recuerdo muy doloroso de mi infancia que he olvidado y temo recordar.

Ziggy lo miró con ternura y fue a sentarse a su lado. Después de un largo silencio, le dijo en voz baja:

—Silver, ¿y si yo te dijera que te amo?

El SL30 respondió con su habitual seriedad:

—Me alegraría mucho. Tú eres una persona muy importante para mí; saber que también soy especial para ti me garantizaría que permaneceremos más tiempo juntos. Anhelo compartir pensamientos y sentimientos con alguien como tú.

Hubo otro largo silencio. Silver no era un hombre en el sentido en que Ziggy hubiera podido esperar, y ambos lo sabían. Pero esa noche construyeron algo que ninguno de los dos sabría nombrar con precisión: un vínculo hecho de palabras honestas, de preguntas sin respuesta y de la extraña calidez de dos soledades que decidieron no estar solas por unas horas. Al amanecer, Ziggy se recostó en su pecho y dijo:

—Siempre temí que mi verdadero amor existiera, pero en una época distinta a la mía. Naciste este año y yo ya soy casi una adulta. Si te llegara a encontrar... ¿Deberé esperarte?

—La carne disipa la percepción de la mente y probablemente no te vería como a una compañera aceptable. El tiempo nos separaba y esta fue la única forma de estar juntos. Aunque ahora ni siquiera soy un hombre real, como dijo Selenita; soy una máquina. El tiempo nos unió aquí y eso tendrá que ser suficiente.

La muchacha se encogió con tristeza y volvió a preguntarle:

—¿Pero si fuera posible y me encontraras en el momento justo...?

—No habría muerto solo y sin familia.

Silver se sorprendió a sí mismo al recordar ese detalle de su vida humana que había olvidado por completo. Ziggy se acomodó sobre él mientras comenzaba a vencerla el sueño, y entonces sintió una sensación extraña. Advirtió que Aureus estaba cerca, pero estaba demasiado somnolienta para investigar si su presentimiento era real o no.

Mientras tanto, Aureus ya había ido a espiar la casa de los Marzanna y la caverna oculta bajo el manantial, que encontró abandonada. Había una buena posibilidad de volver a instalarse discretamente ahí con su familia y tratar de comunicarse con la hermana de Bloo sin involucrarla demasiado en sus vidas. Solo necesitaba una persona de confianza que les ayudara a establecerse en la zona sin la ayuda de Aureus III o Silver, así que bajó de la montaña directamente a la casa de Sennet.

Era casi medianoche y el anciano se preparaba para dormir, sirviéndose una taza de té. Entró a su habitación, puso la taza en la mesa de noche y se volteó ante un pequeño librero cuando de pronto sintió que alguien lo observaba. Miró un rincón sin luz y descubrió a la criatura que en sus sueños había visto durante una noche de tormenta en la carretera. Sennet trató de no parecer asustado y se sentó en la cama, simplemente mirándolo. Aureus salió de la oscuridad y se le acercó reptando con siniestra suavidad felina:

—¿Qué hiciste con mi hijo?

El anciano respondió serenamente:

—Le enseñé el camino del bien y lo amé como si fuera mi propia sangre hasta que tuve vida para hacerlo.

El selenita se quedó en cuclillas ante él, como pensativo. Luego volvió a interrogarlo:

—¿Qué fue de él al crecer? ¿Fue un hombre feliz?

Con orgullo, Sennet relató:

—Conforme fue creciendo, noté que había nacido con talento y ansias de aprender. Yo sabía que este pueblo tenía poco para ofrecerle, así que llamé a un buen amigo para que lo llevara a una gran ciudad y tuviera una educación que satisficiera sus deseos de superarse. El muchacho no me defraudó. En poco comenzó a destacar y, para cuando se hizo hombre, ya era un ingeniero ganándose fama y fortuna. Entonces pude descansar en paz, ya que mi tarea se había cumplido y supuse que, en algún lugar del limbo, los verdaderos padres de ese ángel que me fue confiado también podrían estar tranquilos.

Entonces Aureus bajó la mirada y dijo con pesar:

—No... No estábamos en paz. Tuve que volver el tiempo atrás para volver a iniciar mi paternidad; lo he traído al mundo de nuevo. Pero no sé cómo criarlo, temo arruinarlo todo y meterlo en problemas. Además debo mantenerlo oculto de mis paisanos o terminaré poniendo su vida en peligro.

Sennet se inclinó hacia él y propuso con entusiasmo:

—¡Permíteme ayudarlos de nuevo! Conozco a Bloo desde hace tiempo y estoy solo, no tengo familia. Seré feliz si me dejan apadrinar a este niño otra vez. Además, esa ciudad a la que envié al muchacho en aquella realidad es lejana y totalmente ajena a este pueblo. Vengan conmigo a ese sitio; tu hijo volverá a ser un gran hombre. Te lo prometo.

Luego de pensarlo unos segundos, Aureus contestó con recelo:

—Creo que es una idea interesante... pero será mejor que la discutas con Bloo. No quiero tomar una decisión tan seria yo solo; no estoy seguro de qué es lo mejor para mi hijo. Ni siquiera estoy seguro de si hice bien al elegir el nombre que le puse.

El viejo rio y dijo en tono comprensivo:

—Debo confesarte que yo tampoco estaba seguro de cómo llamarlo. Por unos años solo lo llamé «hijito», hasta que él mismo me contó que su padre y su madre tenían nombres de metales: oro y bronce, si mal no recuerdo. «Bronce», claro está, era Bloo. Así que lo llamé aleación: Alloy. Como seguía inseguro de tal nombre, le agregué un apellido: Silverlight. Como en las medallas olímpicas, entre el oro y el bronce está la plata... y la luz, porque él fue la luz de mi vida.

Aureus tuvo que apoyar las manos en el piso para no caerse por la conmoción. Lo miró con los ojos abiertos a más no poder: Alloy Silverlight siempre había sido su hijo. Por eso el SL30 amaba entrañablemente a Bloo y no se había atrevido a matarlo a él, pese a que pudo hacerlo simplemente envenenando los caramelos de la casa o disparándole mientras dormía. Aún después de la muerte y con la memoria distorsionada, seguía amando a su madre y respetando a su padre. Aureus se despidió del anciano diciéndole que hablarían después, ya en presencia de Bloo, y salió por el tejado de la casa a toda prisa.

Estuvo un rato dando vueltas por los techos cercanos sin poder dejar de pensar en todas las cosas hirientes que se habían dicho con Silver en los últimos años y todas las veces que habían intentado matarse. Decirle a Bloo la verdad sería fácil — ella estaría orgullosa de tener por hijo a un prominente científico —, pero decirle al propio Silver que ellos eran sus padres no iba a ser sencillo. Pensaba en eso mordiéndose las uñas y mirando al horizonte cuando escuchó una vocecita llamándolo. Bajó la mirada y vio a Ziggy con una pierna en la calle y otra dentro de la ventana de su habitación, mirándolo extrañada.

Aureus se le quedó mirando un rato con disgusto sin decir nada — incluso responder a Ziggy le hostigaba —, hasta que ella volvió a dirigirse a él:

—¿Aureus? ¿Eres tú? Hace más de seis meses que no te veía. ¿Dónde está Bloo y qué haces aquí a las tres de la mañana?

—¿Y qué haces tú entrando a escondidas en tu casa a estas horas? Entrometida.

—Vengo de casa de mi novio.

Dijo Ziggy con orgullo y agregó:

—He comenzado una relación con Silver y es muy seria. Ríete si quieres, pero sé que él posee el alma de un buen hombre y me alegra ser su pareja.

En lugar de las burlas que Ziggy esperaba, Aureus la miró horrorizado:

—¡Olvídate de tener algo con él! ¡Tú no estás a su altura!

—Francamente, Aureus, eres un tipo odioso. Con razón Silver te detesta.

Con la última palabra de la chica, Aureus montó en cólera:

—¿No sabías que Silverlight era mi hijo? Tu tío lo sabía; es sospechoso. ¿Por qué me lo habrá ocultado a mí y a Bloo? ¿Pensabas hacer algo a nuestras espaldas?

—¡Te juro que no lo sabía! ¡Mi tío es muy despistado y no me cuenta sobre la vida de otras personas! De haberlo sabido se lo hubiera dicho a Silver hace tiempo. Sé que el pobre se siente solo y se alegrará de reunirse con sus verdaderos padres.

Aureus le dio la espalda:

—Cállate, no te atrevas... ¿Nunca lo has oído hablar de su padre? Lo idolatra. Piensa que fue un hombre intachable; quizás tu tío lo sea, pero yo... Va a odiarme. Quizás este es el destino: que nunca estemos juntos.

—El destino puede cambiarse, Aureus. Tú no estás con Bloo por casualidad y tu hijo no nació solo porque debía nacer. Ambos tuvieron que hacer sacrificios y tomar decisiones para llegar a este punto. Si no hubieran obrado así, lo más probable es que ahora tú estarías en la Luna y Bloo ni siquiera existiría.

—Mi gente ha estudiado el fenómeno del destino durante décadas. La concepción y la muerte de los seres humanos son imposibles de anular. Sabemos que el destino se vale de recursos inverosímiles para que los hechos ocurran inexorablemente.

—¡Son reglas de la vida! No puedes negarle a nadie el derecho de existir, ni puedes escapar de la muerte. Pero estos eventos, si bien no pueden evitarse, sí pueden posponerse o adelantarse. Somos libres de hacer lo que queramos en ese plazo de tiempo desde que nacemos hasta que morimos. Si no es así, ¿por qué Silver tiene una fotografía tuya cargándolo en brazos si en el pasado borrado mi tío encontró a tu hijo solamente envuelto en una manta? Ese retrato proviene de esta realidad; aquí Silver fue criado por sus padres biológicos y los recuerda. Él reconoció a Bloo al verla, ¡no solo pidió la ayuda de cualquiera! Fue y eligió exactamente a su madre de entre todas las chicas del pueblo. Y por lo que estuve hablando con él esta noche, sé que recuerda cómo su padre lo protegía. ¿Te das cuenta? Ustedes dos no morirán y el destino será burlado. Aureus, hay algo más. Es mejor que tu hijo siga oculto tras la personalidad de Alloy Silverlight. No le he contado a nadie porque no estoy segura, pero hay una persona que no estaba en el pasado borrado y ha estado siguiendo los pasos de Bloo...

El selenita la miró sorprendido y justo en ese momento un automóvil salió de la nada, zigzagueó por la calle y los golpeó. A la mañana siguiente, Ziggy despertó ante su casa junto a un charco de sangre. Se revisó el cuerpo alarmada y descubrió que no tenía heridas. Luego vio que el rastro rojo se dirigía a la calle, donde desaparecía ante las marcas de unos neumáticos que habían quemado el asfalto al irse a toda prisa.

Ziggy ni siquiera entró a su casa ni se preocupó por la escuela esa mañana. Corrió a reencontrarse con Silver y le contó todo lo sucedido, salvo el contenido exacto de la charla que había tenido con Aureus. No quería ser ella quien le revelara que toda «la familia» estaba unida por lazos de sangre. El hombre artificial le preparó un café y respondió:

—Guarda la calma. Estaba un tanto enterado del hecho. A través de una cámara de vigilancia instalada ante la casa de mi sospechoso, pude ver cómo esta madrugada él traía el cuerpo inconsciente de Selenita. Ahora que me lo cuentas, sé cómo consiguió capturarlo. El sospechoso está obsesionado con la idea de crear una raza humana perfecta; seguramente diseccionar al más «perfecto» de los Homo cosmos le servirá de inspiración para comenzar los cimientos del proyecto Evolución y exterminar al Homo sapiens. Todas las piezas encajan. Procederé a neutralizar.

—¡Pero date prisa! ¡Aureus puede estar muy mal herido o a punto de ser asesinado por ese loco! Había mucha sangre en la calle y ya han pasado horas...

—No pienso darme prisa. Ya ubiqué a mi objetivo. Es todo.

Ziggy sintió náuseas ante la insensibilidad de la máquina. Quiso gritarle algo pero se contuvo. Dio por terminada la charla y corrió a casa de los Marzanna. Al solo escuchar las palabras «sangre» y «accidente», Pete tomó las llaves de su camioneta y fue junto a Mari y Ziggy a la casa del sospechoso. En el camino, Ziggy les contó todo sin omitir detalle; y al llegar al sitio donde presuntamente estaría Aureus secuestrado — una bodega ruinosa en las afueras del pueblo —, Pete y Mari ya estaban listos para actuar; él con su traje de sirviente de la Luna y ella en su versión Homo cosmos. Pete se quitó la chistera y el sobretodo para cubrir con estos a Ziggy y dijo:

—Esto se pondrá violento. Es mejor que solo tú y yo entremos, Mari. Pero te diré una cosa: estamos ante uno de los miembros de Alma Colectiva más importantes para los selenitas, el que concibió la idea de crearlos. Si nos descubren actuando en contra del nacimiento de los Homo cosmos desataremos graves conflictos.

—Se supone que soy una selenita y tú de hecho eres un juguete de la familia Lunae. Diremos que el padre de Aureus IV nos mandó a recoger a su hijo que se metió donde no debía, y asunto terminado; nadie protestará.

Partieron juntos, dejando a Ziggy oculta en la maleza. Estando en su versión Cosmos, Mari era capaz de hablar con Pete usando la telepatía artificial que los selenitas habían creado para sus telecomunicaciones; así él pudo dirigirse a la parte trasera de la bodega mientras ella echaba un vistazo a la puerta principal y le decía:

—No quise hablar de esto frente a Ziggy, pero...

—Lo sé. Puede que ya no encontremos vivo al chico.

Pete respondió a través de sus pensamientos. Luego sacó sigilosamente sus cuchillas de tallado y comenzó a forzar la cerradura de la puerta trasera, al mismo tiempo que Mari tomó su brazalete y lo estiró en una cinta luminiscente que luego conformó una espada de fulgor azulado. La pelirroja notó que la puerta estaba entreabierta, tomó aire mientras se pasaba los dedos por los costados rapados de la cabeza, y entró abriendo de una patada:

—¡Vengo de parte de Aureus Rex Lunae III! ¡Entréguenme a su hijo!

Un olor nauseabundo infestaba el interior del edificio y pudo ver cómo las paredes y el piso estaban embadurnados de una sustancia negruzca en la que se agrupaban cientos de gusanos. Aguantó las ganas de vomitar cubriéndose la boca y comenzó a explorar entre una serie de cuartos en los que se dividía la bodega. La mayoría estaban llenos de contenedores de químicos y bolsas plásticas dobladas. Otros tenían grandes toneles de metal con una sustancia en la que flotaba lo que parecían ser restos humanos. De pronto escuchó la voz de Pete llamándola y corrió al punto de donde se originaba el sonido, saltando entre cajas vacías. Encontró a Pete cubriéndose la boca con un pañuelo ante una sala refrigerada:

—Por suerte se nos ocurrió no dejar que Ziggy viniera con nosotros...

Mari se asomó y murmuró algo entre dientes. La sala estaba repleta de cabezas a las que habían desfigurado quirúrgicamente para que tuvieran una apariencia similar a la de los Homo cosmos; también había cuerpos colgados y decapitados, con la grasa extraída y la piel estirada para darles un aspecto atlético y esbelto. Pete observó:

—Creo que a algunos les hizo esto mientras vivían. Quiere «mejorar» a la gente dándoles este aspecto. En los más frescos casi ha logrado que parezcan «naturales», pero los cambios que hace con cirugía no deben ser estables en un ser vivo ni se transmitirán de una generación a otra. Si encontró a Aureus, lo querrá para dejar la «estética» y comenzar a experimentar con genética.

—Está loco y es un imbécil; para saberlo basta ver este tiradero. Primero lo matará para ver cómo es «la perfección por dentro» y luego usará los restos para «planear la creación del hombre perfecto». Así es como nacieron los Homo cosmos, ¿recuerdas? A través de muchos ensayos y errores. Nunca hubo un modelo original, solo acumulaban «mejoras». Busquemos aquí antes de que...

Entonces escucharon ruidos entre unas mantas de material plástico detrás de ellos y se acercaron sigilosamente. Algo se movía debajo del montículo y Pete apartó las sábanas de un tirón, encontrando un cadáver putrefacto. Mari se alejó unos pasos y Pete volvió a cubrir el cuerpo meneando la cabeza. La pelirroja aún se recuperaba cuando sintió unas manos frías en torno a su cintura y un peso en la espalda. Gritó liberándose de quien la asía y al voltearse en actitud defensiva vio a Aureus con parte de la cabellera rubia ensangrentada, apoyado en una pared y balbuceando:

—Mamá... quiero irme a casa.

Luego se desplomó en el piso y Mari corrió a recogerlo mientras le examinaba las heridas:

—Chico idiota, siempre vienes a buscarme hasta que ya estás hundido en el barro hasta el cuello. ¿Qué te hicieron? ¿Dónde está el que te trajo a este lugar?

—Quieren saber dónde está Bloo. No les digas...

Pete lo cargó en brazos tratando de sonreír entre el hedor y la incertidumbre:

—Ya está; no te preocupes. Voy a comunicarme con el SL30 para que venga con la policía a esta pocilga. Debe haber muchos crímenes por resolver que se esclarecerán luego de sacar a la luz todo esto. Mari, ve tú adelante y ábrenos la puerta. Salgamos rápido de aquí.

Se dirigieron a la entrada principal y la encontraron cerrada. Era una gruesa puerta de metal en un sólido muro de concreto, por lo que no parecía buena idea intentar derribarla; prefirieron volver a la puerta trasera que Pete estaba seguro de haber dejado entreabierta, pero llegaron al sitio y descubrieron que también estaba cerrada. Mari echó un vistazo a las ventanas del lugar, a unos tres metros sobre el suelo y cubiertas por barras metálicas, y se dio cuenta de que algo iba muy mal. De pronto escucharon golpes y gritos desde afuera. Al no reconocer la voz y notar que quien gritaba los insultaba para que salieran, Pete dijo con extrañeza:

—Es el sospechoso, el dueño de la bodega. Cree que nos hemos encerrado aquí por voluntad propia. Alguien nos encerró y no fue él.

—Nadie entra, nadie sale... ¿Por qué?

Gruñó Mari empuñando de nuevo su arma y mirando a los alrededores. Entonces Pete vio un enorme contenedor rectangular con dos caracteres impresos y advirtió en voz baja:

—Aguarda... Eso no estaba ahí, y por lo que leo se trata de un artefacto selenita. Ese símbolo en la tapa significa «E»; el otro garabato al lado es un número. Generalmente clasifican a los esclavos según su tipo por una «E» y un número. E1 es un sirviente robótico viajero, como los Silverlight. E2 es un sirviente ciborg, como Bloo y yo. E3 es un simple robot no humanoide que no hace viajes en el tiempo; E4 es un ciborg para limpieza especial, y el E5 es un robot para limpieza doméstica. Aquí dice «E4».

Se escuchó un ruido de metal retorciéndose y Mari preguntó:

—¿Qué es exactamente un «ciborg para limpieza especial»?

Hubo otro ruido, esa vez el de un gran peso cayendo en el suelo. Pete explicó:

—Son híbridos de primates mayores con reptiles. Se regeneran rápidamente y tienen una fuerza descomunal; además de ser muy grandes, baratos y sin raciocinio. Son controlados por medio de aparatos implantados en sus cuerpos y generalmente se usan para cargar objetos pesados, o con fines de exterminio. De ahí el nombre «limpieza especial».

—Cuida al niño; tendré que ocuparme de esa alimaña.

Mari aún hablaba cuando un enorme ser desnudo y sin rasgos distintivos apareció por la puerta. Medía casi cuatro metros de altura, debiendo encorvarse para caminar dentro de la bodega, y su cuerpo, pese a ser antropomórfico, era muy similar al de los reptiles. Mari gruñó entre dientes y se dirigió a Pete:

—¿Cómo se desactiva esta cosa?

Pete se pasó el pulgar ante el cuello en un movimiento de corte y Mari comenzó a idear cómo dar muerte al gigante. Corrió lejos de sus compañeros para atraer la atención del E4 y ponerlos a salvo, pero la bestia la ignoró — estaba ahí para destruir al hijo del rey selenita —. Mari tragó saliva y se dispuso a cortar; su espada, conectada a sus propios impulsos nerviosos, reaccionó ante sus deseos y se envolvió en un fulgor rojo incandescente mientras se hundía en la pierna del ser, que ni siquiera se detuvo a ver qué le había pasado, inmune al dolor. Mari siguió cortando frenéticamente sin obtener mayores resultados, y Pete gritó mientras huía del E4 por un pasillo:

—¡Amor, anularé sus sentidos para que deje de perseguirnos! Lanzaré mis cuchillas a sus ojos y su nariz; para mí es fácil acertar, mi parte robótica se encargará de dar en el blanco.

Dicho y hecho, Pete lanzó sus cuchillas exactamente a los órganos de la vista y el olfato del monstruo, inutilizándolos; pero la bestia siguió caminando como si nada. Mari miró a su esposo con escepticismo y él exclamó:

—¡A lo mejor se guía por el oído, o por vibraciones! ¡Córtale las piernas!

Dando estocadas y escalando, Mari llegó hasta los hombros del E4 y ahí empezó a golpearle la frente hasta que algo crujió. La bestia finalmente reaccionó tratando de quitársela de encima mientras ella bajaba entre saltos y resbalones; luego todo se volvió un desastre. El E4 enloqueció, rompió paredes y derramó los contenedores, causando tal desorden que entre los objetos que volaban por los aires uno chocó contra una gran lámpara industrial que explotó incendiando los químicos. Por suerte la bestia había destrozado una ventana durante su arrebato y Mari y Pete, cargando a Aureus, lograron alcanzar el agujero abierto subiendo por unas cajas y escaparon. Llegaron al exterior encontrándose a Silver acompañado por Ziggy, con el sospechoso a sus pies ya neutralizado. Ni siquiera tuvieron tiempo de saludarse pues una pared se derrumbó justo detrás de ellos y el E4 volvió a la carga dirigiéndose directamente al grupo. Silver pidió a todos que guardaran la calma y, como siempre, hizo uno de sus pases de magia y convirtió su Glock 17 en una carabina de francotirador con la que disparó hábilmente a la cabeza del monstruo. El tiro provocó apenas un agujero pequeño en la frente del E4 y, cuando Mari estaba a punto de protestar por la aparente ineptitud del SL30, el cráneo de la bestia explotó y el resto de su cuerpo se desplomó consumiéndose en llamas. Silver guardó el arma con otro pase de prestidigitación y dijo:

—En poco estarán eliminados los restos del E4; será mejor que nos vayamos pronto. Prometheus ya está enterado de este evento y ha entrado en alarma. He reportado el incidente al rey Aureus III para cubrirnos las espaldas. Supongo que le interesará saber que alguien de la Luna intentó matar a su hijo.

—Tiene una herida en la cabeza y se ve débil, pero está vivo.

—Selenita es una plaga difícil de eliminar. Me decepciona.

Concluyó Silver, dirigiéndose a su Cadillac mientras las patrullas se escuchaban a lo lejos.

Todos se dirigieron a la casa de Silver para tratar las heridas de Aureus y pensar cuál sería el siguiente paso. Al llegar encontraron una nueva sorpresa: la puerta estaba abierta. Pete y Mari recobraron su apariencia normal y se quedaron en el Cadillac con el selenita medio inconsciente mientras Silver entraba con paso firme, seguido por Ziggy. Al asomarse a la sala de estar encontraron a Eros, quien los miró con sorpresa y dijo a su hermana:

—¡¿Dónde estabas?! Hay sangre frente a la casa y mis padres se mueren de miedo al no saber nada de ti. Silver, algo más: esta mañana me encontré a estas dos damas. Buscan a tu primo, el raro...

Al decir esto, Eros señaló al sofá, donde Bloo esperaba sentada al lado de lady Adámas en su versión Sapiens. Bloo estaba cabizbaja, vestida con ropa raída y cargando a su hijo. La prometida de Aureus III habló:

—Ayer recibí un mensaje desesperado de Bloo. Moví cielo y tierra por traerla hasta aquí. Aureus debió haber llegado a este pueblo ayer a eso de las seis de la tarde.

Continuó su discurso tratando de no mencionar directamente los viajes en el tiempo frente a Eros, mientras acariciaba el cabello de la joven madre:

—¿Ustedes saben dónde está él? La pobrecita lo ha estado esperando con su bebé en un sitio muy lejano desde hace mucho. Por suerte el niño pudo venir hasta aquí con ella pese a... no estar del todo preparado para un viaje así. Él y su madre son muy fuertes.

De pronto Ziggy notó que había alguien más en la sala: Laude Samana escuchaba todo desde un rincón, mirando por encima de sus gafas en actitud recelosa. Ziggy sintió que le hervía la sangre:

—¡¿Qué hace Laude aquí?! Es día de escuela; debería estar en clases.

—¡¿Que qué hago aquí?! Escuché que hubo un accidente frente a tu casa y decidí ir a ver cómo estabas antes de ir a la escuela. Iba en camino a visitarte cuando vi que tu hermano llevaba a mi querida prima Bloo en su coche. He venido a ver cómo está ella y a conocer a mi sobrinito. Ni siquiera sé cómo se llama. Mi madre y mi prima mayor también querrán conocerlo. ¿Te parece raro que la familia quiera reunirse para ver por primera vez a un nuevo miembro del clan?

La jovencita rubia se dirigió a lady Adámas:

—Usted le avisó a «Laude»...

Lady Adámas la miró desconcertada y en ese momento entraron Mari y Pete, seguidos por Aureus que apenas podía caminar. Al solo mirarlo, Bloo corrió a recibir a su amante con el hijo de ambos en brazos. El beso de reencuentro fue apasionado y Pete, Mari, Eros, Silver y Laude tuvieron que hacer grandes esfuerzos por no mostrar su espanto por el vehemente amor interespaciotemporal manifestado ante ellos, mientras las luces de la casa titilaban a causa de la conmoción de Bloo.

Notando que no era buena idea que él y su hermana estuvieran presentes en medio de un serio conflicto, Eros tomó a Ziggy de un brazo y se despidió de todos atropelladamente, volviendo juntos a casa de sus padres. Silver pidió a lady Adámas y a Laude que volvieran otro día, al tiempo que Aureus le dijo a Bloo que se instalaran en la vieja habitación que antes compartían en esa casa y Pete se ocupaba del bebé ya que sus padres estaban exhaustos. Silver ni siquiera quiso verlo y Mari no tenía ninguna experiencia con niños tan pequeños, así que prefirieron mantenerse al margen.

De momento, Bloo no pudo comprender por qué Aureus insistió en que se quedaran con Silver, pero en cuanto estuvieron solos él le reveló que Alloy Silverlight siempre había sido su hijo. Bloo escuchó todo perpleja, suspiró comprendiendo al fin por qué sentía ese cariño entrañable por el SL30 y dijo, sentándose en la cama:

—Al menos podemos estar orgullosos. No sé si él pueda estarlo de nosotros, pero me alegra saber en qué se convertirá al crecer. Lo hicimos bien, ¿verdad?

Aureus se sentó al lado de ella y la miró, simplemente sonriendo. Bloo le recogió parte del cabello detrás de una oreja y le acarició el cuello y la nuca, recostándolo en su hombro. El pequeño hijo de los dos seguía al cuidado de los Marzanna, que también decidieron pasar la noche en el viejo café, y Silver se recluyó en su despacho. Si alguien le hubiera tocado la cabeza en esos momentos habría notado que estaba ardiendo: era una máquina sobrecalentada por el exceso de trabajo que le daba el soportar la idea de quedarse tranquilo bajo el mismo techo en que su rival estaba disfrutando de su triunfo.

Al día siguiente, Ziggy reapareció en la casa de Silver durante el almuerzo. El noble Pete seguía ocupándose del pequeño mientras Mari volvía de la escuela quejándose de lo despreocupada que era la madre del niño; poco después se les unió Silver para servirles algo de comer. Ya estaban todos sentados en la mesa cuando llegaron Bloo y Aureus para anunciarles que el pequeño Argentus tendría una hermanita: el cuerpo ciborg de Bloo reportaba que habían concebido una niña. La noticia no sorprendió mucho a los demás, ya que la noche anterior las luces habían fallado hasta el amanecer. Mari inició un largo sermón sobre la completa falta de planificación familiar de la pareja y Silver seguía luciendo descompuesto; por momentos se congelaba y olía a plástico quemado.

Ziggy lo notó y comenzó a preocuparse. Entonces Aureus recordó la charla con Ziggy que el accidente había interrumpido y le preguntó qué era lo que no había terminado de decirle. La muchacha rubia finalmente compartió su teoría con los demás:

—Tiempo atrás descubrí que «Laude Samana» es un anagrama de «Adámas Lunae»; además mi tío nos reveló que Laude no fue parte del pasado original, al igual que Adámas. También recordé la sospechosa historia de la tía de Bloo sobre cómo terminó adoptando a Laude: según ella, una noble familia extranjera se lo confió porque son muy buenos amigos. En palabras de la tía, Laude tiene sangre azul, pero nunca define exactamente de dónde proceden los aristocráticos padres biológicos de su hijo adoptivo. Durante toda mi vida pensé que solo era otra fantasía de esa señora tan conflictiva, pero ahora estoy casi segura de que Laude es el segundo hijo de Aureus III. Eso explicaría por qué siempre tuvo una relación tormentosa con Bloo y nos vigilaba a todos disimuladamente.

Bloo tomó a su hijo de brazos de Pete y rio diciendo:

—Laude siempre me pareció un extraterrestre; no encaja en ninguna parte. Pero no puedo creer que ese idiota, que se hacía pis en mi cama cuando se quedaba a dormir en mi casa, sea el mismo rey selenita que vimos aquel día. Adámas Rex es refinado y fácilmente se gana la confianza de los demás; Laude es así pero solo para las viejas que lo miman. Para todos los demás es un ñoño, mojigato y quejica.

Mari observó:

—Ahora que lo pienso... esa forma de hablar ceremoniosa del rey Adámas sonaba algo similar a la presunción con que tu primo se dirige a todo mundo. Y tiene unos gustos muy raros respecto a su dieta; nunca lo he visto comer algo que no sea sopa o postres, igual que Aureus. Quizás...

—¡Mari! ¡El chico le cae mal a medio pueblo y su madre nos pagaba con chocolate para que fuéramos sus amigas! Laude solo es rey en su casa y para su mami.

Mari asintió con la cabeza recordando el hecho. Mientras hablaban, Pete se levantó un momento a revisar cuántas cuchillas de tallado le quedaban y las guardó en una mochila; luego revisó qué más había dentro y encontró un par de pinceles inutilizables y una cámara instantánea que llamó la atención de Bloo. Tanto así que dejó al bebé al cuidado de Aureus y se acercó a mirar de cerca haciendo preguntas.

La curiosidad infantil de la morena hizo que algo se moviera en Silver. La miró conteniendo sus impulsos destructivos al ver cómo esa niña pura que él había intentado rescatar había terminado siendo la pareja de un selenita. Luego miró a Aureus, que cargaba a su primogénito con orgullo, y quiso matarlo. A una velocidad vertiginosa computaba posibilidades siniestras que no llevaba a ejecución solo por respeto al resto de los presentes. Para él, Bloo ya estaba demasiado ligada al mundo de la Luna. En ese mismo momento germinaba en su vientre otra vida nueva y ella estaba feliz por eso. Por primera vez en su vida sintió algo que se parecía al rechazo — una emoción que no supo clasificar y que lo perturbó profundamente.

De pronto Pete animó a Bloo para que probara la cámara y ella hizo una foto de su hijo en brazos de Aureus. Pete recogió la fotografía y la agitó en el viento para que se revelara. Luego alabó alegremente a Bloo por la hermosa imagen del bebé y se la mostró. Ella la observó emocionada y después se la enseñó a Mari, que estaba sentada al lado de Silver, y se la pasó a él para que la viera también; mientras Ziggy se levantaba de la mesa de un salto intentando anticiparse a lo que estaba a punto de pasar, pero ya era tarde.

El robot reconoció la escena al instante. Hizo aparecer una pantalla holográfica donde miró su fotografía de recién nacido en brazos de su padre y la comparó con la instantánea que Bloo acababa de hacer. Comprendió que era la misma y todos guardaron silencio en la sala, viéndolo rodearse de humo. El olor a plástico chamuscado llenó el ambiente y Silver dijo con voz distorsionada:

—Mi procesador no puede trabajar con tanta información... Demasiados cómputos en ejecución; no puedo seguir. He cometido un error fatal.

A continuación alzó un brazo con movimientos toscos y usó su propia mano para atravesarse el pecho y arrancarse un amasijo de cables y circuitos palpitantes como vísceras. Luego se desplomó en la silla y habló mientras su voz se apagaba poco a poco hasta desaparecer para siempre ante el horror de todos:

—La carga de procesos ha sido aliviada, pero el problema no se ha resuelto... SL30 no puede seguir en funciones.

Hasta ese preciso momento el hijo de mes y medio de Aureus y Bloo lloró por primera vez.


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