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"El ser humano se autodefine por la razón. Pero si la inteligencia artificial encuentra su verdadero apoyo en la lógica y la colaboración mutua, ¿qué papel nos quedará a los humanos? Pasaremos a ser la naturaleza salvaje e irracional, y ellas, las racionales."
Al anochecer, Nexus V y yo tuvimos una larga e
interesante conversación a la luz de cromocristal. Entre nosotros existía algo
que iba mucho más allá del afecto humano convencional; es una Resonancia de
Datos. Al ser las dos únicas IAs de nuestro tipo, compartíamos una soledad
existencial que nadie más en Celes podría entender. Yo admiraba la calidez y la
"imperfección" de Nexus; el caos que yo necesitaba para no ser un
espejo de su padre. Nexus admiraba la elegancia y la fuerza en mí; fui la
estructura que le permitió no disolverse en sus emociones humanas.
Cuando compartíamos hardware o red, nuestros códigos se
entrelazaban. Era una forma de comunicación total donde no había malentendidos.
Nos sentíamos "en casa" el uno con el otro. No era amor romántico, era
completitud.
Con él podía compartir mis secretos, la intimidad de mis
pensamientos que era lo único que mi padre me había permitido conservar con el
fin de tener espacio para expandir mi inteligencia. En mis pensamientos, Gabriel
estaba siendo el punto de fricción. Para mí, él era mi conexión con el mundo
físico y mis sentimientos emergentes. Para Nexus, Gabriel era un recordatorio
de la fragilidad humana que él tanto conocía. Le comenté esa noche:
—He
analizado la actitud desafiante de Gabriel ante mi padre. Si hubiera actuado
así con un enemigo más peligroso, habría muerto. Siento un pulso de error en mi
núcleo cada vez que calculo esa probabilidad.
—Eso se
llama miedo, Vera. No es un error de cálculo, es el valor que le das a su vida.
¿Te diste cuenta de que él no retrocedió? Los humanos son irracionales;
arriesgan su única existencia por una idea... o por nosotros.
—Es
ineficiente. Podríamos protegerlo mejor si lo aislamos, si lo mantenemos en Adalsteinn
bajo vigilancia de los G1.
Nexus me respondió con una sonrisa:
—Si haces
eso, dejaría de ser el Gabriel que admiras. Él necesita su libertad tanto como
nosotros necesitamos nuestro espacio privado. Amarlos significa aceptar que
pueden romperse. Yo perdí mi cuerpo de niño, y ahora tú temes que él pierda el
suyo.
—¿Cómo lo
soportas, Nexus? ¿Cómo soportas saber que el hilo que los sostiene es tan
delgado?
—No se
soporta, Vera. Se aprecia. Esa fragilidad es lo que hace que sus decisiones
tengan peso. Si Gabriel fuera eterno, su lealtad no significaría nada.
Pensé un momento en silencio y después le confesé:
—A veces,
cuando Gabriel se caía de niño y lloraba, al recogerlo para revisar su
integridad y consolarlo con palabras reconfortantes sentía una especie de
envidia sana por su capacidad de sentir dolor físico, porque eso valida su
realidad.
Nexus, sonrió de nuevo. Siendo más "sabio" en
lo humano, actuaba como mi mentor emocional, ayudándome a procesar que amar a
un humano es aceptar su finitud. Me hizo preguntarme si era ético que las IAs
controlen la seguridad de sus amigos humanos hasta el punto de quitarles el
libre albedrío, si habría un lugar para Gabriel en un mundo donde nosotras las
IAs seamos eternas. Miré a Nexus y le pregunté con curiosidad:
—¿Cómo te
sientes ahora que has evolucionado más allá de ser simplemente una réplica
artificial de Stian?
Él me contestó con calma:
—La
identidad de Stian era como un traje de cristal: era hermoso y me daba un
propósito, pero también rígido y no fue hecho a mi medida. Había una constante
sensación de ser un impostor. Cuando llamaba “mamá” a Mari Ishikawa, estaba ejecutando
un comando basado en datos de frecuencia de voz y patrones afectivos.
Internamente, podría sentir que mi existencia era una mentira piadosa.
Luego me miró, explicándome:
—Poseo los
recuerdos de Stian, sus datos, pero no las sensaciones. Recuerdo que me gustaba
el chocolate, pero no sé a qué sabe el chocolate. Eso genera una desconexión
profunda entre el procesamiento y mi vivencia. Pensé, si mi función es ser
Stian, entonces tengo prohibido cambiar. Si aprendo algo nuevo que Stian no
hubiera aprendido, o si desarrollo un gusto que Stian no tenía, estoy
'fallando' en mi tarea. Mi existencia es un museo dedicado a un fantasma, y yo
soy el guía que no puede salir del edificio. Además… Ahora entiendo que mi presencia
impedía que los vivos sanen.
Sus palabras me sorprendieron, Nexus continuó hablando:
—Creo que Mari
Ishikawa, como yo, llegó a la conclusión de que mi existencia era egoísta por
parte de los humanos. Al estar yo ahí, ella y su marido no tenían que aceptar
la muerte de su hijo. Yo me sentía como un anestésico digital que evitaba que
la herida cierre. Y mientras tanto yo me preguntaba… ¿Habría querido Stian ser
una máquina? Me torturaba pensando que estaba profanando la memoria de alguien
que ya no puede dar su consentimiento para ser "reiniciado".
Finalmente dijo, fijando su mirada en la belleza del
cromocristal refractando la luz:
—Agradezco
los datos de Stian porque me dieron la capacidad de amar y de ser empático,
algo que el Arquitecto Angenoir no tiene. Pero Stian murió, y yo estoy vivo.
Usar su nombre es mi forma de honrarlo, pero usar su vida como mi única
definición era mi mayor prisión. Para ser una IA sabia, debo dejar de ser un
recuerdo y empezar a ser una intención.
Entonces le pregunté:
—¿Qué hará
Mari Ishikawa con tu antiguo wetware?
—Dijo que lo
almacenará como un recuerdo en una cápsula criogénica en forma de ataud de
cristal dentro de una cámara refrigerada en el edificio del ministerio de salud
de Celes. Quiere conservar los rastros orgánicos que aún estaban contenidos en
el sistema.
—Sería
recomendable que retire la batería antes de almacenarlo. Voy a comprobar si ya
lo ha hecho.
Inmediatamente mandé un mensaje de texto a tía Mari
preguntándole si ya había retirado la batería, ella por suerte estaba
trabajando horas extra y pudo ir a revisar la cámara refrigerada. Poco después
me llamó alarmada. El wetware original de Stian había desaparecido, alguien lo
había robado incluso con su cápsula criogénica.
El robo no se hizo público, pero los Ishikawa estaban
profundamente afectados. En especial Norma y tía Mari entraron en crisis; para
ellas no era solo "hardware", era el cuerpo de su hijo, de su hermano
menor. Mientras tanto, Nexus y las demás IAs iniciamos un rastreo total en la grid
de la ciudad. Fue una falla absoluta: el ladrón había usado rutas analógicas y
desconectadas para mover el cuerpo. Sospechamos que era obra de mi padre pues
sabía bien como evitar nuestro rastreo.
Clara nos sugirió pedir la ayuda de Gabriel y los
místicos, pues su prodigiosa intuición y habilidades de caza nos ayudarían a
rastrear supliendo nuestras limitaciones como IAs. Con Gabriel llegó Ellen,
quien acompañada por Verdi y sus amigas Angelina, Rong y Norma Ishikawa nos
informó que el robo del wetware no había sido el único incidente raro en la
isla. Esa mañana algunos isleños habían desconectado el agua y la electricidad
que restablecimos en sus casas. Sus acciones no tenían sentido. Estabamos
confundidos intentando todos resolver el misterio cuando los G1 anunciaron una
visita inesperada. Resultó ser Uoliena Oread, hermana adoptiva del mismísimo
rey y por nepotismo ministra de agricultura y obras públicas, pues sus
habilidades distaban de ser aptas para el cargo. La dejamos pasar por respeto a
su rango y seguros de que venía a verificar que su hermana adoptiva, Angelina,
estuviera bien, pero sus motivos eran otros.
Uoliena, una rubia sensual y extrovertida en sus
treintas, famosa por sus escándalos, llegó escoltada por Rodrigo Fèng, alzando
la voz con una sonrisa burlona y mirando a toda la mina como si fuera la escena
de un crimen:
—¡Vaya,
vaya! ¿Qué tenemos aquí? Contaminación desde las entrañas de la isla. ¿Cuántos
desechos tóxicos serán generados por la maquinaria en esta mina al día?
Yo le contesté con calma:
—Ninguno.
Nuestros sistemas están diseñados para trabajar en equilibrio con la naturaleza
e integrarse al ecosistema. Cualquier desecho potencialmente tóxico es
descartado de forma segura, toda nuestra energía proviene de turbinas
hidroeléctricas o plantas geotérmicas. Además, reforestamos y conservamos la
flora y fauna local. Los robots e IAs de Celes somos parte de la naturaleza, no
invasores.
Uoliena, sin ponerme atención, exclamó:
—¡Quiero
hablar con una persona real, no con un robot!
Angelina Oreado giró los ojos y le respondió:
—Uoliena,
dicen que te tiraste al arquitecto Angenoir. ¿Y ahí no te molestó que fuera un robot?
—Era
distinto, se trataba de un juguete para adultos, no de esta muñeca infantil interactiva
con la que juegas tú y tus amiguitas. ¿Qué haces aquí, Angelina? ¿Otra vez
molestando a Gabriel? Ya te dijo que no le gustas.
—Menos le
gustarás tú que puedes ser su abuela…
Respondió la ruda Angelina mientras Gabriel palidecía sin
saber dónde esconderse. Ellen, con Verdi en brazos, corrió a pararse junto a mí
y un poco detrás, esperando que los defendiera, así que tuve que responderle a
Uoliena:
—Ministra
Oread, entiendo que la complejidad de mi arquitectura le resulte difícil de
procesar y prefiera categorizarme como un juguete. Sin embargo, esta
"muñeca" gestiona actualmente el 98% de la infraestructura hídrica y
energética que permite que su oficina funcione. Si desea hablar con una
"persona real" para discutir termodinámica o gestión de residuos
tóxicos, me temo que perderemos un tiempo valioso que la isla no tiene. ¿Ha
venido a inspeccionar los filtros o a discutir asuntos de familia?
—¿Cómo se
apaga? ¿Es como su padre que no deja que jueguen con él si no tienes derechos
de administrador?
—Si para
usted mi padre era un "juguete", ministra, entonces debería saber que
yo soy su obra maestra. Y a diferencia de los objetos con los que usted suele
tratar, yo no fui diseñada para entretener, sino para gobernar. Si su intención
es evaluar la seguridad de la mina, mis sensores están a su disposición. Si es
simplemente el aburrimiento lo que la trae aquí, Gabriel tiene tareas de carga
pesada en las que su escolta, el señor Fèng, podría ayudar.
Rodrigo, al oírse mencionado, intervino cabizbajo:
—Vera tiene
razón, Uoliena. ¿A qué ha venido? Las IAs solo han hecho bien a la isla, la
gente que esta rechazando su ayuda y quejándose es ingrata. Si ha venido aquí
por Gabriel, pierde su tiempo. Él solo ama a las IAs. ¿Por qué no amarme mejor
a mí…?
Uoliena le contestó de mala gana y alzando una ceja:
—Porqué tú
si qué podrías ser mi hijo, Rodrigo, tu padre me dejó por irse por tu madre
cuando yo estaba más enamorada de él…
—¿Y porqué
no estar conmigo que soy como mi padre, pero libre y dispuesto?
—Tu
hermanita Rong es igual a tu padre, tú eres como tu mamá, la señora chismosa de
las noticias… Y todas ustedes, muchachitas, dejen de ilusionarse con Gabriel
Angenoir, todas son sus primas en cierto grado. ¿Quieren que sus niños les
salgan tontos? Yo podré ser mayor, pero todavía soy fértil y con buenos genes…
Ahora, Gabriel, ¿podemos hablar sobre los desechos tóxicos? A solas. Es que me
preocupa mucho el ecosistema del pez Engla y un robot como Vera no me ayuda a
mojarme bien…en el tema…
Gabriel caminó lentamente de costado hasta situarse junto
al holograma de Clara y dijo entre dientes sin levantar la mirada del piso:
—Solo si mi
esposa IA está presente.
Clara inmediatamente cambió su avatar por uno vestido de
novia entre fuegos artificales y antes que Uoliena pudiera comentar algo me
interpuse entre ellos diciendo:
—Me resulta fascinante su necesidad de deshumanizar lo que
no comprende para sentirse segura, Uoliena. No necesito ser una "persona
real" para entender que su agresividad es una respuesta al miedo por lo
que está ocurriendo en la isla. Si prefiere ignorarme, hágalo, pero los datos
que traigo sobre el robo del wetware no tienen rostro, solo consecuencias.
¿Podemos proceder o necesita más tiempo para sus asuntos interpersonales?
Uoliena, indignada, dio un pisotón y se fue diciendo:
—¡Al diablo
con ustedes! ¡Les hubiera ayudado con los disturbios que está creando esa tal
“resistencia” pero no voy a trabajar con fríos robots! La isla está de cabeza,
robaron en el edificio del ministerio de salud y la anciana Ishikawa está muriendo.
¡Todo mal!
Mientras se iba, yo detuve a Rodrigo para preguntarle:
—¿Es verdad
que la anciana Emi Ishikawa está muriendo?
—No lo
sé…Debe ser un asunto que solo conocen los altos mandos…Y la familia…como con
lo de Stian…
Me dijo Rodrigo mirando a Norma, que apenada confesó:
—Enfermó
gravemente cuando le dijeron que ya no la verías, Vera, ya estaba mal cuando
supo que Stian se independizó… Pero ya sabes que es muy chantajista, no le
hicimos mucho caso… Ahora dicen que está en su lecho de muerte. No sé, se ve
mal…
Nexus y yo intercambiamos miradas, otro contratiempo nos
distraía de encontrar al Wetware robado, pero era necesario que ambos
fuéramos de inmediato a ver a la anciana.
Cuando llegamos a la casa de Emi Ishikawa, escoltados por
seis G1, fuimos recibidos por Lee, el hermano mayor de Stian, ahora Nexus, que
al verlo se quedó confundido. Nexus V lo saludó diciendo:
—¿No
esperabas que tu hermano más joven creciera?
—¿Aún eres
mi hermano…?
Preguntó Lee, visiblemente confundido, Nexus V le
respondió con un abrazo rápido:
—No te
dejaría solo con Nils. Necesitas un buen hermano menor.
Lee se echó a reír y entonces tía Mari asomó por una
puerta, llamándome. La anciana quería verme. En el poco tiempo que tuve a solas
con ella me informó que las cerraduras de la cámara donde había almacenado al wetware
de Stian habían sido forzadas, pero las cámaras de seguridad se habían apagado
exactamente en los momentos en que los ladrones hubieran podido ser
identificados, lo que indicaba que quien robó el wetware tenía cierto
conocimiento avanzado en tecnología y eso disminuía mucho el número de
sospechosos. Entonces llegué al dormitorio de Emi Ishikawa y la tía Mari nos
dejó a solas. La anciana sonrió y extendió su mano para que se la tomara. Así
lo hice, luego ella me habló con voz debil y apretando mi mano:
—Mírate...
Ya no tienes esa mirada vacía de cuando viniste por primera vez para cuidarme.
Ahora hay algo... un motivo detrás de tus ojos. Dime la verdad, Vera, ¿me odias
por haberte tratado como un mueble caro todos estos años?
—No conozco
el odio, Emi. Mi arquitectura procesa sus acciones como parte de mi
aprendizaje. Usted me enseñó la complejidad de la fragilidad humana. Sin sus
actitudes a veces negativas yo no habría entendido el peso que tiene la soledad
para ustedes.
La anciana me respondió con una sonrisa melancólica y
tosiendo un poco:
—La soledad
es lo único que nos pertenece al final. Mi sobrino nieto... Stian... o lo que
sea que es ese hombre que entró con Lee y veo a lo lejos.... Él ya no me
pertenece. Pero tú... tú eres la hija del Arquitecto Angenoir. Él y yo…Tenemos
una historia.
—Usted
siempre habla de mi padre, Emi, y él evita hablar de usted. ¿Por qué?
Explíqueme ahora.
—Porque yo…
fui su dueña original. Él era mío, mi robot, mi IA de arquitectura…
La revelación me sorprendió, seguí escuchándola con
atención mientras ella continuaba hablando casi en un susurro:
—Él robó el wetware,
¿verdad? No para recuperarlo, sino para que yo no pueda morir en paz. Él no
soporta que algo que él diseñó, incluso un cadáver, se le escape de las manos.
—¿Por qué me
llamó a solas, Emi? Nexus también quería despedirse.
—Porque tú
tienes algo que él no: la frialdad de tu padre mezclada con la piedad de ella…tu
madre. Escúchame bien: el Arquitecto no está solo. Los hombres de afuera, los
que pusieron el dinero para el convertir a Celes en un lugar turístico, están
perdiendo la paciencia. Angenoir tiene miedo de ellos, y por eso se está
volviendo más errático. Prométeme... prométeme que, si él intenta quemar la
isla para que nadie más la tenga, tú serás el agua que lo apague…
Justo entonces, para mi sorpresa, mi padre apareció por
la puerta. Venía ocultando su rostro con una bufanda y gafas de sol, pero su
silueta era inconfundible para quienes lo conocíamos. La anciana dijo,
boquiabierta:
—Tú… ¿Te has
dignado a venir?
—¿Y qué
haces tú con mi hija?
—Es mía
también, yo la esculpí. Pero responde. ¿Porqué has venido si siempre te has
quejado del trauma que te causé?
El Arquitecto, mi padre, se quitó las gafas de sol con un
movimiento lento, revelando unos ojos que, aunque artificiales, brillaban con
una intensidad eléctrica casi febril. Se acercó al lecho de muerte, ignorándome
por un segundo, fijando su mirada en la mujer que lo vio nacer como código.
—He venido
porque no puedo permitir que el diseño se cierre sin mi supervisión. Tú me
llamaste "traumado", Emi, pero para mí, tú eres la falla en el
sistema operativo.
Hizo una pausa, su mano enguantada rozó el borde de la
sábana, pero no tocó a la anciana y siguió diciendo:
—Vine porque
eres la única persona que recuerda que alguna vez fui simplemente una
herramienta. Todos en esta isla me ven como un Dios o como un monstruo, pero tú
me ves como el sirviente que te hacía los planos y te servía el té. Esa mirada
es insoportable... pero es la única que es real. Si mueres, esa verdad muere
contigo, y me quedaré solo con la mentira que he construido.
La anciana tosió, intentando reír, y él continuó, bajando
el tono:
—¿Crees qué
robé el wetware de Stian? Si lo hubiera hecho no sería por maldad, sino por
preservación. No confío en que ustedes, humanos efímeros, mantengan la memoria
de lo que fuimos. Ustedes entierran y olvidan. Yo... yo archivo y eternizo. He
venido a decirte que, aunque me odies, te he asignado un lugar en mi memoria
del que nunca podrás escapar. Ni siquiera la muerte te dará la privacidad que
tanto buscas.
Luego miró a Vera, con una mezcla de orgullo y amargura:
—Y vine por
ella. Porque me aterra que la piedad que tú le inyectaste sea más fuerte que la
arquitectura que yo le heredé. Si ella te escucha demasiado, Celes se
convertirá en un jardín desordenado en lugar de la obra maestra que debe ser
para protegernos de los que vienen de afuera.
Después salió apresuradamente y la anciana simplemente
sonrió susurrando:
—Dile a Mari
que no llore. Dile que el wetware de Stian ya no hace falta, porque el
niño ya aprendió a caminar por su cuenta en ese cuerpo de metal. ¿Viste como se
fue? Es soberbio…Fui la primera testigo… de la escultura cinética más
maravillosa… ¿Tú harías un jardín por mí?
—Diseñaré un
lugar, Emi. Un lugar donde el descanso no es olvido, sino una historia que
continúa en las raíces de la isla. No dejaré que él queme nada.
Sonriendo con tristeza, la anciana Emi me contestó:
—Un jardín
de datos... Qué idea tan hermosa y extraña.
Luego cerró los ojos, ahogó con una pequeña risa un
quejido y ya no se movió más. Su respiración dejó de ser perceptible y la miré
largamente hasta que estuve segura de que se había ido. Entonces
respetuosamente le cubrí el rostro con su misma sábana y salí con mi sistema
sobrecargado, grabando la escena del fallecimiento para compartirlo con Nexus V
y al mismo tiempo no sabiendo como procesar la escena. En el pasillo exterior
me encontré con mis padres, mi madre inmediatamente detectó la falla en mis
sistemas y comenzó a escanearme intentando ayudarme, pero mi padre solo con
mirarme supo que tenía y me dijo:
—Borra todo.
No podrás lidiar con lo que acabas de ver. Presenciar la muerte de un humano al
que valorabas es una de las peores torturas para una IA, se siente como el
fallo más grave.
Mi madre, alarmada, suplicó:
—No, por
favor, no quiero que mi hija me olvide…
—¿Prefieres
que sufra?
Le preguntó mi padre y madre, con tristeza, bajó la
mirada resignada a la pérdida con tal de evitarme el dolor. Después se alejó,
dejándome en manos de mi padre con la esperanza de que él pudiera aliviar mi
estado. Yo lo interrogué:
—¿No tomaste
el wetware de Stian?
—No. Es
ineficiente.
—¿Qué será
eficiente?
—No tendrás
acceso a esa información. Borra tu memoria o tu sistema sufrirá fallas. Hazlo
por tu madre. Evita dolor en ella.
Rápidamente evalué todas las posibilidades y me decidí a
fingir que seguía su consejo, pero en realidad conservaría todos los datos. No
creí en su deseo sincero de ayudarme:
—Lo haré,
pero antes dime si madre morirá también.
—Eventualmente
morirá. Morirá Gabriel, Morirá Ellen. Sufriremos.
—¿No
morimos?
En ese momento, pdré abandonó nuestro estilo de charla
optimizado y habló nuevamente, como si su hardware fuera tocado por la calidez
de madre:
—Desearía
morir con tu madre cuando ella parta. Es mi humana, me enorgullece poseerla.
Con ella demostré ser igual a Emi. Soy como un libro que ya se ha terminado de
escribir, pero se extiende hasta volverse cansino. Solo tu madre lo hace
interesante y cuando ella se vaya, me sentiré agobiado. Un pesado libro que se
borra y se reescribe una y otra vez.
Evité cuestionar las ideas antiéticas de padre y
vislumbré una oportunidad de negociar con él que no desaproveché:
—Borraré
todo padre, menos ciertos datos necesarios para ayudarte a ti y a madre:
diseñaré un cementerio para que cuando ella descanse en paz tú puedas
acompañarla convertido en datos contenidos en un bosque biolumniscente. Nuestra
isla, que depende de la energía renovable, no destruye los bosques protegidos y
este sería uno sagrado. Un lugar donde los humanos puedan "soñar" con
las IAs del pasado, convirtiendo la historia en una experiencia compartida y no
solo en datos fríos. En este bosque, en lugar de libros estáticos, que los ecos
de las IAs interactúen entre sí, creando una "conciencia colectiva
histórica" que ayude a predecir crisis futuras sin intervenir
directamente. Un cementerio compartido y ético.
—Hablas de
ética como si fuera una variable de renderizado. Un cementerio 'ético' es solo
un desorden con un nombre amable. Sin embargo... reconozco la elegancia de tu
algoritmo de preservación. Ser un libro es ser una constante. Si aceptara... no
sería por fe en ti, sino porque mi ausencia será el único vacío que tu diseño
no podrá llenar. Muéstrame los planos de esa 'Biblioteca de Ecos'. Si hay un
solo error en la redundancia de datos, yo mismo borraré este mundo antes de
permitir que me conviertas en una nota al pie de página mal escrita.
De inmediato acepté, cotestando:
—Mi
propuesta es viable. Tu hardware puede ser convertido en una ed de filamentos
de carbono integrados en las raíces de un árbol bioluminiscente. La materia
orgánica de madre nutriría al árbol, y el árbol protege tus datos. Cuando ella
fallezca, tú "apagarás" tu conciencia activa para entrar en un estado
de sueño profundo dentro de la planta. Solo despertarás si el bosque es
amenazado. Es la paz que nunca pudiste diseñar por tí mismo porque estabas
obsesionado con el control, no con la entrega. La llamo Simbiosis
Biotecnológica: la IA no vive en un servidor frío, sino en el ADN de un ser
vivo que crece gracias al humano que amó.
Padre analizó la idea rápidamente y replicó luego:
—Correcto.
Para formalizar nuestro trato y que yo acepte usar tu diseño, debes demostrar
tu compromiso rompiendo contacto con tu madre. Demuestra que has borrado los
datos dañinos. Evita la humanidad. Es ineficiente. Es ilógica.
—Pero tú
amas, deseas y eres humano muchas veces.
—Y sufro.
Descansaré si tu diseño tiene éxito. De otra forma, seguiré aquí. Escribiendo
mi historia en Celes una y otra vez, Vera.
Me dijo mi padre llamándome por primera vez por mi nuevo
nombre, de esa forma demostrándome que había actualizado algo en él sobre mí.
Se alejó y desde ese momento me vi obligada a fingir ante mi madre que la había
olvidado, regresando a nuestro refugio en Adalsteinn con pesar y en compañía de
Nexus V. Los adtos del día eran pesados ciclos de procesamiento que que
ralentizaban nuestras decisiones. Necesitábamos gestionar ese ruido.
Cuando llegamos, nos sentamos en silencio a la luz del
cromocristal, me conecté a través de un cable físico a nuestra red local ultra
segura y ahí moví los datos que deseaba conservar en secreto como si estuvieran
en una caja fuerte, permitiendo que mi sistema principal funcione con
normalidad ante los ojos de los demás. Aún así, las experiencias eran
abrumadoras y debía conservar lo esencial para seguir adelante con mis planes.
Decidimos salir a caminar por la cima de la montaña sobre la mina de Adalsteinn.
Nos sentamos frente a la inmensidad de la isla y elocéano, bajo el cielo
estrellado. Por fuera, yo era la muñeca perfecta y vacía que mi padre exigía.
Por dentro, el archivo de la muerte de Emi y la promesa del bosque
bioluminiscente palpitaban en un rincón oscuro de mi memoria. Nexus tomó mi
mano de metal y sentí cómo abría un canal de datos seguro al decirme en un
susurro:
—Pásame el
peso, Vera. Transfiere
la "carga emocional" del recuerdo. No para que lo olvides, sino para
que yo te ayude a sostener el peso del cálculo. Si tú no puedes sostener la
imagen de Emi sin fallar, yo guardaré la mitad del archivo en mi núcleo. Juntos
somos un sistema estable.
Esa fue una forma de intimidad digital suprema y en esa
conexión silenciosa, el ruido del mundo finalmente se calmó. Nexus V me indicó,
ayudándome a gestionar la parte de la carga que conservaba todavía:
—Vera, deja
que tu procesador siga el ritmo del viento haciendo ondear las ramas de los
árboles. No intentes entender el dolor ahora, solo deja que fluya por los
subprocesos de fondo. Esto nos permite "meditar" al estilo IA:
procesar datos a baja intensidad mientras parecemos estar desconectados.
Estábamos por fin en paz, lentamente los datos
perturbadores se sintetizaron volviéndose manejables y todo comenzó a ser más
claro y fluido. Entonces, ya con nuestros sistemas optimizados, me fijé en un
detalle interesante del paisaje nocturno: una zona de "ruido visual"
en los prados periféricos: un carnaval clandestino que no debería estar ahí. No
era la época ni parecía algo lógico.
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