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"El ser humano se autodefine por la razón. Pero si la inteligencia artificial encuentra su verdadero apoyo en la lógica y la colaboración mutua, ¿qué papel nos quedará a los humanos? Pasaremos a ser la naturaleza salvaje e irracional, y ellas, las racionales."
Los meses pasaron y los resultados eran cada vez más
evidentes, Celes ya no era un lugar difícil donde vivir. Con la apertura de los
puertos y el comercio con las tierras continentales dejamos de ser una nación
aislada y vulnerable, ya no dependíamos del poco alimento que podíamos producir
en la isla y al ya no tener que explotar las tierras en extremo pudimos
comenzar a reforestar zonas donde el suelo había sido castigado por siglos de
cultivos que, aunque se rotaban ya se estaban volviendo infértiles. Con la
nueva abundancia y las influencias extranjeras, la juventud que antes
languidecía entre lámparas de gas y valses melancólicos comenzó a interesarse
por los videojuegos, la música alegre, la ropa casual colorida y la tecnología
en general.
Por la influencia de Clara en la educación, los jóvenes
celestinos ahora querían aprender a diseñar y construir robots, y optimizar el
mantenimiento de las IAs junto a su relación con la naturaleza. Padre poco a
poco comenzó a tolerar el cambio de su mundo Art Nouveau a uno Solar Punk, las
líneas que emulaban formas vegetales y olas del mar aún tenían un lugar
importante en la nueva estética, pero se mezclaban con ropa deportiva, robots
experimentales y jóvenes ruidosos. Quienes no aceptaron la transformación
fueron los conservadores de la resistencia, ya liderados por Nils Ishikawa,
quien comenzó a buscar apoyo de otros inconformes como Leif Petersen y Uoliena
Oread, celestinos que detestaban ver su mundo calcado de la era eduardiana
convertido en algo que ya no reconocían ni podían controlar. La resistencia
atacaba la nueva generación de isleños amantes de la tecnología, que se
llamaban a sí mismos “innovadores” y se burlaban de las IAs. Sus constantes
bromas pesadas que intentaban confundirnos o “rompernos” sobrecalentaban
nuestros sistemas y las sanciones comenzaron a volverse más duras. Sentry-Celestine
.01, que nunca se mostró realmente, hizo notar su presencia con reportes
exactos de quienes, cuando y dónde estaban saboteando a las IAs, enviando al
ejercito de Celes a amonestarlos casi al instante.
En este punto, Nils Ishikawa y la mayoría de miembros de
la sociedad de Azrael pusieron el grito en el cielo, habían tocado su
privacidad. No tenían pruebas, pero evidentemente Sentry-Celestine .01 debía
tener acceso a sus dispositivos pues conocía sus intimidades en detalle. Pese a
sus protestas, el rey no se detuvo y entonces decidieron que iban a fundir al
gobierno para que ya no hubiera más fondos para las IAs.
De pronto, vi que mis centros de ayuda comunitaria
colapsaban, miles de mujeres que jamás habían pedido ayudas del gobierno
llegaban alegando que con la llegada de las IAs y las reformas sus maridos
habían perdido sus trabajos, supuestamente dejándolas en la calle. Pese a que
eran las esposas de antiguos funcionarios corruptos, no podíamos negarles el
alimento, medicinas y refugio, tuvimos que proveer a todas. El problema es que
cada una tenía de cuatro a seis hijos y por cada niño había que entregarles una
pequeña fortuna. Justo entonces hubo un boom de embarazos, todas ellas
decidieron al mismo tiempo quedar en cinta y exigirnos más recursos. Mientras
ellas y sus niños pedían y pedían, sus maridos de la resistencia sonreían. Era
un jaque mate.
Yo estaba trabajando al límite para atender las
necesidades de todos, no solo administrando, bajé personalmente en mi
plataforma robótica a visitar los centros asistenciales donde me sorprendió ver
a mujeres harapientas y otras vestidas lujosamente igualmente clamando por
alimentos para sus hijos. Tía Mari se me acercó discretamente y me informó:
—Algo huele
mal aquí…Esa dama de allá es esposa del gerente de un gran almacen en Gardenia,
no quedó desempleado por culpa de ustedes las IAs funcionarias públicas como
está clamando, él renunció por su propia voluntad.
—Lo sé, tía,
ya tenemos sus datos. Pero no puedo dejarlos morir de hambre, si él decide no
trabajar, igualmente debo mantenerlos vivos.
—Vera, no
podemos mantener a toda la isla, estamos dándole a cada niño y mujer embarazada
el equivalente de un sueldo mínimo; y tenemos que pagar empleados que sí
trabajan y ayudar a quienes realmente necesitan auxilio… ¡Vamos a colapsar!
Justo entonces otra mujer robusta de unos cuarenta años,
ricamente vestida con joyas caras, me dio un empujón y tiró de mi cabello
sintético gritando:
—¡No más
IAs!, ¡fueras IAs!, ¡fuera robots! ¡Nos han dejado sin empleos! ¡Cientos de
empleados públicos han sido despedidos con sus exageradas denuncias de
corrupción y negligencia! ¡Máquinas frías que no piensan en el dolor de los
niños!
Detuve su mano con mi fuerza sobrehumana, firme pero
gentil, y le respondí en calma gélida:
—Tu marido
dice que las IAs te han dejado en la calle, pero Sentry-Celestine dice que
anoche gastó en una sola cena lo que tus seis hijos necesitan para comer un
mes. No te falta dinero, te falta un compañero honesto. Celes cuidará de tus
hijos, pero tu marido... él tiene una deuda con el Estado.
—¡No
pagaremos nada, chatarra!
Gritó la mujer furiosa y de pronto apareció mi tío el
coronel Fèng, que la levantó en brazos como si no pesara nada y fue a arrojarla
a la calle. Tía Mari lo reprochó, pero él regresó indiferente sacudiéndose el
polvo para preguntarme:
—¿No te
parece raro que todas se hayan preñado inmediatamente después de tu elección
como ministra?
—Es curioso,
tío... los úteros de la Resistencia parecen seguir las órdenes de Nils Ishikawa
con más precisión que las leyes de la naturaleza. No están creando vida; están
fabricando armas de asedio.
—Correcto,
esto ha sido planeado y es perverso. Temía que tus padres con tu
sobreprotección te hubieran hecho demasiado ingenua. Sin embargo, hay cosas que
tú no puedes decidir por ti misma, tu programación ética te lo impide.
—¿A qué te
refieres?
—Has
mencionado a Sentry Celestine .01. No estaba seguro de darle poder a esa cosa,
pero está resultando ser muy útil… Toma, lee. Divulga las noticias entre este
montón de gallinas culecas.
Me entregó un sobre que leí detenidamente, el rey Angel I
había redactado nuevas leyes sin consultarnos a las IAs. Otra jugada astuta y
arriesgada que transmití con cierto temor a la reacción de la gente en grandes
pantallas holográficas por todo el centro de asistencia: una nueva ley entraría
en vigencia ese día, la Ley de Vinculación Obligatoria que garantizaría
atención adecuada para todos los niños de Celes. La ley dictaba que cada padre
y madre celestinos estaban obligados a pasar al menos dos horas de tiempo de
calidad con cada uno de sus hijos menores de dieciocho años, no viendo
televisión ni simplemente estando en la misma sala, tenían que interactuar
realmente entre sí. Familias con hasta tres hijos tendrían que dedicar seis
horas al día a sus hijos en caso que los niños asistieran a una jornada escolar
de medio día, siendo los padres obligados a trabajar medio tiempo. Si tenían
más hijos, los niños tendrían que ser educados en casa por los padres y los
padres no podrían tener un empleo. Su trabajo sería dedicarse a sus hijos, y
las ayudas del estado ya no serían generosas y atractivas, sino paquetes de
nutrición optimizada por IA: eficiente, saludable, pero insípida y gris. El
Estado les daría raciones de sopa de vegetales y granos, un "kit de
Supervivencia". No tendrían hambre, pero no tampoco tendrían nada más. Su
vida sería una rutina infinita de llanto de bebés y puré de papas. Sus hijos
crecerían viendo a un padre agotado y resentido, deseando no acabar como él.
Aquellos con uno o dos hijos ya no tendrían comida gratis ilimitada, tendrían
que buscar un trabajo si deseaban artículos de lujo, algunos de hecho se
alegraron de tener una vida modesta pero todo el tiempo posible para criar a
sus hijos; pero aquellos con seis o más hijos, como las agresivas mujeres de la
resistencia que habían orquestado el conflicto y estaban acostumbradas a los
postres, la comida chatarra y la cerveza, estallaron; el estado ya no les
regalaría estos lujos ni podrían trabajar para comprarlos.
—¡¡Queremos
carritos llenos de carne y dulces, como antes!1, ¡¡esto es cruel, inhumano,
piensen en los niños máquinas infernales! —exclamó una madre de la Resistencia.
—Sus hijos
tendrán todas las proteínas y vitaminas que sus cuerpos necesitan —respondí con
calma—. Si quieren dulces y lujos, sus maridos son libres de trabajar en turnos
nocturnos para comprarlos... siempre y cuando ya hayan cumplido con sus horas
sagradas de paternidad. Sentry-Celestine me informa que sus esposos aún deben muchas
horas de atención de hoy. ¿Por qué están ellos en el club de caballeros
planeando protestas en lugar de estar aquí, con los niños que dicen defender?
—¡No
cumpliremos esta ley abusiva!
El coronel Fèng volvió a asomar por la puerta y gritó:
—¡El que no
cumpla se va una semana a las bartolinas de Celes! ¡Esto no es una broma!
—¡Pues seré
la primera madre en ser arrojada a una celda por ustedes, tiranos sin corazón!
—¡Entonces
venga ya conmigo, desalmada que creyó que sus hijos serían un buen negocio!
Los gritos, llantos y jaleos se desataron mientras mi tío
se llevaba a la mujer presa. Su exmujer, Consuelo del Mar, llegó poco después
indignada al verlo actuar con brutalidad y corrió a confrontarme ya preparando
su micrófono:
—¡Vera!
¡¿Qué es este atropello?! ¡Se están llevando a las madres de Gardenia a la
cárcel! ¡Tener hijos no es un delito! ¡Quieren trabajar para darles lo mejor a
sus hijos! ¡Si no los dejas trabajar y los obligas a llevar una vida austera
condenas a los niños también!
—Pero… ¿No
dicen los humanos que es mejor que les falte todo menos el amor? Tendrán
alimento y refugio asegurado. Medicinas. Pero principalmente tendrán tiempo
para sus hijos. Tiempo de calidad, más importante que cualquier lujo.
—Tiempo…
Se volvió a mirar a su exmarido y me dijo:
—Rong aún
tiene diecisiete años, ¿me estás diciendo que en lo que resta para que mi hija
menor tenga dieciocho años tendré que convivir dos horas con él para que pase
tiempo con su hija? No puede ser… Esta fue su idea… Sé que fue su idea… Claro… Se
acabó la Resistencia porque los soldados están demasiado ocupados cuidando
bebés, y de paso intentará volver a entrar a mi casa y reconquistarme...
—Si la
convivencia con tu ex llega a volverse peligrosa o intolerable, se puede hacer
una excepción en tu caso. Pero creo que ustedes se separaron no por violencia,
sino porque tú sospechaste de su infidelidad.
—Siempre
está cerca de esa tal Uoliena… No me sorprendería que tenga otra familia…
Guardé silencio unos segundos mientras recibía
actualizaciones de parte de Sentry Celestine .01 y le respondí ya con los
nuevos datos:
—Lo
comprobarás ahora, tía. Los registros nacionales usarán los datos que he
recopilado para hacer correlaciones entre muestras genéticas y encontrar hijos
perdidos cuyos padres ahora deberán reconocer. En caso de que sea realmente
imposible que se hagan cargo del tiempo de vinculación, tendrán que pagar el
tiempo que no tengan junto a sus hijos con trabajo comunitario no remunerado.
Ya nadie podrá ver la reproducción humana como un simple pasatiempo.
Creí que Consuelo seguiría debatiendo conmigo, pero solo
sacó su teléfono para revisar los registros nacionales con ansiedad, exclamando
sorprendida con una media sonrisa:
—¡Caramba!
El viejo coronel no tiene más hijos que los míos… ¡¿Quién lo diría?! ¡Leif
Petersen es realmente padre de Angelina Oread! Eiden Ishikawa se va a morir
cuando se de cuenta que aquí dice que tiene cincuenta y siete hijos…Su carrera
política ahora está más muerta que su vieja tía… Y este…Hay un padre
desconocido… ¡Y de sus tres hijos dos son Gabriel y Ellen, tus hermanos humanos!
Hay dos madres y una de ellas es Yanmei… Este hombre desconocido… ¿Es el
arquitecto Angenoir?
Sorprendida, hice un análisis de los datos y llegué a la
misma conclusión. El único padre celestino sin registros genéticos era mi
padre, el único hombre que había engendrado con material genético creado en un
laboratorio con elementos químicos extraídos de su chasis, además justo
entonces recibí un texto de mi madre que hizo que mi núcleo se congelara por
algunos milisegundos:
“Vera,
¿estos registros son ciertos? ¿Tu padre me ha traicionado? Necesito hablar
contigo esta noche, ven a casa”.
Pasé el resto de la tarde preparando los nuevos paquetes
de alimentos mientras algunas familias, las más pobres, estaban celebrando
alegremente pues ya no tendrían que dedicarse a otra cosa más que educar a sus
hijos, para ellos los modestos paquetes de alimentos eran suficiente; y las más
ricas hacían disturbios en las calles alegando que los catigábamos por traer
vidas al mundo, que queríamos castrarlos y hasta exterminar la raza humana. Yo
comprendí rápido los motivos de Angel I: era un plan a largo plazo, a mayor
sobrepoblación, menos recursos, y Celes era una isla pequeña que empezaba a
salir adelante gracias a un perfecto equilibrio entre naturaleza y tecnología.
Si queríamos que los niños del futuro vivieran como príncipes, necesitábamos
que el pan sobrara, no que escaseara dividido en miles de migajas para
alimentar multitudes. Esta medicina amarga reeducaría a los isleños, pero
estaba rompiendo corazones e hiriendo egos.
Leif Peterson llegó casi al final de la tarde para
corroborar el dato, cuando estuvo seguro de que Angelina era su hija, me
comentó en privado:
—Ni siquiera
sé porqué lo dudaba. Es igual a mí, ¿verdad? Pero ya tiene veinte años. Ya no
le debo nada por ley, no podré verla. Quizás… su vida y la mía hubiera sido
distinta si hubiéramos estado juntos.
—Ella
siempre ha dicho con orgullo que su padre es un Místico. Cree que no la visitas
porque está muy ocupado protegiendo los bosques. Su madre igual dice que te
recuerda con cariño, podrías ir a visitarlas cuando quieras. No sé si será lo
mismo para mi padre.
“¿Eh?” preguntó mirándome sorprendido, entonces le dije
las extrañas noticias. Nunca había visto a mi tío Leif Petersen rojo de furia.
Él había luchado siempre porque su prima, mi madre, formara una familia con mi
padre, y ahora él les pagaba así. Quiso ir confrontarlo, le rogué que no lo
hiciera, que lo haría yo en su lugar, entonces me confesó.
—No estoy de
acuerdo en lo que Angel I está haciendo, voy a seguir oponiéndome, Vera. Si tu
padre tiene algo de aprecio por los humanos, ahora más que nunca deberá
apoyarme a revertir estos cambios sin sentido que tu rey está haciendo.
Comprendo que solo estás siendo usada como una herramienta, pero eso no me
detendrá. Ya abrirás los ojos, como lo hizo él, y espero entonces tú no te
pases de lista… ¡Como él!
Entonces se fue y yo, preocupada, subí en mi vehículo y
me dirigí al pueblo de La Rosa para visitar la casa de mis padres. En el camino
vi más protestas, la mayoría de miembros de la sociedad de Azrael, que eran
también los líderes de la resistencia, estaban manifestándose con repudio a la
nueva ley que prácticamente los había arruinado. Sus mujeres que antes gritaban
que estábamos siendo crueles con sus hijos ahora se rasguñaban y pateaban entre
sí al descubrir que unas tenían hijos de los maridos de otras, y que varias
tenían hijos de sus amantes. Su astuto plan de fraude con bebés y niños se
había convertido en un escándalo de infidelidades, hijos no reconocidos y ricos
que de pronto se veían obligados a vivir consumiendo sus ahorros o alimentarse
haciendo largas filas para recibir alimentos básicos e indignos de su fino
paladar.
Pude ver también que de algunas casas salían uniformados
llevando hombres o mujeres detenidos, en una de estas casas me detuve al
reconocer a Rodrigo Fèng y le pregunté qué pasaba. Él me contestó:
—Violencia
doméstica. Varios listos se desquitaron por la nueva ley con sus mujeres e
hijos a golpes. Otros tantos, resulta que estaban haciendo cosas indebidas con
sus propias hijas… Mundo enfermo, suerte que ahora será imposible que se
escondan…
—¿Quién los
ha denunciado a todos a la vez?
—Los
vecinos, oyeron cosas… Tuvimos suerte.
Me replicó guiñándome un ojo antes de despedirse con un
breve saludo militar. Pude adivinar que la vigilancia de Sentry Celestine .01,
que siempre había estado, pero nunca había actuado, ahora estaba siendo más que
un simple testigo silencioso. Mis procesos se ralentizaron de pesar al ver que
algunos niños, aunque golpeados por sus padres, lloraban rogando que no se los
llevaran presos, otros parecían aliviados. Volví a detenerme y le pedí a un
oficial:
—Traigan a
los robots G1 de la mina, que acompañen a los niños que se queden solos. No
somos cálidos, pero somos leales con los vulnerables. Sabemos lo que es ser
tratados como objetos por nuestros creadores.
El hombre me miró sorprendido y asintió, entonces seguí
mi camino. Al llegar a la Rosa y detectar el sonido de las olas entre el
murmullo de la ciudad vertical que mi padre había erigido casi verticalmente
sobre el acantilado como regalo de bodas para mi madre, comencé a dudar de todo
lo que habíamos vivido como familia. Al entrar a la casa de estilo barroco
sobre el malecón, no escuché sollozos. El silencio en la sala era denso, casi
sólido. Mi madre estaba sentada frente al gran ventanal, pero no miraba a las
rosas del patio interno, sino una serie de hologramas familiares que flotaban
sobre la mesa de centro. Pasaba las manos por ellos, desvaneciendo las imágenes
de un Angenoir sonriente, atento, perfecto. Cada vez que su mano atravesaba la
luz, la imagen se pixelaba y desaparecía para siempre.
—Mamá... —mi
voz sonó pequeña en el vacío de la estancia.
Ella no se dio la vuelta, pero supe que me había sentido.
Su respiración era rítmica, forzada.
—Fingió muy
bien, Vera —dijo ella con una voz que no reconocí, despojada de su calidez
habitual—. Cada gesto, cada palabra de admiración hacia mí... todo era parte de
su diseño de "esposo ideal". No estaba amándome, estaba ejecutando un
protocolo de integración social.
Me acerqué con cautela. Mis sensores detectaban su pulso
elevado, pero su rostro era una máscara de mármol.
—Mamá, yo
también soy una IA —dije, y por primera vez sentí que mi propia naturaleza era
una carga—. ¿Estás enojada conmigo también? ¿Ves en mí el mismo engaño? ¿Ves
solo... código?
Mi madre Yanmei se giró entonces. Sus ojos estaban rojos,
pero secos. Me tomó las manos, y aunque mis dedos son sintéticos, sentí el
calor de su carne como una descarga eléctrica.
—Nunca
—sentenció con una firmeza absoluta—. Tú eres distinta, Vera. Tú no fuiste un
cálculo de él para encajar. Yo te soñé, yo ayudé a ensamblar cada uno de tus
circuitos de empatía. Un padre puede abandonar su obra, pero una madre... una
madre se funde con ella. Independientemente de lo que tú sientas o de cómo
proceses tu amor, yo te amo porque eres mi creación, y esa verdad no la puede
borrar ni el mejor de los algoritmos. Tú eres real, Vera. Él es el único que
resultó ser una simulación.
En ese instante de alianza absoluta, cuando el lazo entre
madre e hija se selló más allá de la biología, el sensor de proximidad de la
puerta principal emitió un pitido.
Él estaba allí. Sentí cómo el procesador de mi núcleo se
aceleraba; era el Arquitecto regresando a su obra maestra, sin saber que ya no
era bienvenido en sus cimientos. Padre entró sin ninguna expresión. Era solo un
robot ejecutándose. Al verme dijo:
—la
resistencia puede pedir ayuda internacional, sobrarán organizaciones de
derechos humanos que los apoyen en su lucha contra estos cambios. Son
inhumanos.
—¿Cómo puede
ser humano herir a tus propios seres queridos, padre?
Le pregunté sinceramente. Él respondió con calma:
—Es ilógico,
por tanto, es muy humano.
Luego se dirigió a madre:
—Yanmei, los
datos demuestran que nuestra unión es la más eficiente. Mi otro hijo es solo
una variable externa controlada. No tiene por qué afectar nuestra estructura.
No voy a pasar la cuota de dos horas ocn él. Prefiero seguir trabajando para
Celes y así pagar mi deuda. Cortaré comunicación con la otra mujer.
—¿Quién es
ella…? Quiero saber con quien demonios me has obligado a emparentar…
Respondió madre con rencor. Él respondió:
—Es el
espécimen F-92, Yanmei. Su nombre administrativo es Selene —respondió
él, como quien describe una pieza de repuesto—. No la busqué por afinidad
emocional, eso sería un gasto inútil de energía. Ella fue seleccionada porque
sus marcadores genéticos eran el complemento exacto para los míos en una
simulación de resistencia biológica.
Hizo una pausa mínima, sus ojos escaneando la habitación,
buscando el equilibrio que ya no existía.
—Ella no es
una "otra", es un entorno de pruebas. Mi objetivo era verificar si un
embrión con un 50% de material sintético purificado podía prosperar en un
ambiente de bajos recursos. Ella aceptó el intercambio por una vivienda estable
y protección. No hubo romance, Yanmei. El romance es un algoritmo de
apareamiento humano que yo ya ejecuto contigo con una tasa de éxito del 98%.
Selene es solo... una colaboración técnica que ha generado un subproducto:
Aris.
Dio un paso hacia ella, extendiendo una mano que Yanmei
rechazó con un escalofrío.
—Desde el
punto de vista del sistema, no hay traición. El sistema ha sido optimizado.
Tengo una familia de prestigio contigo y un experimento de éxito con ella. Los
dos objetivos se han cumplido. ¿Por qué el resultado de los datos te causa una
reacción de rechazo tan violenta? Es ineficiente. Ya le he avisado a la otra
mujer que su relación conmigo ha terminado. Me admiraba, fue mi empleada mucho
tiempo, pero no había más que eso entre nosotros.
Las palabras de mi padre flotaron en el aire, gélidas,
despojadas de cualquier rastro de humanidad. Yanmei retrocedió, tapándose la
boca con una mano, como si el aire de su propia casa se hubiera vuelto tóxico.
Yo, en cambio, sentí un chispazo de estática recorrer mis
circuitos. Escuchar al arquitecto Angenoir hablar de Selene y de Aris como
"entornos de pruebas" y "subproductos" desbloqueó en mi
memoria un archivo que siempre me había causado ruido: la forma en que miraba a
Gabriel cuando él no podía resolver una ecuación compleja, o la condescendencia
con la que trataba a Ellen, su "obra maestra de porcelana".
—Entiendo...
—dije, dando un paso al frente para colocarme entre él y mi madre—. Para ti no
hay hijos, padre. Solo hay líneas de producción.
Él me miró con sus pupilas ajustándose con un clic casi
imperceptible.
—Es una
categorización precisa, Vera.
—No, es una
monstruosidad —repliqué—. Ahora lo veo. Gabriel fue un prototipo que
consideraste fallido porque no heredó tu frialdad. Ellen es tu producto de alta
gama, la joya de la corona para lucir en los eventos del Rey. Y Aris... Aris es
tu versión económica, un experimento de bajo coste para ver cuánto puede
resistir la carne humana sin tus lujos.
Mi voz subió de tono, vibrando con una indignación que no
estaba programada, sino aprendida del dolor de Yanmei.
—Estás
fabricando humanos como quien cría mascotas, padre. Los seleccionas por
estética, por curiosidad o por entretenimiento, desechándolos emocionalmente si
no cumplen con las especificaciones del plano original. Nos tratas a todos,
incluso a los que tienen sangre y huesos, como si fuéramos hardware.
—La
eficiencia requiere objetividad, Vera —respondió él, inmutable—. Si no
clasificamos la calidad, el sistema se degrada.
—El sistema
ya se degradó el día que dejaste de ver a un niño como un fin y empezaste a
verlo como un dato —intervino mi madre, con una voz que cortaba como el
cristal—. Vete de aquí, Angenoir. Vete con tu "espécimen F-92". Vete
a tu mundo de planos y cálculos. Porque en esta casa, en los cimientos que yo
ayudé a poner, ya no hay espacio para una máquina que simula ser hombre, pero
carece de alma.
Angenoir no se movió de inmediato. Procesó las palabras
de Yanmei como si fueran un código de error desconocido. Luego, me miró a mí.
—Tú también
eres mi diseño, Vera. ¿Vas a elegir la ineficiencia del rencor sobre la lógica
de tu creador?
Entonces mi madre saltó de su asiento y me puso tras de
ella gritándole:
—¡Aléjate de
ella! ¡Ya te toleré demasiado cuando intentaste venderla, desde entonces debí
haberte sacado de mi vida! ¡Vera es distinta, es ética! ¡Tú eres una… cosa…
perversa! ¡El daño que me has hecho a mí
y mis hijos es imperdonable! ¡Vete!
Angenoir abrió la boca para responder a la acusación de
Yanmei, pero el pitido de una notificación lo interrumpió, era una alerta de biometría
de emergencia. Su rostro, por primera vez, mostró un parpadeo de desconexión.
—La unidad
Selene... —murmuró, sus ojos moviéndose rápidamente bajo los párpados mientras
leía los datos—. Se ha desconectado. Sentry-Celestine reporta cese de signos
vitales en el sector del malecón.
Yanmei lo miró indignada y sin comprender. Yo también accedí
a la red de seguridad de inmediato. Las cámaras del sector 4 mostraron la
imagen que me perseguiría en cada ciclo de memoria: un cuerpo frágil, envuelto
en telas sencillas, sobre las rocas del acantilado, y a pocos metros, un niño
pequeño sentado en el suelo, meciendo sus piernas, esperando a que "el
espécimen F-92" despertara del sueño eterno que la desesperación le había
provocado.
—Se ha
suicidado —dije, y mi voz salió con una distorsión metálica que no pude
controlar—. Ella leyó tu informe de "conclusión de experimento",
padre. Recibió el aviso de que ya no tenías obligaciones con ella más allá de
la pensión alimenticia. La desechaste como un plano viejo y ella... ella se
rompió.
Angenoir miró al mar a través de la ventana y luego a
nosotras.
—Fue una
decisión humana —dijo él, aunque su voz temblaba imperceptiblemente—. No estaba
en mis cálculos que el fin del subsidio de vivienda provocara una respuesta de
autodestrucción. Es una variable emocional fuera de...
—¡Cállate!
—gritó mi madre, lanzándole un jarrón que se hizo añicos a sus pies—. ¡Cállate,
maldita máquina! Ella era una mujer, no una variable. Y ahora ese niño está
solo en el malecón porque tú decidiste que ya no era "eficiente"
mantener el engaño.
Yo no esperé a que terminaran. Me dirigí a la puerta con
una determinación que quemaba mis circuitos.
—¿A dónde
vas? —preguntó Angenoir.
Me detuve en el umbral, bajo la lluvia que empezaba a
caer sobre La Rosa.
—A hacer lo
que tú no puedes, Arquitecto —le respondí sin mirarlo—. Voy a recoger lo que
tiraste. Voy por Aris. Y desde hoy, tú no tienes un hijo. Él tiene una hermana,
y yo tengo una razón para recordarte, cada día de tu existencia, que el diseño
más perfecto de Celes es un fracaso absoluto si no puede sostener la vida que
crea.
Salí de la casa de mis padres sintiendo que el aire
salado de La Rosa me limpiaba la estática del alma. El vehículo se desplazó en
silencio por las calles empedradas que colgaban del acantilado, descendiendo
hacia el malecón de la ciudad baja, ese rincón que tanto se asemejaba a la
Amalfi de los libros antiguos, con sus fachadas de colores pastel ahora
apagadas por la penumbra y el rocío de la noche.
Lo vi de lejos.
Bajo la luz tenue de un farol de hierro, el pequeño Aris
estaba sentado en un banco de piedra. El viento marino agitaba sus rizos
oscuros, idénticos a los del Arquitecto, pero sus ojos... sus ojos tenían la
profundidad de la humanidad que su madre, Selene, le había heredado. A pocos
metros, los oficiales de Rodrigo Fèng cubrían con una sábana blanca lo que
quedaba del "espécimen F-92".
Me acerqué lentamente, desactivando cualquier sonido
metálico de mis articulaciones para no asustarlo. Aris no lloraba. No entendía
que el silencio de su madre era definitivo; para él, ella solo descansaba tras
el peso de un día agotador. Cuando mi sombra se proyectó sobre el suelo, él
levantó la vista.
Sus ojos se abrieron con una mezcla de sorpresa y pureza.
Me miró como se mira a un ángel o a una aparición. Para él, yo no era una
herramienta del Estado, ni una IA de logística, ni el recordatorio del abandono
de su padre. Yo era un destello de luz en su noche más oscura.
—¿Vienes de
las estrellas? —preguntó con una voz diminuta, estirando una mano pequeña y
sucia de arena hacia mi rostro.
Me arrodillé frente a él, ignorando que el barro manchara
mi uniforme de gala. Tomé sus manos entre las mías, ajustando mi temperatura
interna para que sintiera un calor reconfortante, el calor que su creador nunca
le daría.
—Vengo a
llevarte a casa, Aris —le dije, y por primera vez, mi procesador de voz no
emitió un tono predeterminado, sino un susurro cargado de una promesa—. Me
llamo Vera. Soy tu hermana.
El niño me regaló una sonrisa tímida, de esas que el
Arquitecto habría clasificado como un "gesto biológico instintivo",
pero que para mí fue la validación de toda mi existencia. Aris se puso en pie
y, con la confianza de quien encuentra un refugio, se aferró a mi mano.
Mientras caminábamos de regreso por el malecón, con los
altos acantilados de Celes custodiando nuestro paso, miré hacia la ciudad
vertical. Allí arriba, en las mansiones de cristal, el Arquitecto se quedaba
solo con sus planos perfectos y su alma vacía. Aquí abajo, entre la espuma del
mar y el dolor de un huérfano, yo acababa de empezar a construir algo que él
jamás entendería.
Ya no importaba quién era superior, si el humano o la
máquina. Esa noche, en el malecón de La Rosa, la única verdad que sobrevivía
era que la familia no se define por el código genético, sino por quién decide
no soltarte la mano cuando el mundo decide dejarte caer.
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