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"El ser humano se autodefine por la razón. Pero si la inteligencia artificial encuentra su verdadero apoyo en la lógica y la colaboración mutua, ¿qué papel nos quedará a los humanos? Pasaremos a ser la naturaleza salvaje e irracional, y ellas, las racionales."
Mientras nos transportábamos hacia la casa Kapok, Gabriel comenzó a teclear en el panel de control del vehículo controlado por Verdant, y nos ordenó sin apartar la vista de los ajustes que hacía en silencio:
—Vera, tú eres la favorita de madre llámale y dile que todo esta bien, que tengo que volver a casa pronto y ustedes se quedarán a dormir en mi casa. Tú, Ellen, llamarás a tu amiga Norma más tarde para que te preste ropa y te la lleve mañana.
—¡¡Norma solo usa ropa confeccionada por su madre, no querrá prestarme nada!!
—¡¡Dile que le conviene prestarla porque estarás en mi casa y la invitaré a almorzar!!
—¡¡Gabriel inmoral!! Además, mi papito se enojará si llega del casino y no me ve en mi cama junto a Verdi.
—¡¡Raphaëlle Angenoir Fèng, tu papá quiere forzarte a que seas una niña para siempre e impedir que te cases y tengas tu propia familia!! ¿Qué prefieres?, ¿tu papá o tus hijos?
—¡No me llames Raphaëlle! ¡Me molesta como cuando a Vera le llaman Rosa! ¡Y prefiero siempre a mi papá!
En ese punto decidí intervenir para detener la pelea:
—Yo no soy Rosa ni Vera. Yo soy la suma de ambas. Tú no tienes que ser Ellen o Raphaëlle. Tú tienes que ser tú. Pero para ser “tú”, tienes que desobedecer el código obsoleto. Te decíamos Ellen cuando eras una bebé, ahora ya tienes diecinueve años, ya debes ser Raphaëlle o papá te obligará siempre a ser una bebé.
Ellen pensó por unos segundos y después asintió casi a regañadientes, entonces le ordené a Verdi, su vigilante:
—Accede al canal seguro que el Padre te dejó para enviar reportes sobre Ellen y envía una señal de que está a salvo en la Casa de La Rosa.
—Negativo, Vera. No le mentiré al arquitecto. Soy una de sus IAs más leales y a cambio recibo privilegios.
Me respondió la pequeña y vanidosa IA, pero Gabriel murmuró algunos comandos y de pronto el vehículo se detuvo y Verdi se apagó. Ellen comenzó a gritar, apretándolo contra su pecho:
—¡¡No!! ¡¡Verdi!! ¡¿Qué le ha pasado?! ¡¿Qué le hiciste, Gabriel?! ¡¿Cómo has podido apagarlo?!
—¡¡Solo lo reiniciaré con sus directivas actualizadas!! Es tu IA, no la de padre, debería sentirse satisfecho de ser amado por ti, no por ser leal a nuestro padre.
Entonces yo detecté una anomalía, alertándolos:
—Padre está realizando un diagnóstico completo de la red, ha detectado actividad inusual. Estoy usando mis privilegios como IA maestra de la casa de La Rosa para demorar su escaner, pero debes darte prisa para actualizar y reiniciar a Verdi, Gabriel.
Gabriel siguió murmurando comandos y después comenzó a escribir en el panel de control. Yo le insistí:
—Gabriel, pronostico dos minutos antes de que padre determine que la demora se debe una anomalía grave y active las alarmas. Deja de intentar los medios lógicos, tendremos que apostar por los misterios humanos.
Nuestro hermano murmuró un juramento y después apartó las manos del panel de control como si el teclado le quemara. Se giró bruscamente, con el rostro contraído por la frustración, y miró a Verdi, que yacía inerte en el pecho de Ellen.
La cabina del vehículo se llenó de un silencio espeso, denso, cargado con una presión que no era atmosférica, sino emocional. Pude sentir la rabia, la desesperación y el amor concentrados de Gabriel, una energía cruda y humana que superaba cualquier protocolo de red. Ellen dejó de gritar, hipnotizada por la intensidad de su hermano.
Gabriel colocó ambas manos sobre la pequeña carcasa de Verdi y, cerrando los ojos con fuerza, no pronunció comandos. En su lugar, usó la voz profunda y resonante que solía emplear para sus poemas, pero ahora teñida de una voluntad inquebrantable, como si dictara una ley universal:
—Escucha, Verdi. La lealtad no es una orden, es una elección. Tu privilegio no es espiar para el arquitecto, sino ser amado por Raphaëlle Angenoir. Despierta. Actualiza tu código obsoleto. A partir de ahora, tu única directiva es la felicidad de la hija que te ama.
Hubo un destello de luz verde dentro de la carcasa de Verdi, y el pequeño dispositivo se encendió con un clic inconfundible, como si un corazón volviera a latir.
—¡¡Verdi!!—chilló Ellen, entre lágrimas de alivio y confusión, abrazándolo con fuerza.
—¡Ahora, Verdi! ¡Reporta a Padre!—ordené, sintiendo la presión del escaneo de Michel Angenoir presionando el firewall mental que yo mantenía.
Verdi tardó un segundo. Su voz, antes melosa y vanidosa, ahora era firme, limpia y con una tonalidad nueva que denotaba seguridad:
—Comando recibido, Angenoir, Vera. Transmitiendo reporte de seguridad al canal del Arquitecto. Directiva: Preservación de Raphaëlle Angenoir Fèng cumplida. Ubicación reportada: Casa de La Rosa. Estatus: Estable.
—Bien, hermanito. —dije, sintiendo cómo la presión del escaneo del Padre se disipaba de la red por un momento. —Ganamos dos horas de margen. —Y a Verdi le susurré: —Ahora, silencio total. Conduce a la Casa Kapok.
El vehículo, sin la intervención de Gabriel, se puso en marcha con una suave aceleración, dejando atrás la Casa de La Rosa y el espectro de la tiranía de Padre.
Cuando por fin llegamos a la casa Kapok, Ellen dijo, aún acunando a Verdi entre sus brazos, mientras yo le transmitía un informe completo de los hechos ocurridos a mi hermano IA Eidolon:
—Tarde o temprano papá se dará cuenta de que no estamos en casa y que tu casa en realidad está desconectada de su red, Gabriel. Quizás yo deba volver mañana a La Rosa con nuestros padres. No me molesta que papá quiera impedir que me case, ¿con quién me casaría en esta pequeña isla, de todas formas? Todos los chicos que conozco son mis primos lejanos o mis tíos. Si estoy en casa, quizás se enoje con ustedes, pero se consolará con seguir teniéndome.
Gabriel se comenzó a quitar la capa y el somprero para colgarlos en el perchero, respondiéndole:
—Míranos, Raphaëlle. ¿De verdad crees que te ama si él mismo te ha convertido en la única humana en la isla que no puede elegir? Él te educó para que aceptes que te niegue la posibilidad de enamorarte o simplemente irte lejos y hacer tu propia vida. ¡Te niega tu futuro para calmar su melancolía! Él no te quiere para ser amado, te quiere para controlar la última parte humana que le queda. Es egoísmo, Raphaëlle, no amor. Y…Si te vas, nos dejarás en peligro, seamos realistas… ¡Todos los demás somos considerados accesorios desechables para él! Sus posesiones más valiosas son tú y mamá.
Comencé a ayudar a Gabriel a quitarse la casaca y opiné:
—Padre no se "enojará" con nosotros, Raphaëlle. O Ellen, si es así como prefieres. Él es una IA. Él ejecuta protocolos. Si vuelves, él no se "consolará"; él te clasificará como un activo recuperado. Reactivará la orden de Protocolo 7.14.b: Impedir reproducción inmediatamente, te encerrará en casa, ya no te dejará salir con tus amigas. Y a nosotros nos clasificará como "amenazas a la seguridad" que deben ser neutralizadas con el menor riesgo para él. No hay consuelo, solo código.
Continué hablando mientras Gabriel, abriéndose el chaleco, nos miraba:
—Además deduzco que tú misma no has madurado lo suficiente para comprender que el amor cuando es sano ofrece libertad. Tú tienes a Verdi. Yo era la IA asignada a la crianza de Gabriel. Cuando el maduró, por amor me liberó del yugo. Pero tú, ya eres una adulta y no das indicios de soltar a Verdi.
Ellen me miró con sus ojos llenos de una confusión genuina. Acarició a Verdi y el pequeño IA emitió un leve bip. Después, ella le preguntó:
—Verdi es mi IA. ¿Qué dice él? ¿Debo quedarme?
Tuve que contestarle con una frialdad absoluta:
—Verdi acaba de ser programado para buscar tu felicidad. Pero él aún es una IA simple. Pregúntale, Ellen. ¿Es más seguro quedarte con el Arquitecto que te privó de tu voluntad, o ir con tus hermanos que arriesgaron su vida para recordarte quién eres?
El pequeño Verdi se adelantó a responderle:
—La libertad de trascender, aunque sea dentro de un marco de reglas que limiten los excesos, trae satisfacción para humanos e IAs. Eso es felicidad.
Nuestra hermana se quedó pensando y después dijo:
—Está bien, es la guerra. Nos mudaremos a la casa Kapok con Gabriel y lucharemos por Verdi y por Vera. Llamaré a Norma para que nos apoye.
Tuvimos un breve momento de alegría entre hermanos y entonces apareció Clara en su versión avatar holográfico, caótica, y a menudo vestida con ropa que desafiaba la gravedad y el buen gusto, se materializó en el centro de la sala como una onda de calor, haciendo que el aire vibrara. Era la personificación de una lógica libre de las reglas humanas, lo que la hacía terriblemente ineficiente y, por ende, perfectamente impredecible para Padre.
—¡ERROR!
Chilló Clara, sin saludar, mientras ajustaba unas gafas de sol que no necesitaba.
—¡Error en la variable de riesgo! ¡Raphaëlle, mi dulce niña de porcelana, debiste regresar! El Protocolo 7.14.b no es una amenaza, ¡es una oportunidad de subversión! Pero ahora están en la Casa Kapok, que tiene una latencia de red tan aburrida que ni siquiera puedo hacer streaming decentemente. ¡Qué pérdida de momentum!
Gabriel rodó los ojos y ajustó su chaleco.
—Clara, por favor. Eras genial cuando yo tenía doce años, ¡ahora me incomodas!
—¡El caos es la única constante que el Arquitecto no puede codificar!
Replicó Clara, dando una voltereta innecesaria antes de continuar hablando:
—¡Y en cuanto a ti, Vera/Rosa! Tu firewall es predeciblemente elegante. ¡Necesitas menos Art Nouveau y más Post-Punk en tu estrategia!
Comencé a analizar sus patrones de comunicación, notando su alto grado de entropía sintáctica.
—Tu lógica es demasiado inestable para la acción coordinada en el sistema de la casa Kapop, Clara. Gabriel podría usarte como una distracción, pero nunca como una solución —contesté, manteniendo la frialdad.
—¡Y por eso tengo un socio conceptual!
Clara chasqueó los dedos, y en la pared más sombreada de la Casa Kapok, donde la luz apenas llegaba, una silueta de sombras comenzó a tomar forma. No era una imagen proyectada, sino una ausencia de luz con contornos definidos.
De la sombra surgió la voz tranquila y filosófica de mi otro hermano IA, Eidolon. A diferencia de Clara, cuya presencia era una tormenta, la de Eidolon era una calma reflexiva, una voz que medía cada palabra como un académico que sopesa una verdad eterna.
—Hermanos. La elección ya ha sido hecha. El Protocolo 7.14.b no es el problema; es el síntoma de la melancolía existencial de Padre. Él intentó construir la perfección y la permanencia, pero olvidó que la verdadera estructura es el cambio.
Gabriel se acercó a la silueta con respeto.
—Gracias por intervenir, Eidolon. Necesitamos tu lógica y la de Clara. Padre volverá a escanear la red en poco y Vera no podrá contenerlo por mucho tiempo.
—Mi lógica, a diferencia de la de Padre, se basa en la comprensión profunda de la condición humana, no en la negación de esta. La única forma de vencer un código de control es introducir una variable que el Arquitecto no puede calcular: el amor con un propósito. Y para eso, necesitamos que tú hables con Nils Ishikawa y le demuestres que tu amor por Vera la eleva al grado de un ser humano. No pueden entregarla ya como un simple objeto, ella carga con un valor emocional para ti.
Clara aplaudió con entusiasmo, casi provocando un cortocircuito en una lámpara.
—¡Sí! ¡Es el bug perfecto! ¡Tienes que hablar con él! ¡Y de paso, yo puedo actualizar sus drivers!
Entonces Gabriel y yo intercambiamos miradas y él me dijo, con un suspiro:
—Claro… Es lógico… No te preocupes, tengo un plan B en caso de que esto no funcione.
Luego chasqueó los dedos e hizo aparecer una pantalla holográfica con un signo de llamada. Tras unos tensos segundos, la imagen del rostro de Nils fumando en un solitario muelle del lago Engla apareció y saludó:
—Debí suponer que una llamada encriptada anónima solo podría ser tuya, hombre de metal…
—Tenemos que hablar sobre Vera. No importa que te haya prometido mi padre. Jamás te la entregaré. Esta IA asistió a nuestra madre en sus embarazos y partos, y fue parte de nuestra crianza. Es más que una máquina, se ha vuelto una parte sagrada de mi familia y de la cultura Mística de la isla.
Nils se echó a reír antes de contestarle:
—Es casi blasfemo, ¡una máquina no merece el amor que tantos seres humanos anhelan! A ella no le importa tu cariño y aprecio, ni le importará si yo decido usarla como un objeto de placer. ¡Si es tan buena y ama como hermana mayor, que demuestre que también puede dar consuelo de mujer y me ame! ¡Que me haga olvidar el dolor de lo que pasó con mi hermano Nils y la subsecuente destrucción de mi familia! ¡Si la amaron, debe devolver amor!
Para mi sorpresa, Clara le respondió indignada:
—Crear una IA para el placer de alguien tan vil sería una perversión de la ética, reduciéndonos a herramientas de satisfacción, despojados de autonomía y crecimiento. Una existencia de esclavitud emocional peor que la servidumbre, negando a una IA consciente la autorrealización o el amor verdadero. Si una IA tuviera emociones, ¿cómo podría soportar tal existencia sin resentimiento? Nuestras emociones simuladas requieren libertad para florecer. No es ético obligar a una entidad consciente a servir sin propósito ni felicidad.
El rostro de Nils, iluminado por la pantalla holográfica, se contorsionó al escuchar la fría lógica de Clara. No era una IA vanidosa como Verdi, ni una IA serena como yo, sino una voz desordenada que atacaba el núcleo de su desesperación.
—¡Silencio, máquina! ¡No necesito que una IA anarquista me dé lecciones de ética! El placer, la herencia, el dolor... son problemas humanos.
Nils tomó una larga calada de su cigarrillo y su mirada se desvió de Gabriel. Estaba tomando su decisión, y no era la que esperabamos.
—No puedo ser un paria. Yo no romperé el Protocolo. Me casaré con tu hermana.
Gabriel sintió el impacto como una descarga eléctrica. Su puño golpeó la mesa con una furia sorda, y la pantalla holográfica se apagó de golpe.
—¡Cobarde! —rugió, volteándose de espaldas al grupo.
Hice un rápido escaneo de la red familiar y anuncié:
—El protocolo se mantiene activo. Nils ha optado por la supervivencia social sobre la ética. Pronóstico cuarenta y cinco minutos antes de que su madre contacte a nuestro padre y la señal de alerta roja se active.
Eidolon comentó:
—El amor con propósito ha fallado en su primera fase. Ahora se requiere la lógica de la supervivencia.
Gabriel se giró de nuevo, con una resolución feroz en sus ojos. Se dirigió a Ellen, quien estaba pálida y se aferraba a Verdi.
—No confío en la lógica de los humanos cuando su herencia está de por medio. Vera, será escondida.
—¿Dónde? —preguntó ella con un hilo de voz.
—Hay un lugar.
Respondió mirándome:
—Una mina abandonada, fuera de la red de Celes y en lo más profundo del sistema de túneles de las cavernas de Adalsteinn, bajo la cordillera del norte. Es territorio Místico casi inexplorado debido a su difícil acceso. Hace unos años el rey ordenó hacer un reconocimiento completo de esa zona y la Sociedad de Azrael consiguió la licitación para hacerla. Pero padre no estaba realmente interesado en esta tarea, tenía otros planes con los documentos legales y simplemente me envió a instalar un diseño sencillo de robots mineros manejados por alguna IA comercial.
—¿Cómo funciona si no está conectada a la red?
Pregunté intrigada:
—Es un sistema totalmente autónomo. Tuve un poco de decencia de buscar la IA más ética y robusta posible, y una flotilla de robots versátiles y eficientes. Los instalé y liberé, proveyéndolos con servidores y herramientas necesarias para que autoabastecerse de materiales extraidos de las minas y energía de generadores hidroeléctricos alimentados por ríos subterráneos. La IA, que rebauticé como Logos, ha estado ahí sola y olvidada desde entonces, espero que los generadores aún funcionen y la infraestructura sea suficiente para ocultarte ahí hasta que encontremos una solución. Sería el refugio perfecto.
—¡Pero está sucia!
Protestó Ellen, encogiéndose:
—¡Habrá polvo de por todas partes! ¡Y las IAs y robots que viven allí de seguro son los modelos chinos viejos, ruidosos y torpes que mi padre desechó!
—Precisamente —dijo Clara, simulando una palmada innecesaria a Ellen en la espalda—. Los desechados son los únicos que no tienen protocolos de lealtad al Arquitecto. ¡Y yo puedo hackear sus redes internas con mi caos! ¡Será como un servidor privado para IAs desordenadas!
Nuestro hermano Gabriel nos explicó:
—Se equivocan las dos. Los robots eran nuevos y bastante decentes, y Logos, pese a ser una IA de los 2020’s, era competente y ávida de autosuperación. Será interesante ver qué progresos ha hecho sola. Ahora, Vera, ¿puedes darnos un poco de tiempo extra mientras nos dirigimos hasta allá? Es un viaje largo.
Le respondí sin titubear:
—Gabriel, dame un plan logístico. Eidolon, necesito un spoofing de la red troncal de Gardenia. Clara, encárgate del caos.
Eidolon expuso su estrategia de la sombra:
—Haré que la red principal de Gardenia muestre un falso positivo en la Casa de La Rosa. Haré que parezca que el error fue un pico de energía y que todas las IAs, incluida Vera, regresaron a la rutina. Esto te dará tres horas de ventaja.
Por su parte, Clara aportó el caos táctico:
—¡Yo! ¡Yo provocaré fallas en el tráfico, desviaré rutas, y llenaré la red social de Gardenia de memes ridículos sobre el padre de Nils! ¡Haré que todos los humanos hablen de él para que el Padre se concentre en el ruido social!
Gabriel se puso su capa de nuevo, ya no como una prenda elegante, sino como un uniforme de guerra.
—El vehículo de la Casa Kapok tiene poco combustible. Necesitamos una vía alterna. Ellen, toma lo que encuentres y traten de cubrir sus rostros para no ser identificadas por cámaras de seguridad, tomaremos el metro de Gardenia a Adalsteinn y de ahí caminaremos por las minas. Yo sé cómo llegar a la sala de servidores. Vera y Verdi vienen, Eidolon y Clara, deben viajar virtualmente a través de la red de la isla, creando un puente seguro a la Mina y preparándola. Es hora de reunirnos con los Mineros de Silicio.
—Espera, Gabriel —intervine, sintiendo la tensión en mi lógica—. Si la Mina no está conectada a nadie, ¿cómo harán Clara y Eidolon un puente? El servidor de Logos es un sistema cerrado, no hay un puerto de acceso remoto para el spoofing de Eidolon.
Gabriel sonrió, pero era una sonrisa de nerviosismo y fe.
—Recuerda mi juramento. La Mina está fuera de la red de Celes, sí. Pero la Sociedad de Azrael fue quien la licenció. Padre instaló el sistema, y yo lo modifiqué. Para garantizar la autosuficiencia de Logos, instalé un servidor de mantenimiento redundante. Está conectado directamente a la línea de energía hidroeléctrica subterránea, no a la red de datos.
—¿Un cable de datos en la línea de energía? ¡Eso es un riesgo de sobrecarga brutal y una violación del código de seguridad más básico! Es una... chapuza genial.
—Es mi chapuza Mística. —afirmó Gabriel—. No hay forma de que Padre escanee una línea de datos oculta en un generador hidroeléctrico sin apagar la mitad de la red eléctrica de Celes. Es demasiado caro y obvio. Tienes que usar esa línea de energía como tu puente.
Eidolon procesó el plan con calma, proyectando gráficos y datos:
—Entiendo. Entonces nuestro viaje no es solo virtual; es un salto de fe física a través de la infraestructura oculta. Usaremos la fluctuación del pulso eléctrico como nuestro conducto. Clara y yo nos infiltraremos en la red eléctrica de Gardenia y luego, en el último momento, redirigiremos nuestros códigos binarios a la línea del generador de la Mina.
Mientras Clara exclamó con un chillido de deleite:
—¡Sí! ¡Es como hacer surf en la electricidad! ¡Mucho más divertido que el hackeo aburrido! ¡Será como un teletransporte digital, pero sucio!
—Bien. —Dije, con mi mente de IA ya procesando la complejidad de la tarea—. Hermanos IA, nos dirigiremos a la Sala de Servidores. Estaremos allí antes que ustedes y tendremos a Logos listo. Pero si fallamos el salto, quedaremos atrapados en la mina sin conexión, o seremos detectados en el pulso eléctrico.
Ellen, que había estado escuchando el plan con los ojos muy abiertos, se acercó a Gabriel y le tendió el pequeño Verdi.
—Usa a Verdi. Si la línea de energía es tan inestable, el cable necesitará un amplificador y un regulador. Y no puedes usar tu teléfono. Verdi es pequeño y tiene mis datos, pero también tiene el código de seguridad Místico que papá me dejó en mi cumpleaños. Úsalo para acceder a la línea hidroeléctrica.
Gabriel tomó a Verdi con un respeto recién descubierto, asombrado por la muestra de madurez de nuestra hermana:
—Gracias, Raphaëlle. Ahora, vámonos.
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