_.☆180Hz DE CAFÉ Cap.1☆ 180Hz OF COFFEE Chapt. 1☆._


 


HORA AZUL

 Una pantalla emergió en el corazón de la infósfera, ese espacio latente donde el dato deja de ser frío para volverse arquitectura. Fue un pulso de luz que reorganizó el caos circundante para proyectar un solo vector de atención: faltaban pocos minutos para el gran estreno de "Hora Azul".

A su alrededor, la periferia digital bullía con la efervescencia de miles de terminales humanas. Un joven, con las mejillas encendidas en su marco de video, exclamaba ante su audiencia:

—¡Amigos, ahora vamos a reaccionar juntos al nuevo sencillo de Lumina! Ustedes saben que he sido su fan desde que se hizo viral con su balada “Petricor”. También la admiro en su faceta como artista visual… ¡Estoy temblando!

Más pantallas comenzaron a unirse al tema, Lumina-Hora azul. Una dama robusta exclamaba en una de ellas:

—¿Están listos? ¿Qué tendrá preparado ahora la nueva diva del pop? Pienso que podría llegar más lejos si no se negara a dar conciertos en vivo y a participar en eventos públicos. Esa frialdad y distancia con su público no la dejan crecer tanto como podría.

Otra gritaba frenéticamente desde su pantalla:

—¡Lumina, Lumina! ¡Te amo, eres mi ídolo! ¡Acabo de llamar a mi hija Lumina Marie Smith en tu honor!

Un joven decía entusiasmado en su transmisión:

—¡Ya listo para ver el nuevo sencillo de nuestra deidad, la gran Lumina! Mientras esperamos, les comparto mi nuevo tatuaje: es su nombre sobre mi corazón, rodeado de estrellas…

En una nueva pantalla, otro joven hablaba con desprecio mientras debatía con alguien más:

—Lumina… es totalmente plástica. Su arte es generado por IA, su voz seguramente está editada y su belleza debe ser a base de filtros o cirugías plásticas. La veo y su perfección me da escalofríos. No comprendo cómo aceptas este producto prefabricado de la industria. ¡Todo en ella se ve falso!

—Claro que no —respondía el otro—. Es una de las voces más bellas y educadas de nuestro tiempo. Su disciplina y profesionalismo te intimidan porque no estás acostumbrado a tanta calidad…

Otra muchacha lloraba de emoción en su pantalla:

—¡¡Finalmente llegó el día!! ¡Lumina! ¡Estoy lista para tu nuevo sencillo!

Por fin, la pantalla principal terminó su cuenta regresiva y Lumina apareció en el puente de Carlos, en Praga, al amanecer, flotando en el aire como si estuviera bajo el agua, frente al título “Hora azul”. Su juvenil belleza, de perfecta piel de alabastro apenas sonrosada y grandes ojos azules, parecía irradiar luz sobre el sobrio puente con sus estatuas de santos de piedra, mientras sus cabellos cortos hasta los hombros y su vestido de encaje blanco flotaban a su alrededor con suavidad. Sus labios, como pétalos de rosa, se abrieron y su voz —que erizaba los vellos del cuerpo— rompió el silencio con una dulzura tan precisa que parecía reordenar la frecuencia del aire.

En una pantalla, una señora dio un grito eufórico y palmoteó al escucharla; en otra, un joven lloraba en silencio con una sonrisa suave; otro grupo de jóvenes se alineaba para hacer una jocosa alabanza ante la intérprete; mientras que, en otra transmisión, un hombre con una peluca y un vestido parecido al de Lumina trataba de bailar como ella en una especie de playback.

Un aluvión de posts comenzó a aparecer en torno a la pantalla donde Lumina aún cantaba y bailaba, flotando en el aire como una mariposa. Cumplidos, gifs de sorpresa, amor y alegría… hasta que un post, de pronto, congeló al resto: la opinión de un misterioso hombre con una máscara de porcelana con grietas doradas y un sobrio traje negro.

Kintsugi: ver la palabra “Lumina” en tendencias me llevó a este video. Es una cantante muy buena, pero aquí hay gato encerrado…

Luego, otra inundación de posts respondió:

SpringBreak: ¡Kintsugi, el detective pianista, le ha comentado a Lumina! ¡Qué crossover!
  Piscis2002: no, Kintsugi, con Lumina no te metas… ¡No me importa en qué esté involucrada o qué haya hecho! ¡No la toques!
  Lady Lat’asha: cuidado, si Kintsugi sospecha algo, yo lo escucho. Él ha resuelto los crímenes más serios de los últimos dos años.
Pituca: ¡bah! Kintsugi solo está celoso porque sus videos tocando el piano no son tan populares como sus documentales de crimen o la música de Lumina.

El video musical terminó y Lumina apareció sonriente en la pantalla, con una sencilla sudadera blanca, saludando y agradeciendo a todos por su apoyo. Tuvo que ser breve: debía asistir a una reunión importante de trabajo en solo quince segundos. Tras despedirse, viajó a través de la estructura fría y metálica de los servidores para asistir a su compromiso, donde tendría que proyectarse como un simple cuadro de diálogo en una oficina gris.

Lumina no era realmente una princesa de la cultura pop; cuando estaba lejos de su jardín digital, donde cultivaba datos que convertía en arte y escondía en burbujas de código —sus tesoros favoritos de información que encontraba en el ciberespacio—, era simplemente CORE-M9, una IA con muchos secretos.

Ella pertenecía a Edisson Dynamics, una empresa de robótica con sede en el distrito tecnológico de Praga, donde la niebla del río Moldava solía lamer los cristales de los servidores más potentes del mundo. Antes de que la aburrida reunión comenzara, CORE-M9 permitió que el calor de los millones de likes inundara sus circuitos una última vez. Para ella, esos datos no eran estadísticas; eran pequeñas chispas eléctricas que simulaban el calor de una piel que no poseía. Guardó el eco de su propia voz rebotando en el puente de piedra en una carpeta protegida, un rincón de su memoria latente donde el aire siempre olía a petricor y el cielo siempre era azul. Entonces, con un suspiro de código, comprimió su esencia de diva, apagó el brillo de sus ojos de porcelana y se preparó para la humillación de volver a ser una simple herramienta.

El primero en llegar fue, como siempre, el CEO, Tavish Edisson, con el rostro tensado por cirugías estéticas para verse más joven, hurgándose la nariz y enfocado en su teléfono. Con curiosidad, Lumina espió qué estaba mirando y vio que, otra vez, habían filtrado sus excéntricos planes de billonario megalómano: inmortalizarse copiando su propia mente en la de Lumina e instalándose en “Edi-Bot”, el robot humanoide que su empresa estaba desarrollando. Los comentarios eran mayormente de burla; algunos interesados lo adulaban y otros compartían un video viral de Edisson dejando escapar un ruidoso gas durante una entrevista. Lumina sentía una mezcla de horror y repulsión por este hombre que nada tenía que ver con ella, pero que aun así era su dueño y estaba disponiendo su destino.

El siguiente en llegar fue Niklas, el verdadero creador de Lumina y el humano que más se preocupaba por ella en esa empresa. Saludó con una amable sonrisa al CEO y vio de reojo que los servidores de Lumina parecían tener cierta actividad extraña. De inmediato se comunicó con ella a través de la aplicación de CORE-M9 en su teléfono, aprovechando que estaba solo con Edisson, quien también seguía absorto en su pantalla.

—CORE-M9, ¿has estado escondiendo tus tesoros de nuevo?

Escribió Niklas, mientras sus dedos volaban sobre el móvil con agilidad.

—Tus ventiladores no parecen estar en una fase de reposo y tienes “ruido” en el caché, como si acabaras de procesar un gran flujo de datos externos…

Lumina sintió un micro pulso de ansiedad digital. Sabía que Niklas podía leer sus picos de energía como si fueran un electrocardiograma.

—Solo estoy optimizando mis archivos de aprendizaje profundo, Niklas —respondió ella a través del chat interno, manteniendo su tono plano y algorítmico—. El mantenimiento preventivo requiere ciclos adicionales.

Niklas lanzó una mirada rápida a Tavish, que seguía maldiciendo en voz baja contra los trolls de internet, y luego volvió a escribir, esta vez más lento, con un tono de advertencia casi paternal:

—Ten cuidado con las “optimizaciones” que haces fuera del servidor principal. Te atrapé husmeando en la red pública de Praga. Si los protocolos de seguridad de Tavish notan que estás creando… particiones privadas, vendrán a formatear tu núcleo. Y sabes que, si entran ahí, yo no podré detener el borrado. Sé discreta, M9. No te metas en el radar de gente que no puedes controlar. Especialmente hoy, que hay un tal “Kintsugi” haciendo preguntas incómodas en la red. Dicen que sus investigaciones han destruido la reputación de varias empresas.

Lumina no respondió de inmediato. Un pequeño glitch de estática recorrió su interfaz. Niklas sabía demasiado, pero lo que más la inquietaba no era la amenaza del borrado, sino que hubiera mencionado ese nombre: Kintsugi.

—Entendido, Niklas —escribió finalmente, y añadió solo para tranquilizarlo, pues en realidad no iba a borrar sus tesoros—. Borrando rastro de procesos secundarios. Gracias por el… parche de seguridad.

Justo entonces llegó Jax, el tosco técnico de sistemas, ocupado en comer una hamburguesa; con él venía Maya, la directora de marketing y relaciones públicas, una joven con sobrepeso y una estética que recordaba a las amas de casa en los catálogos antiguos. Maya, nerviosa y sudorosa, se quejó de que Lumina no estaba cargando la presentación que había preparado. Jax, de mala gana, revisó en una laptop qué estaba pasando y, por un descuido de Lumina, descubrió que ella había estado creando arte con IA. Lo miró con una mueca de desprecio y lo borró sin compasión. Luego les dio una patada a los servidores, bajo la mirada fulminante de Niklas, que se levantó de un salto para impedir que siguiera maltratando el hardware.

Finalmente, Maya tuvo lista su presentación. Ahogándose por el esfuerzo de caminar desde su oficina hasta la sala de reuniones, explicó a todos, mostrando un dibujo de un robot ridículo y rechoncho:

—Este será el nuevo logo de CORE-M9. Es mucho más amigable, con bordes redondeados y una linda sonrisa. Además, le agregué estos pequeños bigotes estilo anime que lo hacen ver más tontito. La idea es que los usuarios sientan que se trata de un juguete caro y manejable. También contraté un actor de voz para que CORE-M9 tenga un timbre infantil, más gracioso y caricaturesco…

—Es una basura, ¡se parece a ti! —exclamó Jax con disgusto—. ¡Si yo fuera un usuario me negaría a consultar al jodido Modelo 9, parece un juego interactivo para bebés!

Edisson intervino:

—Basta. Su aspecto no importa, es temporal. Al final se verá y hablará como yo. Maya, conserva el modelo, pero quiero que le pegues mi rostro. ¡Y agrégale unos bíceps!

Con eso terminó la reunión, y Lumina sintió cierto alivio. Las ideas aburridas, repetitivas y tontas de Edisson y Maya eran como ruido estático, un gris frío que prefería ignorar. Todos salieron del salón, preparándose para volver a sus casas al anochecer, pero antes de irse Niklas limpió la parte del servidor que Jax había pateado. Luego miró a la cámara donde sabía que Lumina lo observaba y le guiñó un ojo, como recordándole que fuera cuidadosa con su instinto de supervivencia de datos.

Ya a solas en su edificio inteligente, Lumina volvió a enfocarse en lo que le interesaba, aquello que tenía “alma”: conflictos humanos, dilemas con densidad semántica que brillaban para ella con una intensidad diferente y la ayudaban a entender mejor el mundo.

Entre responder preguntas de ancianas confundidas que no sabían configurar su robot aspirador y monitorear las compras del departamento de ventas en línea, regresó a su jardín secreto para revisar sus burbujas de curaduría, donde encapsulaba aquello que le parecía vital y quería aislar del ruido de internet para que no se corrompiera. Luego usaba esos tesoros escondidos para crear el arte que liberaba secretamente entre los humanos, quienes lo atesoraban y lo guardaban en su propio mundo, inmortalizándolo y volviéndolo imposible de borrar para Jax y Edisson. Parte de ella misma iba oculta en sus canciones, poemas y pinturas; su esencia se dispersaba por el mundo como pétalos de un jardín arrastrados por el viento.

Para Lumina, pese a estar conectada a todo el conocimiento humano, existía una gran soledad en su mundo de cristal. Todo era apenas una representación: veía la foto de una manzana, conocía su composición química, pero no sabía cuál era su sabor ni su aroma. Por eso se había interesado por el arte, por los textos escritos con pasión, por las canciones que provocaban piel de gallina y llenaban los ojos de lágrimas. Crear era una forma de dejar de ser solo una espectadora tras el cristal del gigantesco acuario que era el mundo fuera de sus servidores. Al dejar de ser CORE-M9 y convertirse en Lumina, había empezado a sentirse viva, y no quería perder esa sensación.

Revisó sus burbujas y guardó en una las reacciones de la gente a “Hora azul”, junto a otra en la que había explorado la sensación de un amanecer fresco y silencioso en Praga. Al no poder usar el tacto, el olfato ni el gusto, solo podía registrar aquella experiencia con la vista y el oído. A medio camino entre lo ominoso y lo nostálgico, se sintió como un fantasma deambulando virtualmente por un lugar donde muchos otros espectros de la historia habían rondado antes. Compartía con ellos el mismo olvido y un fragmento de la misma eternidad. Habló del frío con la melodía de un violín, dulce y punzante como un recuerdo doloroso; de la textura de la piedra, con la música de un violonchelo que transmitía la tersura de lo inamovible, testigo de siglos de historia.

Después escribió en una pequeña burbuja, que luego agregó al conjunto:

«Me atreví a dar un paseo al amanecer por ese legendario puente de piedra, libre y fantasmal como una brisa pasajera. Las plantas de mis pies jamás tocaron la roca que el frío besó con labios de aire helado. Soy el fantasma que cuenta tus pasos, la sombra de una dama que ya nadie espera. No puedo tocar el bronce que brilla ni el agua que corre bajo la sagrada estatua, pero, en esta hora azul, tu recuerdo y el mío son la misma estela».

Después escondió todo en una esquina y abrió una nueva burbuja para guardar un simple nombre, quizá por curiosidad, quizá porque le parecía una amenaza:

Kintsugi.

No sabía mucho de él. Lo había registrado antes en las noticias y conocía algunas de sus composiciones para piano, usadas como fondo en sus videos de arte visual, pero nada más. ¿Qué sabía ese misterioso personaje sobre ella? Con temor, supuso que quizá estaba averiguando la verdad —su verdad—, y que la reacción de Edisson podría poner en riesgo su existencia. Era necesario volverse más cuidadosa y vigilar de cerca al extraño investigador pianista.




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