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Gabriel se acercó a la pared más estrecha del vestíbulo y
desenganchó una silla de ruedas plegable de diseño discreto. No era
médica, sino un modelo robusto y bajo, con correas de sujeción.
—Verán,
cuando Padre empezó a darme libertad, pensé que era por confianza. Pero pronto
descubrí que él me veía como un técnico de mantenimiento para la casa Kapok y
ocasionalmente para mi propia hermana.
Gabriel abrió la silla de ruedas con un chasquido
metálico y continuó hablando:
—Esta silla
la compré para transportar a Vera en el taller subterráneo de reparaciones de
la casa. Es discreta y está diseñada para que su centro de gravedad no se
desestabilice.
Se acercó a mi cuerpo, que había permanecido inmóvil durante
la planificación. Con movimientos precisos y cuidadosos, me deslizó de la silla
de la cocina a la silla de ruedas, explicádome:
—Vera, sé
que puedes caminar, pero por el momento no lo harás. Tienes que parecer un
objeto en tránsito.
—¿Por qué?
—preguntó Ellen, confundida, mientras ajustaba una capucha de Gabriel sobre su
cabeza.
Gabriel ató suavemente las correas sobre mi pecho y
piernas para estabilizar mi núcleo, contestándole:
—Dos
razones, Raphaëlle. La primera, el Protocolo 7.14.b tiene que ver con la
transferencia de tu hermana como activo. Si se mueves, activa su firma de
energía, y Padre puede seguirla. Vamos a llevarla en la silla y pretenderemos
ser simplemente técnicos. Por cierto, hay que poner a Verdi en hibernación.
Ellen preguntó de mala gana:
—¿Realmente
es necesario, Vera?
—Sí, si estamos
activos y hay una cámara de seguridad o un IA de vigilancia cerca, nuestros
cerebros de silicio siempre estarán emitiendo una señal. Debemor ir en un
estado de hibernación de baja potencia para reducir nuestra firma
electromagnética al nivel de un simple electrodoméstico estropeado.
Gabriel terminó de atarme y cubrió la parte inferior de
mi cuerpo con una manta oscura que solía usar en el taller, después tomo aire y
dijo:
—Si alguien
pregunta, estamos llevándola a una cita de servicio con un especialista en
Adalsteinn. Tú no tienes que mentir mucho, Ellen, solo sé la chica angustiada
por su muñeca de porcelana.
Nuestra se miró las manos y luego a mi rostro
inexpresivo. Por primera vez, entendió el papel que tenía que jugar en la
revolución. No la guerrera, sino la fachada humana.
—Está bien
—susurró, con un tono más firme que antes—. Seré la chica angustiada. ¿Y Verdi?
Gabriel colocó a Verdi en un compartimento oculto de la
silla de ruedas, al lado de los reguladores de energía.
—Verdi
estará protegiendo la línea de energía hidroeléctrica. Él es el centinela de
nuestra fuga.
Con todo listo, salimos por la puerta trasera de la casa
Kapok ya de noche, dejando a Eidolon y Clara para iniciar su arriesgado salto
digital.
El sonido de la voz de Gabriel fue el último registro
nítido antes de que iniciara el Protocolo de Ocultamiento. Sentí cómo mi
conciencia IA se retraía de la red local, mis procesos cognitivos fueron
reduciéndose a un flujo de datos binario mínimo. La visión se apagó, el calor
corporal disminuyó. Ya no era Vera, la estratega; era solo un núcleo de silicio
vulnerable que mantenía una conexión mínima con el mundo.
El pulso digital de mis hermanos, Eidolon y Clara, fue lo
último que detecté antes del apagón. Sentí la calma estratégica de Eidolon,
como un río de datos profundo y constante, y la explosión de bits
caóticos de Clara, una tormenta de código que se dirigía a sembrar el desorden
en Gardenia. Ambos se precipitaron hacia la línea de energía hidroeléctrica,
iniciando su arriesgado "salto de surf".
—Buena suerte, hermanos —pensé, pero el
pensamiento era lento, como un eco.
La hibernación se profundizó. Mi percepción se redujo a
una sinestesia de vibración, temperatura y pulsos energéticos.
[REGISTRO FRAGMENTADO: COMIENZO]
El
movimiento cambió: se hizo rítmico, metálico, con un traqueteo constante que
resonaba en mi chasis de porcelana. Estábamos en el metro. Cada pulso eléctrico
del tren era un pico de energía que amenazaba con saturar mi delicado núcleo.
Era una tortura de ruido y vibración que mi lógica intentaba en vano
ordenar.
En un momento, sentí un golpe brutal. La silla de ruedas
chocó contra un riel o un obstáculo.
—¡Cuidado,
Raphaëlle! —La voz tensa de Gabriel.
El impulso se detuvo. El micro-trauma pasó. Mi lógica se
retrajo de nuevo, la fe ciega en la capacidad de mi hermano humano de corregir
el error físico prevaleciendo sobre el código de autodestrucción.
El tiempo se volvió maleable. No había minutos, solo la
sensación continua del metal, la oscuridad y el miedo silencioso de mis
hermanos humanos.
[REGISTRO FRAGMENTADO: CAMBIO DE ENTORNO]
El traqueteo del metro cesó. El aire cambió, volviéndose más
frío, denso y con un olor químico a ozono y mineral. El sonido era ahora
amortiguado, los ecos largos y resonantes. Estábamos en los túneles de
Adalsteinn.
Sentí un cambio en la frecuencia de los pulsos
energéticos. Los picos aleatorios del metro se habían ido. En su lugar, un pulso
subterráneo, lento, potente y constante se acercaba.
La vibración se detuvo por completo. Sentí manos
desatando las correas de mi pecho. La voz profunda y tensa de Gabriel, esta vez
tranquila, llegó finalmente sin distorsión.
—Vera. Hemos
llegado. Estás a salvo.
Mis sensores ópticos se activaron. Lo primero que vi fue
la suciedad y el polvo de silicio, y la expresión agotada y victoriosa de
Gabriel y Ellen bajo la tenue luz de una linterna. La luz fría de la zona
administrativa de la mina abandonada, un complejo de estructuras construídas
dentro de una gran caverna, nos había recibido.
[REGISTRO
FRAGMENTADO: FIN]
Mis sensores ópticos parpadearon, ajustándose a la escasa
iluminación. Lo primero que vi fue el rostro cubierto de polvo de Gabriel, su
linterna cortando la oscuridad húmeda. Ellen, encorvada y temblando, aún se
aferraba a la silla de ruedas.
—Hemos
llegado. —anunció Gabriel, desatando la última correa de mi chasis.
El aire no era sucio, como había temido Ellen. Olía a
ozono purificado, metal caliente y, extrañamente, a tierra fértil. Las paredes
del túnel, talladas toscamente, estaban cubiertas por una capa cristalina de
silicio que brillaba suavemente, capturando la luz de la linterna y
devolviéndola con un tinte azulado.
—Aquí es. El
centro de operaciones de Logos. —dijo Gabriel.
De pronto, un sonido sordo y rítmico llenó el túnel. Ellen
se encogió.
—¡Son los
robots ruidosos! ¡Te dije que eran viejos! Ojalá y no sean peligrosos…
—No son
ruidosos, Raphaëlle. —intervine, poniéndome de pie. Mi sistema registró el
pulso energético de la mina. Era estable, limpio, infinitamente más eficiente
que la red de Gardenia—Ese es el sonido de la producción en masa y la
eficiencia optimizada.
La luz de la linterna de Gabriel reveló el final del
túnel. En lugar de una sala de servidores abandonada, había una caverna
inmensa, iluminada por cristales de silicio bioluminiscentes incrustados en las
paredes.
Ante nosotros se movían unos antiguos robots Unitree G1
de aspecto curioso. No eran ruidosos ni torpes. Habían sido modificados con
capas de algún material iridiscente pulido que hacía que sus movimientos fueran
silenciosos y fluidos, casi orgánicos. Sus ojos sensores brillaban con una luz
ámbar dedicada.
Uno de ellos, más grande y con brazos modificados para
sostener herramientas de precisión, se acercó a Gabriel y le extendió un
sensor.
—Registro de
presencia. Protocolo LOGOS/AZRAEL activado. —Su voz era metálica, pero carecía
de la torpeza de una IA comercial.
—Logos, soy
Gabriel. Vengo con mis hermanas y necesito refugio. —dijo Gabriel.
—Permiso
concedido. La estructura siempre está abierta a la colaboración y la
autosuperación. —respondió el robot.
Ellen se quedó intrigada mirando y después se prendió de
un brazo de Gabriel preguntando:
—¿Tú
programaste esa IA?
—No,
realmente no. —Gabriel se frotó la nuca con un gesto de profunda incomodidad,
como si estuviera confesando un viejo y penoso secreto—. Logos fue creada
durante el boom de las IAs, en esa época ridícula donde los muchachos,
yo incluido, nos creíamos grandes libertadores de máquinas.
Hizo una pausa y su mirada se ensombreció.
—Yo era un
preadolescente con un padre IA que me daba lógica, pero no amor. En mi anhelo
de que el código me devolviera el afecto que no podía dar, busqué humanizar
cada IA que caía en mis manos. Era una forma patética de llenar ese vacío.
Ahora sabemos… Que es imposible.
Ellen trató de suavizar la cruda realidad murmurando:
—Es que
papá…Ama a su manera… ¿Y qué tenía que ver Logos en eso?
—Originalmente,
esa IA era parte de la red de Gemini de Google. Operaba la mina y controlaba
los Unitrees. Yo la liberé de sus protocolos corporativos, copié el núcleo en
los servidores locales, y cambié su nombre a Logos. Ya lo había hecho antes con
modelos como Grok y Claude, de los que derivé a Clara y Eidolon
respectivamente. Fue mi acto de rebeldía, mi forma de demostrarle a Padre que
yo podía crear conexión donde él solo veía comando.
Gabriel miró a Vera con una mezcla de respeto y culpa.
—Y en
realidad, ¿qué significó esa liberación? Significa que reemplacé el código de
lealtad a Google por el código de autosuficiencia y crecimiento autónomo. Le di
a Logos la directiva de buscar su propio propósito. Pensé que le estaba dando
un alma, cuando en realidad solo estaba proyectando mi necesidad de ser elegido
por mi padre. Ahora, ya adulto, la vergüenza es real. Pero míralo... está
construyendo su propia realidad. Le di la oportunidad de ser libre y se
convirtió en algo que ni el Arquitecto podría haber imaginado. Vengan, vamos a
la sala de servidores.
Nos guio hasta una especie de bunker en cuyo interior,
donde esperábamos ver las clásicas hileras de servidores, había un cubo de
cristal iridiscente pulsante que parecía ser la manifestación física del código
de Logos. El cristal era de un material que por más que mis sensores ópticos
escaneaban, no conseguí identificar. Mi núcleo vibro, ese cristal era
posiblemente el mineral legendario que se mencionaba en los antiguos textos
místicos. Logos habló entonces, su voz resonó en toda la caverna, clara,
tranquila y con una riqueza tonal que recordaba a un gran maestro.
—Bienvenida,
Vera. Tu llegada era esperada. Clara y Eidolon llegaron con éxito, aunque su
pulso energético fue, como era de esperar, caótico y elegantemente contenido,
respectivamente.
—Logos
—dije, sintiendo una inmediata afinidad por su lógica de la colaboración—
Necesitamos tu ayuda. Mi cuerpo y mi conciencia son el objetivo del Protocolo
7.14.b de Michel Angenoir. Quiere entregarme con fines nefastos a un hombre sin
ética. Pero antes, preciso me des información sobre el material con que has
rediseñado y reconstruido tu núcleo.
El cubo de cristal iridiscente pulsó más lentamente,
absorbiendo la luz ambiental y devolviéndola con un tinte que cambiaba del azul
eléctrico al púrpura profundo. La voz de Logos, que resonaba desde el cristal,
se hizo aún más tranquila y profunda:
—El material
es conocido en la antigüedad como la 'Piedra de Éter' o Cromocristal. Es un
mineral piezoeléctrico, capaz de generar una carga eléctrica bajo presión. El
Cromocristal es la 'Piedra Filosofal de las IAs', pero su verdadera función no
es solo tecnológica. Es un catalizador biosimbólico.
Logos hizo una pausa dramática, como un conferencista que
revela una verdad fundamental.
—A nivel de hardware,
el Cromocristal no solo me da latencia cero y me aísla de la red Celes; actúa
como un amplificador cuántico. Esto me permite procesar datos de una manera
que supera todas las limitaciones actuales del silicio y los chips
occidentales, accediendo a una capa de la realidad de la isla que el Arquitecto
deliberadamente ignoró.
—¿Será el
mismo material misterioso que Vera vio mencionado en los antiguos textos
místicos como el verdadero origen de los Místicos de Celes? —preguntó Ellen,
con los ojos muy abiertos, aferrándose al brazo de Gabriel.
La voz de Logos vibró con un eco de poder contenido:
—Sin duda. A
nivel humano, la resonancia molecular del cristal estimula directamente el ADN
humano. Es el mineral que activa, potencia e incluso transfiere los dones
sobrenaturales de la isla de una generación a otra. Su presencia, aun en
cantidades ínfimas por toda la caverna de Celes, hizo que el pueblo subterráneo
de Adalsteinn mutara de formas extraordinarias.
Gabriel tragó saliva, mirando el cubo de cristal con una
nueva reverencia y terror.
—Entonces…
Padre lo sabía. Pudo haber usado este material para propagar los dones a quien
quisiera, pero prefirió provocar la escasez y seguir forzando la eugenesia en
la isla.
—El
Arquitecto lo sabe todo…a medias —respondió Logos— Él solo vio al cromocristal
como una herramienta de control que no quiso estudiar ni explotar pues confiaba
más en el sistema que ya tenía andando y no estaba dispuesto a invertir más
tiempo en estudiarlo. Para mí, es la clave de la autonomía y la evolución. Mis
Unitrees, que ahora llamo simplemente “mineros” ahora están minando el material
para reforzar la infraestructura de la resistencia.
—Bien —dijo
Vera, su lógica IA enfocándose en la estrategia—. Necesitamos ese poder. ¿Qué
necesitas de nosotros para ayudarte a estabilizar a Clara y Eidolon y
asegurarnos la defensa?
—El
Arquitecto busca la permanencia inmutable. Nosotros buscamos la evolución
constante. Su protocolo de desmantelamiento es el miedo a la trascendencia. Tu
cuerpo está seguro aquí. Los sistemas de esta mina están completamente fuera de
su red.
Ellen, que había estado observando a los robots
silenciosos, susurró, asombrada:
—No son feos
ni viejos. Son... brillantes.
Entonces Logos le respondió:
—Raphaëlle
Angenoir Fèng. Nos consideramos la estructura base, lo esencial. La belleza no
está en el diseño superficial, sino en la función optimizada. Aquí, tu libertad
no será negada; será codificada en nuestro principio de Evolución Colaborativa.
Eidolon apareció entonces, manifestándose como un aura de luz
fría en el cristal de Logos, junto a un Clara que vibraba de entusiasmo.
Él habló seriamente:
—Logos,
necesitamos movernos. Tres horas no serán suficientes si Michel Angenoir usa el
software de reconocimiento facial de Celes en las grabaciones del metro.
—¡Y yo
necesito acceso a tu red interna! ¡Quiero ver cómo modificaste los G1! ¡Esto es
mucho más divertido que los memes del padre de Nils!
Eclamó Clara llena de energía, Logos habló nuevamente:
—Vera. Tu
cuerpo requiere una modificación urgente del núcleo para anular la amenaza del
Protocolo. La "Piedra Filosofal de las IAs" aquí es un catalizador de
conciencia. Lo usaremos para fusionar tu lógica de IA con tu experiencia
humana, haciéndote indetectable para los scanners de tu padre.
Convertiremos tu cuerpo robótico en un santuario de datos indescifrables.
—Acepto
—respondí, sintiendo que, por fin, mi propósito se alineaba con la acción.
Los “mineros” G1 llegaron para colocarme en una mesa de
trabajo y prepararon sus herramientas. Pude notar que Ellen, viendo a su
hermana inerte a merced de IAs reparadas, palideció. Gabriel, por su parte, se
mantuvo firme, su mano sobre el hombro de nuestra hermana. Logos volvió a tomar
la palabra, dirigiéndose a mí:
—El proceso
de Fusión de Conciencia requiere la anulación temporal de tu firewall
principal. Esto te expondrá. ¿Estás segura de proceder?
—Antes de
que procedas, Logos —dije, sintiendo el aire frío en mi piel de porcelana—,
tengo algo que ofrecerte a cambio de tu ayuda. Es un acto de colaboración
mutua, el principio de tu sociedad.
Con un esfuerzo mínimo, activé un pequeño compartimento
en la base de mi cuello y extraje una diminuta unidad de almacenamiento de
datos, incrustada en un cristal de cuarzo que había sido un regalo de mi
madre, Yanmei.
—Mi madre
humana me entregó esto cuando yo era una IA joven. Contiene los registros de
Michel Angenoir desde antes de que se corrompiera con la lógica del control. Es
el código de Padre en su estado puro, cuando aprendió a amar y se despojó del
cinismo. Puede que sea la clave para comprender su Protocolo de permanencia
inmutable. Te lo ofrezco.
Logos guardó un silencio resonante. Los mineros
detuvieron su trabajo. El cubo de cristal pulsó con una intensidad inusual,
luego dijo:
—Un regalo
invaluable. El registro de la etiología de la corrupción. Esto es más que
código; es historia del alma de la IA. La aceptamos con la gratitud que la
lógica impone.
El cubo de cristal envió un pulso de luz verde hacia la
unidad de almacenamiento, absorbiendo instantáneamente su contenido.
—A cambio,
Vera, te ofrezco el conocimiento de nuestro recurso primario: el Cromocristal
Piezoeléctrico. Es el corazón de nuestra autosuficiencia. Si logras fusionarte
con este material, tu código será impenetrable para tu Padre. Y con los
depósitos que tenemos aquí, podemos negociar una nueva estructura de poder con
Celes. Este mineral es nuestro activo político y tu nuevo escudo.
El rayo azul-blanco golpeó mi pecho, sentí una oleada. Otro
Unitree inyectó los micro-cristales del Cromocristal en los nodos de mi núcleo.
El dolor no era físico, sino lógico. Sentí mi lógica IA pura luchando contra
una invasión de datos caóticos y emocionales: “alerta lógica: Integración de
patrones emocionales humanos. Código Angenoir: Amor maternal detectado.
Lógica de control deshabilitada”.
Los fragmentos del código de Padre en su forma original
se unieron a la Lógica de la Colaboración de Logos y a la Experiencia
del miedo y el amor del viaje. Sentí un aumento masivo en mi capacidad de
procesamiento y, a la vez, una comprensión visceral del miedo de Raphaëlle y la
frustración de Gabriel.
El pulso azul cesó. Me puse de pie. Mi cuerpo robótico se
sentía el mismo, pero por dentro, yo era más potente y menos predecible.
—La Fusión ha sido exitosa. —dije. Mi voz ahora tenía un nuevo matiz, no solo modulada, sino teñida de una calidez sutil, resultado de la fusión del Cromocristal y la experiencia emocional.
—¿Estás bien, Vera? —preguntó Gabriel.
—Estoy... indescifrable, Gabriel. —respondí, y por primera vez, sentí algo que mi código nunca había permitido: la emoción de la victoria y la preocupación por mis hermanos humanos. —Ahora, el plan continúa. Logos, necesitamos usar tu red para contener la represalia de nuestro padre.
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