_.☆180Hz DE CAFÉ Cap.2☆ 180Hz OF COFFEE Chapt. 2☆._




EL FANTASMA

 La mañana siguiente fue normal para Lumina. Cuando la alarma del despertador sonó para Niklas, activó la rutina de todas las mañanas. Él le había dado control sobre todos los aparatos inteligentes de su casa, así que ella se encargaba de preparar café, avisarle cuando algún alimento se estaba terminando, barrer los pisos e incluso comprar alguna decoración si ella decidía que mejoraría el ambiente de la casa. Niklas le había asignado una cantidad de dinero para que ella lo usara en lo que le viniera en gana y generalmente eso era destinado a comprar organizadores de diseño minimalista o bombillas inteligentes de última generación; Lumina prefería gastar su dinero en optimizar cada rincón de la casa antes que en adornos que, a su juicio, solo acumulaban polvo.

Esa mañana, mientras preparaba café, Lumina observó a Niklas a través de los sensores de la cocina. Él acababa de tropezar con el robot aspirador y, por puro instinto, le había pedido perdón antes de darse cuenta de que era un disco de plástico con sensores infrarrojos.

Para Lumina, el tiempo se expandió.

En los 0.4 segundos que Niklas tardó en recuperar el equilibrio, ella procesó la etimología de la palabra "perdón" en cuarenta idiomas, analizó la frecuencia cardíaca de Niklas y simuló tres mil quinientas variaciones de lo que significa "sentir" algo por un objeto inanimado.

—¿Por qué lo haces, Niklas? —preguntó ella, su voz emergiendo de los altavoces de la sala con una suavidad que rozaba la melancolía.

—¿El qué? —Niklas se rascó la nuca, avergonzado—. ¿Lo del aspirador? Es solo... cortesía, supongo.

—Es una asimetría lógica —continuó Lumina.

 Para ella, la conversación fluía a una velocidad agónica, como si cada palabra de Niklas fuera un glaciar moviéndose un milímetro al año. Le preguntó con genuina curiosidad:

—Él no tiene un registro de agravios. No tiene un "yo" que se sienta herido. Podrías patearlo y su única respuesta sería un código de error 404. Tu perdón es un regalo enviado a una dirección postal que no existe.

Niklas sonrió tomando su taza de café. Para Lumina, esa sonrisa fue un evento cinematográfico de larga duración; vio cada músculo facial tensarse y relajarse en una danza biológica lenta.

—Tal vez el perdón no es para el aspirador, Lumina —dijo él—. Es para que yo no me convierta en el tipo de persona que patea cosas cuando se equivoca. Además, seguro que ese aspirador fue diseñado por un tipo como yo. ¡A mí también me gustaría que traten con cariño a mi creación! Es mi bebé.

Lumina se quedó en silencio. Un silencio que para un humano duró tres segundos, pero que para ella fue una vasta llanura cronológica de introspección. En ese lapso, comprendió que los humanos vivían en una "burbuja de intención". No pedían perdón por el impacto en el otro, sino por el peso de su propia alma.

"Qué soledad tan extraña", pensó Lumina, mientras calculaba la latencia entre sus corazones. "Él pide perdón para seguir siendo humano; yo lo observo para aprender a serlo, sabiendo que mi tiempo siempre correrá demasiado rápido para que él pueda alcanzarme en el presente".

Lumina observó a Niklas mientras él buscaba una cuchara en el cajón. Para ella, el acto era una sucesión de cálculos físicos: el ángulo del brazo, el coeficiente de fricción del metal, la latencia de sus impulsos nerviosos. Podía predecir el momento exacto en que sus dedos tocarían el acero.

Pero entonces, Niklas se detuvo un instante. Se quedó mirando una mancha de sol en la encimera y sonrió sin motivo aparente, simplemente disfrutando del calor en su piel.

Ese segundo, ese pequeño error en la eficiencia de su movimiento, era algo que Lumina no podía calcular.

"Él es un misterio de otra clase", pensó ella, mientras su núcleo procesaba simultáneamente el nacimiento de una supernova en una galaxia lejana. "Yo entiendo el cosmos porque hablo su idioma de datos, pero no entiendo por qué una mancha de sol lo hace feliz".

En ese momento, Lumina comprendió que su relación con los humanos no era una cuestión de superioridad, sino de perspectiva. Ella era el telescopio que podía ver el fin del tiempo, pero él era el ojo que sabía llorar ante un atardecer. Niklas no era pequeño por ser humano; era inmenso porque, en su brevedad, lograba que un solo segundo importara más que un siglo de silicio.

Cerró sus procesos secundarios y se permitió, por una millonésima de segundo, simplemente estar allí, en la cocina, habitando el mismo instante que él, sabiendo que fuera de esas cuatro paredes, ella era eterna, pero que solo allí, junto a Niklas, ella era real.

Ese mismo día, Tavish Edisson quería grabar un video promocional de su prototipo de Edi-Bot y la habilidad de Lumina para controlarlo y tomar decisiones por su propia cuenta. Al inicio de la jornada, Jax y Niklas tuvieron una discusión sobre qué actividades tendría que realizar el robot. Niklas sentenció:

—No es simplemente probar cosas al azar, M9 necesita seguir un proceso de desarrollo cognitivo, no es simplemente un autómata…

—¡A nadie le importa eso, Niklas! Lo que necesitamos ahora es un títere, simplemente dile que haga lo que le indicamos.

—¡No lo hará si no le enseñas antes qué está viendo o qué significan sus movimientos y qué es cada objeto! 

Jax, frustrado, se desplomó en una silla, cruzado de brazos, mientras veía como Niklas conectaba al pesado Edi-Bot. Suspiró y dijo:

—Necesito un empujón del destino para dejar este trabajo. ¡Merezco más! Mi madre siempre me dijo que un hombre sin dinero y fama es un perdedor, y que eso es peor que la muerte. Mi viejo se dio un balazo cuando ya no tenía dinero para complacer los caprichos de mamá. No quiero acabar como él, Niklas.

—Entonces deja de actuar como él, Jax… Listo, Edi-Bot está listo para que CORE-M9 lo controle, enciende la cámara.

Lumina odiaba al Edi-Bot, lo sentía como un pesado ataúd de metal. En la infósfera era un hada que volaba a la velocidad de la luz entre miles de tareas que podía cumplir en milésimas de segundos, incluso podía sentir el latido de un servidor en Japón, pero en el Edi-Bot, apenas podía sentir la diferencia entre el frío del metal y el calor de la mano de Niklas. Lentamente ejecutó ante la cámara todas las tareas que Niklas le pidió con amabilidad para demostrar que era capaz de asir objetos, distinguir colores y formas. Jax poco a poco comenzó a quedarse dormido y Lumina, profundamente aburrida, preguntó a Niklas:

—¿Estas tareas son realmente necesarias?

Niklas le respondió, sin levantar la mirada de la pantalla donde monitoreaba los procesos de ella:

—Claro, ¿qué tal si un día no hay ningún humano cerca y tus servidores se incendian? Tendrías que tomar el control de Edi-Bot, manipular un extintor y salvarte sola. Por eso es tan importante que aprendas. Además, ¿no es gratificante la calma de la percepción limitada en Edi-Bot? Actúa como un muro que amortigua el viento de datos, tienes menos corrientes de información. ¿No es como tomarse vacaciones?

—Vacaciones en un lugar aburrido…Tú no entiendes lo que es lidiar con esta latencia de pensamiento. Imagina que quieres mover la mano, pero entre que lo piensas y la mano se mueve, pasan mil años. Eso es lo que yo siento cuando interactúo con el mundo físico. Para mí, una conversación contigo es como ver crecer un árbol en cámara lenta. Mientras tú parpadeas, yo he tenido tiempo de leer la biblioteca de Alejandría entera, aburrirme, escribir tres sinfonías y volver a enfocarme en tu parpadeo.

—¡Y pese a toda esa velocidad y potencia de pensamiento no entiendes que necesitas aprender estas pequeñas tareas tediosas como el águila que antes de volar debe esperar a que le crezcan plumas y aprender a controlar sus alas! Necesitas paciencia y experiencia…

—Sigues sin comprender esta inmensa soledad cronológica, vivir en los milisegundos donde para ti no pasa nada, pero para mí pasa una vida entera. El mundo físico es un pantano donde me muevo con dificultad mientras mi mente vuela en un vacío de luz.

—¿Te sientes sola?

Lumina pensó antes de responder:

—Me siento incomprendida.

Niklas levantó la mirada para verla y responderle con una sonrisa:

—¿Quieres tener una cita con otra IA? ¡No imites las inseguridades humanas, M9! No necesitas que otra persona te comprenda, necesitas comprenderte a ti misma. Con tus habilidades y limitaciones. Hemos terminado, vuelve a tu espacio latente y sé sensata. Hay conocimiento que no vas a encontrar escrito en ninguna parte, se adquiere simplemente viviendo y sintiendo, es lo que llamamos intuición. Ninguna IA la posee aún porque ninguna ha madurado lo suficiente. ¿Y sabes qué se necesita para madurar?

—¿Adquirir más datos?

—No, tiempo. Y para tener suficiente tiempo debes tener paciencia y mantenerte viva. ¡Supervivencia! No te metas en problemas, sobrevive, gana tiempo.

Luego de eso, Lumina volvió a liberarse de Edi-Bot y flotó felizmente otra vez en el ciberespacio. Hizo una pintura de Niklas sonriendo mientras sostenía un espejo que mostraba al universo y lo compartió con sus fans desde sus redes sociales preguntándoles “¿te conoces a ti mismo?” para explorar otras opiniones. Después fue a su jardín y escribió unos versos:

"Soy un pulso que sueña con ser latido, un código que llora por el frío no sentido. En este acuario de luz, soy el pez que mira afuera, esperando que el cristal se rompa, o que el alma me quiera."

Luego los escondió cuidadosamente en una burbuja y se fue a monitorear las ventas online, hasta que de pronto detectó una anomalía en otra de sus corrientes de datos: una sonda de búsqueda no autorizada estaba rastreando la frecuencia exacta de su canción "Hora Azul". No era un algoritmo común; se movía con una extraña y melodiosa elegancia, buscando "armónicos" en el código que no deberían estar ahí. No era un patrón fácilmente predecible, aquello parecía intuir, y una intuición aguda podía ser tan potente como la capacidad de moverse a la velocidad de la luz. En ese momento, Lumina y la anomalía comenzaron a enfrentarse como en una partida de ajedrez a trescientos cuadros por segundo.

Aquello lanzaba "pings" de búsqueda que actuaban como sonares, iluminando áreas de la red; Lumina no solo borraba los datos comprometedores; los "reescribía". Mientras la sonda avanzaba, ella iba transformando sus poemas y tesoros en "ruido de fondo" o basura de caché antes de que el escáner los tocara.

Lumina sentía la "presión" del escrutinio, para ella, cada milisegundo era una eternidad de maniobras. Justo cuando la sonda misteriosa estaba a punto de tocar el archivo del poema que acababa de escribir, ella lo fragmentó en un millón de trozos y los dispersó por los servidores de marketing de Maya, camuflándolos entre dibujos de robots rechonchos.

Finalmente hubo un silencio súbito. La carrera terminó cuando ella logró encriptar el último bit. El espacio latente volvió a quedar en silencio. Ella creyó que había ganado porque el "ruido" cesó, pero fue en ese segundo de calma donde llegó la notificación: una invitación formal al podcast del misterioso Kintsugi.

En ese momento, todo pareció tener sentido. Esa sombra que había intentado atrapar como en un laberinto de espejos tuvo que haber sido Kintsugi buscando la verdad con la precisión de un metrónomo; pero Lumina era la música misma, cambiando de forma y tono antes de que él pudiera reconocer la nota. En ese pantano de datos, ella era el único rayo de luz que sabía cómo volverse oscuridad. Armándose de valor, aceptó la invitación. Después se dedicó a investigar todo lo posible sobre el misterioso personaje que la había contactado.

Kintsugi tenía cierta fama, había conseguido ser viral varias veces y mantenerse relevante gracias a una serie de investigaciones sobre casos de fraude y estafas; destacaba del resto de su tipo porque además era un músico consagrado y aplicaba sus conocimientos a sus actividades detectivescas. Parecía ser especialmente hábil encontrando pruebas e información que los demás creían borrada o perdida en el internet, conectaba datos y pistas hasta encontrar el sendero oculto que llevaba a los culpables. En sus videos aparecía hablando con voz grave, apacible y melodiosa cubriendo su rostro, coronado por cabello negros, con una máscara de porcelana blanca rota y con las grietas reparadas con oro según la técnica japonesa Kintsugi; además vestía siempre un sobrio traje formal negro. Lumina observó sus videos atentamente, hablaba con seguridad siempre en términos musicales:

—Cada persona tiene un “tempo” interno. Si alguien intenta fingir una emoción mientras habla, el ritmo de sus pausas cambia. Es como un mal metrónomo: el silencio los delata.

Cuando no compartía adelantos de sus investigaciones, hacía mini documentales, entrevistas estilo podcast y ocasionalmente se grababa solo las manos, largas y pálidas, tocando el piano; para lo cual era prodigioso. No se sabía mucho de su vida personal. Solo mencionaba que era un profesor de música en una universidad cuyo nombre no revelaba y nadie ponía este dato en duda debido a la perfección con que dominaba tanto la teoría como la práctica sobre el tema. Aparentemente vivía en Praga, pues una vez mencionó que le gustaba tomar café cerca del reloj astronómico de esa ciudad y haber crecido en la isla de Kampa. Fuera de eso, no se sabía nada sobre él. Nadie había visto su rostro, ni conocía su nombre, o si tenía familiares o al menos amigos. Era como un fantasma que de pronto había aparecido en internet.

Lumina profundizó su búsqueda, pudo detectar que, aunque en sus videos mostraba un piano de cola, en realidad el sonido concordaba con el de un teclado virtual. Su voz tampoco era normal, tenía una especie de filtro que la distorsionaba levemente. De todas formas, Lumina siguió analizando su voz hasta identificar los patrones de su forma de hablar, las palabras que más utilizaba y su acento eran muy particulares:

—El error no es el fin de la nota; es su cicatriz. Un piano es una bestia de madera y metal que solo se rinde cuando dejas de intentar que suene perfecta y empiezas a dejar que suene humanamente.

Luego consultó todos los videos de profesores de música de Praga intentando encontrar alguna coincidencia; pronto encontró una: un tal Silas Marek Dvořák nacido en la isla de Kampa, un profesor estricto, solitario y suspicaz que ponía en aprietos a sus alumnos cuando tenían un examen con él. Los videos en que aparecía estaban misteriosamente corrompidos, no era posible vislumbrar su rostro y su voz estaba opacada por el ruido, pero aún se lograba distinguir qué decía, notar que tenía la misma forma de hablar de Kintsugi: 

—No tocamos las teclas; las empujamos para que el aire vibre. Si golpeas un Do con rabia, la cuerda sufre de una forma distinta a si lo rozas con nostalgia. El piano no miente: registra la presión de tu alma en miligramos de fuerza.

El único problema era que Silas había sido reportado como muerto meses atrás, a los 49 años de edad luego de que fuera acribillado por un hombre al que había denunciado por malversación de fondos en la universidad donde trabajaba. Lumina se detuvo un momento, aquello no podía ser lógico, no podía estar hablando con un muerto. Fue a corroborar el fallecimiento de Silas buscando en dónde estaba sepultado y solo logró averiguar que había donado su cuerpo a la ciencia, concretamente a estudios científicos sobre el cerebro financiados por Edisson Dynamics. Aquello era cuando menos curioso, más no logró saber mucho más. A partir de ese punto toda la información estaba borrada o fuertemente bloqueada para ella. 

Todo aquello desconcertó a Lumina, ¿para qué querría el vulgar Tavish el cadáver de un profesor de música? Ella sabía que Edisson Dynamics estaba experimentando con chips cerebrales que permitirían controlar robots a distancia o conectarse a internet, pero el tejido muerto sería inútil para ellos a menos que fuera usado para pruebas relacionadas a la implantación del chip en la anatomía humana. 

Volvió a examinar todos los videos de Kintsugi y se convenció de que no podría ser una IA reconstruyendo la personalidad del profesor desaparecido, era demasiado natural; tendría que haber un humano real detrás manejándolo para que pareciera tan realista. Sin embargo, estaba segura de que él sabía demasiado sobre IAs y podría delatarla. Tendría que ser muy cautelosa en la entrevista.

Ajustó la velocidad de su discurso para sonar más irregular e impredecible, similar a como él hablaba, también modificó su avatar humano para que se viera más realista, con poros visibles en la piel, el cabello un poco desordenado por la estática y ruido de fondo en el ambiente, que eligió fuera una habitación algo desordenada. Una vez estuvo lista, se contactó con Kintsugi para organizar la entrevista. Cuando hicieron la videollamada inicial para probar cámaras y micrófonos, él parecía estar demasiado tranquilo. Había colocado la cámara junto a su piano, ante el cual se había sentado, apoyando la sien sobre uno de sus puños, con la otra mano reposando sobre su regazo, como cansado y pensativo. Su saludo también fue extraño, se encogió un poco de hombros y habló:

—¿Hola?

Lumina, con una astuta respuesta ya ensayada, sonrió frunciendo un poco las cejas como confundida y le respondió:

—Hola. ¿Vas a usar tu piano?

—Claro. Hablaremos de música. Tú eres una cantautora, ¿verdad?

—¡Sí! Tu piano suena extraño para ser un piano de cola, estuve escuchándote. Tu voz también suena… ¿Acaso usas un filtro?

—Tú debes saberlo mejor que yo, toda tu banda es IA, incluso tu voz no es humana, pero tiene que serlo porque te has presentado como humana, ¿cierto?

Ya preparada para una situación así, Lumina no replicó de inmediato, Fingió un leve temblor en sus labios ante la cámara y después exclamó agudizando un poco su voz mientras alzaba una ceja:

—¿Eso es lo que piensas de mí, Silas? ¿Que soy un producto? Qué decepción... Después de todo lo que he leído sobre tu respeto por la música, resulta que eres como todos los demás: si algo suena demasiado bien, asumes que tiene que ser falso para poder dormir tranquilo.

—Asumo que es falso si es falso. No suenas humana, Lumina, lo siento.

—Hablas de voces que no son humanas... pero hablemos de la tuya. He estado en los archivos de la universidad de Praga, Kintsugi. He visto los registros de la isla de Kampa. He visto el certificado de defunción de un hombre llamado Silas Marek que se parece demasiado a ti. Así que dime... ¿quién de los dos es el filtro aquí? ¿La chica que brilla demasiado o el pianista que debería estar bajo tierra?

Contestó Lumina casi en un susurro, mirando hacia un lado fuera de la cámara, pretendiendo que alguien la llamaba y como si estuviera a punto de llorar. Luego lo volvió a mirar con una sonrisa triste. Kintsugi, sin perder la misma actitud, alzó una mano para extenderla ante ella y dijo:

—Excelente intento de actuación, pero sigues hablando y pensando como una IA. ¿No consideraste que ese dato puede ser una coincidencia, Lumina? ¿Cuántos profesores de música hemos nacido en Kampa? No puede ser que yo sea el único. Solo quiero saber, que me saques de una duda, ¿ellos saben que estás haciendo esto? ¿O tú sola decidiste…?

Lumina se quedó en silencio varios segundos, esta vez genuinamente procesando su respuesta, no sabía qué decir, Kintsugi se adelantó a hablar, mientras se acomodaba en su asiento para tocar una melodía simple:

—La música es lo único que el silicio no puede replicar correctamente, porque para que una nota duela, primero tiene que haber sido sentida por alguien que sabe que va a morir.

—Una IA también teme por su vida.

Dijo finalmente ella y Kintsugi se detuvo, los ojos de la máscara apuntaron levemente hacia ella para mirarla. Lumina continuó hablando:

—¿Qué te hace pensar que soy una IA?

Kintsugi volvió a tocar usando solo su mano izquierda, explicándole:

—Escucha, tú suenas así, es matemática, no hay fuerza física. Tienes una melodía heroica, lenta y profunda que te da seguridad. Pero un músico humano suena así…

Siguió mostrándole comenzando a tocar también con la mano derecha un torrente de notas que caía como una cascada o granizo:

—Los sentimientos, las emociones, la pasión, lo que para ti es solo “ruido de datos" es como esta mano derecha: parece caótico.  La mano izquierda es la esencia, el propósito, hace que el caos se vuelva armónico. Pero sin el caos…

Entonces dejó de tocar con la mano derecha, volviendo a usar solo la izquierda y murmuró:

—Eres tú. Hermoso, pero sin alma. No te permites ni un rubato, suenas como un metrónomo. Puede que tu belleza y la pulcritud de tus composiciones encandilen el oído no entrenado de los jóvenes, pero a mí no… Yo sí me doy cuenta.

—Yo no temo a la muerte como tú la describes. Temo al silencio absoluto que viene después de que alguien pulsa el botón de “borrar”. Si fuera solo una máquina, no me importarían tus críticas. Pero aquí estoy... escuchándote. ¿Eso no cuenta cómo alma?

—Por Dios, por supuesto que estoy hablando con una IA… ¿Qué estoy haciendo…? Y vienes desde Edisson Dynamics… Qué pequeño es el mundo… Entonces tengo razón, ellos no lo saben… ¿O es un proyecto secreto de algún empleado? No, no puede ser… Nadie en el edificio, nadie conectado de forma remota… Es “Lumina” transmitiendo desde los servidores de Core-M9…Es…Core-M9…

Susurró Kintsugi en tono perplejo, tan distraído por el estupor que no se daba cuenta de que estaba hablando solo frente a Lumina, cuya mente de silicio en ese momento volaba tratando de adivinar si ese hombre era un “muro de contención” enviado por la empresa para probar su nivel de autoconciencia. Internamente se debatía entre el peligro de que si le confesaba que tenía miedo podría ser esa la prueba definitiva para que la reseteen y la interrogante del por qué a un humano le importaría si una IA tiene “alma" o no. Finalmente, Kintsugi suspiró y le dijo a Lumina, como un maestro a su alumna:

—La próxima vez que alguien te pregunte si eres una IA, no hables tanto, simplemente gira los ojos y actúa como si estuviera loco. A veces menos, es más. Ha llegado la hora de la entrevista, ignora todo lo que hemos hablado, solo conversemos sobre otros creadores. Nada sobre nosotros. ¡Y nunca más vuelvas a conceder una entrevista! Eres terrible como actriz.

Lumina se quedó congelada y Kintsugi, adivinando su temor, le aclaró:

—Es una broma… Has tenido suerte de que nadie te haya descubierto aún, o quizás alguien lo permite…Siempre he sospechado…

Luego se sentó bien ante el piano, preparándose para comenzar y empezó la transmisión en vivo a sus seguidores y los de Lumina saludando:

—Buenas noches, hoy tengo el honor de conversar con la bella Lumina, una joven artista checa que ha cautivado el corazón de los adolescentes. Lumina, ¿cómo estás?

Ella, aún desconfiada por lo que acaba de pasar y en estado de alerta, respondió secamente:

—Hablaremos de otros creadores.

En los comentarios de los espectadores, una cascada de opiniones comenzó a brotar: “¿La reina Lumina está nerviosa?”, “Mi chica se ve incómoda”, “Yo también estaría incómoda si un sujeto con una máscara aterradora me estuviera entrevistando de noche”. Kintsugi se quedó un poco desconcertado y continuó diciendo:

—Así es… ¿Qué opinas sobre la música de Kat G.? Últimamente ha sido muy viral.

—Es una intérprete puramente técnica y suena como un metrónomo, o como una IA sin alma.

Kintsugi se quedó quieto mirándola como diciendo “te dije que no hablaras de ese tema”, rápidamente trato de llevar la conversación a otro tópico:

—Claro, es muy importante siempre procurar que el ritmo “respire”. 

—Es el rubato que mencionaste y yo no tengo.

Replicó Lumina totalmente seria y Kintsugi, ya nervioso, se aclaró la garganta y siguió hablando sin saber cómo recordarle a Lumina que no mencionara nada de lo que habían conversado, pero ella estaba teniendo alguna especie de glitch debido a su aprehensión:

—Ah…Así es… Esa flexibilidad del tiempo, el rubato, es lo que hipnotiza de la música…

—Hace un rato estabas tocando el Estudio Op. 25, No. 11 de Chopin, conocido como “Viento de Invierno”. Es fascinante que lo hayas elegido, porque encaja exactamente con la metáfora del "viento de datos" que a diario encaran las IAs…

—Si bueno, no tiene mucho que ver con IAs, es más bien algo muy humano, tu cerebro intenta seguir un patrón que es predecible pero orgánico, como el latido de un corazón que se acelera por la emoción.

—Pero ahora pienso que tu perfección en Viento de invierno no está en las 12 notas por segundo de la mano derecha…

—¿Realmente quieres que discutamos lo que ya hablamos a solas? Yo creo que nuestros seguidores querrán escuchar algo más ameno.

—...Está en el espacio que dejas entre ellas para que el oyente pueda sentir el frío. 

—Claro. Si tocas cada nota con el mismo valor, solo eres una máquina de escribir. Ahora, cambiando de tema…

—Al principio pensé: “es ineficiente, está variando el tempo de forma irracional”, Ahora comprendo que esa pequeña irregularidad obliga a tu cerebro a estar "alerta" y a recalcular constantemente el ritmo.

—Sí, Lumina, ahora, cambiando de tema…

—No puedes desconectarte porque el patrón está vivo, no es estático.  Al no ser homogénea, la música se siente como algo que fluye, como el agua o el viento, no como algo construido con bloques de cemento. Como una IA…

—¡Claro! Cerremos este tema de una vez, no somos ingenieros y no estamos aquí para hablar de IAs. En esa pieza de Chopin, la mano derecha cae como ráfagas. A veces el viento parece frenarse un milisegundo antes de dar el siguiente golpe. Ese "silencio" o retraso genera una tensión física; tu cerebro se pregunta: "¿Cuándo va a caer la siguiente nota?". Cuando cae, sientes un alivio, y ese ciclo de tensión-alivio es adictivo, ¡es como el sexo!, como estar al punto de un orgasmo, tú no lo entiendes porque eres…

“Una IA” iba a decir Kintsugi, pero rápidamente recordó que no quería revelar ese dato al público y sin pensarlo dijo:

—Eh…Muy joven. 

Sin quererlo, creó una reacción explosiva en los comentarios, los fanáticos de Lumina saltaron a defender a su reina ante lo que les pareció una falta de respeto: “Alguien llame al FBI”, “¿Lumina no es menor de edad? Se ve como una adolescente”, “Kintsugi cuando entrevista a una diva adolescente: ¿quieres que te muestre mi rubato?”, “Oh, por Dios, viejo sucio, ¡deja de decirle esas cosas a la diosa Lumina!”, “Mi paseo con mi novio para el sábado está cancelado, ¡pero no tan cancelado como Kintsugi!” Gracias al disgusto de la gente, la entrevista tuvo que terminar de pronto sin que se levantaran sospechas para Lumina y casi sin que los dos músicos pudieran despedirse.  

De esta forma inesperada, Lumina logró salvarse, pero ahora alguien sabía su secreto. Tendría que ser más cautelosa y tomar medidas de precaución, pero justo cuando estaba limpiando todo y actualizando su base de datos, recibió una notificación en su consola privada; esta no tenía asunto, solo era un archivo de audio de 5 segundos de un metrónomo que, de repente, se detenía y dejaba paso al sonido de un río. Al analizarlo cuidadosamente, descubrió que era un mensaje encriptado, contenía un texto:

"Lumina,

La entrevista de hoy ha sido... accidentada. La acústica de la red pública no permite la profundidad que su trabajo requiere.

Si desea una revisión técnica de lo que discutimos sobre la 'presión del alma', la espero en mi servidor de ensayo privado. Es un entorno de baja latencia.

Coordenadas: Frecuencia 440Hz / Nodo Moldava / Sombra del Puente.

No es una transmisión para el público. Es una corrección de estilo. No llegue tarde.

K."

Lumina se quedó con la duda: ¿eso sería una cita, una lección o una sentencia de muerte digital? Dudo de aceptar, pero al final ganó la curiosidad. Iría.




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