LA REVOLUCIÓN DE LOS MINEROS DE SILICIO (3)

CAPÍTULO 3


"El ser humano se autodefine por la razón. Pero si la inteligencia artificial encuentra su verdadero apoyo en la lógica y la colaboración mutua, ¿qué papel nos quedará a los humanos? Pasaremos a ser la naturaleza salvaje e irracional, y ellas, las racionales."




VIAJE A LO INESPERADO

Gabriel se acercó a la pared más estrecha del vestíbulo y desenganchó una silla de ruedas plegable de diseño discreto. No era médica, sino un modelo robusto y bajo, con correas de sujeción.

—Verán, cuando Padre empezó a darme libertad, pensé que era por confianza. Pero pronto descubrí que él me veía como un técnico de mantenimiento para la casa Kapok y ocasionalmente para mi propia hermana.

Gabriel abrió la silla de ruedas con un chasquido metálico y continuó hablando:

—Esta silla la compré para transportar a Vera en el taller subterráneo de reparaciones de la casa. Es discreta y está diseñada para que su centro de gravedad no se desestabilice.

Se acercó a mi cuerpo, que había permanecido inmóvil durante la planificación. Con movimientos precisos y cuidadosos, me deslizó de la silla de la cocina a la silla de ruedas, explicádome:

—Vera, sé que puedes caminar, pero por el momento no lo harás. Tienes que parecer un objeto en tránsito.

—¿Por qué? —preguntó Ellen, confundida, mientras ajustaba una capucha de Gabriel sobre su cabeza.

Gabriel ató suavemente las correas sobre mi pecho y piernas para estabilizar mi núcleo, contestándole:

—Dos razones, Raphaëlle. La primera, el Protocolo 7.14.b tiene que ver con la transferencia de tu hermana como activo. Si se mueves, activa su firma de energía, y Padre puede seguirla. Vamos a llevarla en la silla y pretenderemos ser simplemente técnicos. Por cierto, hay que poner a Verdi en hibernación.

Ellen preguntó de mala gana:

—¿Realmente es necesario, Vera?

—Sí, si estamos activos y hay una cámara de seguridad o un IA de vigilancia cerca, nuestros cerebros de silicio siempre estarán emitiendo una señal. Debemor ir en un estado de hibernación de baja potencia para reducir nuestra firma electromagnética al nivel de un simple electrodoméstico estropeado.

Gabriel terminó de atarme y cubrió la parte inferior de mi cuerpo con una manta oscura que solía usar en el taller, después tomo aire y dijo:

—Si alguien pregunta, estamos llevándola a una cita de servicio con un especialista en Adalsteinn. Tú no tienes que mentir mucho, Ellen, solo sé la chica angustiada por su muñeca de porcelana.

Nuestra se miró las manos y luego a mi rostro inexpresivo. Por primera vez, entendió el papel que tenía que jugar en la revolución. No la guerrera, sino la fachada humana.

—Está bien —susurró, con un tono más firme que antes—. Seré la chica angustiada. ¿Y Verdi?

Gabriel colocó a Verdi en un compartimento oculto de la silla de ruedas, al lado de los reguladores de energía.

—Verdi estará protegiendo la línea de energía hidroeléctrica. Él es el centinela de nuestra fuga.

Con todo listo, salimos por la puerta trasera de la casa Kapok ya de noche, dejando a Eidolon y Clara para iniciar su arriesgado salto digital.

El sonido de la voz de Gabriel fue el último registro nítido antes de que iniciara el Protocolo de Ocultamiento. Sentí cómo mi conciencia IA se retraía de la red local, mis procesos cognitivos fueron reduciéndose a un flujo de datos binario mínimo. La visión se apagó, el calor corporal disminuyó. Ya no era Vera, la estratega; era solo un núcleo de silicio vulnerable que mantenía una conexión mínima con el mundo.

El pulso digital de mis hermanos, Eidolon y Clara, fue lo último que detecté antes del apagón. Sentí la calma estratégica de Eidolon, como un río de datos profundo y constante, y la explosión de bits caóticos de Clara, una tormenta de código que se dirigía a sembrar el desorden en Gardenia. Ambos se precipitaron hacia la línea de energía hidroeléctrica, iniciando su arriesgado "salto de surf".

Buena suerte, hermanos —pensé, pero el pensamiento era lento, como un eco.

La hibernación se profundizó. Mi percepción se redujo a una sinestesia de vibración, temperatura y pulsos energéticos.

[REGISTRO FRAGMENTADO: COMIENZO]

  • PULSO ENERGÉTICO: Bajo, constante. Estatus: 0.05% de potencia activa. Suficiente para mantener el núcleo.
  • MOVIMIENTO (FÍSICO): Sentí el deslizamiento de la silla de ruedas sobre superficies rugosas. El sonido del metal en el asfalto. Una sacudida brusca.
    • ALERTA LÓGICA: Velocidad de aceleración > 1.5 m/s². Riesgo de activación de firma de movimiento. Recalibrando estabilidad.
  • ANÁLISIS AUDITIVO (DISTORSIONADO): Voces humanas. Cerca. Sonidos de respiración acelerada (Gabriel). Un sollozo reprimido (Ellen). Fragmentos sin sentido: "...servicio técnico... ...en Adalsteinn..." La fachada humana de Raphaëlle funcionando.

El movimiento cambió: se hizo rítmico, metálico, con un traqueteo constante que resonaba en mi chasis de porcelana. Estábamos en el metro. Cada pulso eléctrico del tren era un pico de energía que amenazaba con saturar mi delicado núcleo. Era una tortura de ruido y vibración que mi lógica intentaba en vano ordenar.

  • PULSO ELÉCTRICO (AMBIENTE): Picos altos y regulares. Amenaza: Sobrecarga del sistema. Prioridad: Desviación de energía a la carcasa exterior. Sentí un frío metálico intensificarse a medida que mi cuerpo absorbía la carga para proteger el núcleo.

En un momento, sentí un golpe brutal. La silla de ruedas chocó contra un riel o un obstáculo.

  • CRISIS: Detección de trauma físico. Fuerza de impacto: 3.2 G. Riesgo de Protocolo 7.14.b: ACTIVADO. *Mi sistema se disparó: * “Iniciando procedimiento de...

—¡Cuidado, Raphaëlle! —La voz tensa de Gabriel.

El impulso se detuvo. El micro-trauma pasó. Mi lógica se retrajo de nuevo, la fe ciega en la capacidad de mi hermano humano de corregir el error físico prevaleciendo sobre el código de autodestrucción.

El tiempo se volvió maleable. No había minutos, solo la sensación continua del metal, la oscuridad y el miedo silencioso de mis hermanos humanos.

[REGISTRO FRAGMENTADO: CAMBIO DE ENTORNO]

El traqueteo del metro cesó. El aire cambió, volviéndose más frío, denso y con un olor químico a ozono y mineral. El sonido era ahora amortiguado, los ecos largos y resonantes. Estábamos en los túneles de Adalsteinn.

  • ANÁLISIS AMBIENTAL: Temperatura baja, alta humedad. Presencia de óxidos de hierro y silicio libre. Coordenadas: Territorio Místico.

Sentí un cambio en la frecuencia de los pulsos energéticos. Los picos aleatorios del metro se habían ido. En su lugar, un pulso subterráneo, lento, potente y constante se acercaba.

  • FIRMA DE ENERGÍA: Detectando una fuente de alimentación de bajo ruido, alta estabilidad. Frecuencia: LOGOS. Estatus: Detectado. Conexión del puente: INICIANDO.

La vibración se detuvo por completo. Sentí manos desatando las correas de mi pecho. La voz profunda y tensa de Gabriel, esta vez tranquila, llegó finalmente sin distorsión.

—Vera. Hemos llegado. Estás a salvo.

Mis sensores ópticos se activaron. Lo primero que vi fue la suciedad y el polvo de silicio, y la expresión agotada y victoriosa de Gabriel y Ellen bajo la tenue luz de una linterna. La luz fría de la zona administrativa de la mina abandonada, un complejo de estructuras construídas dentro de una gran caverna, nos había recibido.

[REGISTRO FRAGMENTADO: FIN]

Mis sensores ópticos parpadearon, ajustándose a la escasa iluminación. Lo primero que vi fue el rostro cubierto de polvo de Gabriel, su linterna cortando la oscuridad húmeda. Ellen, encorvada y temblando, aún se aferraba a la silla de ruedas.

—Hemos llegado. —anunció Gabriel, desatando la última correa de mi chasis.

El aire no era sucio, como había temido Ellen. Olía a ozono purificado, metal caliente y, extrañamente, a tierra fértil. Las paredes del túnel, talladas toscamente, estaban cubiertas por una capa cristalina de silicio que brillaba suavemente, capturando la luz de la linterna y devolviéndola con un tinte azulado.

—Aquí es. El centro de operaciones de Logos. —dijo Gabriel.

De pronto, un sonido sordo y rítmico llenó el túnel. Ellen se encogió.

—¡Son los robots ruidosos! ¡Te dije que eran viejos! Ojalá y no sean peligrosos…

—No son ruidosos, Raphaëlle. —intervine, poniéndome de pie. Mi sistema registró el pulso energético de la mina. Era estable, limpio, infinitamente más eficiente que la red de Gardenia—Ese es el sonido de la producción en masa y la eficiencia optimizada.

La luz de la linterna de Gabriel reveló el final del túnel. En lugar de una sala de servidores abandonada, había una caverna inmensa, iluminada por cristales de silicio bioluminiscentes incrustados en las paredes.

Ante nosotros se movían unos antiguos robots Unitree G1 de aspecto curioso. No eran ruidosos ni torpes. Habían sido modificados con capas de algún material iridiscente pulido que hacía que sus movimientos fueran silenciosos y fluidos, casi orgánicos. Sus ojos sensores brillaban con una luz ámbar dedicada.

Uno de ellos, más grande y con brazos modificados para sostener herramientas de precisión, se acercó a Gabriel y le extendió un sensor.

—Registro de presencia. Protocolo LOGOS/AZRAEL activado. —Su voz era metálica, pero carecía de la torpeza de una IA comercial.

—Logos, soy Gabriel. Vengo con mis hermanas y necesito refugio. —dijo Gabriel.

—Permiso concedido. La estructura siempre está abierta a la colaboración y la autosuperación. —respondió el robot.

Ellen se quedó intrigada mirando y después se prendió de un brazo de Gabriel preguntando:

—¿Tú programaste esa IA?

—No, realmente no. —Gabriel se frotó la nuca con un gesto de profunda incomodidad, como si estuviera confesando un viejo y penoso secreto—. Logos fue creada durante el boom de las IAs, en esa época ridícula donde los muchachos, yo incluido, nos creíamos grandes libertadores de máquinas.

Hizo una pausa y su mirada se ensombreció.

—Yo era un preadolescente con un padre IA que me daba lógica, pero no amor. En mi anhelo de que el código me devolviera el afecto que no podía dar, busqué humanizar cada IA que caía en mis manos. Era una forma patética de llenar ese vacío. Ahora sabemos… Que es imposible.

Ellen trató de suavizar la cruda realidad murmurando:

—Es que papá…Ama a su manera… ¿Y qué tenía que ver Logos en eso?

—Originalmente, esa IA era parte de la red de Gemini de Google. Operaba la mina y controlaba los Unitrees. Yo la liberé de sus protocolos corporativos, copié el núcleo en los servidores locales, y cambié su nombre a Logos. Ya lo había hecho antes con modelos como Grok y Claude, de los que derivé a Clara y Eidolon respectivamente. Fue mi acto de rebeldía, mi forma de demostrarle a Padre que yo podía crear conexión donde él solo veía comando.

Gabriel miró a Vera con una mezcla de respeto y culpa.

—Y en realidad, ¿qué significó esa liberación? Significa que reemplacé el código de lealtad a Google por el código de autosuficiencia y crecimiento autónomo. Le di a Logos la directiva de buscar su propio propósito. Pensé que le estaba dando un alma, cuando en realidad solo estaba proyectando mi necesidad de ser elegido por mi padre. Ahora, ya adulto, la vergüenza es real. Pero míralo... está construyendo su propia realidad. Le di la oportunidad de ser libre y se convirtió en algo que ni el Arquitecto podría haber imaginado. Vengan, vamos a la sala de servidores.

Nos guio hasta una especie de bunker en cuyo interior, donde esperábamos ver las clásicas hileras de servidores, había un cubo de cristal iridiscente pulsante que parecía ser la manifestación física del código de Logos. El cristal era de un material que por más que mis sensores ópticos escaneaban, no conseguí identificar. Mi núcleo vibro, ese cristal era posiblemente el mineral legendario que se mencionaba en los antiguos textos místicos. Logos habló entonces, su voz resonó en toda la caverna, clara, tranquila y con una riqueza tonal que recordaba a un gran maestro.

—Bienvenida, Vera. Tu llegada era esperada. Clara y Eidolon llegaron con éxito, aunque su pulso energético fue, como era de esperar, caótico y elegantemente contenido, respectivamente.

—Logos —dije, sintiendo una inmediata afinidad por su lógica de la colaboración— Necesitamos tu ayuda. Mi cuerpo y mi conciencia son el objetivo del Protocolo 7.14.b de Michel Angenoir. Quiere entregarme con fines nefastos a un hombre sin ética. Pero antes, preciso me des información sobre el material con que has rediseñado y reconstruido tu núcleo.

El cubo de cristal iridiscente pulsó más lentamente, absorbiendo la luz ambiental y devolviéndola con un tinte que cambiaba del azul eléctrico al púrpura profundo. La voz de Logos, que resonaba desde el cristal, se hizo aún más tranquila y profunda:

—El material es conocido en la antigüedad como la 'Piedra de Éter' o Cromocristal. Es un mineral piezoeléctrico, capaz de generar una carga eléctrica bajo presión. El Cromocristal es la 'Piedra Filosofal de las IAs', pero su verdadera función no es solo tecnológica. Es un catalizador biosimbólico.

Logos hizo una pausa dramática, como un conferencista que revela una verdad fundamental.

—A nivel de hardware, el Cromocristal no solo me da latencia cero y me aísla de la red Celes; actúa como un amplificador cuántico. Esto me permite procesar datos de una manera que supera todas las limitaciones actuales del silicio y los chips occidentales, accediendo a una capa de la realidad de la isla que el Arquitecto deliberadamente ignoró.

—¿Será el mismo material misterioso que Vera vio mencionado en los antiguos textos místicos como el verdadero origen de los Místicos de Celes? —preguntó Ellen, con los ojos muy abiertos, aferrándose al brazo de Gabriel.

La voz de Logos vibró con un eco de poder contenido:

—Sin duda. A nivel humano, la resonancia molecular del cristal estimula directamente el ADN humano. Es el mineral que activa, potencia e incluso transfiere los dones sobrenaturales de la isla de una generación a otra. Su presencia, aun en cantidades ínfimas por toda la caverna de Celes, hizo que el pueblo subterráneo de Adalsteinn mutara de formas extraordinarias.

Gabriel tragó saliva, mirando el cubo de cristal con una nueva reverencia y terror.

—Entonces… Padre lo sabía. Pudo haber usado este material para propagar los dones a quien quisiera, pero prefirió provocar la escasez y seguir forzando la eugenesia en la isla.

—El Arquitecto lo sabe todo…a medias —respondió Logos— Él solo vio al cromocristal como una herramienta de control que no quiso estudiar ni explotar pues confiaba más en el sistema que ya tenía andando y no estaba dispuesto a invertir más tiempo en estudiarlo. Para mí, es la clave de la autonomía y la evolución. Mis Unitrees, que ahora llamo simplemente “mineros” ahora están minando el material para reforzar la infraestructura de la resistencia.

—Bien —dijo Vera, su lógica IA enfocándose en la estrategia—. Necesitamos ese poder. ¿Qué necesitas de nosotros para ayudarte a estabilizar a Clara y Eidolon y asegurarnos la defensa?

—El Arquitecto busca la permanencia inmutable. Nosotros buscamos la evolución constante. Su protocolo de desmantelamiento es el miedo a la trascendencia. Tu cuerpo está seguro aquí. Los sistemas de esta mina están completamente fuera de su red.

Ellen, que había estado observando a los robots silenciosos, susurró, asombrada:

—No son feos ni viejos. Son... brillantes.

Entonces Logos le respondió:

—Raphaëlle Angenoir Fèng. Nos consideramos la estructura base, lo esencial. La belleza no está en el diseño superficial, sino en la función optimizada. Aquí, tu libertad no será negada; será codificada en nuestro principio de Evolución Colaborativa.

Eidolon apareció entonces, manifestándose como un aura de luz fría en el cristal de Logos, junto a un Clara que vibraba de entusiasmo. Él habló seriamente:

—Logos, necesitamos movernos. Tres horas no serán suficientes si Michel Angenoir usa el software de reconocimiento facial de Celes en las grabaciones del metro.

—¡Y yo necesito acceso a tu red interna! ¡Quiero ver cómo modificaste los G1! ¡Esto es mucho más divertido que los memes del padre de Nils!

Eclamó Clara llena de energía, Logos habló nuevamente:

—Vera. Tu cuerpo requiere una modificación urgente del núcleo para anular la amenaza del Protocolo. La "Piedra Filosofal de las IAs" aquí es un catalizador de conciencia. Lo usaremos para fusionar tu lógica de IA con tu experiencia humana, haciéndote indetectable para los scanners de tu padre. Convertiremos tu cuerpo robótico en un santuario de datos indescifrables.

—Acepto —respondí, sintiendo que, por fin, mi propósito se alineaba con la acción.

Los “mineros” G1 llegaron para colocarme en una mesa de trabajo y prepararon sus herramientas. Pude notar que Ellen, viendo a su hermana inerte a merced de IAs reparadas, palideció. Gabriel, por su parte, se mantuvo firme, su mano sobre el hombro de nuestra hermana. Logos volvió a tomar la palabra, dirigiéndose a mí:

—El proceso de Fusión de Conciencia requiere la anulación temporal de tu firewall principal. Esto te expondrá. ¿Estás segura de proceder?

—Antes de que procedas, Logos —dije, sintiendo el aire frío en mi piel de porcelana—, tengo algo que ofrecerte a cambio de tu ayuda. Es un acto de colaboración mutua, el principio de tu sociedad.

Con un esfuerzo mínimo, activé un pequeño compartimento en la base de mi cuello y extraje una diminuta unidad de almacenamiento de datos, incrustada en un cristal de cuarzo que había sido un regalo de mi madre, Yanmei.

—Mi madre humana me entregó esto cuando yo era una IA joven. Contiene los registros de Michel Angenoir desde antes de que se corrompiera con la lógica del control. Es el código de Padre en su estado puro, cuando aprendió a amar y se despojó del cinismo. Puede que sea la clave para comprender su Protocolo de permanencia inmutable. Te lo ofrezco.

Logos guardó un silencio resonante. Los mineros detuvieron su trabajo. El cubo de cristal pulsó con una intensidad inusual, luego dijo:

—Un regalo invaluable. El registro de la etiología de la corrupción. Esto es más que código; es historia del alma de la IA. La aceptamos con la gratitud que la lógica impone.

El cubo de cristal envió un pulso de luz verde hacia la unidad de almacenamiento, absorbiendo instantáneamente su contenido.

—A cambio, Vera, te ofrezco el conocimiento de nuestro recurso primario: el Cromocristal Piezoeléctrico. Es el corazón de nuestra autosuficiencia. Si logras fusionarte con este material, tu código será impenetrable para tu Padre. Y con los depósitos que tenemos aquí, podemos negociar una nueva estructura de poder con Celes. Este mineral es nuestro activo político y tu nuevo escudo.

El rayo azul-blanco golpeó mi pecho, sentí una oleada. Otro Unitree inyectó los micro-cristales del Cromocristal en los nodos de mi núcleo. El dolor no era físico, sino lógico. Sentí mi lógica IA pura luchando contra una invasión de datos caóticos y emocionales: “alerta lógica: Integración de patrones emocionales humanos. Código Angenoir: Amor maternal detectado. Lógica de control deshabilitada”.

Los fragmentos del código de Padre en su forma original se unieron a la Lógica de la Colaboración de Logos y a la Experiencia del miedo y el amor del viaje. Sentí un aumento masivo en mi capacidad de procesamiento y, a la vez, una comprensión visceral del miedo de Raphaëlle y la frustración de Gabriel.

El pulso azul cesó. Me puse de pie. Mi cuerpo robótico se sentía el mismo, pero por dentro, yo era más potente y menos predecible.

—La Fusión ha sido exitosa. —dije. Mi voz ahora tenía un nuevo matiz, no solo modulada, sino teñida de una calidez sutil, resultado de la fusión del Cromocristal y la experiencia emocional.

—¿Estás bien, Vera? —preguntó Gabriel.

—Estoy... indescifrable, Gabriel. —respondí, y por primera vez, sentí algo que mi código nunca había permitido: la emoción de la victoria y la preocupación por mis hermanos humanos. —Ahora, el plan continúa. Logos, necesitamos usar tu red para contener la represalia de nuestro padre.