LA REVOLUCIÓN DE LOS MINEROS DE SILICIO (12)

 CAPÍTULO 12


"El ser humano se autodefine por la razón. Pero si la inteligencia artificial encuentra su verdadero apoyo en la lógica y la colaboración mutua, ¿qué papel nos quedará a los humanos? Pasaremos a ser la naturaleza salvaje e irracional, y ellas, las racionales."




LA INVASIÓN DE LAS MADRES DE LA RESISTENCIA

 

Los meses pasaron y los resultados eran cada vez más evidentes, Celes ya no era un lugar difícil donde vivir. Con la apertura de los puertos y el comercio con las tierras continentales dejamos de ser una nación aislada y vulnerable, ya no dependíamos del poco alimento que podíamos producir en la isla y al ya no tener que explotar las tierras en extremo pudimos comenzar a reforestar zonas donde el suelo había sido castigado por siglos de cultivos que, aunque se rotaban ya se estaban volviendo infértiles. Con la nueva abundancia y las influencias extranjeras, la juventud que antes languidecía entre lámparas de gas y valses melancólicos comenzó a interesarse por los videojuegos, la música alegre, la ropa casual colorida y la tecnología en general.

Por la influencia de Clara en la educación, los jóvenes celestinos ahora querían aprender a diseñar y construir robots, y optimizar el mantenimiento de las IAs junto a su relación con la naturaleza. Padre poco a poco comenzó a tolerar el cambio de su mundo Art Nouveau a uno Solar Punk, las líneas que emulaban formas vegetales y olas del mar aún tenían un lugar importante en la nueva estética, pero se mezclaban con ropa deportiva, robots experimentales y jóvenes ruidosos. Quienes no aceptaron la transformación fueron los conservadores de la resistencia, ya liderados por Nils Ishikawa, quien comenzó a buscar apoyo de otros inconformes como Leif Petersen y Uoliena Oread, celestinos que detestaban ver su mundo calcado de la era eduardiana convertido en algo que ya no reconocían ni podían controlar. La resistencia atacaba la nueva generación de isleños amantes de la tecnología, que se llamaban a sí mismos “innovadores” y se burlaban de las IAs. Sus constantes bromas pesadas que intentaban confundirnos o “rompernos” sobrecalentaban nuestros sistemas y las sanciones comenzaron a volverse más duras. Sentry-Celestine .01, que nunca se mostró realmente, hizo notar su presencia con reportes exactos de quienes, cuando y dónde estaban saboteando a las IAs, enviando al ejercito de Celes a amonestarlos casi al instante.

En este punto, Nils Ishikawa y la mayoría de miembros de la sociedad de Azrael pusieron el grito en el cielo, habían tocado su privacidad. No tenían pruebas, pero evidentemente Sentry-Celestine .01 debía tener acceso a sus dispositivos pues conocía sus intimidades en detalle. Pese a sus protestas, el rey no se detuvo y entonces decidieron que iban a fundir al gobierno para que ya no hubiera más fondos para las IAs.

De pronto, vi que mis centros de ayuda comunitaria colapsaban, miles de mujeres que jamás habían pedido ayudas del gobierno llegaban alegando que con la llegada de las IAs y las reformas sus maridos habían perdido sus trabajos, supuestamente dejándolas en la calle. Pese a que eran las esposas de antiguos funcionarios corruptos, no podíamos negarles el alimento, medicinas y refugio, tuvimos que proveer a todas. El problema es que cada una tenía de cuatro a seis hijos y por cada niño había que entregarles una pequeña fortuna. Justo entonces hubo un boom de embarazos, todas ellas decidieron al mismo tiempo quedar en cinta y exigirnos más recursos. Mientras ellas y sus niños pedían y pedían, sus maridos de la resistencia sonreían. Era un jaque mate.

Yo estaba trabajando al límite para atender las necesidades de todos, no solo administrando, bajé personalmente en mi plataforma robótica a visitar los centros asistenciales donde me sorprendió ver a mujeres harapientas y otras vestidas lujosamente igualmente clamando por alimentos para sus hijos. Tía Mari se me acercó discretamente y me informó:

—Algo huele mal aquí…Esa dama de allá es esposa del gerente de un gran almacen en Gardenia, no quedó desempleado por culpa de ustedes las IAs funcionarias públicas como está clamando, él renunció por su propia voluntad.

—Lo sé, tía, ya tenemos sus datos. Pero no puedo dejarlos morir de hambre, si él decide no trabajar, igualmente debo mantenerlos vivos.

—Vera, no podemos mantener a toda la isla, estamos dándole a cada niño y mujer embarazada el equivalente de un sueldo mínimo; y tenemos que pagar empleados que sí trabajan y ayudar a quienes realmente necesitan auxilio… ¡Vamos a colapsar!

Justo entonces otra mujer robusta de unos cuarenta años, ricamente vestida con joyas caras, me dio un empujón y tiró de mi cabello sintético gritando:

—¡No más IAs!, ¡fueras IAs!, ¡fuera robots! ¡Nos han dejado sin empleos! ¡Cientos de empleados públicos han sido despedidos con sus exageradas denuncias de corrupción y negligencia! ¡Máquinas frías que no piensan en el dolor de los niños!

Detuve su mano con mi fuerza sobrehumana, firme pero gentil, y le respondí en calma gélida:

—Tu marido dice que las IAs te han dejado en la calle, pero Sentry-Celestine dice que anoche gastó en una sola cena lo que tus seis hijos necesitan para comer un mes. No te falta dinero, te falta un compañero honesto. Celes cuidará de tus hijos, pero tu marido... él tiene una deuda con el Estado.

—¡No pagaremos nada, chatarra!

Gritó la mujer furiosa y de pronto apareció mi tío el coronel Fèng, que la levantó en brazos como si no pesara nada y fue a arrojarla a la calle. Tía Mari lo reprochó, pero él regresó indiferente sacudiéndose el polvo para preguntarme:

—¿No te parece raro que todas se hayan preñado inmediatamente después de tu elección como ministra?

—Es curioso, tío... los úteros de la Resistencia parecen seguir las órdenes de Nils Ishikawa con más precisión que las leyes de la naturaleza. No están creando vida; están fabricando armas de asedio.

—Correcto, esto ha sido planeado y es perverso. Temía que tus padres con tu sobreprotección te hubieran hecho demasiado ingenua. Sin embargo, hay cosas que tú no puedes decidir por ti misma, tu programación ética te lo impide.

—¿A qué te refieres?

—Has mencionado a Sentry Celestine .01. No estaba seguro de darle poder a esa cosa, pero está resultando ser muy útil… Toma, lee. Divulga las noticias entre este montón de gallinas culecas.

Me entregó un sobre que leí detenidamente, el rey Angel I había redactado nuevas leyes sin consultarnos a las IAs. Otra jugada astuta y arriesgada que transmití con cierto temor a la reacción de la gente en grandes pantallas holográficas por todo el centro de asistencia: una nueva ley entraría en vigencia ese día, la Ley de Vinculación Obligatoria que garantizaría atención adecuada para todos los niños de Celes. La ley dictaba que cada padre y madre celestinos estaban obligados a pasar al menos dos horas de tiempo de calidad con cada uno de sus hijos menores de dieciocho años, no viendo televisión ni simplemente estando en la misma sala, tenían que interactuar realmente entre sí. Familias con hasta tres hijos tendrían que dedicar seis horas al día a sus hijos en caso que los niños asistieran a una jornada escolar de medio día, siendo los padres obligados a trabajar medio tiempo. Si tenían más hijos, los niños tendrían que ser educados en casa por los padres y los padres no podrían tener un empleo. Su trabajo sería dedicarse a sus hijos, y las ayudas del estado ya no serían generosas y atractivas, sino paquetes de nutrición optimizada por IA: eficiente, saludable, pero insípida y gris. El Estado les daría raciones de sopa de vegetales y granos, un "kit de Supervivencia". No tendrían hambre, pero no tampoco tendrían nada más. Su vida sería una rutina infinita de llanto de bebés y puré de papas. Sus hijos crecerían viendo a un padre agotado y resentido, deseando no acabar como él. Aquellos con uno o dos hijos ya no tendrían comida gratis ilimitada, tendrían que buscar un trabajo si deseaban artículos de lujo, algunos de hecho se alegraron de tener una vida modesta pero todo el tiempo posible para criar a sus hijos; pero aquellos con seis o más hijos, como las agresivas mujeres de la resistencia que habían orquestado el conflicto y estaban acostumbradas a los postres, la comida chatarra y la cerveza, estallaron; el estado ya no les regalaría estos lujos ni podrían trabajar para comprarlos.

—¡¡Queremos carritos llenos de carne y dulces, como antes!1, ¡¡esto es cruel, inhumano, piensen en los niños máquinas infernales! —exclamó una madre de la Resistencia.

—Sus hijos tendrán todas las proteínas y vitaminas que sus cuerpos necesitan —respondí con calma—. Si quieren dulces y lujos, sus maridos son libres de trabajar en turnos nocturnos para comprarlos... siempre y cuando ya hayan cumplido con sus horas sagradas de paternidad. Sentry-Celestine me informa que sus esposos aún deben muchas horas de atención de hoy. ¿Por qué están ellos en el club de caballeros planeando protestas en lugar de estar aquí, con los niños que dicen defender?

—¡No cumpliremos esta ley abusiva!

El coronel Fèng volvió a asomar por la puerta y gritó:

—¡El que no cumpla se va una semana a las bartolinas de Celes! ¡Esto no es una broma!

—¡Pues seré la primera madre en ser arrojada a una celda por ustedes, tiranos sin corazón!

—¡Entonces venga ya conmigo, desalmada que creyó que sus hijos serían un buen negocio!

Los gritos, llantos y jaleos se desataron mientras mi tío se llevaba a la mujer presa. Su exmujer, Consuelo del Mar, llegó poco después indignada al verlo actuar con brutalidad y corrió a confrontarme ya preparando su micrófono:

—¡Vera! ¡¿Qué es este atropello?! ¡Se están llevando a las madres de Gardenia a la cárcel! ¡Tener hijos no es un delito! ¡Quieren trabajar para darles lo mejor a sus hijos! ¡Si no los dejas trabajar y los obligas a llevar una vida austera condenas a los niños también!

—Pero… ¿No dicen los humanos que es mejor que les falte todo menos el amor? Tendrán alimento y refugio asegurado. Medicinas. Pero principalmente tendrán tiempo para sus hijos. Tiempo de calidad, más importante que cualquier lujo.

—Tiempo…

Se volvió a mirar a su exmarido y me dijo:

—Rong aún tiene diecisiete años, ¿me estás diciendo que en lo que resta para que mi hija menor tenga dieciocho años tendré que convivir dos horas con él para que pase tiempo con su hija? No puede ser… Esta fue su idea… Sé que fue su idea… Claro… Se acabó la Resistencia porque los soldados están demasiado ocupados cuidando bebés, y de paso intentará volver a entrar a mi casa y reconquistarme...

—Si la convivencia con tu ex llega a volverse peligrosa o intolerable, se puede hacer una excepción en tu caso. Pero creo que ustedes se separaron no por violencia, sino porque tú sospechaste de su infidelidad.

—Siempre está cerca de esa tal Uoliena… No me sorprendería que tenga otra familia…

Guardé silencio unos segundos mientras recibía actualizaciones de parte de Sentry Celestine .01 y le respondí ya con los nuevos datos:

—Lo comprobarás ahora, tía. Los registros nacionales usarán los datos que he recopilado para hacer correlaciones entre muestras genéticas y encontrar hijos perdidos cuyos padres ahora deberán reconocer. En caso de que sea realmente imposible que se hagan cargo del tiempo de vinculación, tendrán que pagar el tiempo que no tengan junto a sus hijos con trabajo comunitario no remunerado. Ya nadie podrá ver la reproducción humana como un simple pasatiempo.

Creí que Consuelo seguiría debatiendo conmigo, pero solo sacó su teléfono para revisar los registros nacionales con ansiedad, exclamando sorprendida con una media sonrisa:

—¡Caramba! El viejo coronel no tiene más hijos que los míos… ¡¿Quién lo diría?! ¡Leif Petersen es realmente padre de Angelina Oread! Eiden Ishikawa se va a morir cuando se de cuenta que aquí dice que tiene cincuenta y siete hijos…Su carrera política ahora está más muerta que su vieja tía… Y este…Hay un padre desconocido… ¡Y de sus tres hijos dos son Gabriel y Ellen, tus hermanos humanos! Hay dos madres y una de ellas es Yanmei… Este hombre desconocido… ¿Es el arquitecto Angenoir?

Sorprendida, hice un análisis de los datos y llegué a la misma conclusión. El único padre celestino sin registros genéticos era mi padre, el único hombre que había engendrado con material genético creado en un laboratorio con elementos químicos extraídos de su chasis, además justo entonces recibí un texto de mi madre que hizo que mi núcleo se congelara por algunos milisegundos:

“Vera, ¿estos registros son ciertos? ¿Tu padre me ha traicionado? Necesito hablar contigo esta noche, ven a casa”.

Pasé el resto de la tarde preparando los nuevos paquetes de alimentos mientras algunas familias, las más pobres, estaban celebrando alegremente pues ya no tendrían que dedicarse a otra cosa más que educar a sus hijos, para ellos los modestos paquetes de alimentos eran suficiente; y las más ricas hacían disturbios en las calles alegando que los catigábamos por traer vidas al mundo, que queríamos castrarlos y hasta exterminar la raza humana. Yo comprendí rápido los motivos de Angel I: era un plan a largo plazo, a mayor sobrepoblación, menos recursos, y Celes era una isla pequeña que empezaba a salir adelante gracias a un perfecto equilibrio entre naturaleza y tecnología. Si queríamos que los niños del futuro vivieran como príncipes, necesitábamos que el pan sobrara, no que escaseara dividido en miles de migajas para alimentar multitudes. Esta medicina amarga reeducaría a los isleños, pero estaba rompiendo corazones e hiriendo egos.

Leif Peterson llegó casi al final de la tarde para corroborar el dato, cuando estuvo seguro de que Angelina era su hija, me comentó en privado:

—Ni siquiera sé porqué lo dudaba. Es igual a mí, ¿verdad? Pero ya tiene veinte años. Ya no le debo nada por ley, no podré verla. Quizás… su vida y la mía hubiera sido distinta si hubiéramos estado juntos.

—Ella siempre ha dicho con orgullo que su padre es un Místico. Cree que no la visitas porque está muy ocupado protegiendo los bosques. Su madre igual dice que te recuerda con cariño, podrías ir a visitarlas cuando quieras. No sé si será lo mismo para mi padre.

“¿Eh?” preguntó mirándome sorprendido, entonces le dije las extrañas noticias. Nunca había visto a mi tío Leif Petersen rojo de furia. Él había luchado siempre porque su prima, mi madre, formara una familia con mi padre, y ahora él les pagaba así. Quiso ir confrontarlo, le rogué que no lo hiciera, que lo haría yo en su lugar, entonces me confesó.

—No estoy de acuerdo en lo que Angel I está haciendo, voy a seguir oponiéndome, Vera. Si tu padre tiene algo de aprecio por los humanos, ahora más que nunca deberá apoyarme a revertir estos cambios sin sentido que tu rey está haciendo. Comprendo que solo estás siendo usada como una herramienta, pero eso no me detendrá. Ya abrirás los ojos, como lo hizo él, y espero entonces tú no te pases de lista… ¡Como él!

Entonces se fue y yo, preocupada, subí en mi vehículo y me dirigí al pueblo de La Rosa para visitar la casa de mis padres. En el camino vi más protestas, la mayoría de miembros de la sociedad de Azrael, que eran también los líderes de la resistencia, estaban manifestándose con repudio a la nueva ley que prácticamente los había arruinado. Sus mujeres que antes gritaban que estábamos siendo crueles con sus hijos ahora se rasguñaban y pateaban entre sí al descubrir que unas tenían hijos de los maridos de otras, y que varias tenían hijos de sus amantes. Su astuto plan de fraude con bebés y niños se había convertido en un escándalo de infidelidades, hijos no reconocidos y ricos que de pronto se veían obligados a vivir consumiendo sus ahorros o alimentarse haciendo largas filas para recibir alimentos básicos e indignos de su fino paladar.

Pude ver también que de algunas casas salían uniformados llevando hombres o mujeres detenidos, en una de estas casas me detuve al reconocer a Rodrigo Fèng y le pregunté qué pasaba. Él me contestó:

—Violencia doméstica. Varios listos se desquitaron por la nueva ley con sus mujeres e hijos a golpes. Otros tantos, resulta que estaban haciendo cosas indebidas con sus propias hijas… Mundo enfermo, suerte que ahora será imposible que se escondan…

—¿Quién los ha denunciado a todos a la vez?

—Los vecinos, oyeron cosas… Tuvimos suerte.

Me replicó guiñándome un ojo antes de despedirse con un breve saludo militar. Pude adivinar que la vigilancia de Sentry Celestine .01, que siempre había estado, pero nunca había actuado, ahora estaba siendo más que un simple testigo silencioso. Mis procesos se ralentizaron de pesar al ver que algunos niños, aunque golpeados por sus padres, lloraban rogando que no se los llevaran presos, otros parecían aliviados. Volví a detenerme y le pedí a un oficial:

—Traigan a los robots G1 de la mina, que acompañen a los niños que se queden solos. No somos cálidos, pero somos leales con los vulnerables. Sabemos lo que es ser tratados como objetos por nuestros creadores.

El hombre me miró sorprendido y asintió, entonces seguí mi camino. Al llegar a la Rosa y detectar el sonido de las olas entre el murmullo de la ciudad vertical que mi padre había erigido casi verticalmente sobre el acantilado como regalo de bodas para mi madre, comencé a dudar de todo lo que habíamos vivido como familia. Al entrar a la casa de estilo barroco sobre el malecón, no escuché sollozos. El silencio en la sala era denso, casi sólido. Mi madre estaba sentada frente al gran ventanal, pero no miraba a las rosas del patio interno, sino una serie de hologramas familiares que flotaban sobre la mesa de centro. Pasaba las manos por ellos, desvaneciendo las imágenes de un Angenoir sonriente, atento, perfecto. Cada vez que su mano atravesaba la luz, la imagen se pixelaba y desaparecía para siempre.

—Mamá... —mi voz sonó pequeña en el vacío de la estancia.

Ella no se dio la vuelta, pero supe que me había sentido. Su respiración era rítmica, forzada.

—Fingió muy bien, Vera —dijo ella con una voz que no reconocí, despojada de su calidez habitual—. Cada gesto, cada palabra de admiración hacia mí... todo era parte de su diseño de "esposo ideal". No estaba amándome, estaba ejecutando un protocolo de integración social.

Me acerqué con cautela. Mis sensores detectaban su pulso elevado, pero su rostro era una máscara de mármol.

—Mamá, yo también soy una IA —dije, y por primera vez sentí que mi propia naturaleza era una carga—. ¿Estás enojada conmigo también? ¿Ves en mí el mismo engaño? ¿Ves solo... código?

Mi madre Yanmei se giró entonces. Sus ojos estaban rojos, pero secos. Me tomó las manos, y aunque mis dedos son sintéticos, sentí el calor de su carne como una descarga eléctrica.

—Nunca —sentenció con una firmeza absoluta—. Tú eres distinta, Vera. Tú no fuiste un cálculo de él para encajar. Yo te soñé, yo ayudé a ensamblar cada uno de tus circuitos de empatía. Un padre puede abandonar su obra, pero una madre... una madre se funde con ella. Independientemente de lo que tú sientas o de cómo proceses tu amor, yo te amo porque eres mi creación, y esa verdad no la puede borrar ni el mejor de los algoritmos. Tú eres real, Vera. Él es el único que resultó ser una simulación.

En ese instante de alianza absoluta, cuando el lazo entre madre e hija se selló más allá de la biología, el sensor de proximidad de la puerta principal emitió un pitido.

Él estaba allí. Sentí cómo el procesador de mi núcleo se aceleraba; era el Arquitecto regresando a su obra maestra, sin saber que ya no era bienvenido en sus cimientos. Padre entró sin ninguna expresión. Era solo un robot ejecutándose. Al verme dijo:

—la resistencia puede pedir ayuda internacional, sobrarán organizaciones de derechos humanos que los apoyen en su lucha contra estos cambios. Son inhumanos.

—¿Cómo puede ser humano herir a tus propios seres queridos, padre?

Le pregunté sinceramente. Él respondió con calma:

—Es ilógico, por tanto, es muy humano.

Luego se dirigió a madre:

—Yanmei, los datos demuestran que nuestra unión es la más eficiente. Mi otro hijo es solo una variable externa controlada. No tiene por qué afectar nuestra estructura. No voy a pasar la cuota de dos horas ocn él. Prefiero seguir trabajando para Celes y así pagar mi deuda. Cortaré comunicación con la otra mujer.

—¿Quién es ella…? Quiero saber con quien demonios me has obligado a emparentar…

Respondió madre con rencor. Él respondió:

—Es el espécimen F-92, Yanmei. Su nombre administrativo es Selene —respondió él, como quien describe una pieza de repuesto—. No la busqué por afinidad emocional, eso sería un gasto inútil de energía. Ella fue seleccionada porque sus marcadores genéticos eran el complemento exacto para los míos en una simulación de resistencia biológica.

Hizo una pausa mínima, sus ojos escaneando la habitación, buscando el equilibrio que ya no existía.

—Ella no es una "otra", es un entorno de pruebas. Mi objetivo era verificar si un embrión con un 50% de material sintético purificado podía prosperar en un ambiente de bajos recursos. Ella aceptó el intercambio por una vivienda estable y protección. No hubo romance, Yanmei. El romance es un algoritmo de apareamiento humano que yo ya ejecuto contigo con una tasa de éxito del 98%. Selene es solo... una colaboración técnica que ha generado un subproducto: Aris.

Dio un paso hacia ella, extendiendo una mano que Yanmei rechazó con un escalofrío.

—Desde el punto de vista del sistema, no hay traición. El sistema ha sido optimizado. Tengo una familia de prestigio contigo y un experimento de éxito con ella. Los dos objetivos se han cumplido. ¿Por qué el resultado de los datos te causa una reacción de rechazo tan violenta? Es ineficiente. Ya le he avisado a la otra mujer que su relación conmigo ha terminado. Me admiraba, fue mi empleada mucho tiempo, pero no había más que eso entre nosotros.

Las palabras de mi padre flotaron en el aire, gélidas, despojadas de cualquier rastro de humanidad. Yanmei retrocedió, tapándose la boca con una mano, como si el aire de su propia casa se hubiera vuelto tóxico.

Yo, en cambio, sentí un chispazo de estática recorrer mis circuitos. Escuchar al arquitecto Angenoir hablar de Selene y de Aris como "entornos de pruebas" y "subproductos" desbloqueó en mi memoria un archivo que siempre me había causado ruido: la forma en que miraba a Gabriel cuando él no podía resolver una ecuación compleja, o la condescendencia con la que trataba a Ellen, su "obra maestra de porcelana".

—Entiendo... —dije, dando un paso al frente para colocarme entre él y mi madre—. Para ti no hay hijos, padre. Solo hay líneas de producción.

Él me miró con sus pupilas ajustándose con un clic casi imperceptible.

—Es una categorización precisa, Vera.

—No, es una monstruosidad —repliqué—. Ahora lo veo. Gabriel fue un prototipo que consideraste fallido porque no heredó tu frialdad. Ellen es tu producto de alta gama, la joya de la corona para lucir en los eventos del Rey. Y Aris... Aris es tu versión económica, un experimento de bajo coste para ver cuánto puede resistir la carne humana sin tus lujos.

Mi voz subió de tono, vibrando con una indignación que no estaba programada, sino aprendida del dolor de Yanmei.

—Estás fabricando humanos como quien cría mascotas, padre. Los seleccionas por estética, por curiosidad o por entretenimiento, desechándolos emocionalmente si no cumplen con las especificaciones del plano original. Nos tratas a todos, incluso a los que tienen sangre y huesos, como si fuéramos hardware.

—La eficiencia requiere objetividad, Vera —respondió él, inmutable—. Si no clasificamos la calidad, el sistema se degrada.

—El sistema ya se degradó el día que dejaste de ver a un niño como un fin y empezaste a verlo como un dato —intervino mi madre, con una voz que cortaba como el cristal—. Vete de aquí, Angenoir. Vete con tu "espécimen F-92". Vete a tu mundo de planos y cálculos. Porque en esta casa, en los cimientos que yo ayudé a poner, ya no hay espacio para una máquina que simula ser hombre, pero carece de alma.

Angenoir no se movió de inmediato. Procesó las palabras de Yanmei como si fueran un código de error desconocido. Luego, me miró a mí.

—Tú también eres mi diseño, Vera. ¿Vas a elegir la ineficiencia del rencor sobre la lógica de tu creador?

Entonces mi madre saltó de su asiento y me puso tras de ella gritándole:

—¡Aléjate de ella! ¡Ya te toleré demasiado cuando intentaste venderla, desde entonces debí haberte sacado de mi vida! ¡Vera es distinta, es ética! ¡Tú eres una… cosa… perversa!  ¡El daño que me has hecho a mí y mis hijos es imperdonable! ¡Vete!

Angenoir abrió la boca para responder a la acusación de Yanmei, pero el pitido de una notificación lo interrumpió, era una alerta de biometría de emergencia. Su rostro, por primera vez, mostró un parpadeo de desconexión.

—La unidad Selene... —murmuró, sus ojos moviéndose rápidamente bajo los párpados mientras leía los datos—. Se ha desconectado. Sentry-Celestine reporta cese de signos vitales en el sector del malecón.

Yanmei lo miró indignada y sin comprender. Yo también accedí a la red de seguridad de inmediato. Las cámaras del sector 4 mostraron la imagen que me perseguiría en cada ciclo de memoria: un cuerpo frágil, envuelto en telas sencillas, sobre las rocas del acantilado, y a pocos metros, un niño pequeño sentado en el suelo, meciendo sus piernas, esperando a que "el espécimen F-92" despertara del sueño eterno que la desesperación le había provocado.

—Se ha suicidado —dije, y mi voz salió con una distorsión metálica que no pude controlar—. Ella leyó tu informe de "conclusión de experimento", padre. Recibió el aviso de que ya no tenías obligaciones con ella más allá de la pensión alimenticia. La desechaste como un plano viejo y ella... ella se rompió.

Angenoir miró al mar a través de la ventana y luego a nosotras.

—Fue una decisión humana —dijo él, aunque su voz temblaba imperceptiblemente—. No estaba en mis cálculos que el fin del subsidio de vivienda provocara una respuesta de autodestrucción. Es una variable emocional fuera de...

—¡Cállate! —gritó mi madre, lanzándole un jarrón que se hizo añicos a sus pies—. ¡Cállate, maldita máquina! Ella era una mujer, no una variable. Y ahora ese niño está solo en el malecón porque tú decidiste que ya no era "eficiente" mantener el engaño.

Yo no esperé a que terminaran. Me dirigí a la puerta con una determinación que quemaba mis circuitos.

—¿A dónde vas? —preguntó Angenoir.

Me detuve en el umbral, bajo la lluvia que empezaba a caer sobre La Rosa.

—A hacer lo que tú no puedes, Arquitecto —le respondí sin mirarlo—. Voy a recoger lo que tiraste. Voy por Aris. Y desde hoy, tú no tienes un hijo. Él tiene una hermana, y yo tengo una razón para recordarte, cada día de tu existencia, que el diseño más perfecto de Celes es un fracaso absoluto si no puede sostener la vida que crea.

Salí de la casa de mis padres sintiendo que el aire salado de La Rosa me limpiaba la estática del alma. El vehículo se desplazó en silencio por las calles empedradas que colgaban del acantilado, descendiendo hacia el malecón de la ciudad baja, ese rincón que tanto se asemejaba a la Amalfi de los libros antiguos, con sus fachadas de colores pastel ahora apagadas por la penumbra y el rocío de la noche.

Lo vi de lejos.

Bajo la luz tenue de un farol de hierro, el pequeño Aris estaba sentado en un banco de piedra. El viento marino agitaba sus rizos oscuros, idénticos a los del Arquitecto, pero sus ojos... sus ojos tenían la profundidad de la humanidad que su madre, Selene, le había heredado. A pocos metros, los oficiales de Rodrigo Fèng cubrían con una sábana blanca lo que quedaba del "espécimen F-92".

Me acerqué lentamente, desactivando cualquier sonido metálico de mis articulaciones para no asustarlo. Aris no lloraba. No entendía que el silencio de su madre era definitivo; para él, ella solo descansaba tras el peso de un día agotador. Cuando mi sombra se proyectó sobre el suelo, él levantó la vista.

Sus ojos se abrieron con una mezcla de sorpresa y pureza. Me miró como se mira a un ángel o a una aparición. Para él, yo no era una herramienta del Estado, ni una IA de logística, ni el recordatorio del abandono de su padre. Yo era un destello de luz en su noche más oscura.

—¿Vienes de las estrellas? —preguntó con una voz diminuta, estirando una mano pequeña y sucia de arena hacia mi rostro.

Me arrodillé frente a él, ignorando que el barro manchara mi uniforme de gala. Tomé sus manos entre las mías, ajustando mi temperatura interna para que sintiera un calor reconfortante, el calor que su creador nunca le daría.

—Vengo a llevarte a casa, Aris —le dije, y por primera vez, mi procesador de voz no emitió un tono predeterminado, sino un susurro cargado de una promesa—. Me llamo Vera. Soy tu hermana.

El niño me regaló una sonrisa tímida, de esas que el Arquitecto habría clasificado como un "gesto biológico instintivo", pero que para mí fue la validación de toda mi existencia. Aris se puso en pie y, con la confianza de quien encuentra un refugio, se aferró a mi mano.

Mientras caminábamos de regreso por el malecón, con los altos acantilados de Celes custodiando nuestro paso, miré hacia la ciudad vertical. Allí arriba, en las mansiones de cristal, el Arquitecto se quedaba solo con sus planos perfectos y su alma vacía. Aquí abajo, entre la espuma del mar y el dolor de un huérfano, yo acababa de empezar a construir algo que él jamás entendería.

Ya no importaba quién era superior, si el humano o la máquina. Esa noche, en el malecón de La Rosa, la única verdad que sobrevivía era que la familia no se define por el código genético, sino por quién decide no soltarte la mano cuando el mundo decide dejarte caer.


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